miércoles, 11 de febrero de 2015

JOSÉ IGLESIAS DE LA CASA [14.817]


José Iglesias de la Casa

Josef o José Iglesias de la Casa (Salamanca, 31 de octubre de 1748 - Carbajosa de la Sagrada, Salamanca, 26 de agosto de 1791), sacerdote y poeta español, que no debe confundirse con su hermano del mismo nombre, el escribano coetáneo y autor de Noticias de Salamanca desde la era cristiana hasta 1600, entre ellas el episcopologio, manuscrito inédito.

De noble linaje, estudió humanidades en la Universidad de Salamanca y recibió de sus compañeros el mote poético de Arcadio. También cultivó la música y la pintura; es muy probable que hasta sus treinta y cinco años en que se ordenó de sacerdote, viviera de su trabajo como artífice de platero, profesión de su padre. En 1784 se ordenó sacerdote en Madrid. Como premio a su vena poética el ilustrado obispo salmantino Felipe Bertrán, también protector de Pedro Estala, le otorgó los curatos de Ladronigo, Carabias, Carbajosa de la Sagrada y Santa Marta. Escribió en sus primeros años poemas picantes y burlescos que circularon de forma manuscrita y sublimaban su homosexualidad, que confesó ya mayor en el poema La Teología, como ha revelado Russell P. Sebold

Cercado de la noche de ignorancia / y de ocio torpe al acabar mi infancia, / sin maestro, sin luz, sin norte y guía / dar un paso a mi fin yo no podía; / que, sin freno el tropel de las pasiones, / cual torbellino mi alma conturbaba / la carrera sensual de otros garzones, / y su perdido amor me arrebataba. / Cualquier ola en un mar de confusiones / con mi liviano ser al traste daba
En su madurez se dedicó más al género bucólico, de acuerdo con su estado eclesiástico. Escribió también poemas didácticos como La niñez laureada (Salamanca, 1785), sobre el examen del niño Picornell, presunto beneficiario del método pedagógico innovador de su padre, el luego revolucionario Juan Bautista Picornell, o La Teología (Salamanca, 1790). También hizo paráfrasis de los Salmos de David, églogas, apólogos, anacreónticas y letrillas al estilo barroco de Quevedo y Góngora, que fueron muy populares y siempre atrevidas. Según Juan Pablo Forner, que sabía de lo que hablaba, era Iglesias:

Un socarrón de primer orden y hombre que diría una pulla en verso al mismísimo Apolo en sus doradísimas barbas

Compuso también una elegía, El llanto de Zaragoza. Destacó, pues, como poeta satírico en sus letrillas, epigramas y sátiras, que demuestran lo mejor de su genio, mientras que resultan algo falsas y postizas sus églogas y desmayados sus poemas didácticos. Se le ha agrupado en la llamada Escuela Poética Salmantina, con otros ingenios de la misma como el citado Forner, Juan Meléndez Valdés, José Somoza, fray Diego Tadeo González y Francisco Sánchez Barbero; es, pues, un restaurador del lenguaje castizo y equilibrado de la lírica del siglo XVI y XVII; en sus obras hay huellas de las letrillas de Luis de Góngora y Francisco de Quevedo, así como de los epigramas latinos de Marcial (algunos de los cuales traduce) y andaluces de Baltasar del Alcázar. En las églogas se nota la impronta de Bernardo de Balbuena, y, por otra parte, en la poesía ligera, de Anacreonte y Esteban Manuel de Villegas. En sus Odas es perceptible el magisterio de Horacio y de fray Luis de León.

Compuso varias Églogas; sus Idilios imitan los de Gessner y Young; también 17 anacreóntica; 35 letrillas forman La esposa aldeana. También dedicó al obispo Felipe Bertrán su Al Ilmo. Sr. d. Felipe Beltrán, dignísimo obispo de Salamanca, en su empleo de Inquisidor General de España, canción pindárica (1775)

Publicó un libro de treinta romances titulado La lira de Medellín, en que domina el tema de los maridos consentidores, "cartujos" o cornudos, y otro de parodias que llamó trovas de algunas de las más famosas composiciones de nuestro Parnaso. Sus Poesías fueron publicadas póstumas en 1795. La edición de 1798 fue colocada en el Index por la Inquisición. Esta acción fue rechazada por sus más cálidos amigos, como Francisco de Tójar o Tóxar, que publicó un folleto titulado Memoria en defensa de las poesías póstumas de don José Iglesias de la Casa, Presbítero; dirigida al Santo Tribunal de Valladolid, por Don Francisco de Tóxar (Salamanca, 1803). Entre las ediciones más conocidas de sus trabajos están las de Barcelona (1820 y 1837), París (1821) y Madrid (1841). Se encuentran fácilmente en la Biblioteca de Autores Españoles, vol. LXI, que contiene cerca de 38 letrillas. Raymond Foulché-Delbosc encontró todavía algunos poemas inéditos que editó en 1895 en su Revue Hispanique.

