lunes, 10 de marzo de 2014

ELENA ESCRIBANO ALEMÁN [11.185]


Elena Escribano Alemán. 

Nacida en Beniaján (Murcia), y reside, desde finales de los setenta, en Valencia, viene avalada por el hecho de haber conseguido el ya prestigioso Premio Gerardo Diego que cada año convoca la Diputación Provincial de Soria, con un jurado compuesto, entre otros, por Luis Antonio de Villena, Juan José Lanz y Abelardo Linares. 

Reincidencias (Diputación Provincial de Soria. 76 páginas), hace honor, sin lugar a dudas, a dicho galardón ofreciendo al lector una obra en la que destaca su compacta estructura y, sobre todo, ese equilibrio que todo buen poeta debe saber mantener entre el sentimiento y la expresión poética. Es obvio que toda buena literatura parte de experiencias personales que, en el caso de la poesía, llega hasta lo más profundo de la propia intimidad. De ahí que sea preciso saber seleccionar la forma más adecuada, el modelo lingüístico más eficaz a la hora de transmitir, ya destilados y debidamente seleccionados, los propios sentimientos. Esta es una de las grandes virtudes de este libro, repleto de hermosísimos poemas, pero no la única. Porque no pasa inadvertido el hecho de que la autora conozca a la perfección una tradición literaria que se remonta a los clásicos, como se advierte en alguno de sus poemas, como el titulado La higuera estéril, en el que es posible percibir la huella bíblica y, al mismo tiempo, los secretos de la literatura homérica, con la cadencia propia del escritor de la antigüedad griega.

La poesía de Elena Escribano es clara, diáfana. En apariencia, fácil de interpretar. Pero tras cada uno de estos versos, escritos, a veces, con dolor, con una inusitada pasión, hay una historia que permanece oculta y que ha de interpretar el lector, al que le toca convertir en propio este discurso, con el que, desde el primer instante, llega a identificarse. Es un libro, además, de una gran densidad filosófica, en el que su autora pone sobre el tapete la soledad del ser humano y las sombras que le acucian. Y es, asimismo, una obra dedicada al amor; un amor de invierno en el que no falta la lluvia, el frío, la frustración y la espera. Y también hay lugar para los libros, que aquí se convierten en verdaderos símbolos, como sucede en el poema titulado El café. Pero, junto a ello, destaca una poesía de tono más festivo, repleta de fina ironía, como sucede en el poema La planta joven de El Corte Inglés en el que se deja a un lado los convencionalismos para aceptarse uno a sí mismo.

 (Por José Belmonte Serrano)




LA LIBRERÍA

Recorro los espacios que frecuentas
sabiendo de antemano
que no te encontraré. Me ayuda
que sean tan fijos tus horarios.

Tu aroma es lo que yo persigo,
el aire que te vas dejando
y se mantiene intacto hasta que llego,
y marco sus contornos
con el detenimiento que necesita
un ritual tan íntimo.
Mucho más que las tardes de amor y caramelos
que a veces tú y yo nos regalamos.

Observo tu silueta en el espacio
que antes ocupabas -callada
quietud entre los libros-
y voy acariciando el sitio exacto
donde tus dedos eligieron
el que te llevarás.

He aprendido a hacerlo
de manera que aquellos que me miran
imaginan que yo busco también
un libro de poemas. Y no saben
de qué manera exacta
veo la trayectoria de tu índice
desde Sylvia Plath a Pound,
de izquierda a derecha, como prefieres
hacer tan a menudo.

Más tarde perfilo muy lentamente
la curva de tu mano
cuando pasas las hojas de ese libro
que has guardado bajo el brazo,
y que, un poco más tarde,
cuando llegue con retraso al café,
comentaremos.







La planta joven de El Corte Inglés

Cuando amas se caen una a una.
todas las paredes de tu casa.
Durante años has levantado tus defensas, .
confías en que sabes dónde estás, .
quién eres, cuál es tu papel .
en el confuso juego de la vida.
Y aparece el amor con sus banderas.
y se desmoronan los muros.
en que te sustentabas.
No te das cuenta, .
y mientras navegas entre la dicha.
y la locura.
el amor desbarata tus cimientos.
Así descubres un buen día.
-es un ejemplo-.
que no tienes nada en el armario que ponerte.
para salir con él, .
todo te parece anticuado.
y desde luego es ropa.
que te hace demasiado mayor.
Y al momento ya estás mirando escaparates.
y no ves nada que te guste.
Insistes, algo habrá.
que asegure que al verte.
él sentirá el deslumbramiento.
que te conmueve.
cuando se te aproxima por la calle.
Entonces te das cuenta horrorizada.
que -a tus años- estás buscando .
algo bonito que ponerte.
en la planta joven de El Corte Inglés.
No es posible. Sonríes.
y te marchas.
Y regresas a casa, abres.
otra vez el armario .
y compruebas que allí estás tú y decides.
que el amor, si merece tus abrazos.
deberá aceptarte como eres.








Por donde pasa la poesía (2011)


PAISAJE DE URALITA

Avanzan los tejados de cartones y uralita
como un enorme molusco
hacia las sombras de los rascacielos.

Ellos se levantan agrupados.
Desafiantes,
de espaldas a la lenta invasión silenciosa.

El cielo es tan azul para todos.
Pero no así el perfume de la tierra,
césped recién cortado
frente al denso olor a humo y a cuerpos y a desechos
por las calles enfangadas.

Hablan el mismo idioma
—tilde puesta en conceptos diferentes y
tal vez creen en el mismo Dios.

Las terrazas con piscina de los altos pisos fronterizos
contemplan las cloacas
abiertas a la tarde indiferente,
contemplan el avance pero saben
de la eficaz frontera
que los separa:
una hilera de viviendas sociales,

—vecinos poco antes de los tejados
de uralita—,
que de ninguna manera permitirán
que nadie frene su sueño de progreso
hacia las terrazas de los rascacielos.






"Para Víctor Gómez, hacedor de luz"


EL MUNDO DE LAS SOMBRAS

Guiada por el valor de la osadía
he bajado a los pozos donde aún arden las sombras.

He bajado con él al laberinto
donde ruge el oscuro Minotauro,
transmisor de la muerte y de la culpa.

Esta vez sin Ariadna
he sabido del miedo a repetir
sus escondrijos húmedos,
los túneles donde gritan las furias
su horror como argumento.

Imposible la luz
como latido de las horas,
la rosa de los vientos,
la razón como método,
y todo lo aprendido de mi madre,
tuve que confiar en el rescoldo íntimo,
en la audaz insistencia de la espera.

La compañera fiel
no abandona a su amigo
cuando Medusa le persigue
y no encuentra su espejo.

Mas si entras en el mundo de las sombras
de nada servirá el noble motivo,
la búsqueda paciente del amado,
o su regreso.

El camino de vuelta tendrás que hacerlo sola.

–Tampoco pude atravesar
la doble chapa de su escudo,
la doble hilera de su malla–.




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