miércoles, 11 de enero de 2017

CAROLINA BUSTOS BELTRÁN [19.846]


CAROLINA BUSTOS BELTRÁN

Carolina Bustos Beltrán (Bogotá, Colombia 1979). Poeta, narradora y docente universitaria. Ha publicado Sueño Stereo (Caza de libros 2014) Tiene una maestría en Estudios de América Latina de la Universidad de la Sorbonne Nouvelle, Paris 3, y es Máster Europeo en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Autónoma de Madrid. Reside en Francia desde el año 2003 y ha vivido en Portugal (Oporto) y España (Madrid).

Ha sido galardonada en varias ocasiones: Mención del I Concurso de Relato Breve El Dios Tecnología, convocado por Fuentetaja literaria en 2013, por el relato “Buenas noches, mi amor”; en el XVIII Concurso de Cuento de la UAM 2009 su relato “La Marea Alta (cuento con banda sonora)” fue seleccionado para el volumen colectivo Entre líneas y otros cuentos. Tres elogios y otros poemas, publicado en Madrid por Ediciones Universidad Autónoma de Madrid, 2010. En poesía ha sido seleccionada en el certamen Voces Nuevas – Selección XXIII convocado por la Editorial Torremozas en el año 2010. Recibió en 2015 el Tercer Premio del Concurso Ediciones Embalaje del XXX Encuentro de Poetas Colombianas del Museo Rayo, Roldanillo, Colombia por su poemario “Lecciones de UrbEnidad”. En 2016 “Estación Tropical y otros poemas sinuosos” fue finalista del Premio Internacional de Poesía ‘Pilar Fernández Labrador’, Salamanca, España.

Sus poemas y relatos han sido publicados en antologías, revistas y blogs en Colombia, México, Argentina, Estados Unidos, España y Francia.


Boulevard Voltaire

Un día me volví a enamorar
y me tatué estrellitas al borde del brazo
para iluminarme en las madrugadas
de los lunes, los jueves y quizá los sábados.

Dichosa.

Había una calle perpendicular con nombre ilustre.
Ayer fue una calle de muerte
pero hoy yo resucito en ella
y el sol sale al otro lado del mundo.

Ilumina mi rostro,
enciende la belleza y esconde el horror; salto y beso; ring ring.
Viajo hacia el océano de líneas y números
sumergida entre los adoquines que sostienen mis piernas.

Júbilo.

La banquita sabe mi secreto, petit désir mineur
como vencer la distancia a las 15 horas treinta y siete minutos de la tarde.
La evasión tropical ofrece un tour de ensueño
las nubes coquetas me guiñan el ojo.

Camino mirando los objetos:
una caneca verde, un moto, una bici, una puerta sin número ni código para entrar,
París es una bataclana
y mis piernas están tan llenas de vos.

Boulevard Voltaire de mi vil hábitat
¿Quién camino mentando al enciclopedismo lleno de deseo?
¡Fui yo! Con la voz entrecortada de sentir tu voz en mi caracol,
Lentamente te posas en mis rodillas, pasas, pasas lento, muy lento…

Deliciosa yo, insaciable y tatuada de estrellitas,`
Asumiendo mon petit désir mineur,
hundiendo mi nariz en tu piel que sabe a aullido de zorro.
Quédate adentro, ceniza y fuego:  hombre volcán.

Carrières-sur-Seine, Enero 26 de 2016



Plaza sin nombre

Ruego por vosotros,
ruego por vosotros,
ruego y vuelvo a rogar.

Huellas digitales, hechas ceniza
rostros desaparecidos.
Ruego y desaprendo el mapa de mis coordenadas necias.
Tierna infancia de los ochenta,
adoquines de fuego que torturan la memoria
inocencia etérea conducida por un dial en A.M.

Plaza sin héroe de un libertador humillado,
Plaza(s) macabr(o)as,
Plaza vencida,

Plaza(s) asesin(o)as,
Plaza sin nombre de un Palacio sin justicia.
Quién rogará por vosotros, beneplácitos e impunes,
por vuestras fauces necrosadas
y vuestras beligerantes hybris.

Clichy, otoño (noviembre) de 2013




Marina (um)

Tendrán que abrir mis entrañas
y socavar en los bares clandestinos qué hoy ya no existen
desentrañar en la Rua Camões que caminé de arriba abajo
diseminar la Rua das Flores que no se extingue en el Cementerio da Lapa
para saber cuál fue la Carolina que nació y se hizo sal
después de morir en París a los 26 años.