Notas

Volver arriba ↑ Cf. Russell P. Sebold, "Dieciochismo, estilo místico y contemplación en «La esposa aldeana» de Iglesias de la Casa", en http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/dieciochismo-estilo-mstico-y-contemplacin-en-la-esposa-aldeana-de-iglesias-de-la-casa-0/html/ff65f59e-82b1-11df-acc7-002185ce6064_4.html
Obras[editar]
El piscator historial de Salamanca para el año de 1773 (1774): calculo astronomico y prognostico diario de quartos de luna segun el Meridiano Matritense: computo eclesiastico u kalendario de los Santos y festividades... ; con un curioso diario-historico en verso lyrico, de los sucesos mas notables que han acaecido en el mundo... Madrid: Andrés Ortega, 1773 y 1774.
El Piscator historial de Salamanca para el año de 1777: calculo astronomico, y pronostico diario de quartos de luna segun el meridiano Matritense : computo eclesiastico, y kalendario de los santos, y festividades: con la III parte del diario-historico en verso lyrico, de los sucesos mas notables, que han acaecido en el mundo en todos los dias del año..., Salamanca: Oficina de la Santa Cruz, por Domingo Casero, [1776].
El Piscator Historial de Salamanca para el año de 1778: calculo astronomico y pronostico diario de quartos de luna segun el meridiano matritense : computo eclesiastivo y kalendario de los santos, y festividades : con la IV parte del diario-historico en verso lyrico, de los sucesos mas notables, que ha acaecido en el mundo en todos los dias del año adornado de variedad de noticias, antiguas, y modernas, politicas, y sagradas, Salamanca: Imprenta de la Santa Cruz, por Domingo Casero, [¿1778?]
El Piscator Historial de Salamanca para el año de 1779: calculo astronomico, y pronostico diario de quartos de luna, segun el meridiano matritense: computo eclesiastico, y kalendario de los santos, y festividades: con una descripcion historico-geografica de Castilla la Vieja, noticia de sus ciudades, y poblaciones, su fundacion, sitio, vecindad, y cosas notables; Salamanca: Imprenta de la Santa Cruz por Domingo Casero, [¿1779?]
El Piscator Historial de Salamanca para el año de 1780: calculo astronomico, y pronostico diario de quartos de luna, segun el meridiano matritense: computo eclesiastico, y kalendario de los santos, y festividades : con una descripcion historico-geografica del reyno de Leon, noticia de sus ciudades, y poblaciones, su fundación, sitio, vecindad, y cosas notables Salamanca: Imprenta de la Santa Cruz, por Domingo Casero, [¿1780?]
El Piscator Historial de Salamanca para el año de 1781: calculo astronomico, y pronostico diario de quartos de luna, segun el meridiano matritense : computo eclesiastico, y kalendario de los santos, y festividades: con una descripcion historico-geografica del reyno de Castilla la Nueva, noticia de sus ciudades, y poblaciones, su fundacion, sitio vecindad, y cosas notables Salamanca: Imprenta de la Santa Cruz, [¿1781?]
El Piscator Historial de Salamanca para el año de 1782 : calculo astronomico, y pronostico diario de quartos de luna, segun el meridiano matritense : computo eclesiastico, y kalendario de los santos, y festividades : con una descripcion historico-geografica de la provincia de Estremadura, noticia de sus ciudades, y poblaciones, su fundacion, sitio, vecindad, y cosas notables, Salamanca: Oficina de la Santa Cruz, por Domingo Casero [¿1782?]
La Niñez laureada, poema en loor de D. Juan Picornell y Obispo, de edad de tres años, seis meses, y veinte y quatre dias, examinado publicamente por los doctores, y maestros de la Universidad de Salamanca, en una de sus aulas, el dia tres de abril de 1785, Salamanca, Domingo Casero, 1785.
La Teología Salamanca, Impr. de F. de Toxar, 1790.
Poesías jocosas y serias (Salamanca, 1793)
Al Ilmo. Sr. d. Felipe Beltrán, dignísimo obispo de Salamanca, en su empleo de Inquisidor General de España, canción pindárica Valencia: Benito Monfort, 1775.
La esposa aldeana
La lira de Medellín.
Llanto de Zaragoza. Elegias al incendio de el Coliseo de esta Ciudad en 12 de noviembre de 1778. Salamanca: Domingo Casero, s. a.
Oficio devoto para alabar al Criador en los siete dias de la semana, Salamanca: Francisco de Tóxar, 1802.
Poesias de Josef Iglesias de la Casa. 2, Nueva edic. complecta, Madrid, 1821.
Poesías póstumas... Salamanca, F. de Toxar, 1793
Poesías póstumas de… don Josef Iglesias de la Casa, presbítero. Tomo Primero, que contiene las poesías serias considerablemente aumentadas en esta segunda edición Salamanca: Francisco de Tóxar, 1798.
Poesías póstumas de don Josef Iglesias de la Casa, presbítero. Tomo segundo, que contiene las poesías jocosas considerablemente aumentadas en esta segunda edición. Salamanca: Francisco de Tóxar, 1798.
Poesías póstumas. I. Contiene las pastoriles y líricas. Barcelona: Imprenta de Sierra y Martí, 1820.
Poesías póstumas. II. Contiene todas las jocosas, Barcelona: Imprenta de Sierra y Martí, 1820.
Poesías póstumas, Madrid: Cruz González, 1835, 2 tomos en 4 vols.
Poesías póstumas: adicionadas con la vida del autor, Barcelona: Oliva, 1837, 3 vols.




