miércoles, 19 de diciembre de 2012

JORGE RUIZ DUEÑAS [8857]


Jorge Ruiz Dueñas nació en Guadalajara, México en 1946, pero arraigado desde su infancia  a Baja California, es poeta y narrador. Hizo estudios de posgrado en la Universidad de Oxford, Inglaterra. Ha sido secretario técnico del CONACULTA; director de Tierra Adentro (nueva época), del IMER y de Talleres Gráficos; gerente general del FCE y director general del Archivo General de la Nación. Es Autor y coautor de quince obras de carácter académico y del libreto Tierra final (cantata para soprano y orquesta de Daniel Catán). Mereció distintos reconocimientos como el Premio Nacional de Poesía Manuel Torre Iglesias 1980 por Tierra final, Premio Nacional de Periodismo en divulgación cultural 1992, otorgado por el Gobierno de la República. Premio Xavier Villaurrutia 1997 por Habitaré tu nombre y Saravá. Ha publicado el volumen de cuento Las noches de Salé, los libros de ensayo Tiempo de ballenas, Cultura, ¿para qué? Un examen comparado, la novela El reino de las islas y los poemarios: Espigas abiertas, Tierra final, El pescador del sueño, Tornaviaje,  Antología pessoal, El desierto jubiloso, Guerrero negro, Habitaré tu nombre, Saravá, Carta de rumbos 1968-1998, Celebración de la memoria, Cantos de Sarafán.




 De Cantos de Sarafán



Sombra de eucalipto

(8)



Qué embeleso colmó tu existencia
                                                       preguntaba la Señora de los llanos
mientras mi potro discutía con las verjas
Cómo la almendra cotidiana
inoculó su presencia
su hábito cubierto de flores comestibles
en valles donde los equinos coitan
y el trapiche exhuma la violencia del alcohol

Cuándo la perversidad pasó sin lastimarte
acompañado de canes dispuestos a tu defensa

Dónde los suntuosos panes
celebraron tu premura
y con las fibras cordiales
alabaste su masa nutricia
Para quién desenvainaste tu espada de madera
y desplazaste los aros
                                    la gendarmería de pájaros
                                    el tizne de la noche estallada por bengalas

Por qué  aún huele a canela
a clavo y a pimienta
a café molido
                      en la víspera de los quinqués
mientras el horno mantiene su infierno
y la tahona alivia la purificación de las pastas

Qué embeleso colmó entonces tu existencia





Hojas

(1)


Fue algún domingo inglés en los senderos
bajo el domo de los árboles
Ignoraba si la última llamada del verano es el otoño
y los humos de las carboneras
diluían su tizne en la giba del cielo
Todo era pulcro en el otoño inglés:
la hora sexta sobre el Carfax de Oxford
el arroyo que cruza el jardín del becario americano
las simétricas nalgas de una falda breve
Para entonces
no estaban los amigos
ni rondaban pacifistas en St.-Martin in-the-Fields
Kostas no decía los prodigios de Plaka
                                                              en  un tabuco de Queens
ni las dependientas esmeraban su sonrisa
Protestaban
                   sí
                   los obreros en Trafalgar Square
reacios a la modernidad ajena
y Theodorakis padecía con la mirada en el Egeo

No sé cuánto duró en mi alma aquel otoño
pero ya vuelca su miel sobre mis ojos
y en el embarcadero
un murmullo repite algunas noches:
Let’s forget any acquaintance!










Evángelos

para Niki, nuestra cronista en Creta


Evángelos murió en septiembre
como la palabra en la tinta

El mensaje nubló la sonrisa de mis hijos

Les digo que no le conocí
y la geometría del azar me contradice

Quizá mojamos nuestros dedos
en la fuente Morozini
alguna tarde camino de la Fortaleza

Acaso le escuché a hurtadillas 
hablar del Taurocéfalo bajo el sol de la historia
o seguí sus pasos en el Megaron de la reina

No lo sé
Les digo que no le conocí
pero tampoco puedo asegurarlo
porque el otoño sella la memoria

Les digo también
que pudimos sentarnos
en medio de alguna callejuela
No hablaríamos mucho
rodeados por el vocerío de los niños y el busuki
Señalaríamos
                      sin azoro
alguna nube
sobre el mar incandescente
Insisto en que no le conocí
pero
ambos podríamos decir
que la pasión es el silencio

