martes, 14 de agosto de 2012

CRISTINA RIVERA GARZA [7.408]



Cristina Rivera Garza 

(Matamoros, Tamaulipas, 1964) es una escritora mexicana.
Cristina Rivera Garza, es narradora, poeta e historiadora. Graduada en la UNAM  en Sociología y doctora en Historia Latinoamericana por la Universidad de Houston . Fue profesora asociada de historia mexicana en la Universidad Estatal de San Diego  (1997-2000). Profesora del Departamento de Comunicación y Humanidades y Co-directora de la Cátedra de Humanidades del ITESM campus Toluca  (2004-2008). Actualmente es profesora de Escritura Creativa en el Departamento de Literatura de Universidad de California en San Diego .

Premios y Distinciones

Ha sido acreedora a la Beca Salvador Novo 1984-1985, en cuento; a la beca FONCA  Jóvenes Creadores 1994-1995, en novela; y a la beca FONCA  Jóvenes Creadores 1999-2000 en poesía. Pertenece al Sistema Nacional de Creadores Artísticos (2007).
Ha obtenido también los siguientes premios: 1) "Apuntes", Premio de poesía Punto de Partida 1984; 2) La guerra no importa, Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí, 1987; 3) Nadie me verá llorar, Premio Nacional de Novela José Rubén Romero, 1997; 4) Nadie me verá llorar, Premio Internacional IMPAC-Conarte-ITESM, 1999; 4) Nadie me verá llorar, Premio Sor Juana Inés de la Cruz, 2001; 5) Ningún reloj cuenta esto, Premio Nacional de Cuento Juan Vicente Melo, 2001; 6) Premio Internacional Anna Seghers, Berlin, 2005. 7) La muerte me da, Premio Sor Juana Inés de la Cruz, 2009.
Sus investigaciones de corte histórico sobre las definiciones populares de la locura y la historia de la psiquiatría en México a inicios del siglo XX han aparecido en las revistas Hispanic American Historical Review, Journal of the History of Medicine and Allied Sciences, entre otras en Inglaterra, Argentina y los Estados Unidos.
Textos suyos han aparecido en antologías y diversos diarios y revistas nacionales. Algunos de sus libros han sido traducidos al inglés, italiano, portugués, alemán, coreano, francés y esloveno. Actualmente, publica La mano oblicua, columna semanal que aparece el día martes en la sección Cultura del periódico Milenio y mantiene la bitácora electrónica No hay tal lugar (www.cristinariveragarza.blogspot.com)  y su twitter@criveragarza

Obras

NOVELA

Desconocer, finalista del Premio Juan Rulfo para primera novela, en 1994.
Nadie me verá llorar (México/Barcelona: Tusquets, 1999), traducido al inglés, portugués e italiano, con el que obtuvo el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero en 1997, el IMPAC-CONARTE-ITESM en 1999, y el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, en 2001.
La cresta de Ilión (México/Barcelona: Tusquets, 2002), finalista del Premio Iberoamericano Rómulo Gallegos en 2003. Traducida al italiano como Il segreto, ed. Voland, 2010.
Lo anterior (México: Tusquets, 2004).
La muerte me da (México/Barcelona: Tusquets, 2007), Premio Sor Juana Inés de la Cruz, en 2009.
Verde Shanghai (México/Tusquets, 2011).
El mal de la taiga (México/Tusquets, 2012).

LIBROS DE CUENTO

La guerra no importa (Mortiz, 1991), con el que se hizo acreedora al Premio Nacional de cuento San Luis Potosí en 1987.
Ningún reloj cuenta esto (México: Tusquets, 2002) con el que obtuvo el Premio Nacional de cuento Juan Vicente Melo en 2001.
La frontera más distante (México/Barcelona: Tusquets, 2008).

LIBROS DE POESÍA

La más mía (México: Tierra Adentro, 1998).
Los textos del yo (México: Fondo de Cultura Económica, 2005).
Bianco, Anne-Marie, La muerte me da (Toluca: ITESM-Bonobos, 2007).
El disco de Newton, diez ensayos sobre el color. México: Dirección de Literatura, UNAM, Bonobos, 2011.
Viriditas, Guadalajara: Mantis/UANL, 2011.

LIBROS DE ENSAYO

Dolerse. Textos desde un país herido. (México: Sur este, 2011).

COMPILACIONES

La novela según los novelistas (México: Fondo de Cultura Económica, 2007).
Romper el hielo: Novísimas escrituras al pie de un volcán (Toluca: ITESM-Bonobos, 2006).
Romper el hielo: Novísimas escrituras al pie de un volcán. El lugar (re) visitado, (México: Feria del Libro, Secretaría de Cultura, GDF, 2007).

