viernes, 13 de enero de 2017

PAZ GARBEROGLIO [19.855]


PAZ GARBEROGLIO

María de la Paz Garberoglio es una escritora de poesía que nació en Ramallo, Argentina pero desde al año 2000 vive en Capital Federal. Se recibió de licenciada en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y previamente al libro por el cual será reconocida en su ciudad natal, escribió y publicó otros tres; “Museo” (Ediciones Presente, 2009), “La ruta del bien” (Zorra Poesía, 2009) y “La cómodo de vivir” (Zorra Poesía, 2010).

También participó de las antologías: “Literatura y maternidad” (Ediciones Presente, 2012), “¿Qué hubiera dicho Safo?” (Editorial Outsider, 2016) y “El vendedor de frutas, la casa y el barco” (Ediciones Presente, 2016). Además fue parte de numerosos ciclos de lectura, ferias y festivales de poesía.

Actualmente trabaja como docente de nivel terciario y universitario y también publicó artículos en libros sobre comunicación y educación.

Este último libro, Máquinas de enseñanza, El Ojo del Mármol, La Tablada, 2016, recibió una mención del Fondo Nacional de las Artes y fue presentado el 29 de julio de este año en la Biblioteca Nacional. 



Hay un lugar que es la nada y hay una casa de colores raros: la memoria. En la memoria hay palabras amontonadas haciéndose lugar.
Con el cuerpo hago cosas raras que nadie ve. Y de todos modos me sostengo, entre las cosas sueltas, entre las cosas descoloridas.
Espero una palabra disfrazada. Cuento la historia de alguien que vive en un libro vigilado por un pájaro.
Alguien más escribe, viaja vestido con mis palabras. Me muevo contra el viento, encuentro la casa. 


“En el gran mundo como en una jaula
afino un instrumento peligroso.”
Enrique Lihn

I

A veces uno es fuerte.
Vientos desconocidos
hablan en voz muy alta,
se comen las manzanas,
¿otra vez?
No es un destino,
alguien sobrevive
para hacer una seña
con las manos.
Es el presente. 
Es el miedo bueno.


II

Continuamos con los viajes
de marzo. Lluvia.
¡Yo estaba en un poema!
Allá, junto al bosque de bambú.
Y palabras muy fuertes
me cercaron.
¿Me conocen?, pregunté.
Es lo bello de cada día
lo que irrumpe,
vaivenes.


III

Otra vez en mí,
con y sin el lenguaje.
El vestido de la normalidad,
el año.
A veces, un animal 
que se siente rodeado
me pide ayuda.
Esto también 
se volverá recuerdo.

Otra vez el sol claro,
anuncia que veremos pasar 
la primavera
en una mano.


IV

Saludar la memoria de los peces, 
dice el pescador.
Vender las cosas de una espera. 
Ser, de la mañana, guardián
que trabaja en el silencio.

Deseos 
que se presentan
en la mitad de un sigiloso sueño.


V

Cuánto tiempo sostenemos en el aire
un relato vivo,
el silencio que estaba aquí guardado,
tu camisa de cuando fuiste padre, en los años ´70.
¿Soñaste muchas veces con un parque de diversiones?
Había una gran pista redonda, en la que resbalábamos, 
desde ahí se veía una ventana muy pequeña, y un cielo raro
como los de los sueños en blanco y negro
o de los días lluviosos.
Es una fuerza extraña recordar.
Te convido un paseo junto a la laguna blanca,
una esquina.






Máquinas de enseñanza, El Ojo del Mármol, La Tablada, 2016.



Lo que espero se da
como un árbol.
Contra lo previsto
en el aire
(que estaba escrito), contra
el viaje o en mitad
de este pájaro donde
ustedes no harán una casa.
Nuboso, inconsolable
día desechado
en extraños viajes.
A comprar
lo que permite reflejar
que se compra un poder:
el que me diste, silencioso,
                                 jardín.

*


Tu historia
si pasara
por un anillo diminuto
dejaría escapar el agua
y sin embargo
tomaríamos
en familia
pastillas de dureza
para darte cuerpo
de nosotros
alzarte
para volver con vos
todo
en esta máquina
que detuvo niñez
se inclina
ante tu voz lactal.


*

Hasta aquí
se prepara mi paz.
Célebre te bienvení,
padre, a un encierro
donde se escriben
muchas músicas.
Ilusión que pagan no lejos
del accidente
las enanas de todos
que es la tierra limpita.
Momento en que me tuve,
aparté una a una
las mafias que se reunían
en nuestra ruta del honor.
Azar de este alistarnos
para correr hasta tu velocidad.
A tiempo nos descubrieron
haciéndonos los muertos,
cuando quise imitarte,
ser la que pasa más tiempo
sin respirar. En vano
se hizo obvio este juego
de amparos, el duelo
de los que miran como gatos.
Sé de otro que escribe,
de quien sea que me haya
encomendado la tarea que cumplí:
lo que no importará cuando
agarres la hoja por el lado
en blanco, es ahora
lo que importa: ganar
las habilidades, sobrevivirte,
rápido como un párpado.


*


Víctima de un rumbo
por incertezas,
por probar de los gustos.
El precio
de lo recién venido.
Verano de las formas
en que la luz
se puede tomar,
conociéndola.
Entonces,
a nuevo
la conciencia del dar.
El fruto
de lo que dejamos
juntos en un papel,
libro de excursiones
al Tiempo, su creencia.
Como el cuerpo que se hizo
de pequeñas fortunas.
Lo festejamos
y lo hacemos palabras.





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