jueves, 21 de agosto de 2014

ALONSO RUVALCABA [12.975]


ALONSO RUVALCABA

Alonso Ruvalcaba (Ciudad de México, 1973). 
Alonso Ruvalcaba es poeta, traductor, ensayista y crítico de comida. Fue editor de la revista Catadores 2001-2009 y Gula 2006-2009; columnista del diario La Jornada entre el año 2003 y 2008. Tradujo varios volúmenes para el grupo editorial Patria –entre ellos, Grandes ensayos científicos de Martin Gardner Ha publicado traducción de poesía en Molino de Letras, El Financiero y La Jornada. Ha tenido columnas de gastronomía, de cine y de poesía en Tiempo Libre, Playboy, Código, Cinemanía, Complot, El Financiero, El Foco, Citaris, y La Jornada. Actualmente escribe sobre gastronomía y viajes en las revistas Deep, Life&Style, Travel + Leisure y Vuelo. En 2004 apareció su primer poemario, Jardín y mausoleo, premiado y editado por el gobierno de Aguascalientes. También recibió el premio de poesía Aspa 1999 [México] por la serie Seis poemas de 1997. En 2008 publicó el volumen Ciudad de restaurantes en Grijalbo/Mondadori.



el sermón de los lunes


tras theodore roethke

conozco la tristeza inexorable
de los lápices puestos en cajitas
el dolor del cuaderno y el teclado
la miseria del fólder de manila
y la desolación en escritorios
recepciones y archivos solitarios
la dieta inalterable de los faxes
el ritual de los clips y los correos
y la duplicación sin fin de vidas
y de objetos y he visto el polvo en muros
burocráticos fino como harina
viviente peligroso como el ántrax
y lo he visto avanzando por las tardes
del tedio y he mirado la película
que el polvo deja en el cabello, polvo
en las uñas los hombros en las cejas
en las caras de siempre repetidas



dean: sobre mojado 0.3

1.

a través del sureste, por pueblitos
cuyos nombres olvido de inmediato,
la lluvia nos siguió
a nuestras vacaciones:
decidió estacionarse sobre el carro
y nos ha acompañado hasta el hotel:
miramos la ventana y nuestros ojos
repasan las tumbonas y la alberca
gris, el bar allá afuera está cerrado,
el hotel está solo:
pareciera que alguien avisó que la lluvia
venía con nosotros...
ya no me acuerdo cómo
éramos cuando éramos
los otros:
antes, tal vez, la lluvia hubiera sido
un vespertino don, un gozo, un premio,
el rumor atareado de la lluvia,
pero ésta no es aquella lluvia
ni la lluvia después de la sequía,
el estallido
primero de las nubes que devora
la sequía de agosto,
cuando la cuarteada tierra entera
parece trepidar y tiemblan todas
las hojas
y las cosas llorando alzan los brazos:
nosotros, animales enjaulados
adentro de sí mismos,
nos guarecemos en el cuarto blanco
y gris: alfombra gris y muebles grises, sábanas
equilibradas entre el gris y el blanco
y el espejo repite el gris y el blanco
interminablemente:
no llueves ya como antes,
cuando el mundo, recién lavado, era
una tarde pluvial que tú pedías
compartir conmigo:
ésta es la lluvia que sucede aquí,
ahora mismo,
no es la lluvia que bruscamente aclara
el día minucioso ni la lluvia
que sin duda sucede en el pasado.


2.

esta lluvia sucede en el hotel,
en los cuartos, las casas, las iglesias,
no nos deja salir a ningún lado,
esta lluvia terca no permite
sacar el ataúd a la costera;
es la lluvia que sigue para siempre
cayendo en una lenta noche umbrosa,
desbaratando los nidos,
la Lluvia con mayúscula,
la lluvia del presente y el futuro:
es la lluvia que siempre está cayendo,
la que allana la cerca de la vida
tomada de la mano de la muerte,
ésta es la lluvia urbana
que llueve sobre pilas de cadáveres,
la que ha vuelto esta tarde
como una gris alcoba submarina,
la lluvia que ha oxidado
la voluntad: la lluvia interminable
que siempre llueve dentro de nosotros,
que cae y que escurre de la mente,
que cae desde un cielo ceniciento
y no tiene razón de ser:
es la lluvia
que tamiza
la ceniza
de otra lluvia.


