martes, 10 de junio de 2014

GONZALO GUARDIOLA [11.879]


Gonzalo Guardiola 

Nació en Comayagua, Honduras el 10 de enero de 1848, hijo del que fue Presidente de la República, General Don José Santos Guardiola y de doña Ana Arbizú de Guardiola.

Comenzó pero no le fue posible concluir la carrera de Abogado. Amante del estudio, ha adquirido un gran caudal de conocimientos sobre diferentes materias.

Apasionado por las antiguedades históricas de Honduras, es uno de los hondureños que mejor conocen el pasado del pais. No hay documento antiguo que no pueda leer por enrevesada que sea la letra, y una vez leido lo retiene grabado en su memoria prodigiosa con caracteres indelebles.

Ha sido Diputado al Congreso Legislativo, y fue Director del arquivo municipal.

El señor Guardiola tiene escritas varias leyendas o tradiciones tegucigalpenses que no dio a la estampa, y fueron publicadas póstumamente en 1978 (Tradiciones Tegucigalpenses)  y ha rendido culto a las musas.

Sus composiciones poéticas son tiernas y sentidas. Muchas de ellas fueron publicadas en La Paz, periódico de de gran fama que redactaban en Tegucicalpa Adolfo Zúñiga, Ramón Rosa y José Joaquín Palma.

Falleció en el 1903.






Los Bardos

a Don Tomás Espada Palma

Un español ha enseñado
sin que objetarle se pueda,
que Gloria es mala moneda
para ir con ella al mercado.

Y Dumas (viejo) ha observado
la casta sacerdotal
de esse culto celestial
y ha visto avara la diosa
com la caterva dichosa
que vive del bello ideal.

Pueden consultar el caso
en los libros de la historia
los amantes de la gloria;
y se dudan, que en Pegaso
se remonten al Parnaso,
que en llegando al Helicón,
dirán se tienen razón
Manuel Fernández Gonzáles
y Dumas, que como leales
hicieron la observación.

Sin la luz de su mirada
tras uma limosna incierta,
Homero de puerta en puerta
iba cantando la Iliada.

Y aquella lira inspirada
que hacia el ciego gemir
le daba para vivir
una mísera pitanza,
y una grandiosa esperanza
de gloria en el porvenir
En una lidia incesante,
huyendo por gibelino,
em la torre de Ugolino
moralmente vivió el Dante
y cargado como Atlante
un mundo y su iniquidad
viajó por la eternidad
escribiendo aquel poema
que es el eterno anatema
de la ímpía humanidad.

Vivió el Tasso perseguido;
preso fue, no tuvo hacienda;
dió sus sábanas en prenda
de un préstamo recibido.

¡Los siglos han transcurrido!
Y aquel injusto desdén
es la apoteosis de quién
cantó el dolor de Tancredo
y el triunfo de Godofredo
en los muros de Salén
Camoes fue tan desgraciado,
que jamás desgracia alguna
labró la mala fortuna
cual la de este desdichado.
Dióle tesoros el hado
allá en la región ideal;
mas le deja Portugal
en tan extrema pobreza
que murió tanta grandeza
gratis en un hospital.

Y don Miguel de Cervantes,
¿héroe y cautivo en Lepanto?
¡Su infortunio causa llanto!
Él descubrió en los gigantes
los caballeros andantes;
y a quitan cuerdo vivió
por loco se le tomó:
si fue su genio, su azote,
el sublime Don Quijote
prez com su lanza le dio.
Fue su sino tan esquivo
con el cantor de Julieta
que aún siendo cómico y poeta,
y algo cazador furtivo
pensando em lo positivo
para poder subsistir
tuvo Shakespeare que unir
la prebenda de portero
y su gloria, cual Homero
no pudo ni presumir.

Feliz, Young se adormecía
em brazos de un sér querido;
fue del infortunio herido;
la muerte cortó em un día
toda su dulce alegría
y en la mansión del dolor
años gimió el ruiseñor
allá en la sombra nocturna
bañando en llanto la urna
de su inolvidable amor.

Mackpherson !qué maravilla!
Un drama por un almuerzo
cambiaba el poeta perverso
en hallando alma sensilla;
desnudo em sucia buhardilla,
el infeliz a su vez
se comería !tal vez!
las uñas por divertirse,
que es cosa de presumirse
en un excéntrico inglés.
Lamartine al cielo sube
en bellas metitaciones;
pasó el tiempo em iludiones
"rodando de nube en nube"
y com su arpa de querube
¿cuál miseria no probó,
cuál ponzoña no bebió?

