sábado, 18 de octubre de 2014

OCTAVIO DÍAZ-PINES [13.725]


OCTAVIO DÍAZ-PINES

Manzanares (Ciudad Real)-España,1922 - Madrid, 2012
Poeta, colaboró con la revista Cántico



MUJER SIN AMOR

Verdad que dejaste morir en las esquinas
De tu cuerpo tangible.

Surgiendo de ti el lastre
De amores que se ocultan
Cuando del corazón tú te perdías
En los hielos del alma.

Pobre mujer, remando al mar de lágrimas,
Que la sangre domina y deposita
En el árbol ya leve
Sombra del paraíso.

Eras tú, siempre en grito,
Aunque te aplane
El temblor de esos labios que en ti vagan
Por países prohibidos.
Aunque seas mujer sin el amor de cada día,
Cueva donde la luz pudre su íntimo
Gotear dulcemente que suspira.
Mujer muerta en la sombra con mil sueños
Haciendo ruido por las sienes frías.

No quieres dejar en tigres lánguidos
Tu cintura o tu vientre,
Tus suaves pechos ya minuciosos de quemarse
En cada mañana tuya que provocas.

Pobre mujer que tiene que rendirse,
Como una torre, a la piedad del viento
Y escapar por espumas de obsesiones
A la caída de la tarde.

Pobre mujer cogida en propia trampa
-lastimosa y cruel-,
Cepo que estruja
Miembros desconcertados en la súbita
Negación todavía enderezable.
¡Pobre! ¡Pobre!

Ella que otra destruye inaccesible
En rojas caracolas
Que muslos aprisionan
Cercando en espirales poco a poco.
Ella que enciende su amorosa nuca
Con dedos ágiles.
Ella que muere al filo de una rosa
Suavemente amarilla.
Ella en aliento de un amor sin rostro
En silencio de lirios. Ella que quiere 
Irse con la caricia que nos sobra.
Ella que amor le niega el triste corazón del amante.
Ella besándose en silencio. Sola en ardiente bosque.
Más triste cada vez y más intacta.
¡Pobre! ¡Pobre!
Pobre mujer que yo saludo ahora
Con estos versos de responso.
-Que Dios perdone nuestro ruego-.
Por mí que vivo
En esta orilla donde el amor hiere.





RETRATO

La estoy mirando y mis sentidos dudan
-asombroso poder de una mano levantada-.
Ya no se sabe decir: “Los frágiles caminos
Han vuelto a la dulce obediencia”.

La ternura me lleva hacia el reflejo
Que sus hombros ocultan
Pero rendido aguardo a que me llame

Está sentada; ahí, junto a la puerta
Su cabeza sin sombras bajo el calor de julio
Mueve su flequillo leve, despeinado.

En su sonrisa acaban las sonrisas
De los que la miramos en silencio.

Se entreabren sus labios.
Se detiene, en un gesto que ya inicia
Su breve pecho insinuado,
Y levanta una mano mientras dice:

“En agosto estaré en Inglaterra con mis padres”


Antología de Poesía Amorosa Contemporánea 
Recopilación de Carmen Conde 
Editorial Bruguera, Barcelona, 1969





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