Ahora lo sé
Evángelos no murió en septiembre
como la palabra en la tinta
lo digo para mí
                        que espero

Y él
       probablemente me susurra:
el mundo es icono de sí mismo 
como la palabra en la tinta
desnuda y sola






Calibán

(10)

He aquí el futuro
que no responde a la ansiedad
ni da lugar a la neblina del olvido
He aquí lo que nos dejaste
                                           Señor
en los reflejos de tu vastedad
sin dar motivo para recordarte
o considerar tu presencia en la silla de la montaña
Diste a uno más de lo necesario
Consistencia para las enfermedades
el polvo que descansa en sus objetos
Medraste a otro la oferta
El rendimiento de su manada
la autonomía del vuelo
su interés en la vileza
He aquí el futuro
                           nos dijiste
y no sé si te conocí entre los ingenuos
tendido en la playa como un padre de familia
a la espera de los rayos benignos
y de embarcaciones donde transportas emigrantes
Quizá elegiste un número para la fortuna
o bebías café
                      aparentando escuchar
en los estuarios donde flotan los fieles
ante tu elaborado caos
Ofreciste tareas y empleaste una legión
para cuidar la exactitud de las estaciones
la obesidad del ecuador
                                     y la pulcritud del templo
He aquí el futuro
                           decías con arrogancia
cuando llegaste sin manos









De Las restricciones del cuerpo

(Fragmentos)


Ahora digo que ánimo y ánima conjuntos se tienen
entre sí, y por sí, forman una sola natura (…)
Lucrecio 

Para  Lêdo Ivo



                                                                       *
Los límites
                  el contorno
los bordes de la piel al escalar la fiebre
la ceniza
                entre los miembros y su eje

El movimiento
                        cartílago nutriente
sube en la bruma del recuerdo
y la agilidad del párvulo o del simio
es emoción para el trapecio
Pero la incertidumbre y la vida
determinan el visado                 
Aquel mozo que ansiaba el periplo asido al mástil
no permuta más poemas
ni recorre senderos cubiertos de hojarasca

Entonces
                una alfombra sembrada de castañas
el esplendor arbóreo
y en el fondo de sus brazos el azoro                                     

Entonces
                el tiempo era futuro
con el mensaje de los mancos y los ciegos
o las llagas del crucificado  
y la astilla del hueso
y el trance de mi sacrificio

Antes
           en el camino al universo de las gasas
más allá del urinal 
                              y los vapores de amoniaco
la certeza de lo impuro abrió su pasmo
las cofias y las batas
el cuerpo colmado de platino
la miseria personal tan abrumante
sin alivio ni resurrección

Mas
        en el cuarto
donde el paso de las nubes
sólo era receptivo a la desdicha
los órganos se entrenaban para consultar a los augures
medir los fluidos
                           sopesar los alimentos
                                                                y navegar con la palabra

Después
                hablé de las cartas amorosas de un profeta
al amparo de custodios
Del vagar untuoso de los cuerpos
De callejones eternos
y cadáveres al sol
No era el caso de esperar en los túneles
donde la turba gritaba camino de batallas dominicales
Tampoco de curar la herida del caído
o reprimir la violencia derramada
si la marea ocultaba a los sicarios

En aquel tiempo el agua cortaba los puentes
y veía el ciervo del parque
por entornadas ventanas donde moraron los poetas

En aquel tiempo ascendí a la Torre
por párrafos descritos
                                     como no la vieron invasores
y la cerveza podrida corría en las catedrales
al dejar a su suerte una postal del mundo

Los edificios decrépitos
                                       los domos con verdín
apenas otra pradera para cuervos
habituados a colgar sus excrementos
en las lianas del voltaje

Después volvía

      al jardín de tulipanes
donde la perfección impedía ver los pederastas
en su labor sobre la vulva de las niñas
y los perros corrían liberados de correa
y las madres leían revistas cuidando las carriolas
alejadas del canto de los agentes de bolsa



                                                                       *         

Ahora
            una emoción inicia el recorrido
y el calosfrío pone en movimiento los músculos drenados

Ahora
            a la espera del zarpazo en la ribera corporal
arponeado en nosocomios

Ahora
            sé que el cuerpo tenía límites
y la temperatura interior seguía leyes rigurosas

Las bragas que tanto inquietaban al banquero
cuando la doncella servía el té
y distribuía copas de jerez ahumado
Sus piernas que tanto endurecían nuestra vulgaridad
mientras ganaba el alquiler
                                             y la madre sucumbía
eran pilares de placer y ocaso

