lunes, 19 de marzo de 2012

6268.- MEIR WIESELTIER


Meir Wieseltier nació en Moscú en 1941, apenas antes de que los alemanes invadieran Rusia.
Se trasladó ese mismo año a Novosibirsk, en el sudoeste de Siberia, junto a su madre y dos hermanas.
Su padre fue muerto sirviendo al Ejército Rojo, en Leningrado. Wieseltier arribó a Israel luego de vagabundear por años en Polonia, Alemania y Francia; creció en Natania y, en 1955 se mudó a Tel Aviv.
Su primer poema se publicó cuando tenía dieciocho años.
Luego de pasar por la Universidad Hebrea de Jerusalén, Meir Wieseltier se convirtió en la figura central de un grupo de artistas conocido como "Poetas de Tel Aviv", en los ´60 tempranos.
Wieseltier fue co-fundador y co-editor de la revista literaria Siman Qri'a, y ejerció como editor de poesía en la editorial Am Oved.
Tradujo del inglés, francés y ruso al hebreo cuatro tragedias de Shakespeare, novelas de Virginia Woolf, Charles Dickens, E.M. Forster y Malcolm Lowry.
Sus poemas han sido traducidos al inglés, árabe, chino, checo, danés, estonio, francés, alemán, griego, y otros.
Wieseltier obtuvo muchos premios literarios, incluído el premio Israel, el más alto a nivel local en mérito a su obra, otorgado en 2000 (como se señaló) por el establishment israelí al poeta más "anti-establishment".









Salida al mar


Hubo una vez una mujer.
Era una anciana.
Estuvo en este mundo
setenta y cinco años.


Al cumplir setenta y seis
pensó que ya era demasiado
y se arrojó al mar
para ahogarse entre las olas.


El mar existe hace billones de años
y no le importa los detalles pequeños.
Puede tragarse cada día
cientos de miles de ancianas.


Pero la gente, alarmada,
la trajo de regreso hasta la costa
y en el hospital de la ciudad
la atendieron muy bien.


Ahora está en un geriático
y su historia sigue y sigue.
Inutilmente quiso hallar
una salida al mar.


Traducción: Gerardo Lewin










Clima II


Cae la lluvia una mañana de junio en Tel-Aviv.
Ante mis ojos cae imperceptiblemente.
Sobre los árboles oscuros y las casas cerradas en la calle Raines.
Una lluvia consoladora, como un sueño de niños en la cama.


Las caras están mojadas de bendición y los labios murmuran,
la luz graduada va a apoyarse sobre los extremos de las casas.
Y mil años parecen ayer, y el día de ayer
se absorbe en los cubos de cemento desteñido.


La floración de un amor es como un sarpullido en el antebrazo,
y miel de higos en la lengua que punza el paladar
toda la carne habla como un teléfono
y lluvia figurada entra a chorros en el cuerpo.


Versión de Teresa Martínez 








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