Pidíole un óbolo a la Francia
que tuvo tanta importancia
que hasta su Nilly vendió.
Em su grandiosa tristeza
Henry Heine, fuego en el hielo,
rendido a su desconsuelo,
desdeñado en su pobreza,
idealizó una belleza,
y el desengaño más cruel;
hincó sus garras en él,
y quién miró el orbe estrecho,
paralítico em su lecho,
ahogó su ambición en hiel.

Zorrilla, el de los Cantares
de sultanas y zegríes
Abencerrajes y huries
de cármenes y olivares,
se vio atravesar los mares
criticado con afán;
y el salvador de Don Juan,
errante y de tierra extraña
ya muy viejo volvió a España
a solicitar un pan.

Bécquer! Dios mío! eso es triste;
ruiseñor, alondra y mirlo,
quién pudiera presumirlo!
apenas come y mal viste.
Cundo el cuitado no existe
se lanza todo Madrid
como picado de áspid;
!Oh sarcasmo! le hacen tales
tan soberbios funerales,
como al mismísimo Cid.

Joven, ardiente, buen mozo,
Espronceda, ángel caido,
en la orgía consumido,
soñador, cisne armonioso,
buscando un ideal ansioso
una Jarifa encontró
cuando en Teresa soñó.
Y un eco está suspirando
en triste susurro blando
que nunca fortuna halló.

Juan Diégues !Tristes verdades!
con el sudor de su frente
la tierra bañó, y doliente
en sus largas ansiedades
jamás a falsas deidades,
altivo, quiso incensar,
y murió pobre en su hogar;
él fue un centroamericano
vaciando en molde romano
que pocos han de igualar.

Plácido, viene a mi mente
de su descanso infinito,
a denunciar el delito
de que victima inocente
lo hizo un poder inclemente;
!dulce numen de color,
será inmortal tu dolor,
poeta con alma de ondina,
la posteridad conmina
tu muerte como un horror!

Heredia en playa extrangera
vivió y murió; y hoy se ignora
en que tierra protectora
está su mansión prostrera;
y aquella alma prisionera,
apósto de la verdad,
sedienta de libertad
fue como fúlgida estrella
irradiando siempre bella
desde su inmortalidad.

Em mi fantasía mora
el triste enlutado espectro
de Zenea; lleva el plectro
de nota enternecedora
com el que a Cuba enamora,
velado en negro crespón;
cae en las fauces del León
y a los pies de Balmaceda
la alondra cubana rueda
herida em el corazón.

A Mármol, un hombre impuro
encerró en la gemonia;
mas, como el Tasso escribía
de su cárcel en el muro,
la maldición y conjuro
de tan torva iniquidad,
que a castigar la maldad
del gaucho Rosas son nada
la furia de un Torquemada
y el diablo en la eternidad!
Cubría con bruma inmensa
la montaña silenciosa,
el ave em la selva umbrosa
cantaba con pena intensa
por el cantor de Pubenza.

La invidia le asesinó;
Julio Arboleda cayó
de Sucre em el mismo lecho,
allá en el nativo helecho
que poeta inmortalizó.

¿Por qué los sueños de gloria
turbaron su fantasía?
Porque cambiaron un día,
por la inmortal de la historia;
y al dejar la humana escoria,
em su afán de hacer luz,
llevaron como Jesús
por sus creaciones divinas
una corona de espinas
hasta llegar a la cruz.







Fantasía

De nardos y rosas quisiera cubrirte
y en dulce canción
decirte que sufro tormento infinito
!Oh luz de mi amor!
Y sobre las nubes llevarte en un carro
luciente del sol
a ungir tus cabellos con finas esencias
a eterna mansión.
A oír de una alondra el ritmo encantado
unido a tu voz
allá donde nunca la mano del hombre
la dicha enturbió.
A ver encenderse en tus ojos de fuego
mi leal corazón,
y allí, niña hermosa, morir com el roce
de un beso de amor.

julio de 1883







Desilusión

Ligeros vuelan los perfumes suaves
del cáliz del clavel
rápidos cruzan el azul espacio
los rayos de Antarés.
Ni los perfumes, ni los rayos, niña,
ni al astro, ni al clavel.
una vez idos, y al abismo huyendo,
jamás pueden volver.
Una ilusión con sus dorados sueños
de gloria y de placer,
son perfumes y rayos disipados,
que nunca han de volver!

diciembre de 1883










Si Supieras

Si supieras que la luz de tu pupila
es un fuego sutil,
plegaras de tus párpados, !oh niña!
las hojas del jazmin.
Si supieras lo que en silencio el alma
há llorado por tí;
lo que es sentir, em vez de la esperanza.
de uma duda el aspid,
Abrirías tus párpados dejando
tus ojos relucir,
como al rasgarse las nubes de alabastro
dos soles del zenit.
Y de mi alma iluminando el fondo
con un fuego sutil,
serían de mi fe la antorcha de oro,
porque creer es vivir.
Pero todo lo ignoras, y mis penas
!Oh mi suave jazmin!
Olvidas por engaños y quimeras;
!Nunca serás feliz!