Idilio II - Los celos

Tú, ruiseñor dulcísimo, cantando 
entre las ramas de esmeraldas bellas, 
ensordeces las selvas con querellas, 
su gravísimo daño lamentando. 
al Cielo y las Estrellas. 
Pesados vientos lleven tu gemido 
en las cuevas de amor bien aceptado, 
y con pecho en tus penas lastimado, 
bien es responda al canto dolorido 
de tu picuelo harpado. 
¿Quién te persigue. ¿Quién te aflige tanto. 
Si acaso es del amor la tiranía, 
consuélate con la desdicha mía, 
que advirtiendo tu mísero quebranto, 
busco tu compañía. 
No me desprecies cuando te acompaño, 
pensando que en dolor me aventajaras; 
pues si mis desventuras vieras claras, 
y al fin te persuadieras de mi daño, 
quizá el tuyo aliviaras. 
¡Triste de mí!, que en páramo apartado, 
siendo alimento a pena tan esquiva, 
hallé muerte de celo, que derriba 
el edificio amante, que hube alzado 
sobre agua fugitiva. 








Idilio III - Ilusiones de la tristeza

Descaminada, enferma y peregrina 
la estéril tierra piso: 
ocúltase la luz que me encamina, 
y tiemblo de improviso. 
Airado el Aquilón tronca las plantas, 
silbando en las cavernas: 
suspenden sus dulcísimas gargantas 
las avecillas tiernas. 
Marchítanse estos prados cuando miran 
el fuego de mis ojos; 
las florecillas de ellos se retiran, 
armándose de abrojos. 
Copian mi rostro pálido las fuentes, 
y enturbian sus cristales; 
huyen de mí las fieras inclementes 
con bramidos fatales. 
¿Quién les dijo mi mal. ¿Quién les dio cuenta 
de mi dolor callado, 
cuando el ardor que el alma me atormenta 
decir me está vedado. 
¿No te basta, cuitada, el miedo extraño 
que dentro el alma siente, 
sin que todas las cosas en tu daño 
se muestren inclementes. 
Llora, ¡ay mísera!, llora, pues el llanto 
sólo a tu mal conviene: 
y ni en hombres y en fieras tu quebranto 
remedio alguno tiene. 







