lunes, 30 de marzo de 2015

JOSÉ BORIS ARRUNÁTEGUI FERNÁNDEZ [15.330] Poeta de Perú


José Boris Arrunátegui Fernández 

(Chiclayo, Perú   1951)

Cofundador de la Comunidad Poesía en el Sur, donde se han publicado poemas suyos. Es un poeta y declamador. 

Ha sido invitado a recitar sus poemas a casi todos los espacios literarios y bares culturales de la ciudad de Lima, donde reside actualmente. 

Poemas suyos forman parte de Antología de Miraflores (muestra poética), también ha publicado en Pohemia Lux y en la antología de Enero En La Palabra 2014.

Actualmente prepara una antología de su obra poética, hasta ahora inédita, que estará lista en noviembre del presente año.



ENLUTADOS FRAGMENTOS

Prorrogar mi muerte, no tiene sentido
es aquí, donde me ato
de cadenas al tiempo.
¿Acaso, cambiaría en el gesto ...
O la última consonante de mi nombre ?.
Ni el mismo adiós, ha de sonar más fuerte
que pueda reproducir, otro llanto plañidero.
Y sí acaso un cisne se posara sobre mi capa,
decidle que ya me fui,
que ya no balanceo de un hilo, que juegue mi historia.
Es aquí, donde me deshago en definitiva
de estampa,
de mirar a hurtadillas,
de los sueños en desuso,
de pisadas en desorden
a algún lugar, a ordenarlo todo
tal cual lo planeado.
Aquí vierto el cansado trajín
sobre mi muda espalda
sin cantos de media noche
ni el humo del cigarro sobre mi copa de vino.
Bajo los espasmos incoherentes
de esta lucidez, donde escribo
sin lazos, sin fronteras,
sólo, a rienda suelta bajo los confines de este abismo
sin tiempo de llegada ni reserva de habitación
a la que estuve acostumbrado.
Pálido de golpe y de golpe sin presagio
donde no dejo riquezas sobre mis espinas
acaso sí,
enlutados fragmentos.





ADIÓS A ESCONDIDAS

Llegada la hora, del cruce de manos sobre mi pecho
no quiero cerrar los ojos, bajo algún atardecer
raspando el sol, y orillado entre los riscos.
Para luego asomar, intermitentemente
como quien va o no va
sin jolgorio sus pasos beduinos
de crepúsculo en crepúsculo.
Con veces de ser o no ser,
antagonista y protagónico,
zigzagueante, parco, lerdo,
impropio de mi,
anclado en mis curvas
sin cerrar el círculo,
ni tus piernas en mis espaldas.
Descalzonado y aporreado, de limbo en limbo
como no llegando a tí,
y no ser el primero, ni el final de tu texto.
Sólo un sexto, que no cierra tu semana santa,
mientras un judas, devora mi última cena.
Caeré un día, como cae el tiempo sobre mi
y no quiero un jueves, temeroso en el estribo
que no ha de cabalgar mi sepultura.
Esperare,
como lo hacen los amantes
danzando entre páginas azules
sin abordar el viernes,
que carga el dolor de Vallejo.
Ha de ser un sábado, por la noche
nebuloso y de bohemia
mientras el resto se divierte
y poder irme, por la puerta trasera.
A escondidas,
con pasitos de ballet,
de puntitas,
sin giros alternos.
Y soltaré, al filo de la noche
con el rostro cubierto, a este loco suicida
a saltar de este sueño, donde nadie lo llama.
A cruzar los semáforos
hasta perder el sentido,
hasta que caiga su luz,
como caen sus sueños
cuando se le niegan tus ojos.
Moribundo,
como un soldado en retiro
que busca el filo de la noche
para piedra de sepulcro, en su última morada.
Sera una noche incierta
donde nada, nada me pertenezca
ni el poema, que escribí para tí,
ni la tilde con que acentúo mi corazón.
Vientral y uterina
sin el apuro de engendrarlo todo
que se pueda preñar
y devolverme, en un próximo parto.
De sombras afiladas, que puedan dar fe,
de mi sensual divorcio con el mundo.
Sin nadie,
sin nadie que pida la palabra
o calle para siempre.