A la Luna

Pálida te alzas, Febea,
al compás de los cantares
del zorzal; en los pinares
ya tu lumbre va a irradiar;
como Venus Anfitrite
en la espuma cristalina
sobre nube diamantina
vas al seno a reclinar.
Te abren paso las estrellas
por lo azul de lo infinito,
diáfano, inmenso aerolito
del negro abismo eternal;
dulce maga de la noche,
coronada con el íris
tal vez va buscando a Osiris,
blanca, vaporosa, ideal.
Siguiendo tu clara estela
mi pensamiento se embriaga,
el alma en tu esfera vaga
llena de grata emoción;
y en el océano del cielo
flotas, candida sirena,
melancólica y serena
como amorosa ilusión.
Al caer tu rayo esplendente
sobre los campos parece
que la tierra se adormece
con el beso de tu amor;
entonces, en las calladas,
dulces horas de la umbría,
tibia noche en su armonía
te saluda el ruiseñor.
Silenciosa confidente
de la infancia y de la gloria,
libro en blanco de la historia
de la pobre humanidad;
tú has mirado las orgias
de la fortuna ostentosa,
y escuchas la silenciosa
plegaria de la orfandad.
En la bóveda estrellada
hace siglos que rutila
suave, plácida y tranquila
para los hombres tu luz;
y es la misma tu mirada
sobre el regio mausoleo,
que en la huesa donde veo
por toda enseña una cruz
De nuesttro mundo cautiva,
gigantesco, terso escudo
vas rodando al golpe rudo
de la fuerza sideral;
la vida en ti no palpita,
el genio del firmamento
tu cadaver macilento
guarda en tumba de cristal.
!Cuánta ilusión por doquiera!
Eres roca, estéril puna;
que tanta belleza !oh, Luna!
próvido sol te la dio;
!todo es fugaz perspectiva!
Si algo en la forma se advierte
en la nada se convierte
cuándo el hombre la tocó.
Del crepúsculo en los brazos
la mañana presurosa
viene trémula, envidiosa
tus fulgores a exinguir,
y agonizante en el cielo,
cuando aquella se desliza
eres la última sonrisa
de uma noche de zafir.
De tus templos expulsada,
vieja diosa de los druidas,
de grandezas extinguidas
es emblema tu esplendor:
Fue tu culto abandonado
por la humanidad entera,
pera aún tienes la sincera
religión del trovador.










La Felicidad

En la ansiedad de la vida,
siempre vamos con empeño
de las caricias de un sueño
al árido mundo real;
y pasa el tiempo volando,
la vida se va extinguiendo,
uno tras otro perdiendo
los encantos de lo ideal.
Brillantes como los astros
que cruzan en lontananza,
amores, fe y esperanza
se miran desaparecer
!ah! De la noche en el caos,
cuando yace todo en calma,
las inquietudes del alma
siento en mi sueño crecer.
¿Dónde hallar um consuelo,
si es mi existir tan sombrío
como el invierno más frío
del obscuro Setemptrión;
si hay menos luz en mi vida
que en esas noches polares,
más calor en esos mares
que en mi pobre corazón?
He oído algunas veces
una queja lastimera
que en los aires va ligera
y muy lejos a expirar;
ella brota de los pechos
de seres que la fortuna
halagó desde la cuna
como genio tutelar.
La dicha es como la sombra
de las nubes en su vuelo
por el ancho azul del cielo;
corre como ellas veloz.
Siguen por áspera senda
los mortales su camino
porque su esplendor divino
es un reflejo de Dios.
Dos veces me há parecido
sobre la tierra encontrarla
y de hinojos a incensarla
las dos veces me postré;
vive mi espíritu incierto
y al ver brillar uma estrella,
sospecha el alma que en ella
tal vez hallarla podré.
Una leyenda sublime,
poema del alma que ansía
hallar la dulce poesía
que llaman felicidad.
Guarda tenaz mi memoria,
como imagen fugitiva
con que la ansiedad se aviva,
en mi triste soledad.
En las remotas edades
a orillas de hermosa fuente,
un filósofo en Oriente
lánguido y triste llegó;
fatigado peregrino,
al pie de fresca palmera
de la noche placentera
en los brazos se durmió.
Auras y genios y silfos
aquella frente besaron
y a su oído murmuraron
no sé que extraño rumor;
y en su sueño vaporoso
de la fuente cristalina
miró salir una ondina
tan bella como el amor.
Flotaba sobre las ondas,
ompelida por la brisa.
Dulcemente se desliza
nevada garza gentil;
blanca, pura, transparente
como el rayo vagaroso
de la luna em el hermoso
cielo risueño de abril.
Pero, en el éxtasis suave
la mira desvanecerse
y en la oscuridad perderse
al tiempo de despertar;
busca, no la halla, y resuelve
el Norte, el Sur y Occidente
recorrer, vulve al Oriente,
mas sin poderla encontrar.
Fue muy larga la jornada,
tan grande como su empeño,
y herido por aquel sueño.
Vino al cabo a sucumbir;
feliz? !Quién sabe! la muerte
tiene tan hondos arcanos
que son los esfuerzos vanos
para saber qué es morir.











