sábado, 7 de enero de 2017

EMILIO MOHOR ZUMMERS [19.821]


EMILIO MOHOR ZUMMERS 

(1920-2002) 

Este poeta, de origen palestino, nace el 20 de mayo de 1920 en la ciudad de Concepción.

Tras licenciarse como médico cirujano en 1945 en la Universidad de Chile, y haber colaborado con la causa árabe en tanto que editor y administrador17, continúa compaginando su carrera profesional con la literaria. Y no sólo se compromete con la causa árabe, sino con aquella de su entorno más cercano: colabora como crítico literario en el diario La Nación de Santiago y es socio honorario de la Cooperativa Internacional de Escritores de Montevideo.

Como escritor, destacan sus cuentos Tristeza peruana, premiado por la Colección Tichauer en 1976, Ensueño, La aldea de Zebdane y Noche rusa, y sus divanes Pulso (1960), Oda al Líbano (1976), y el inédito Semilla del tiempo; su novela Tierra verde tampoco llegaría a ver la luz.

Pocos datos existen de su vida, pero se sabe que entre 1952 y 1953 viajó por varios países de Europa, África y América del sur.

De entre sus poemas, encontramos dos en que recrea este espatiempo18, Alándalus, desde una mirada un tanto estereotipada, exótica, imbuida de su propia perspectiva poética, pues, como observa el Profesor egipcio Lufti Abdel Badi «lleva un mensaje solidario y humano, y es posible captar en él un exótico sabor de amargura y felicidad»19.

OBRA:

Pulso, poemas. Edit. Heidelberg, Santiago, 1970.
Odu al Líbano (Asociación libanesa cultural mundial. Beirut), 1976.
Semilla del tiempo, poemas (inédito).
Tierra verde (novela), inédita.



INFINITUD

Tierra,
Tierra,
bebe mi llanto y mi alegría.
bebe mi sangre.

Tu humedad es mi canto,
tu corazón,
los ocultos senderos
que conducen a Dios. 



Así canta Emilio Mohor a sus orígenes, vinculándolos con la Península, en este poema titulado “El árabe”20, que escribió a los quince años y publicó en el prestigioso periódico Mundo Árabe el 28 de septiembre de 1935:

El árabe

Sentado a la sombra, bajo una palmera,
El árabe triste observa el paisaje,
Y entre dientes reza la oración sincera,
Mientras en lo alto murmura el follaje…

Sus ojos preñados de melancolía,
Tienen de los ciervos el mirar sombrío,
Estos se humedecen al caer el día,
Llorando su pena, igual como el río…

Construye el pasado de gloria i grandeza
Que ha pocos siglos asombrara al mundo,
Y en su inmensa pena y su honda tristeza
Añora el pasado con dolor profundo.

Todo lo ha perdido, la florida España,
Llena de jazmines, nardos y claveles,
Y en su afán perdido cantando se engaña,
Pues a veces cree ver bellos bajeles…

Bajeles que dejan atrás la ribera
Del mar y llegan al monte que un día
El guerrero Tarik su nombre le diera,
Dándole a esa tierra su melancolía…

Sufre en su delirio la ficción de un sueño,
Modela legiones de bravos guerreros
Que el mar cruzan en un loco ensueño,
Llegando a la Iberia en breves veleros…

Nómada versátil que pasas la vida
Soñando en la arena bajo un sol de fuego,
Participa en algo tu ilusión perdida
Conmigo; te veo aunque esté yo lejos…

Tu pena es mi pena, tu gloria la mía,
En mi alma de criollo se anida tu tierra,
Yo sigo tus pasos en tu fantasía,
A donde tú vayas, al mar o a la sierra…

Por eso yo quiero que juntos vaguemos,
Por anchos senderos llevando la luz,
La luz de tu pueblo y siempre lo amemos,
Como amó el Peregrino que llevó la Cruz.



_________________________
17   Dirigió la Revista del Centro de Alumnos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Concepción y el Instituto Chileno-Árabe de Cultura durante varios años. 
18   Tomando el término del autor iraquí `Abd Al-Mālik Nūri. 
19  RAFIDE BATARCE, Matías, Escritores chilenos de origen árabe…, 161. 
20 Los poemas quedan transcritos tal y como aparecen en las fuentes consultadas. 



En este poema de cuartetas dodecasílabas, esto es, de estructura clásica, ¿cuáles son las constantes en la mirada de Mohor? En primer lugar, y atendiendo a la descripción del principio, nos ubica espacial y temporalmente: el árabe se encuentra bajo la sombra de una palmera para resguardarse del sol. Ese árabe, acaso desilusionado de su presente, retrocede en el tiempo y observa la historia: la gloriosa historia de los árabes, cuando Tarik llega a la Península y deja su huella en lo que será Gibraltar.