     


AUSENCIA

Tu ausencia me mira
con ojos de fuego
desde todos los rincones
donde te has ido quedando.
Dolida, callada,
dormida e imperceptible a otros ojos
en tanto yo,
puedo ver tu imagen
(dulce consuelo a la melancolía )
dibujando los silencios
a las ansias de mis ojos.
Oigo tu voz, elevarse como el verso,
el susurro y el detalle
cuando callas
para luego izar los hombros
con ese mohín perverso, que ahora extraño.
En este silencio acústico
que ha congelado tu sonrisa
como queriendo castigarme.
Ahora tengo que soñar tu risa,
ahora tengo que soñar ternura,
ahora tengo que soñarte toda.
Soñarte niña,
soñarte mujer,
soñarte ... amor.
La misma mesa,
las tazas del café,
también han callado.
Parecen mostrarme filosos cuchillos
diciéndome: ...
¡CRETINO!... No te sientes ante mi.
Y hasta el mismo gato
maúlla tristezas.
A menudo te recuerdo
en mis días ausentes
ocultos bajo las faldas de alguna tarde.
En mis noches solas,
sin aromas de café,
cortadas, sin adioses
en agitadas manos, ni besos volados.
Mientras caminas
eterna y ausente, llevando tus pasos.
Dulce, tierna, callada
flotando en el silencio
en cada palabra,
en cada sonrisa,
en cada lágrima.
Encendida en la nostalgia
de algún rostro.
Trigal que te quedaste
en el pan de mis suspiros
durmiendo en los espacios
que me hablan de ti,
que me huelen a ti,
que me piensan en ti,
en esta soledad,
que hoy, se abraza a tu ausencia
mientras la lluvia
enjuaga tus caricias.




      
CEGUERA

Ni siquiera notas, que vengo cargado
cuando me das la espalda
y me quintas el verso.
Y yo desciendo
desde el corazón hasta el alma
sin ninguna plegaria armada
para empezar esta oración.
Para que el sujeto mío,
no hable mal de tu predicado
aunque me pierda,
en una sintaxis hepática
al ver como muerdes
con cólera tus antojos, de hembra en celo
y no me muerdes a mi
cuando muerdes mis labios.
Y yo entro, con el celo bajo la corbata
sin levantar la curiosidad
en las yemas de tus ojos.
Mientras sigo lavando la espalda
del busto en la mentira
hasta que no escriba
tu nombre en las paredes
con esta mano, que lleva al defecto
por donde acaba mi palabra
que se pierde
en el plural, de tus tacones.




     
DESPUÉS DE TODO

¿Y después de todo
qué somos, al final de la vida ...
Detrás del pomo de la puerta
que como una bóveda, a todos nos acoge ?...
Sólo el calmado impulso de un halo vencido
negado a la salida del crepúsculo,
perdido en la ligera línea, al dibujo de las sombras,
escapado del peso y del volumen.
Detrás de la luz,
qué encendemos para visualizarnos
en esta oscuridad madre
que tan-poco nos ilumina.
Detrás de la voz,
detrás de este coro que grita y se exhala
como un vaho, queriendo impregnarlo todo,
tratando de empotrar el día, en un instante.
Y sólo somos, una piedra angular, buscando forma,
una minúscula particular en el inmenso infinito,
en el enigmático carrusel, de este sueño,
de esta orfandad, que nos lleva
a seguir haciendo sumas y restas
y postergar el resultado.
Mientras seguimos otoñando,
hacía el silencio eterno
para irnos entre acordes y desbalances
como quien va, hacía los siglos
espoleando las sendas del olvido,
como un suspiro,
como un rayar de aurora,
como un viento helado
qué ya, no abriga la metamorfosis.
Solo polvo y cenizas
de un ocaso que asomo, en un sueño de vida. 
Donde la soberbia
sin un espejo para medir sus culpas
ya no es tan fuerte como antes.
Impresentable en el banquillo
sin voz,
para un alegato de defensa
en un juicio inapelable.
Con un silencio puro
e inocente
como un lobo, que funge de oveja
haciendo puños el culito
tratando de esconder la cola. 
Incautos e inconsolables viajeros
con el itinerario vencido
excomulgados de penas,
postulantes y elegidos
a cara o cruz
en la oquedad del tiempo
que como un gran remolino
se traga hasta el recuerdo
que queda,
balbuceando entre sus fauces.
Como este balbuceo mio,
que ya no etiqueta ni mi sombra.
Porque después de todo
y al final de todo
como una broma de mal gusto
no somos nada,
después de tanto, verso gastado.