3.

entonces, cuando veo
que sale agua del baño
hacia el cuarto, que el cuarto está anegándose,
y la alfombra y los muebles anegándose,
el hotel anegándose y la lluvia
es la lluvia por fin del fin del mundo,
volteas tú, perdida para siempre,
hermosa todavía mas perdida,
sostenida del hilo de los celos,
húmedo, y de la muerte sostenida
unánime y me dices:
“está lloviendo mucho, alón, ¿y si mejor nos regresamos?”



líneas sobre tintern abbey

diez años han pasado:
los cuento: diez veranos
lentos como diez inviernos lentos;
nuevamente la interna voz tranquila
de estas aguas que corren
desde un manantial en la montaña
y nuevamente el campo y el peñasco:
imágenes de un claustro silente como el cielo
y en la mente un encierro aun más profundo;
yo de nuevo reposo
a la sombra del árbol verdinegro:
allá abajo los huertos, las parcelas
todo vestido
de un verde matiz de frutos jóvenes
todo perdido
entre bosquecillos y arboledas:
nuevamente los setos
que casi no son de ser tan poco
y una curva de humo entre los árboles
callada, incierta,
se diría que asciende de una cueva
donde un ermitaño espera frente
al ermitaño fuego:
el humo, la cascada, las parcelas,
estas formas felices no me han sido
en todos estos años
como un paisaje invisto para un ciego:

            en cuartos deslavados bajo un foco
            macilento, ahogado en el sillón
            entre cuatro paredes amarillas
            en el estruendo de ciudades, lejos,
            en la hora del tedio o del insomnio
            en el tiempo del hambre o del hartazgo,
            he visto los engranes del recuerdo,
            he sentido su pálpito en la sangre
            y sentido su calma y su resguardo:
            y lo he visto partir del corazón
            hacia un lugar más puro en el cerebro:
            he entendido su influencia en mis bondades:
            el acto mínimo, secreto, anónimo,
            que es la parte mejor de cualquier hombre;

y les debo otro don aun más sublime:
un ánimo en que el peso
la carga del misterio
y de este mundo incomprensible
se aligeran –un ánimo sereno
en que, el aliento y casi
el impulso de esta sangre humana
suspendidos, duerme el cuerpo y somos
alma viva: y un ojo armónico,
silencioso y feliz,
ve la vida ya viva en cada cosa:

y acaso estas creencias son en vano
mas cuántas veces, cuántas, en la necia penumbra sin fisuras o entre las muchas formas del día hecho de espinas;
cuando el infructüoso estruendo preocupado, cuando la fiebre toda de este mundo me cubren con su peso el corazón;
cuántas veces, cuántas, ha volado mi espíritu a tu abrazo, oh campo, oh monte, oh río, oh secreto seguro deleitoso, y junto a ti, ermitaño, cuántas veces mi espíritu sentado frente al fuego;

está el recuerdo a punto de extinguirse
y muchas de estas cosas se emborronan
y tiene todo un poco de tristeza
y hay en todo también un desconcierto:
pero hoy estoy aquí frente a las sílabas
del paisaje y su música revive
y hay un placer presente y la certeza
de que en este momento dilatado
hay vida y alimento por venir:
y acaso así será aunque más no sea
yo el que fui cuando estuve por primera
vez en estas colinas –verso, estancia–:
iba como un cervato en la montaña,
brincaba por la margen de los ríos
y pastaba en la orilla del arroyo,
el arroyo de tinta sobre el blanco,
no era un hombre que busca lo que ama:
era un hombre que escapa de sus miedos,
me dejaba llevar por la poesía
leída en el peñasco, en el paisaje,
pues el paisaje entonces (esos días
se han ido y sus placeres y su ritmo)
era en mi corazón todas las cosas;

y no puedo pintar lo que era entonces:
cuando con su rumor la catarata
y con sus ecos süaves
                                  las aves
y con sus dulces corrientes
                                  las fuentes
y con cláusulas de olores
                                  las flores
y con sus verdes gargantas
                                  las plantas
eran un apetito un sentimiento
que no necesitaba al pensamiento;