LIBROS DE HISTORIA

La Castañeda. Narrativas dolientes desde el Manicomio General, 1910-1930. (Centenarios). (México: Tusquets, 2010)



La reclamante

Discúlpeme, Señor Presidente, pero no le doy
la mano
usted no es mi amigo. Yo
no le puedo dar la bienvenida
Usted no es bienvenido
nadie lo es.

Luz María Dávila, Villas de Salvárcar, madre de Marcos y Jose Luis Piña Dávila de 19 y 17 años de edad.

No es justo
mis muchachitos estaban en una fiesta
y los mataron.

Masacre del sábado 30 de enero en Ciudad Juárez, Chihuahua, 15 muertos

Quiero que usted se disculpe por lo que dijo
Señor Presidente, que eran pandilleros…
¡Es mentira!
Uno estaba en la prepa y otro en la UACH; no estaban en la calle,
estudiaban y trabajaban.

Porque aquí
en Ciudad Juárez, póngase en mi lugar

Villas de Salvárcar, mi espalda, mi fulmínea paradoja

hace dos años que se están cometiendo asesinatos
se están cometiendo muchas cosas

cometer es un verbo fúlgido, un radioso vértigo, un letárgico tremor

se están cometiendo muchas cosas y nadie hace algo.
Y yo sólo quiero que se haga
justicia, y no sólo para mis dos niños

los difuntos remordidos, los fulmíneos masacrados, los fúlgidos perdidos

sino para todos. Justicia.

Encarar, espetar, reclamar, echar en cara, demandar, exigir, requerir, reivindicar

¡No me diga ‘por supuesto’, haga algo!
Si a usted le hubieran matado a un hijo,
usted debajo de las piedras buscaba al asesino

debajo de las piedras, debajo de piedras, debajo de

pero como yo no tengo los recursos

limosnas para las aves, mis huesos
mi carne
de tu carne mi carne

póngase en mi lugar, póngase
mis zapatos, mis uñas, mi calosfrío estelar

no los puedo buscar porque no tengo
recursos, tengo
muertos a mis dos hijos

Byagtor: entierro a cielo abierto que significa literalmente "dar limosnas a los pájaros".

Tengo mi espalda. Mi lágrima. Mi martillo.
No tengo justicia. Póngase
en su sitio: Villas de Salvárcar, ahí
donde mataron a mis dos hijos.

Usted no es mi amigo, ésta
es la mano que no le doy, póngase
Señor Presidente
en su lugar, le doy
mi espalda

mi sed, le doy, mi calosfrío ignoto, mi remordida ternura, mis fúlgidas aves, mis muertos

Y la mujer bajita, de suéter azul, salió del salón limpiándose las lágrimas.


I.

DESPEJAR

No es extraño que la libertad sea a veces una gran pared blanca.

El blanco, como se sabe, no es la ausencia de color.

A través del disco de Newton, un viejo ejercicio escolar, los niños aprenden que el blanco resulta de la rápida combinación de todos los colores.

The woman brought two glasses of beer and two felt pads. She put the felt pads and the beer glass on the table and looked at the man and the girl. The girl was looking off at the line of hills. They were white in the sun and the country was brown and dry.
'They look like white elephants,' she said.
'I've never seen one,' the man drank his beer.
'No, you wouldn't have.'
Todo eso en un famoso texto del escritor norteamericano Ernest Hemingway.

La aparente calidad de vacío del color blanco invita, por sí mismo, a soñar.  

Las almohadas adoptan poco a poco la forma de una cabeza apocalíptica.

La niebla, a veces. La nube, que cae. El velo.

Es cierto que en el sueño todo ocurre por primera vez.

Alrededor del iris un paisaje invernal y, dentro del paisaje, un animal antediluviano y, sobre el paisaje, un falcón de plumas blanquísimas.

Prefiero, entre muchas, la palabra súbita.


La leve sonrisa en los labios es un signo de placer muy íntimo.

En el 2002, alguien publicó el artículo: From Yellow to Red to Black: Tantric Reading of "Blanco" by Octavio Paz', en el Bulletin of Latin American Research, 21:4, 527-44.

La discreción suele ser una virtud.

En lo personal, me tienen sin cuidado las virtudes.

Frente al gran muro vacío, el cual es de color blanco, resulta fácil preguntarse: ¿Es cierto que si corro el velo desaparece el rostro? ¿Es esta la tela del invierno más largo? ¿Cómo cae sobre tu espalda la mano del amanecer?

El futuro es un trazo. 
El futuro me mira con sus ojos alucinados. 
El futuro sabe escuchar jazz.

De repente, de la nada, la palabra cañaveral.