El mayordomo aspiraba al pago puntual de la ginebra
los tutores se envolvían con lana
y ella iniciaba el preinfarto de los viejos profesores
saciados por la turgencia de sus senos

Sin embargo aquella muchacha también tenía límite

La linfa que fluía en la aurora                                                             
y el pecado escurrido de los pies a la cabeza
apenas le auguraban su derrame
Un venero desbordado
                                       en el fondo de la dorada testa                      




                                                                       *                                

Cómo olvidarnos del ciego y de su eco
que advertía tropiezos al chasquear la lengua
No lució desaliñado
No hizo nada impropio
Veía sin ver y una luz quebró su apócrifa mirada
mas las mujeres escondían los muslos
                                                                que él adivinaba

De los colores recordaba todo
De los sonidos
                         el del piano fue la infancia
Lleno era de conocimientos
y nadie resentía su juicio de la divinidad

Entonces
                 transitaba los territorios del recuerdo
y en las aguas flotaban otras materias residuales
pero 
         la  balsa del profeta llegó a su corazón

Recorrimos las clínicas
los ambulatorios
los bancos de ojos y de sangre
en busca del revelador de imagen

Entre todas
                     apenas una dispuesta a cooperar
aunque ella misma requería atender su aborto
                                                                            su cansancio
y el invidente la guió por las tinieblas de la depresión
con palabras de deseo

En la soledad sabatina                                      
                                       camino al dormitorio
yo imaginaba su talante inerte
y el bastón cruzando la alameda

Ahora
           cuando paseo por el sendero
en la aglomeración de sombras
ahora
           cuando el pasado se funde
en la imperfección de las rutas
ahora
           la silueta de caderas recias y senos de manzana
pule las uñas de los académicos
clasificada como caso excepcional y divertido
Ahora los dos se encuentran
                                                en un paso de gato de las nubes
y lanzan acertijos insolubles

                                                                       *

El antiguo sanatorio se hizo de una santa

Los pasillos no guardan registro de los pasos de mis viejos
asolados por carencias hormonales
y la inconstancia del calcio

En los jardines
                         rosas antiguas abren los labios al sereno
amagadas por el golpe de gracia del jazmín

Entre camas de metal
atado a barandillas
                                un paciente se beneficia con el suero
y antibióticos de amplio espectro
No sé si el tomillo ayudará a mis bronquios esquilmados
por el polen y el granito
pero la sombra de la mujer recién llegada
es un rastro de pies que ignoran el camino

Hoy importa la calidad de la muerte
                                                           en el terreno de la beata
la posibilidad de los milagros
y mejorar la perspectiva de lo eterno

Camino al patíbulo
los campesinos esperan la sentencia clínica
o responden cuestionarios de salud

Entonces la santa vigila y pone todo en su sitio
la carrera del polvo
el perfume de la noche
la sonrisa del Capitán del cielo
y el hedor del contribuyente involuntario
recordado en el tiempo de los vivo







                                                                       *

La putrefacción nocturna llega al cuerpo
Las entrañas se doblan en sí mismas
y la cólera también

No alcanzo la majestad de la bestia
                                                           tampoco su furor
El cuerpo tolerante
                                busca a tientas
                                                           el placer

Ahora le interrogo si valió la pena el goce
y responde que sólo eso le mantuvo
Ahora recuerdo el timbre de su voz
en el redoble
                       que acomete el gran suceso
Ahora le insisto en la pesquisa interna                                                      
y en la idea

Por las ascuas del sueño
la memoria baja del torrente
pierde los pasos
y observa las membranas infectadas

Así vuelve al silencio
y al amanecer
                        el óxido opaca la vidriera de los ojos

Esta es la frontera de mi carne
                                                   le respondo
y el muro sostiene la existencia
y la imaginación avanza a la estación de invierno




                                                                       *

Cuánta aflicción puede mancillarnos
                                                     
Cansa la espera en el portal
la multitud donde no ocurre el encuentro
Cansa al cuerpo la vigilia
la flama insatisfecha por tanto mandamiento
la singladura cotidiana
y cansa el misterio del clima
su asfixia
                o la voluntad del manto níveo
Cansan los fallos
                             la hilvanada casualidad
y la muerte por iniciativa personal

