lunes, 19 de marzo de 2012

MORDEJAI GOLDMAN [6.267] Poeta de Israel


Mordejai Goldman 

Nació en Munich en 1946. Es hijo de polacos sobrevivientes del holocausto, que emigraron a Israel en 1949. Se graduó en Literatura Universal y en Psicología Clínica.
Entre sus poemarios: "Tiempo del mar, tiempo del continente" Ed. Shoken1970; "Pájaro" Ed. Simán Kriá 1975; "Ventana" Ed. Simán Kriá 1980; "66-83" Ed. Simán Kriá 1983, et altri.
Ha publicado ensayos y libros de psicología. Publica regularmente artículos en diarios y revistas.
Le fueron otorgados el premio Jomsky de poesía (1983), el premio Primer Ministro de Poesía (1996) y el premio Brenner (1997).



Tatuaje

En el autobús, sentado frente a mí, 
un apuesto muchacho 
con una letra japonesa tatuada sobre el cuello. 

Por qué no te tatúas también tú
dice mi cerebro
un dragón, un unicornio o una gaviota
te darían un aspecto juvenil y sexy
a pesar de que ya es bastante tarde

Quizá ya llevas un tatuaje
prosigue mi cerebro
un tatuaje secreto
capaz de ver sin ser visto
y que en otra época
era habitual en tu familia
una hilera de dígitos azules
el número en el turno de la exterminación

Pues en esta mañana veraniega
es tu turno para ser exterminado
tomando en cuenta tu edad
y tu estado de ánimo

Y llega entonces el pensamiento salvador:
este es el número del celular
de un amante perdido en la distancia
que ha quedado grabado en mi hombro,
en mi brazo
y en el bloc de notas de mi corazón. 


Porno


En otras circunstancias, me hubiera enamorado de ella.
Tenía una mezcla de beldad francesa
con cierta hermosura oriental de indefinible origen.
La esbeltez de su cuerpo, su rostro y la gracia de su andar
convertían en horribles a las mujeres que hasta ese momento conocí.
Su encanto persiste y hace de la belleza física
una pregunta cruel. Por momentos, la más cruel de las preguntas.


Desearla, con los otros tipos. Todos.
Aquellos que se exhibían en la peli haciéndole cosas frente a mí
y los demás que conmigo la contemplaban rechinando en sus asientos:
ancianos aferrados a sus deseos últimos;
maricas franeleando;
negros que migraron a Tel Aviv para blanquearse los destinos
y cuya temerosa extranjería aun en la oscuridad se revelaba;
trabajadores árabes, migrantes, sucios, pobres,
masturbándose en los rincones con una pasión desesperada,
ávidos de expulsar al invasor sionista;
silenciosos, púdicos vietnamitas de los restaurantes
y otros - anónimos en las pesadas sombras
atravesadas por un rayo tembloroso
que transportaba a la pantalla su disfrutable imagen,
el eco luminoso de su hipotética existencia.


¿Acaso desearla junto a aquellos todos
era como encontrar en el infierno a Eurídice
paseando pura y blanca y eran sus labios carmín y fresa
en las voraces nieblas del país de la muerte?
Éste es un símil banal: sólo halaga al poeta,
que se pretende así equiparable a Orfeo.


Desearla junto a aquellos todos
era como encontrar, en una playa abandonada,
entre asfaltos y latas de bebidas,
entre algas y vellocinos -


una perla perfecta.




Traducción: Gerardo Lewin














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