     
EL ESCRIBIDOR

En este grito, que se escarcha en sus cenizas,
en esta agitación, sin maquillaje ante el espejo,
en este cuerpo pálido, que se agrede en sus pezuñas,
que se busca y se arquea, ebrio en sus diciembres,
se carga este cimarrón, bajo las rampas de la vida.
Como un cadáver, para hacerse la autopsia
y ver entre lo borroso
sí todavía le quedan, algunos retazos de ingenio
que puedan ver, más allá de su esencia
y saber, lo que no ha tenido.
Mientras la mala hierba, crece sobre sus escombros
él sueña, con los caballeros de la mesa redonda.
Con esa etnia, con esa cofradía
que de tiempo en tiempo, arde en las venas del mundo
colapsando de vida, para vivir de muerte.
Como sí fuese un pretexto el extraviarse
para lanzarnos sus hojas, desde la otra puerta.
- Anótese aquí, con letras en rojo, para que suene la alarma -
Y no le den un like,
a la llegada de un bardo
que con el auspicio de la calle
y en bares de mala muerte
se graduó, de escribidor
proclamando la independencia de su lengua.
Porque no escribo ni de antojo ni a destajo,
ni me pagan horas extras.
Porque noche a noche rebusco
en el saco de desechos orgánicos
como sí fuese mi caja de pándora.
Que froto y froto
mientras el genio vacaciona
en las playas de cancún.
Y no me emborracho en este cáliz
donde bebo, las horas de mi muerte.
Y miro a través de mis noches
como me agrieto, sumergido en mis canas
y en esta frente que se desordena,
mientras camino, subterráneo y lento
sin miedo al cansancio ni al derrumbe.
Porque aquí, náufrago, aquí salvo el alma
y aquí, me da la locura.
Mientras el mundo rueda y rueda
yo, trocho mi camino,
con el viento que me sopla
hacía algún árbol sin dueño.
Con las manos trepadas al mundo,
en este delirium tremens,
condenado a seguir escribiendo
 por cadena perpetua,
 en este peregrinaje, de chasqui vallejiano.
Proclamado como "ESCRIBIDOR."
Él mal llamado, él mal pagado,
 él mal seriado, él de todos los males,
incluyendo el ébola.
Y sí tuviera que rescatar, algo de mi,
 hablaría, de la pureza de la hostia
 en la lengua de mi madre,
 o de la suerte, de no encontrar todavía
la soga para colgarme.
Por eso me enjuago
 y me santiguo en mi verbo
 para morir, como en un pico, de botella.




Cuando se aquieten mis temores

Cuando al fin mis temores se aquieten
Y vuelva el sol otra vez a mi ventana
Cuando sienta el paso de mis campanas
Irrumpiendo con sus cantos alegóricos
Emergeré del fondo de mis melancolías

Regresare yo, de aquel sueño profundo
Cuando una dulce voz muy tenuemente
Irrumpa con su encanto puro y cristalino
Susurrando muy dulcemente…
¡TE QUIERO!

Cuando el rocío vuelva a mis mañanas
Y vuelvan otra vez a florecer las rosas
Inundando los verdes campos con su aroma
Como en aquellas mis mejores primaveras

Cuando al despertar por las mañanas
Calida la brisa golpee en mi ventana
Cuando la vida me baña con su magia
Cuando atrás queden todas mis nostalgias

Cuando vuelva otra vez a amar
Cuando sienta otra vez ser amado
Tierna y muy dulcemente mis palabras
Sabrán adornar los pasos de aquel :…
¡TE QUIERO!




Cuando me fui

Me quede escuchando
Mañana cuando me fui
Detrás de los atardeceres
Donde declina el horizonte
Mas allá y después de lo oscuro
De las noches y la luna
Donde se pierden los tiempos
Entre la nada y el silencio.

A esconderme de los campanarios
Y su batir empedernido
A destejer las mañanas
Que tejía por las noches
A perderle el paso a los aplausos
De algunas ya gastadas manos
Cuando la misteriosa dama de negro
Al tocar mi puerta
Me despoje de todos los relojes
Besándome los labios en un nuevo idilio
Y tras quitarse el velo
Presurosa me lleve a recorrer
Los secretos de su oscura puerta
En mi ultima cruzada.

Cuando con ojos abstractos
Observe mi cuerpo tendido
Pálido e inerte
Después de lidiar su ultima batalla
Encerrado, encuadrado,
Encajonado y cegado
Por esas potentes luces
De aquellos fríos metales
Tan lúgubremente adornados
Traídos para la ocasión
Al igual que los cirios
Y las velas encendidas.

Donde el animo y mi prisa
dormirán sus pasos
en el último tramo
que he de recorrer por este mundo
entre llantos de dolor
y algunas lagrimas plañideras
que luego se irán confundiendo
entre los adioses sinceros
de mi ultimo cortejo
cuando ya no me tiemblen las piernas
pues no harán esfuerzo al caminar
hacia el lugar escogido
para empolvarme en las paginas del tiempo
y perderme para siempre
sin religión entre las cruces
que rezaran entre liturgias
los ave marías y padres nuestros
que fui dejando en el camino.