ese tiempo se ha ido
y con él
sus dolorosos goces y sus éxtasis:
no me quejo: otros dones han seguido,
la recompensa abunda en esa pérdida:
escuché en el paisaje
la música tranquila de lo humano,
que no lastima o hiere mas sojuzga,
e intuí una presencia que me inquieta
con un alto, dichoso, pensamiento:
que hay algo más profundo cuya casa
está en la luz de soles vespertinos,
en el océano redondo, el aire
vivo, en el cielo azul y en nuestra mente:
hay un impulso tras las cosas vivas
y los versos son cosas que están vivas,
hay versos palpitantes como pájaros,
hay un impulso tras las cosas vivas,
la catarata cae como un verso,
en el verso resuena la cascada,
la sílaba va en busca del peñasco,
un rebaño de sílabas abreva
en el arroyo y yo soy un amante
tranquilo del arroyo y de la tierra,
del mundo de la vista y del oído
y he hecho del paisaje –la poesía–
el ancla, la nodriza y el guardián
del alma y del cerebro...
                                                           y es posible
que todas estas cosas sean en vano:

no temeré,
amiga mía, hermosa amiga mía,
amada y tierna amiga mía, amiga
detenida en las lindes del poema,
pues en tu voz está la voz
del hombre que yo fui
y en la luz de tus ojos
el encendido rayo de mis dichas:

                    ¡que mire un poco más lo que yo fui,
                    antigua amiga mía!

aquí voy a escribir una plegaria
pues yo sé que el paisaje o la poesía
no traicionan el alma que los ama
y que está en el paisaje
el llevarnos de un gozo hasta otro gozo
–el gozo que es ahora el gozo del futuro–:

            brille entonces la luna metafórica
            en tu camino, sople el viento libre
            al paso de un poema de doscientos
            años, sendas de letras,
            paréntesis de río
            y sobre el río puentes de cesuras:
            que tú mires la luna y pises sílabas
            y te mojes las manos en el río;
            y cuando el joven éxtasis de ahora
            sea ya un pálpito tranquilo, entonces,
            cuando tu mente sea
            la casa de estos versos escandidos,
            entonces, en los días
            bajo el peso del mundo y del misterio,
            en las noches de insomnio pedregoso,
            recuerdes que una vez hubo un poema
            que curaba tu mente y que recuerdes
            las cosas que te dije...
            y es que acaso
            yo viva en el lugar donde tu voz no se oye
           (vivir es un decir de la costumbre)
            y no pueda abrevar del agua viva
           de tus ojos –no olvidarás entonces
           que el poema creció como un arroyo
           surtidor de metáforas, de vida,
           que estuvimos sentados en la margen
           del poema:
           se recuesta el paisaje ante nosotros,
           el humo, la cascada, las parcelas,
           el poema se extiende como un campo,
           no olvidarás que quise este paisaje
           porque sus letras dicen nuestros nombres

para jessica servín




POEMAS  mummra: últimas palabras

the demon-priest mumm-ra is the self-proclaimed “ever-living source of evil” on third earth, having powers of sorcery and an apparently unlimited lifespan. he is, in fact, a bound servant to the ancient spirits of evil, who provide him with increased power and virtual immortality. residing within the black pyramid amid the ruins of what appears to be an ancient egyptian civilization, mumm-ra exists in the decayed, weakened form of a mummythat must return to a stone sarcophagus to replenish his energy. mumm-ra’s origin is set in ancient egypt. he wasonce wahankh, a member of the pharaoh’s council and his most loyal adviser. he had a dog, ma-tep, and a womanwho died while still very young and whose name is lost forever.

wikipedia, julio 2009




corazón adoptivo,
invicto corazón que no eres mío,
adiós.

cuerpo, piltrafa, grises vendas
más mías que mis brazos o mis manos,
piel escindida, pelo, aliento viejo
más viejo que el más viejo de los viejos,
adiós. estoy cansado.