Oh puerto de sueños del Duero, de viñas y migas de pan negro
Oh Porto de sonhos do Douro, de vinhas e migalhas do pão preto

Cuando resucité, perdida deambulando entre un rebaño de borregos,
Pessoa tuvo la culpa.
Me alimentó de versos, de mar y de sesgada tierra.
Me llevo a su patria pero su brújula fallida me lanzó al norte de Lisboa.
La jovencita enamorada de las cartas ridículas de amor
regresaba al origen de la lengua enredada y apretada del padre poeta.

Yo es otra, una C en mi heterónimo, me llamo Marina
Eu é outra, uma C no meu heterônimo, chamo-me Marina

Y ella vio el mar y las lágrimas de agua dulce se escurrieron por un rostro brumoso.
Se entregó a las olas feroces y comprobó que el mar podía corromper la montaña.
Que la bastedad atlántica arrancaba de su piel los cerros orientales
y el cielo impresionista de las orillas del Sena.

Recordó su ser andariego  y solitario que recorría el centro de Tabogo en las noches
y lo escondió por los bordes de Foz, su rastro de urbe se alienó a la arena.
Marina la renaciente ola y espuma bramó entre las rocas húmedas.
Carolina pactó con el vampiro libidinoso y se hizo hija de la Invicta para siempre.



LECCIONES DE URBANIDAD

Conversación con un poeta alejandrino sobre L A Tenaz

Dijiste: “Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que esta.
LA CIUDAD
POEMAS CANÓNICOS (1895-1915)
CONSTANTINO CAVAFIS

Escucharon bien eso dije:
“La Tenaz, vil epopeya senil,
rastrojo de Latiendo – América de arritmia mutada”.
Ladro por La Tenaz
socavando la vista
desterrada en una piragua
corroída por un río infecto
tímido ladrillo.

Al fondo Usme, Bosa, Soacha, hermanitas feas
que arruinaron el camino florido a las orillas.
Y desde la ventana
el cielo anuncia la tormenta
mis ojos calcinados por el sol agreste
desconocen la ciudad donde me revuelvo contenta.

Barriada donde descienden mis mares
villana placidez
acariciar hormigas
contar escarabajos volátiles
o deambular en reversa.
Sepultarse en un laberinto borgiano
con nombre de novedad y apellido de Fe.

UrbE tenaz sin puerto para anclar velero
allí donde se posan mimosos los recuerdos
agarrados tercos a calcarías trochas
áspera vitrina tropical sobre arenas movedizas.
Ranas tuertas e indigestas
Tunjuelito mío, gris envenenado.
Sucias aguas del Arzobispo
revueltas de cadáveres anónimos. Impunidad del Virrey.

La ciudad me sigue, voy por sus calles numéricas
donde me haré vieja, arrastrada en polvo.
La estupidez de viejos amores taladrará la aurora
igual voltearé la esquina al mes de julio.

No habrá otra cabañuela
que anunciará cuatro estaciones en un solo día.
La lluvia oscura abandonará el trigo
los campos cubrirán de hongo las urbEnizaciones.

Las torres Blancas serán Blancas a pesar de los siglos
las de Fenicia, las del Parque o las Gonzalo
resistirán, me asustarán
como si fueran el latido infame de mi corazón.

Desubicado marasmo
Ulises contemporáneo
tejido humano persistente
traiciones tatuadas
en este rincón del planeta
donde L A Tenaz habita
me da sus lecciones
vil epopeya senil de herencias helénicas.

Escucharon bien eso dije:
“Otra ciudad ha de hallarse mejor que esta”.                                                  
Bogotá, junio de 2014



MUJER ÁRBOL

Ella, árbol femenino; seno pulposo; sagrado alimento.
Ella, sombra buena y fresca; brisilla veraniega;
oxígeno furtivo donde respiro contigo.

Nada ha cambiado a pesar de que desnudarse es sinónimo de otoño.
El follaje se extingue, las ramas desoladas dejan caer el fruto podrido al precipicio,
persiste la raíz endémica en su propósito de proveer.

Ella, árbol mujer; tronco robusto donde tartamudean golondrinas morosas.
Ella, nombrada en macho sustenta y nutre en primavera;
suelo fértil donde renazco contigo.

Ella, a veces triste y melancólica.
Sin frutas, sin hojas, sin ramas, con la corteza agrietada
quiere que la nombren sin artículo.

Ser árbol, un género neutro, territorio de paz
donde las voces desesperadas se apacigüen
y la guerra sea la sombra del último invierno.

Carrières-sur-Seine, diciembre de 2015
Del poemario inédito  “Estación Tropical & otros poemas sinuosos”. Finalista del Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador”. Salamanca, España 2016.