"Blanco" es uno de los títulos de Trois Couleurs, la triología de Krzyzstof Kieslowski, de la cual prefiero en realidad "Azul".

En el momento del despertar, el mundo es justo como esa gran pared despejada.

Empequeñecida por el tamaño del muro, pronuncio en voz baja las palabras: la vida empieza aquí.

Nunca he entendido lo que es un adverbio de lugar.

Tengo la impresión de que el disco de Newton es un breve estado de gracia.

Todos los colores están, en efecto, aquí.



VI.

VAPULEAR

La manera en que se forma la ola, como de la nada, y cómo se rompe. Tenue aguamarina.

¿Por qué alguien se introduce repentinamente en un mar de tersas aguas frías una tarde de mucho sol? No tengo respuesta para eso.

La idea del experimento como juego, argumenta Mathias Viegener, evita tanto la necesidad de percibir a lo experimental como opuesto al realismo narrativo, así como de forzarlo a que dé resultados políticos o incluso que produzca objetos particularmente inteligibles para que participen en alguna forma de "contrato" con el lector.

Desde otra perspectiva sólo se trataba de tres personas a medio vestir o medio desvestir que, muy adentro del océano, gritaban y reían. Los brazos hacia el cielo; las bocas llenas de sal.

Pero la luz.

La primera tentación es, ciertamente, narrativa.

Entrar en la boca del Pacífico, horizontal. Los miembros tan extendidos como una cierta forma testaruda de. Introducirse como quien avizora y cree en el destino y en la santa mano del azar. Nadar ahí como quien recuerda de súbito que solía.  

En las dos perspectivas debe existir el pelícano que, a toda velocidad, cae en línea recta sobre la marea. Visión monumental.  

La aguamarina es la variedad de color azul verdoso pálido del berilo.

Pronto se sabrá que el pelícano y la marea y la velocidad forman una trinidad santísima.

¿Y cómo no pensar en la infancia, en los veranos interminables de la infancia, cuando los cuerpos en ebullición, tan delgados y sólidos como astas, se deslizaban sin temor bajo las aguas en busca de algo desconocido o algo nuevo o, cuando menos, todo aquello que todavía no se sabía que hacía falta?

Qué alguien diga: ¡Pero la espuma: ligera, burbujeante, blanquísima!

En el experimento todo es potencial, por eso no se miden los resultados sino el proceso.

Alguien pudo haber pensado también que se trataba de tres personas desquiciadas mientras que otro pudo haberlas descrito como absolutamente metafísicas.

Pocas veces bajo las olas, así, resquebrajándose. A punto de existir y  a punto de no existir como la fe.

Mi vida con la ola es el título de un cuento surrealista de Octavio Paz. 

El tono azulado de la aguamarina se debe a la presencia de Fe2+; mientras que el verdoso se debe a las inclusiones de Fe3+

Es bueno estar en la tierra, alguien habría dicho eso mientras los pies se hundían en la arena y el sargazo se abrazaba a los tobillos como a una última oportunidad.  

Pero el nimbo de cosa sagrada o de umbral.

Es difícil concebir que el agua, al inicio tan helada, pueda tornarse con tanta facilidad o rapidez en una cálida mano que protege contra el pasado y contra el futuro y contra todo lo que está.  

Siempre me he preguntado cómo pasan los días, en realidad, los que viven dentro de la cavidad torácica de una ballena.



El sargazo es un género de macroalgas plactónicas de la clase Phaeophyceae (algas pardas) en el orden Fucales. Las algas, que pueden crecer en largo varios metros, son pardas o verde negruzcas y diferenciadas en rizoides, estipes y lámina. Algunas especies tienen vesículas llenas de gas para mantenerse a flote y promover la fotosíntesis. Muchas tienen texturas duras, que entrelazadas entre sí y con robustos pero flexibles cuerpos, le ayudan a sobrevivir a corrientes fuertes.

The Waves es el título de una de las novelas de Virginia Woolf. 
Leí The Waves por primera vez bajo la fronda un árbol al que calificaría sin problema alguno de feliz.
The Waves ha sido desde entonces uno de mis libros de cabecera.

No cabe duda, lo propio de las olas es vapulear.

These are beautiful shores, dijo Lisa Robertson refiriéndose, sin duda, a otras playas o a otras orillas en uno de los poemas que compone su libro The Men.

Pero las gotas iridiscentes sobre la piel. Elegantes joyas pequeñísimas.

El Pacífico es un océano y es un hombre que se extiende orgánicamente a lo largo del litoral.