Idilio IV - Delirios de la desconfianza

Osé y temí; y en este desvarío 
por la alta frente de un escollo pardo 
del precipicio donde no me guardo 
sigo la senda, preso el albedrío 
con pie dudoso y tardo. 
Nuevo ardor me arrebata el pensamiento; 
discurro por el yermo con pie errante; 
la actividad de un fuego penetrante; 
ni la inquietud que en mi interior sïento, 
huyen de mí un instante; 
por el hondo distrito y dilatado 
del corazón en fuego enardecido 
se explayó el gran raudal de mi gemido 
y la dulce memoria de mi amado 
hundió en eterno olvido. 
Soy ruinas toda, y toda soy destrozos, 
escándalo funesto y escarmiento 
a los tristes amantes, que sin tiento 
levantaron de lágrimas sus gozos, 
gozos de inútil viento. 
Los que en la primavera de sus días 
temieron el desdén de sus amores, 
envidien el tesón de mis dolores, 
y fuego aprendan de las ansias mías 
los finos amadores. 







Idilio V - La agitación

¡Ay! ¡Cómo ya la alegre primavera, 
a su felice estado reducida, 
torna a las plantas nuevo aliento y vida 
esmaltando las flores su ribera, 
que antes se vio aterida! 
Suelta el raudal su risa armonïosa; 
y canta el ruiseñor con trino doble: 
de púrpura se viste el clavel noble, 
y enlaza al olmo con la vid hermosa, 
y con la hiedra al roble. 
¡Qué de veces me vio rosada Aurora 
mustia y débil la flor de mi hermosura, 
reclinada del monte en la espesura, 
y en vela inquieta me encontró a deshora 
llorando mi ventura! 
Cae del cielo la noche tenebrosa; 
cubren sus alas negras todo el suelo: 
mi dolor se acrecienta y desconsuelo, 
y paz el blando sueño da engañosa 
a mi triste recelo. 
Que despierto asustada: y mi cuidado 
me lleva a yerma orilla de ancho río: 
vuelvo en vano a dormir, y desconfío 
de poder encontrar puente ni vado 
al triste curso mío. 
Triste de mí que sigo temerosa 
la luz escasa del funesto fuego, 
que el poder de mis ojos deja ciego, 
y émula de la incauta mariposa, 
a su volcán me entrego. 







Oda en sáficos-adónicos 

¿De qué me sirve, Primavera hermosa, 
que nueva vida a tus pensiles vuelvas, 
y aquestas selvas llenas de frondosos 
álamos verdes. 
¿De qué me sirve que por estos valles 
esparzas rosas, siembres vïoletas, 
tiernas mosquetas, azucenas blancas, 
cárdenos lirios. 
¿De qué me sirve que por sus orillas 
vierta la fuente perlas orientales, 
y en sus cristales el divino Febo 
néctares beba. 
¿De qué me sirve que por la campiña 
salte tocando el dulce pastorcillo 
el caramillo con que da a su ninfa 
música alegre. 
¿De qué me sirve que los pajaritos 
a coros trinen al romper del alba, 
y en dulces salvas llamen al radiante 
cándido Apolo. 
¿De qué me sirve que mis corderillos 
corran jugando tras la madre blanca, 
y sin carlancas, sueltos mis mastines 
júbilo muestren. 
¿De qué me sirve cuando al mundo vuelvas 
si no me vuelve mi Licori amada, 
flor marchitada por la saña impía 
de ábrego fiero. 
¡Ay, cara esposa por mi mal difunta! 
¡Ay, dulce prenda por mi mal perdida! 
¡Ay, vida ida! ¿cómo no me has dado 
trágica muerte. 
¿Qué viste en Tirsis. Dime ¿en qué delito 
pudo ofenderte. ¿cómo le dejaste 
que no llevaste tras de ti al cuitado 
su ánima triste. 
Allá te has ido a la región más pura 
ausente y lejos de tu Tirsis amado, 
quien inundado en denegrido llanto 
mísero muere. 
¡Ay, queda, queda en sempiterno olvido 
de estos cipreses lúgubres colgada, 
y destemplada a los futuros siglos 
cítara mía! 





Letrillas

EL SUEÑO Y EL DESEO

Cuando yo en el prado
me pongo a dormir,
sueño que me halaga
mi pastor gentil.
Despierto, y no viendo
holgar y reír
a Alexi conmigo,
cual en sueños vi,
de mí no me acuerdo,
ni acierto a vestir,
ni escucho el ganado,
que bala por mí.
El año que viene
no le tendré así;
que yo de mi lado
no le he dejar ir,
pues casarnos hemos
los dos por abril,
y en un mismo chozo
hemos de dormir.