Oda sin pretensiones poéticas

Brincaba yo entre calles llenas de polvo
tratando de imaginar cómo era el mundo
más allá de las marcas que dejaban las suelas de mis zapatos
(unos tenis blancos marca Croydon comprados en el sur).

El planeta en el extremo occidente giraba a otro ritmo.
Era la Atenas abandonada al albedrío de los dioses más borrachos.
Un suspiro casi helénico en un continente extenso
Latinoamérica: el buen vecino pobre.

Y así la crearon, un marasmo urbano cocido con tuétano de indio,
algo raro que sugería la idea de ciudad; síntesis de nuestro mundo.
Tabogo, una planicie colorida y turbia,
microcosmos del gran cosmos; diáfana y vulgar; resquicio en los Andes.

De buseta en buseta, sin visa ni aprobaciones de Estado,
viví, vivimos, creé y creamos la urbEnidad.
Añorada y lejana, a veces tierna, el centro de mis recuerdos
Tabogo de risas, colectivos peligrosos y aroma a fresas con crema.

Crecí en Venecia sin canales ni bienales,
recorrí Lisboa sin azulejos manuelinos,
giré hacia Egipto sin pirámides ni turistas japoneses,
entrevisté al Uncle Sam en la Casa Blanca, sintiéndome en Marruecos,
me sumergí en La Coruña creyendo llegar a Vigo,
pero no encontré calamares, almejas, nécoras ni merluzas,
quizás algunos hombres con aspecto de molusco
y una que otra vieja encorvada en su caparazón, cual crustáceo de agua dulce.

Don Quijote batalló por Castilla sin molinos ni gigantes
Roma ¡Oh, Roma! la ruina estética después de César
Fátima, con María la Virgen en porcelana, protegía al ladrón de Colmotores
Niza, sin Mediterráneo ni playa, ostentaba un feo e insipiente Boulevard
Marsella sin Costa Azul ni moros a la vista
Argelia igual de polvorienta, aún sin magia
Tabogo, la cosmopolita de miserias y olvidos
Pontevedra sin una bahía salada y próspera
Kennedy, Las Cruces, el Quiroga, el 7 de Agosto,
La Candelaria, La Soledad, Palermo, Chapinero, La Merced,
La Guaca sin tesoro, y nosotros con Jimena honorando a Dionisio.

Esa fue, es y será Tabogo, un croquis urbano, un proyecto fallido,
una insignificante placa de madera mostrando un recorrido: vasto periplo,
millones de cédulas deambulando a través de calles rotas,
líneas montañosas erosionadas, diafragma encendido.

La cité de la indiferencia en la mirada del niño,
de gente desplazada mendigando un suspiro,
de frutas expuestas al sol, ahogadas en plástico al vacío,
de bicicletas reclamando libertad los domingos.

En el otro hemisferio: (yo)
el frío, las noches largas,
las flores hechas doncellas
y los árboles envejecidos.

En el otro hemisferio: (tú)
sugiriendo instantes dóciles
para mentar pactos sencillos,
para ser nosotros, aún con tanto brillo.

Cerca al trópico, el tímido páramo coqueteando al cerro gélido
se perpetuaba en la piel como una estalactita de hierro,
en Tabogo la niebla se detenía y se pegaba a los vidrios,
la princesa se levantaba sigilosa en punta de pies y escribía con orgullo:
“cuando sea grande, de ti me olvidaré”.

No conocimos el tren de cercanías, el metro ni el vagón del último trolley.
Cualquier artefacto era suficiente para darnos a probar esa modernidad anhelada.
Tropecé por rieles corroídos, invoqué al fantasma de Alexander von Humboldt,
sonreí al bobo de la Jiménez e imaginé a Gaitán guarachar en su tumba.

Pérfida ciudad asesina de líderes, de mentes ilustres y de canallas dirigentes.

Pero nada ni nadie se enredó en la página amarillenta del libro de historia.
En ese entonces el sueño del progreso era sólo eso: un sueño,
y Tabogo, un centro comercial, un eslabón perdido, un escombro.
Carolina, como un millón de otras C, buscando un verso en medio del ruido.

Quería yo ver a lo lejos mi ciudad en ruinas,
los túneles de la 26 eran el despojo de varios mendigos,
entre picos y hachazos los gamines de papá Jaramillo sobrevivían.
Mi triciclo azulado se lo llevaba en hombros el hampón de la Isla del Sol,
ojalá hubiera sido la de Stevenson, para soportar que a mi perro lo convirtieran en salchicha.