Cuánta tortura                          
                         no es asunto de suicidas
es fábula tozuda
                            porque la verdad se nubla

Casi al abordar
en el último andén
                               o en la antesala
los obreros terminales alivian el peso
pulen su memoria
                              para eludir la ira de sus beneficiarios

Luego
           esa descarga en los párpados viene con el fresco
esa tranquilidad de los rayos vesperales                                         
ese delirio social de la filantropía
ese pulso extraviado
                                   diferente al bullir de la palabra

Pero están allí
                        la curiosidad y el  guiño
vistos tras las gafas
en butacas de teatros vacíos

Otros labios
                     quizá
                                son añorados
y apenas queda tiempo para deletrear
y esa restricción no es de los huesos
ni de la esponja cerebral en riesgo
ni del rigor de las extremidades
sino de la intemperancia del tiempo









                                                                       *

Qué te impide matar
                                  preguntó el padre al cazador bisoño
al golpear la aguja el percutor
y el proyectil silbaba dentro del cañón
y el plomo atravesaba el viento estanco
y la carne reventaba con pérdidas irremediables
al entrar la muerte a saco
y tomar por asalto al animal

Después
                una sensación de finitud invadía el cuerpo del joven

Qué te impedía aceptar el consejo de los dioses
eficaces en dosis frecuente hasta la llegada del vahído

Y después de tantos años
la interrogante sigue suspendida

No se alarme
                       ilustra el consejero
al reducirse el ritmo cordial
donde las fibras rugen por el asma

Pero es el recuerdo del disparo
alojado en la gaviota
el que vuelve
como la frase de mi padre apoyado en el encino
en tanto el humo de las hojas aromatiza un sueño
y él parte
                 otra vez
con su abrigo grueso bajo el relente de diciembre
en la oscuridad de mi mente


                                                                       *

Ha perdido las vénulas
dijo el mendigo culto a los padres del herido

El riesgo es alimento
aunque las causas de la mancha azul en el anémico
y la estadística de la vida
son insuficientes                                                                             
                             concluyó el disertador

Los polos del planeta eran los brazos de la madre
y el niño se limitaba a respirar sin convicción
Fue el momento de ver señales en el iris
cíngulos y meteoros nimios
al fundirse el marcapaso con voces en el cuarto blanco
y ya no sintió nada
y se desentendió del cuerpo
sólo en el atrio
el harapiento aún daba consuelo a los transeúntes
y merecía la gracia del Todopoderoso

Hablemos por ello de cuánto resiste la materia
siempre sujeta al pronóstico de los hechiceros
y al tratamiento de las mujeres sabias

Pensemos en los malestares
en la pena incontenible del silencio                                    
                                                                                               

Pensemos en nosotros mismos
                                                    si se quiere
en el vecino de cama
vacío de secretos vesicales
apesadumbrado por constante gozo
llevado hasta su lecho de sábanas rotas
donde las cuitas le corroen
y nada dice para no aceptar presencias parcas

Hablemos de los mensajeros de la ciencia
al llegar disimulados sacerdotes y óleos
para reconfortar la atrofia
en la despedida que hace de las vísceras un circo

Por qué no hablamos de eso





                                                                       *

Uno puede imaginar de quién es la voluntad
si la higiene solar llega a la piel

De quién
                el impulso para abarcar la hora
y los presagios

De quién
                la vehemencia de los cuerpos juveniles
atados a sí mismos
en medio de la tormenta

De quién la voluntad al ver tus ojos
el propósito de no enmendar pasiones
y el hambre de tu esencia declinante

De quién
                el desasosiego
Y esa ansiedad que cruje en el pecho
en la cuaderna antigua
                                       de quién es

De quién la soledad de aquel estío
prolongado hasta el otoño
con la misma percepción del tiempo bonancible
apenas limitado por la realidad de piedra

De quién la aventura
la sordidez del sueño
la tentación y los ultrajes

Dónde los límites del espíritu
                                                inquiría el navegante
y sin respuesta regresó a mal puerto
marchito por la ausencia del océano







                                                                       *

Era una mañana de domingo
y el día atracaba pudoroso en la ventana

No preguntamos por el alma
preguntamos por nosotros
Todo lo poseído estaba allí
ignorados por el Espíritu Santo

Entraron las campanas
con el árbol del vecino
porque éramos dueños de la arcilla
Los ritos domésticos se amotinaron
mas no restringimos el acceso a nuestro ser
ni apareció la Segunda persona