Himno al Sol

Salve !oh rey de la luz, inmenso atlante,
que en el espacio ardiendo,
magnífico, te yergues rutilante
a la creación sonriendo!
Evos y evos en la noche eterna
esperas la creadora
palabra em el espacio sempiterna
que llega vibradora,
llamándote a la vida y obediente
tu fuerza se condensa
gigantesca, sublime, omnipresente,
incontrastable, intensa.
!Rubro condor que en tu correr te intimas
en el hondo desierto
del negro caos, que a tu paso animas
em un bello concierto!
En ese abismo aterrador, profundo,
que en tu vuelo tiendes
llevando en sus alas este mundo
con rapidez desciendes.
A do irás? No lo sé, en raudo torbellino
girando arrebatado
!Tal vez tu imperio encadenó el destino
a otro rey ignorado!
Y eres Helios luciente algún pigmeo
satélite en la esfera
de otro más grande celestial briareo
que te habla en su carrera.
Límpida de tu disco refulgente
se desprende la llama
de hidrógeno fugaz e incandescente
que en tu seno se inflama.
Ciclópea fuerza de tu hirviente impulso
lanza por el vacío
el rayo abrasador, germe convulso
cual fecundo rocío.
De tí es la tierra apasionada almea,
te busca estremecida,
retiembla y al redor revolotea
de tu lumbre querida.
Com el beso de amor que allá en la aurora
le envías cariñoso
regenera su sér, a cada hora
com lujo esplendoroso.
Tuya es la filigrana del verano,
del invierno el armiño
y el verde-azul bramador océano
que meces como a un niño.
Eres dios del amor, aquél Cupido
que despierta el anhelo
y, cruel quizá por magía de algún fluido
armaste el brazo al vengador Otelo
Por ti fue Napoleón de tantos reyes
el amo y con su gloria
a la Europa venció, le dictó leyes
de victoria em victoria.
El sabio Sechi por ti se inmortaliza,
te estudia y arrebata
los misterios que ocultas, te analiza
y tu imagen retrata.
El rayo ardiente que animó mi barro
mi frágil existencia
en hora muy fatal fue de tu carro
perdida transparencia.
Por ti se siente abrasador deseo
para escalar la altura,
eres el cuervo feroz de Prometeu
causa de su locura.
Y si un día tu núcleo se apagara
segaría la muerte
con tu hálito fatal cuando encontrara
sobre la tierra inerte.
!Quién sabe si serás em las edades
el edén prometido!
!Tal vez por las desiertas soledades
te pierdas extinguido...!
Y ya ciego, moviéndote al acaso
en exéntrico viaje
a un choque de otra mole en ocaso
nuevamente te encienda tu coraje.
Mas si apaga el destino soberano
tu refulgente aureola
te arrasta el tiempo con su férrea mano
cual fugitiva ola
alrededor de prepotente edtrella
convertido en un mundo,
irás llevando a humanidad más bella
en tu seno fecundo.
Y envuelto com las gazas azulineas
de algún límpido cielo
allá em tus trópicos llevarás colinas
y en tus polos el hielo.
Los cantares oirás de l alborada,
el vuelo del céfiro,
la sinfonía de la mar airada,
de la noche el suspiro.
¿Pero a qué delirar? foco incesante
que al universo agita,
!Hijo del cosmos! la creación constante
en tu ley infinita.
!Hércules vencedor, titán ardiente
no pares tu carrera!
Brindamos con tu luz eternamente
eterna Primavera!

1883




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