sábado, 26 de noviembre de 2016

JOAQUÍN VÁZQUEZ [19.645]


Joaquín Vázquez 

Nació en Rosario, Argentina en 1990. Es profesor y licenciado en Filosofía de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC). Trabaja como docente de Filosofía en los niveles primario y universitario. Publicó cuentos y relatos en las revistas Fuelle (Córdoba) y Destiempos modernos (Río Cuarto) y en el segmento dominical Ciudad ficcional, el suplemento de Cultura de PUNTAL. En 2016 publicó un libro sobre la filosofía de Plotino (UniRío Editora).

“La voz en los maderos” (Editorial Cartografías) es su primer libro de poemas y sobre él escribe Gabriela Milone en la contratapa: “Una voz vuelve sobre el relato de La Pasión del Hijo. Pero se trata de una voz que no se pliega en una mística gozosa ante el ‘cuerpo tan herido’, ni tampoco asume el tono firme en el ejercicio espiritual del ‘quebranto con Cristo quebrantado’ (Ignacio de Loyola). Estos poemas buscan darle materia sonora a eso que crepita en el fondo de una cruz; de allí que volver a la pasión no implica un retorno a los Evangelios (aunque los cita) sino que supone la exposición de la voz asumida ahora por esa madera donde el cuerpo queda impreso como un tatuaje”.




La voz en los maderos. Ediciones Cartografías. Río Cuarto. 2016.


Carpintería

Aprendí a rezar en secreto
y tu cara fue la primera que brotó en mis ojos.
El de carpintero es un oficio cruel
si se tiene por hijo
a alguien como yo.
Hay un riesgo:
que te vea en cada martillazo.
Quiero creer que el tac-tac sobre los clavos
no crece desde tus manos grandes 
que ese hierro que atraviesa mi muñeca
y se tiñe de rojo con los gritos
no ha sido hundido por vos.
La acción de clavar es universal
¿cómo no verte en el suplicio de la cruz?
Si se habla de padres
conozco apenas la lija y el cincel.
No decido ni modelo a gusto
el baluarte de la protección.
Se impone por su cuenta el desgaste
sobre la madera tallada.
Sucumbir a la imagen
es declararse ateo
pero importa poco ya
que ese otro padre carezca de rostro
si se lo sabe sanguinario.
Si pudiera
erigiría un tótem llamado José
y le ofrendaría devociones de mirra
humo de hierbas turbado en espirales.




Cartografía divina

Cada uno de mis pasos 
dibuja el camino de Belén al Gólgota.
Cualquiera que se pare bajo la cruz
puede ver en la planta de mis pies
la marca de las tierras.
Pero leer un mapa no equivale
a conocer los pueblos.
Los callos no son
el detalle orográfico
ni los hilos de sangre
valen por ríos.
De nada sirven los pies en la arena.
El viento frota un cuerpo con otro
y los destinos se confunden.
Estoy aquí
y rocé tantas pieles
amé tantas palabras
que mi nombre replica los lugares que pisé.
En la cruz no desfallece un humano
ni un dios.
En ella coagulan todas las muertes.




Crucifixión 

Nací de vientre humano, Madre
débil en mi condición.
¿Negarías que hasta un dios 
necesita de cuidado?

Por más que entrelace los dedos
y eleve los brazos en pedido encarecido
sólo escucho el absurdo.

No me contiene ningún límite, Madre
trepo a la higuera y mastico brevas podridas
diviso a una jovencita y la deseo en secreto.

Si supieras quién es en verdad tu hijo
derramarías pocas lágrimas
porque el enigma de este nazareno
es apenas una hogaza de pan
entre canastos de misterios.

Basta ver cómo me desprecian 
los hombres en el mercado
las miradas esquivas de las niñas
para comprender que la cruz 

es mi vida, no estos maderos.




Tener un alma

¿Cuán impedido puedo estar
para tener el alma
de otra persona?
El acceso a los cuerpos
es cosa fácil
nada que un par de verbos bien conjugados
en el oído de la soledad femenina
no puedan hacer.

Pero el alma
es otra cosa.

Si apuntara a ella con un arma
elegiría la onda de David
el piedrazo seco al medio de la frente
o, fiel a mi estilo
la parábola:
incendio curvo en el pecho.

Si quisiera el dominio inmediato
bastaría la fuerza del mazazo
aunque sólo asegure
la posesión del cuerpo.

Ahora sé que no alcanza la mejor artillería
para adentrarse en ese terreno sutil
y que cuando busco carne
en realidad me incinero
por un pedazo de alma. 

Ignoro si son lo mismo. 




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