Allende los mares hay otro hombre, un criollo, observando la escena: él, como el árabe, también tiene algo de extranjero, de exiliado, y comparte con el árabe ese sentimiento de desilusión, de pérdida.

La realidad histórica se ve tergiversada, pero, al menos, el poeta ha sabido distinguir entre lo que era la tierra, el solar, de llegada de Tarik, esto es, Iberia, y en lo que llegó a convertirse antes de la ida del último árabe, lo que en su perspectiva es ya España.

El poeta, ese criollo que medita sobre la imagen del árabe y su historia, le tiende la mano y declara abiertamente su solidaridad: ambos han compartido una historia afín, ambos comparten un presente de pérdida, ¿por qué no vagar juntos hasta hallar una luz que les ilumine? Aquí, creo, radica el aporte, el suyo, personal, de Emilio Mohor: más allá de la historia, de la geografía, existen los lazos espirituales, incluso religiosos; más allá de las confesiones, a los seres humanos, a los pueblos, pueden unirles causas y sentimientos comunes.

Degustemos ahora el segundo poema que trata el tema, titulado precisamente “Tarik”:


TARIK

Año setecientos once…
Gritos de guerra sonaron
en las arenas de cobre
¡Allah-u-Akbar!

Tarik dirige sus huestes
hacia la tierra cristiana
lleva los hombres más fuertes
que diera la noble Arabia.

Tarik garboso camina
por las arenas de África.

Trescientos regios varones
lleva consigo la hazaña.
-¿Varones?- Digo leones,
que quieren tomar España.

Y doce mil berberiscos
que forman la retaguardia.

Por el cielo turquí corren
albores de la mañana,
los rayos del sol cabriolan
en el filo de las lanzas.

El mar Ibérico espera
a los señores de Allah.

En bellas naves doradas
llegan a tierra cristiana.
El jefe ordena incendiar
los barcos de la jornada.

Hecho que siglos más tarde
Hernán Cortés imitara.

Don Rodrigo y visigodos
en la tierra jerezana…
El horizonte se enciende
con el fragor de las armas.

Tarik gravoso camina
Por las tierras de Granada. 

Bermejo se torna el cielo
como corazón de grana,
los alfanjes refulgían
con las carnes destrozadas.

Polvillo fino de oro
ahogaba las gargantas.

Cimitarras y gumías,
rubí de sangre cristiana.
Al aclarar la mañana
Don Rodrigo agonizaba.

Tarik gravoso camina
por el jardín de Granada»21.


El poema, conformado por versos octosílabos dispuestos en estrofas combinadas de cuatro y dos versos, se centra particularmente en la visión histórica a partir de dos personajes singulares: el ya aludido Tarik y el conquistador Hernán Cortés.

En realidad, la mirada es básicamente la misma: un hecho histórico —a partir de una perspectiva más o menos distorsionada, poética, subjetiva— es revivido, o parangonado, con otro similar, mas sucedido en otro tiempo histórico y en tierras lejanas. Acaso sea una forma para explicar el presente mediante el pasado, y de acercar las orillas de mares y océanos: el Atlántico, según nos cuenta Mohor, poco difiere del Mediterráneo.

Como análisis global a su sentir andalusí, valga la expresión, tal vez el punto a resaltar sea el deseo de encontrar vínculos, lazos, a partir básicamente de la historia y sus personajes, entre la vieja Europa y el Nuevo Mundo. Y no sólo en la perspectiva histórica, sino también en la puramente sociológica, aquella que se ocupa de los pueblos y sus porqués, sus planteamientos y comportamientos.

Emilio Mohor, en último caso, lo que hace es vincular su situación, su realidad presente —en tanto que chileno de origen árabe, en tanto que latinoamericano con raíces mediterráneas— con la pasada, la originaria. En este sentido, cabe mencionar que se inscribe en una línea de visión histórica muy presente en América Latina, y en Chile particularmente. En realidad, su planteamiento, su evocación de Alándalus, y dejando un tanto al margen las pautas poéticas, se dirige a uno de los temas en la cresta de la ola en América Latina, y principalmente acaso en el sur: la cuestión de la identidad.

Alándalus, entonces, no sólo será realidad poética en sí, sino que, además, se torna vínculo sólido con su raíz árabe: atestigua su identidad.
_____________
21 MARTÍNEZ LILLO, Rosa-Isabel, Alándalus…, 102-103. 

Tomado de: Rosa Isabel Martínez Lillo Dos miradas a Alándalus, desde el Nuevo Mundo. Anaquel de Estudios Árabes, 2016, vol. 27 101-120.







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