en la sola ribera sobre el pasto
un perro se me acerca hace mil siglos,
tiendo la mano como un premio: “mátep”,
lo llamo por su nombre, y mátep sabe
que no hay dicha más cierta que esta dicha:
él y yo y el principio de esta tarde
que cae como un tigre sobre el nilo,






al fondo un porvenir hecho de fórmulas,
cadenas de palabras que no sé
todavía: tesoros de hechicero.

perfecto corazón que fuiste mío: 
bendita sea la noche y la mañana, 
bendita la pirámide, el basalto,
el nilo sea bendito y nuestro perro
dormido como un dios entre nosotros. 
bendita sea la vez que nos fundamos: 
bendita sea la espada con que hieres, 
bendita sea mi sangre y sea la venda, 
bendito sea tu cuerpo, amiga mía,
amado como un dios entre mis brazos.






no siempre he sido mummra ni esta momia
que se olvida enfangada en el estiércol:
antes fui wáhank, consejero y mago, 
y este anillo entregó mi servidumbre
a los espíritus de la pirámide.
dormí en el lado muerto del jardín
de las delicias, frente a una vasija
cuádruple repetí mil veces doce
palabras, una fórmula
que cifra el universo en pocas sílabas.
mil veces abolí
al máximo enemigo, otras mil veces
el cuchillo en el pecho del odiado,
el roto corazón entre las manos,
la pesadilla, la guadaña, oh muerte,
oh roja arquitectura de la dicha.

oh muerte por venir, oh no rompido sueño.
llueve lluvia de otoño y viento llueve,
avanza un río acaso imaginario







y salta contra el límite del cielo hecho cascada,
grita un pájaro blanco:
a punto de volar detiene el vuelo 
y reposa las patas en la piedra.

adiós, mi corazón intacto, adiós:
no voy a repetir aquellas sílabas.
podría alzar la voz y repartirlas
al aire, alzarme yo y romper el tiempo,
sacarte de la tumba, demoler
la estructura de fierro del olvido,
oh muerte por venir, podría alzarme
del estiércol, gritar al fin: antiguos
espíritus del mal,
transformen este cuerpo decadente
en mummra, el inmortal!

no lo haré, corazón. ya estoy cansado.





inscripción

el 16 de marzo de 1945 los aliados aseguraron la isla de iwo jima. ese día contaron 784 soldados japoneses muertos(en total, en la batalla murieron 21 703); en la mano semicercenada del cadáver del cabo takeichi oshugi encontraron un papel que, después sabrían, decía esto:

amadísima hana-ko,amanece, y éste es mi último día de servicio para el Japón. los americanos penetran ya las catacumbas que hemos cavado en el cerro. tiendo la mano y rozo tu cuello y la curva perfecta que traza cuando se convierte en tus hombros que luego son el monte soleado de tus senos. en mi nombre dile adiós a mi hija y a nuestro querido cachorro. pido que vivan una vida larga. si un día quieres verme, búscame bajo tus pies, entre las piedras de iwo jima. yo te estaré esperando.




líneas sobre
líneas sobre tintern abbey

diez años han pasado:
los cuento: diez veranos
lentos como diez inviernos lentos;
nuevamente la interna voz tranquila
de estas aguas que corren
desde un manantial en la montaña 
y nuevamente el campo y el peñasco:
imágenes de un claustro silente como el cielo 
y en la mente un encierro aun más profundo, 
yo de nuevo reposo
a la sombra del árbol verdinegro:
allá abajo los huertos, las parcelas
todo vestido
de un verde matiz de frutos jóvenes
todo perdido
entre bosquecillos y arboledas:
nuevamente los setos
que casi no son de ser tan poco 
y una curva de humo entre los árboles
callada, incierta,
se diría que asciende de una cueva
donde un ermitaño espera frente
al ermitaño fuego:
el humo, la cascada, las parcelas,
estas formas felices no me han sido
en todos estos años
como un paisaje invisto para un ciego:

en cuartos deslavados bajo un foco
macilento, ahogado en el sillón
entre cuatro paredes amarillas
en el estruendo de ciudades, lejos,
en la hora del tedio o del insomnio
en el tiempo del hambre o del hartazgo,





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