sábado, 16 de julio de 2016

KEVIN RAFAEL CUADRADO SERRANO [18.932]


Kevin Rafael Cuadrado Serrano

Nació en Quito, Ecuador en 1993. Forma parte del Centro Internacional de Estudios Poéticos del Ecuador, desempeñando la función de Secretario de Literatura Juvenil. Obtuvo el segundo premio nacional de poesía del Instituto de Arte Moderno Libre ecuatoriano-argentino en el 2014. Fue parte de la antología poética Poesía para Todos, junto con un poeta argentino, un cubano y dos ecuatorianos, en el año 2015. Es Co-fundador del grupo literario Aporema, donde realizó la publicación de la antología poética Cuatro Estaciones. Colabora con la “Revista Utopía” de la Universidad Politécnica Salesiana.



EL CAFÉ PENDIENTE

Para hablar contigo
debo hacerlo con el revolver en la boca,
ajustarme la corbata hasta ahogar la voz
cerrar los ojos para imaginarte,
robarte la dulzura a golpes,
arrebatarte las caricias con lijas y balas
revolverte las entrañas con mis mordeduras.

Para hablar contigo
debo tener el revolver en la frente,
desnudarme en las ventanas del silencio,
descender de los ascensores ilusorios
y revolcarme en el lodo como un cerdo,
pretenderte como un ave
y dejar mi voz en tu cabeza como el eco
entristecido del suicida.

Para hablar contigo
debo presionar el gatillo del revolver
o saltar del mismo puente que tú lo hiciste
y atravesar la dantesca aventura hasta los cielos,
debo conversar con Lucifer o Jesucristo
y agendarme un minuto en tu oficina
para tomarnos el café pendiente.

Para hablar contigo
debo arrancarme la vida, debo amarte.




LAS ARAÑAS DE TU RECUERDO

Las arañas de tu recuerdo
me recorren la espina dorsal
de hueso en hueso.
Vienen sin llamarlas,
sin aviso ni precaución,
muerden el poco pellejo que queda
y tragan mi sangre para escupirla luego,
se reproducen en cientos
cuando la luz está apagada
y los sonidos que existen
son solo mis gritos.

Las arañas de tu recuerdo
son cientos, miles,
que pueblan el universo,
están bajo los libros,
detrás de los cristales,
en la oscuridad sobre todo
y en cada una de las esquinas
de mi casa.

Me vienen cuando duermo
caminan por mi carne
y muerden los pelitos de mis piernas,
me arrancan la poca humanidad
que me queda,
corroen  con sus dientes de diamante
y me miran dormir
con sus ojos de espejo,
no tienen piedad, no,
las arañas son hijas de tu recuerdo,
se parecen a ti,
únicamente, a ti,
sobre todo, tienen tu belleza,
tus ocho patas
y la misma fatalidad
con la que besas.



CUERPO DE MÁRMOL

Cuerpo de mármol, tallado
con cincel de muerto,
¡Muerto extraño!
más extraño que el silencio,
cuando en tu boca
produce colores,
formas incomparables,
indecibles,
de melodías calladas,
de profundas mudeces,
cuerpo de mármol,
piedra suelta en medio del río,
suelta entre piedrecitas de oro,
corales y cangrejos
con formas extrañas,
inmensas,
monumentales, eternas
como la talla de Miguel Ángel
cuando se vio al espejo,
el mismo cincel esculpió tus labios,
dibujó tus senos,
hizo de ti el cuerpo de piedra,
corazón de piedra,
alma de piedra, que yo tanto quiero.




DICOTOMÍA

Tú: yo mirándome.
Iguales y distintos.
Piedra y martillo.
Eres y no eres,
soy siempre.
Forma y reflejo,
tú solo reflejo.
Ojos y cabeza,
a veces grito.
Cabeza, grito y ojos,
transparentes,
inservibles,
rotos.
Inútiles armaduras.
Alma y cuerpo,
tú y yo.
Cuerpo y cuerpo,
animal y hombre.
Alma y alma,
yo y yo.
No digo que no existas,
pero sin mí no lo haces.
Tú existes porque yo escribo el poema,
si tú lo hubieras escrito,
yo no existiría.
Susceptible,
egoísta,
poesía.
Tú y tú,
irrealidad.
Yo y yo,
futuro.
Tú y yo,
poema.




UNO

Era tan solo un chiquillo cuando vi a mi sombra
disparar al cielo un arma de verdad
hecha de algún metal más fuerte que mis piernas.

Mi sombra disparó y la bala cayó en caída libre,
la esperé, no sé cuánto tiempo esperé
a que la bala cayera sobre mí.

Recogí el casquillo del suelo,
estaba destrozado,
atravesado de plomo y de fuego el alma,
nunca volví a ser el mismo.

Atesoré la bala en un poema,
lo vuelvo a disparar cada noche,
siempre espero que algo muera
mas todo nace.




DOS

Mi (Tu) soledad
es un espejo
en el que no estoy (estás),
no están mis (tus) labios
ni las palabras
que un día dije (dijiste);
mis (tus) ojos no miran el infinito
y mis (tus) pupilas se desorbitan
formando los planetas.

El espejo intenta calmarme (calmarte)
y me (te) miente,
deja rostros que no conozco (conoces)
y le da nombres a cada uno.

Me (Te) miran desde todas partes
con ojos roedores,
olfatos indiscretos
y certeza de que mi (tu) soledad intenta,
con el puñal de la rutina,
matarme (matarte).

El no-reflejo de mí (ti)
en el espejo,
me (te) advierte que soy (eres)
un no-vivo
esperando como un no-vidente
que alguien me (te) mire
y me (te) diga que existo (existes).







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