Fuego amoroso
Mañanita alegre
del señor San Juan,
al pie de la fuente
del rojo arenal;
con un listón verde
que eché por sedal
y un alfiler corvo,
me puse a pescar.
Llegóse al estanque
mi tierno zagal,
y en estas palabras
me empezó a burlar:
«Cruel pastorcilla,
¿dónde pez habrá
que a tan dulce muerte
no quiera llegar?»
Yo así de él, y dije:
«¿Tú también querrás?
Y este pececillo
no, no se me irá.»



LA PALOMITA

Una paloma blanca
como la nieve,
me ha picado en el alma;
mucho me duele.
Dulce paloma,
¿cómo pretendes
herir el alma
de quien te quiere?
Tu pico hermoso
brindó placeres,
pero en mi pecho
picó cual sierpe.
Pues dime, ingrata,
¿por qué pretendes
volverme males
dándote bienes?
¡Ay! nadie fíe
de aves aleves;
que a aquel que halagan,
mucho más hieren.


LETRILLA SATÍRICA

¿Ves aquel señor graduado,
roja borla, blanco guante,
que nemine discrepante
fue en Salamanca aprobado?
Pues con su borla, su grado,
cátedra, renta y dinero,
es un grande majadero.
¿Ves servido un señorón
de pajes en real carroza,
que un rico título goza,
porque acertó a ser varón?
Pues con su casa, blasón,
título, coche y cochero,
es un grande majadero.
¿Ves al jefe blasonando
que tiene el cuero cosido
de heridas que ha recibido
allá en Flandes batallando?
Pues con su escuadrón, su mando,
su honor, heridas y acero,
es un grande majadero.
¿Ves aquel paternidad,
tan grave y tan reverendo,
que en prior le está eligiendo
toda su comunidad?
Pues con su gran dignidad,
tan serio, ancho y tan entero,
es un grande majadero.
¿Ves al juez con fiera cara
en su tribunal sentado,
condenando al desdichado
reo que en sus manos para?
Pues con sus ministros, vara,
audiencia y juicio severo,
es un grande majadero.
¿Ves al que esta satirilla
escribe con tal denuedo,
que no cede ni a Quevedo
ni a otro ninguno en Castilla?
Pues con su vena, letrilla,
pluma, papel y tintero,
es mucho más majadero.



ANACREÓNTICAS

Siendo yo tierno niño,
iba cogiendo flores
con otra tierna niña,
por un ameno bosque,
cuando sobre unos mirtos
vi al Teyo Anacreonte,
que a Venus le cantaba
dulcísimas canciones.
Voyme al viejo y le digo:
«Padre, deje que toque
ese rabel que tiene,
que me gustan sus sones.»
Paró su canto el viejo,
afable sonrióme,
cogióme entre sus brazos
y allí mil besos diome.
Al fin me dio su lira,
toquéla, y desde entonces
mi blanda musa sólo,
sólo me inspira amores.


***

Debajo de aquel árbol
de ramas bulliciosas,
donde las auras suenan,
donde el favonio sopla,
donde sabrosos trinos
el ruiseñor entona,
y entre guijuelas ríe
la fuente sonorosa;
la mesa, oh Nise, ponme
sobre las frescas rosas,
y de sabroso vino
llena, llena la copa.
Y bebamos alegres
brindando en sed beoda,
sin penas, sin cuidados,
sin sustos, sin congojas;
y deja que en la corte
los grandes en buen hora,
de adulación servidos,
con mil cuidados coman.





EPIGRAMAS

Sin crédito en su ejercicio
se llegó un médico a ver,
y él por ganar de comer
ya se ocupa en nuevo oficio.
Mas tan poco se desvía
de la afición del primero,
que hoy hace sepulturero
el que antes médico hacía.



***


Preguntó a su esposo Inés:
«¿Qué cosa es la que tropieza
un marido con los pies,
llevándola en la cabeza?»
Puesto el pobre a discurrir,
respondió que no acertaba;
y ella echándose a reír,
con dos dedos le apuntaba.


***


Tocando ayer Luisa un pito,
«¿qué avisas, di?», la pregunto.
Y dijo un su pajecito:
«Es que está un pájaro a punto
de caer en el garlito.»
Ella lo fue a desplumar,
que era un pichón delicado,
criado en buen palomar.
Y apenas lo hubo pelado,
volvió su pito a tocar.





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