jueves, 26 de febrero de 2015

ALEJANDRO VALLADARES BERNARD [15.076] Poeta de Honduras


Alejandro Valladares Bernard 

Nació en Tegucigalpa, Honduras en 1910. Falleció en su ciudad natal en 1976.
Recogió la pluma de su padre el Dr. Paulino Valladares dedicándose por muchos años a editorializar en el diario “El Cronista”. Nació en Tegucigalpa en 1910, estudió derecho y a la muerte de su progenitor optó por escribir para el diario capitalino que fundó don Manuel Calderón en 1912 y dirigido por don Paulino hasta su fallecimiento en la ciudad de Panamá. Alejandro mantuvo siempre el estilo crítico y fustigaba a las clases económicas dominantes en El Salvador, convirtiéndose con sus sesudos comentarios en uno de los grandes defensores de los derechos soberanos de nuestro país. Falleció en su ciudad natal en 1976.




Elogio a Marco Antonio Ponce


                    I

Tal como un poseido de energicos empeños
recorriste en tu carro los liricos gimnasios
y te hiciste Doctor en los Ensueños
en la Universidad de los Espacios

                   II

El mal y el bien, en pugna, sitiaron tu cabeza:
y tu, ante ellos, supiste representarte solo.
El Arte no es el Bien, es la Belleza
y el Poeta no es Job, sino Apolo.

                   III

Entre la indiferencia de todos los pequeños
suspendiste el penacho del humo de una Tea:
y sobre el Paraiso perdido de tus sueños
tu diestra corto el fruto prohibido de la Idea.

                  IV

Arrojarte pudieron el filo de un guijarro:
pero a pesar de todo, tu Musa perdonaba.
porque el Autodonte de tu carro no fue dios,
fue una diosa que acaso suspiraba.....

                    V

Con indolencia artistica requeriste la Lira.
que vibro como un pajaro que rompe su cancion.
Nunca empuñaste el Latigo:
Tu ira se deshacia en una suprema compasion.

                    VI

Solo, pero tranquilo, seguias tu sendero;
que para ser creyente verdadero
primero hay que creer en uno mismo.

                     VII

De subito dejaste de hundir el acicate
en tu tronco de potros y arrojastes tus galas:
para vencer enanos, mejor no ir al combate:
para subir un codo, mejor no habrir las alas.

                     VIII

Que paso? Tu explinatica angustia te vencia:
no saciaban tus ansias tus mismos universos?
y escondistes el puñal de la ironia
en el ramo de flores de tus postreros versos.

                       IX

A que entonar un cantico? A que romper un Trino?
Tal dijiste. Tu verbo callo meditabundo:
y doblaste la frente ante el destino.
pero no las rodillas ante el mundo.

                        X

Y bien, la muerte un dia dispuso hacer la siega.
Y debe ser echado al fin al Circo Romano de la vida
alcibiadescamente diste tu carne griega
a la gula inconciente de un hambre contenida...

                        XI

Sobre tu fosa el cielo sereno es un Zafiro:
Y en las tranquilas noches yo se que murmura:
¡Desde que diste el ultimo suspiro,
hay una estrella mas aqui en mi altura!





A JUAN RAMÓN MOLINA

I

Fuiste una exhalación en este mundo,
que, en la senda al espíritu  exigida,
más vale ser relámpago un segundo
que menguado candil toda una vida.

Lírico luchador, rompiste espadas,
y, en tu sed insaciable de universos,
lanzaste hacia las cumbres desoladas
la audaz caballería de tus versos...

Se impusieron tus regios predominios;
se perpetuaron tus arranques bravos,
y te paseaste airoso en tus dominios
ante la admiración de los esclavos.

y empezaste a cantar. Himnos de gloria
arrojaste al azul como chispazos,
en tanto que medían tu oratoria
los graves ademanes de tus brazos.

Tu culpa, ante el criterio que imperaba,
fue elevarte, pero eso no remuerde;
¿han de quedar las flechas en la aljaba?
¡Quien se pierde en la altura no se pierde¡


II

Solo, altivo, viril, calenturiento,
rimaste con soberbia tus hazañas;
las águilas traían tu sustento
ante la aprobación de las montanas...

Herirte quiso la impotencia airada,
pero cayó a tus plantas con desmayo:
la turba es una nube subyugada
que tiene que aplaudir por fuerza al rayo.


Desdoro no sufrió tu noble rango,
pues no lo sufre quien la Lira blande;
recibe el mar los vómitos del fango,
y el mar siempre es azul, y fuerte y grande.

Con la vista bajaste a las llanuras
por cumplir la misión de tu trabajo,
porque, desde el perfil de las alturas
deben, Dios y el Poeta ver abajo...

Preferiste, a pulir  finos cristales,
templar como  valiente tus cordajes:
los montes no se visten con rosales
ni se amarán los potros con encajes.

Sabías, al dictar cada proclama,
que para ser oída desde lejos,
la palabra infernal Tequendama
rompe la animación de sus espejos.


III

Por eso en la ansiedad de la pelea,
tu numen redentor y fulgurante
arrojó el oro puro de la Idea
contra la solidez del consonante...