Los yacimientos de aguamarina son muy numerosos. Se pueden encontrar aguamarinas en Italia, Sri Lanka, India y Estados Unidos. También en bastantes países africanos, como Zambia, Nigeria, Madagascar, Kenya, Tanzania y Malawi. Las minas más importantes son las de Brasil: Minas Gerais, Bahía y Espirito Santo. Sin embargo, los ejemplares más cotizados provienen de los Montes Urales, en Rusia.

En efecto, Pacífico es también el nombre de una cerveza producida en el norte de México.

Pero este tenue sabor a sal.

Es sólo un momento saturado de lo que los modernos llamaban totalidad queriendo decir luz de octubre.

El aguamarina refuerza el campo magnético y trae buena suerte. Aporta felicidad y bienestar. Se dice que provoca la sonrisa y la alegría de las personas que la llevan. Fortalece el sistema nervioso central, el hígado y los riñones. Cura las impurezas de la piel y es indicado para los dolores de la nuca, mandíbulas y dientes, así como las afecciones de la garganta. Abre los chakras del entrecejo, del plexo solar y del bazo.
Desciende de algún lado, entonces, la palabra inefable.

El vaivén recurrente inacabable inconmovible de las olas me recuerda el concepto de repetición en Gertrude Stein.

Justo como la primera, la última tentación también es narrativa.

En contra de Aristóteles, para quien ser feliz era una forma de autorrealización humana, una postura conocida como eudemonismo, Epicuro creía en el hedonismo, a saber, la convicción de que la felicidad es una forma de experimentar el placer intelectual y físico.

Pero el eco del grito que escapa de la garganta.

Tengo la impresión de que el presente del indicativo es sólo una variante de la ola original.

En el juego se asume, no se comprueba.

Y tú estabas en medio de todo eso, tocando.



VII

divino tesoro

A mi juventud le faltan dientes.

Ayer la vi caminando con el hocico abierto bajo la luz
del mediodía, lívida de espanto y de seguir siendo
la termita que destruye los muebles cuando nadie
imagina, la palabra equívoca, la mosca que vuela.

¿Así que de esto se trataba todo?
¿Así que todo muere, amiga?

Mi juventud está sola y es ridícula.

En la calle donde la gente vive, mi juventud escupe
saliva azul, orina de pie en las esquinas, da traspiés,
intercambia pastillas por monedas, hace chistes de mal
gusto cuando nadie ríe.

La tonta lleva las medias raídas.

Vociferando, mi juventud dice: verga. Dice: a poco.
Dice: cuánto, cómo. Luego da vueltas como trompo.

Mi juventud es un juguete aburrido y tonto.

Si no la conociera, diría que es una mujer en perpetua
vigilia, un hombre con los brazos manchados de nubes
púrpura, pinchazos. Un horizonte al atardecer.
Nicotina. Un viaje en carretera. Un hotel con cortinas
de percal y florecitas mareadas de tijeras, marihuana,
cerezas.

Mi juventud no es una dama, nunca fue la edad más
hermosa con la de Nizan, una bugambilia.

La pobre siempre sufrió de miopía.

En los cines de barriada mi juventud olfatea el sexo
solitario de los hombres con periódico sobre regazo,
adolescentes, putas agrias, mujeres-con-pasado.

En las cantinas bebe los suspiros del agua-ardiente con
la lengua escaldada por filos metafísicos. Ve de reojo
el techo de las nubes grises, la lluvia, el verano en que
todo termina.

Hace tantos años.

Cuando se ríe, mi juventud muestra las encías,
la garganta, la laringe, los tendones de una metáfora
mal calculada y peor escrita.

Ayer la vi sobre Bolívar y le dije adiós entre
los empellones y el polvo de la una de la tarde:
la canícula.

La hora de la crueldad más veloz.

Mi juventud me da lástima y me da rabia y ganas
de salir corriendo tras sus huellas de perro apaleado,
cojitranco y hambriento.

Íbamos a vivir toda la vida juntas, dijo.
Me extrañarás, aseveró.

Mi juventud siempre supo más que yo.

De Los textos del Yo (Fondo de Cultura Económica, 2005)


Feliz como mujer
(Fragmento)

Entonces, sin que se lo pidiéramos, sin que lo esperáramos siquiera, La Sumergida alzaba su copa y brindaba y chupaba ávidamente de su cigarrillo, todo a la vez, todo como si ya no tuviera tiempo o como si se le estuviera acabando el tiempo, mientras se quedaba como nosotras, sentada sosegadamente sobre la orilla de arena del Mar del Norte, resignada ante la enfermedad del agua y sobrevolando el desastre con la Mirada Oblicua de la que ha muerto más de una vez, de la que todavía no acaba de morir o de la que, muriendo, reincide como una verdadera adicta, con ese gesto de pordiosero y de mártir cruel y de princesa degollada.






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