Luego
            vino la vaguada
y fue vista el alma
caminando por la playa

Con un canto
el sol se puso al centro

Así lo supimos
                         la disputa iba a venir
en la semilla                                                                                
                      y los vicios consumados

Acaso la mente es el ánima
                                              aludiste presurosa
mientras tu cuerpo tierno caía en cama

Un aire narcótico bajó
y se disolvían los bienes y entornabas los párpados
Yo te veía igual a la primera vez
cubierta por la ferocidad del verde
y las naos a vela surcaron de nuevo la corriente

Después
                anticipamos el mordisco del tiempo
a nuestros cuerpos
antes del óbito y la caída




                                                                       *

Confiesa que temes perder el cuerpo
por vagar en la orilla de los ríos
Confiesa que dejas huella en las baldosas
y el miasma desciende al remolino
en una dualidad
Confiesa que la perla de la ostra
conserva el grano primigenio
Confiesa cómo el susurro del aliento
silba en la textura del espanto
Confiesa haber oteado la grieta
para avistar el avance del olvido
el corto pabilo que incinera las alas
entre rayos clavados en la pupila de los santos
Confiesa que nunca hubo tal revelación
y expandir la conciencia es tu forma de sanar
y sustraer la emoción en el contrario
Confiesa el recorrido
y aguarda humillado la llegada del perdón

No te despiertes más







Poemas dispersos

Albamar

 a la memoria de Fernando Ferreira de Loanda

Albamar es sitio conveniente
para hacerse de moneda antigua
y verla circular en nuestros sueños
Hay figas
herrajes de una puerta imaginaria
clavos de la Santa Cruz
y ganas de hacer nada alrededor del kiosco

Arriba
         con el fragor de platos en cascada
los comensales trinchan frutos
Armados crustáceos enfurecen
sobre valvas
y la tinta de los pulpos se hacen oda

Coleccionistas de domingo yerguen la testa
en busca de arroces y mandioca
mientras
ojos de pescado en las neveras
testimonian la pureza de los tragos
la marea creciente de un gol del Fluminense
la sonrisa imaginada por Vinicius
Apenas perceptibles en el hemisferio sur
cuando octubre completo
arroja su entraña en la Bahía de Guanabara
Apenas la memoria desliza un verso
escalera abajo hasta la plaza
donde aguarda una nostalgia
                                               sin interés compuesto
segmentada con equidad
en treinta más un gajos



El sabor de Dios
para Gonzalo Rojas
Provisiones para el cuerpo
y la ración de luz
llegan como la malicia
desde el centro de nuestro corazón

Baja el jugo de malvas
 por tu pecho
y ejercitas en él palabra y cólera

Una sandalia en la arena
                                          un siseo que nos recorre
pero ignoramos si toda  estación tiene manjares
Sabemos
               sí
de la desolación de dos mujeres
de sus alforjas con plata

Sabemos de caracolas
       arrancadas con barreta
de insectos adobados sobre salsa de hoja santa
y sabemos del bronce
al abrir paso en las entrañas
mientras un vino del color del mundo
cae en el cuenco de tus manos

Sabemos del aliento misericordioso
que hace la marea de las ciudades
y sabemos tanto de lo no importante

“Hábleme usted seriamente”
                                             reclama el emigrante
para extender manojos de cilantro
sobre el lecho

Luego
          la cópula de las especies
sobre la tarde escarnecida
tiñe la mesa de sangre y la llena de sabores

“Traiga pan de muerto”
                                     demando
“Por supuesto”
                       se escucha decir en el María Sabina
y vuelves tus ojos de bosque sobre mis heridas
y preguntas si tienen algo con el sabor de Dios:
“Por supuesto”
                        te responden
“Por supuesto”




25 de noviembre

Cuando el año quiebra la cintura
y los desastres interiores
ilustran nuestras vidas
la familia Tanaka recorre el estero
                                                      y todo el 25 de noviembre

Mishima preparó su muerte el mismo día
Para ello:
               abrió obsesiones por el bajo vientre
               y entregó su inteligencia a la decapitación

La familia Tanaka cumple con sus tradiciones:
rescata las pequeñas especies
respeta la vejez
y no aspira al coraje del séppuku
Adopta fábulas menos terribles
                                                  y duraderas

Procura leer poco a Mishima



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