Yo soy la Poesía

Yo soy la poesía
Soy el sueño y fantasía
Soy la luz del nuevo día
Soy pasión en carne viva
Soy palabra concebida.

Soy el sol soy la alegría
Soy el sueño que se anida
Soy la noche que encendida
Trae embrujo y trae amor.

Yo soy la poesía
Soy canción de aquel gorrión
Soy aquel que riega amor
Soy primavera y soy color
Y el encanto de la vida.

Soy el llanto y soy dolor
Soy herida abierta en flor
Soy la pena y sinsabor
Soy también melancolía.

Yo soy la poesía
Soy nacido del amor
Soy esencia comprimida
Soy perfume aroma y flor
Soy el néctar de la vida.

Soy sangre y letra del amor
Soy escolta en su dolor
Soy la miel y soy sabor
De los idilios de la vida.

Y cuando diga ya el señor
Que acabose mi labor
Y que pase a otra vida
En mi tumba habrá una flor
Que en su sangre riegue amor
¡porque yo!...
               Porque yo soy la poesía.







Historia de un amor sin fin

Voy a escribir sobre lo nuestro
Me vestiré con los recuerdos
Para tomar el tren de la mañana
En el anden perdido
Abrazare mi corazón dolido
Mientras me tomo con el
Una copa de vino
Sentados los dos
En la mesa del tiempo
Recorreremos en silencio
Paso a paso aquel comienzo
Cuando te rondaba a escondidas
Pidiéndole a Eros y a afrodita
Improvisar alguna cita
En el teatro del ensueño
Persiguiendo el sueño de esta historia
Que aun no tiene fin.

Llegare a el papel con mi pluma
Incisivo y exigente
Dibujando aquellas tardes de sol
Y correteos a orillas de las playas
Como chiquillos traviesos e inocentes
Poco o nada nos importaba la gente
Cogiamos caracoles y estrellas de mar
Que luego inconscientes
Tirábamos sobre las arenas candentes
Perversos e incontrolables.

Escribiré de aquellas noches de invierno
Y caminatas bajo la lluvia
Éramos dos locos o debimos serlos
Cuando empapados por completo
Me invitabas a jugar
Locos de la noche inmensa
Bajo un paraguas de estrellas
Enfermábamos y delirábamos
Para después…
Para después morir de amor
Entonces
Sobraban las palabras
Cuando la noche y el silencio
Hablaba por los dos.

Voy a escribir también sobre tu boca
Aquel panal de mieles adictivas
Carmín de mis encantos
Borrador de besos agrios
Y del fuego de tus besos
Entre muecas pintorescas
Mordiéndome los labios
Mi pequeña y deliciosa muchachita
Inquieta y traviesa muñequita
Envuelta en oropel
Me sublimas y me excitas
Alma de niña en cuerpo de mujer
Yo te besaba
Respiraba con tu aliento
Niña perversa susurrabas en mi oído
Palabras de cortesana propias del momento
Que hoy por hombre me las callo
Como callo aquel navegar entre jadeos
Como callo aquel temblor
Como callo aquel deseo.

Escribiré de tus ojos
Que son la luz de mi camino
Mi luna, mi estrella y vino
Donde solía embriagarme por las noches
Y dormirme mimado entre el reproche
Bajo el abanico y vaivén de tus pestañas
Para luego despertar
Acariciando y oliendo tus cabellos
Aroma y prado recogido de los bosques
Torbellino rebelde adornado con destellos
Hermosa crin de negro azabache
Asidero sin tope
De mis fantasías y mis sueños
Las que te llevaste al galope.

Voy a escribir sobre tu pecho erguido
Gloriosas montañas
Con las que intentaste desafiar al mundo
Placer y deseo para mi
Hoy y siempre
Manantial y alimento
Néctar de los hijos de tu vientre.

De tus piernas…ay de tus piernas
Hay mucho que decir
Son columnas de sostén
Donde pende el paraíso
Son el agua y mi bautizo
Son camino hacia el hechizo
Donde el pudor pide permiso
Donde el cariño es improviso
Donde los sueños hallan piso
Donde perdí los tiempos
Donde hubiese perdido la vida
De ser preciso.

Hoy ya no tengo junto a mi
La vida
Su loco desatino
Cegador y guadaña
Te invitaron a partir
Privándome de tu dulce trino
Y el placer de sonreír
Solo me quedan los momentos gratos
De los mas hermosos que viví
Soñar con el pasado
Tomar del brazo a los recuerdos
Y mientras me envuelvo en sus quimeras
Quizás…quizás sembrar mas primaveras
Porque en silencio yace una historia
Que aun espera por un fin.






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