Y por eso con íntimo quebranto,
el que hoy dedica a ti sus versos rojos
hace una llamarada de su canto
para envolver en ella tus despojos.

¡Ah, tropical poeta,  cómo ansían
para ti ser mis versos un emblema¡
¡Tus cenizas ya están donde debían:
en la urna de bronce de un poema¡




DON FÉLIX

La puerta del misterio, negando libre paso
Cerróse ante una sombra sin un rechinamiento.
Detúvose la sombra con ademán violento
como la sed de un ebrio que encuentra seco el vaso.

Montemar- que tal era la sombra detenida-
contrajo pensativo sus finas cejas bellas;
y al erguir la cabeza vio escrito en las estrellas
algo que hizo entonces pensar sobre la vida.

Y habló con el acento febril que da el delirio;
–la mujer es un lirio de acento perfumado–;
no se meció el aroma supremo de ese lirio
y lo corté del tallo. No es otro mi pecado...

Quedó después a solas con sus meditaciones,
pero al romper su idea los tormentosos vuelos,
volvió a leer el tomo de las constelaciones
que la estaba vedado subir a pie a los cielos.

En vano buscó apoyo su intrépida  arrogancia
no doblegada ni nunca como flexible tallo;
no alcanzó ver su vista lanzada a la distancia,
ni un grito, ni un centauro, ni una ala ni un  caballo...

Pero  de pronto un asno surgió ante su mirada:
Sonrió  entonces don Félix miró hacia el  firmamento,
y le volvió la espalda, volviéndose a la nada
por no ganar la altura montado en un jumento.




QUEVEDO

Al través de los siglos se divisa
tu gesto señoril. Lanza miradas
y pliegas en tu labio la sonrisa
que nunca degenera en carcajadas

Tu irónico reír es de tal guisa,
sutura tanta sal sus marejadas,
que si a veces halaga como brisa,
otras silba cual silban dos espadas.

Don Francisco: si un día en loco vuelo
volvieses a surgir, un desengaño
alzar haría el arco de tu ceja;

Pues verías de pronto que, en el suelo,
hay más motivos de reír que antaño,
como los hay  también para la queja...





EL SUEÑO DE YOJOA

A ISMAEL ZELAYA

Lentamente azul sus aguas ondula
con breves vaivenes, con ritmos pausados;
parece a momentos  que un canto modula,
que evoca nostalgias de tiempos pasados.

Sueña en su ribera sombría arboleda
que, al verse copiada por la mansedumbre
letal de las aguas, inmóvil se queda,
vencida quién sabe porqué  pesadumbre...

A veces las garzas bajan de repente,
y finge la blanca turba voladora
pañuelos que van a enjugar vanamente
la pupila inmensa de un monte que llora.

A  veces una hélice una barca empuja;
rómpese las aguas como azules trajes,
húndese la proa cual si fuece aguja
y a su paso borda nítidos encajes...

Siempre que la noche despliega su bruma
acalla, soñando, su oleaje sonoro,
pues le hunde una estrella que baja a su  espuma
la inyección heroica de sus rayos de oro.

Y sueña...y sus sueños el viento desata;
ve sombras confusas flotar en lo oscuro,
ve cómo esas sombras su fondo retrata
¡y ve de su fondo surgir el futuro¡

Soñando, su espuma se torna más blanca;
su sueño es el sueño que desgarra arcanos:
¡el sueño del hierro, del hierro que arranca
sangrientas ampollas en todas las manos! .

Al soñar, sus olas solemnes barajan
y escuchar parece la rítmica huída
de un tren que a su lado los rieles ultraja
lanzando a los aires  pitazos de vida.

Su visión esconde profético brillo
porque, cuando un día quede realizado,
formarán  los rieles un sólido anillo
y el lago la joya contra él remachado...

Sueña que el arado rompe sus montañas;
mira las cosechas premiar los sudores
y de cada grupo de humildes cabañas
salir a la vida pueblos luchadores...

y el lago después de hilvanar quimeras
se aduerme a la lumbre de rayos inciertos,
y sueña por último ver en sus riberas
un puño de barcas y un puño de puertos....

La Aurora de pronto fugaz se desliza;
en fuga las sombras enredan sus rastros,
y en las blandas ondas se ve que agoniza
la coquetería de todos los astros...





http://josegonzalezparedes.blogspot.com.es/2012/10/carta-de-alejandro-valladares.html





2 comentarios:

  1. Alejandro fue realmente un genio. Mi madre Albertina Bernhard de Zelaya lo quería y admiraba mucho y él le escribó un poema en çdedicado a ella, en el libro de poesías que mi madre tenía, de todo ello, nos ueda el recuerdo de grandes mentes como la de Alejandro.

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  2. Buenas tardes, hace muchos años queno vivo en Hnduras y es por ello que desearía poder tener acceso a las poesías de mi tió abuelo, para subirlas con su permiso, al grupo FAMILIA BERNHARD FACEBOOK, MI CORREO ES abz4805@aol.com.\Muchas gracias,
    Victoria A. Azpuru-Bernhard

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