Las viejas panaderías de la Séptima aún guardaban en el olfato
el calor del pan blandito y del tamal con chocolate.
En el Restrepo, la papaya, la patilla y la granadilla se mezclaban con
la crema fresca de las ensaladas de la antigua galería.
Los talleres de Paloquemao se camuflaban con el olor rancio de aceite y la sonrisa opaca de la modelo paisa de tetas albinas.
Y el Divino Niño del Veinte de Julio siempre intacto, vestidito de rosado,
gracias a la novena nos vendía el milagrito.

En vos confío, dije en mi Primera Comunión
y aun así a Garzón lo borraron.
Rogad por nosotros que recurrimos a vos
y día a día, año tras año, fueron asesinados.
Tabogo sin Minuto de Dios: sesenta segundos desperdiciados.

Abandonamos el luto para refugiarnos en festivales internacionales,
nunca tuvimos memoria, siempre fuimos unos burdos apostándole a la cultura.
El teatro y la algarabía cubrieron sus calles y la alejaron de las sombras,
el fantasma perenne y anónimo de nuestros muertos.

¡Baggg! ¡Baggg! ¡Splashhhh! ¡Boom, boom!

Las bombas, los disparos y el odio explotaron, quién me dice si Tabogo resistió
dejando pedazos de personas regadas en los escollos de nuestro olvido.

¡Oh reyes sin palacio!

pereced sin nombre.

El canal 1 anuncia el ataque del grupo insurgente y el enano Sr. Presidente dice:

pereced sin nombre.

N.N., funcionarios, N.N. padres, N.N. abogados, N.N. hombres y mujeres

pereced sin nombre.

“Colombianos, las armas os han dado la independencia,
las leyes os darán la libertad”.

¡Ataquen!

¡Listos!

¡Fuego!

Crecí en medio del tufo de un río envenenado,
Tabogo se hizo noche con el canto de las sirenas de una vil epopeya,
Monserrate me arrulló con sus estrellitas fluorescentes
y La Candelaria onírica me enseñó a comerme la vida.
Una vez hice amigos de mentiras, cambié los Croydon por unos Converse,
llevé punteras y fumé mi primer porro en un ascensor marciano.
Los Priscos de La Santa flipaban hilarantes al ritmo de Primus
hasta que un día la muerte nos hizo zancadilla y se llevó a Crostie.

Pablo VI, Nicolás de Federmán, La Esmeralda y el Centro Nariño
eran territorios oscuros que colindaban con el clan enemigo.
Ningún forastero venía con la guía Lonely Planet
porque “ellos” los fulminaban o los hermanos “B” los acribillaban.

Nos educaron a patadas, en revancha nos permitieron drogarnos con televisión.
La música nos salvó, los libros que robamos del sótano del colegio
hicieron de madres sustitutas mientras las maestras cuidaban nuestra virginidad
y nosotros amándonos desmedidamente, como cualquier joven amamantado por Ovidio.

Saltamos por varios prados, esos donde la gente ES feliz en la Nacional.
Me dejé sorprender por el sol en la pausa del mediodía
mientras los chicos de Artes y Humanas pateaban el balón.
Allí La Copa “La Amistá” nos dio trofeos y sancochos de aguardiente.

En el otro hemisferio: (yo)
les tartes tantin y la champagne,
las rosas en la mesa
y las nalgas de Marie Antoinette ardiendo en la chimenea.

En el otro hemisferio: (tú)
sugiriéndome que vuelva
para mentar pactos sencillos,
para ser nosotros, aún con tanto brillo.

Quisimos a nuestro equipo financiado por narcos,
lo sostuvimos más en las malas que en las buenas.
El estadio coronó por única vez al equipo nacional
y vimos a Escobar cobrar el autogol de su vida.
Tabogo esdrújula, aguda y gravemente violenta
vibraba al ritmo de rock; de salsa; de la angustia mía.
Pero todo desaparecería… se lo llevaría el viento.
Un día fue la quinta y luego la 82, una zona rosa desteñida la reemplazó.

Bailaba sin excusa cada viernes
pues el baile nos conectaba con el otro…
Quiebracanto, El Antifaz, El Goce Pagano, El Parqueadero, Escobar Rosas
Conocieron el sudor de nuestros cuerpos “zanahorios”.

Así era yo, tú, él, nosotros, ustedes y ellos, conjugando el verbo
Infinit (iv) o SER sin temores o seres sin remedio.
Aun así partí de vos, Tabogo, cumpliendo la promesa de olvidarte.
Aun me pregunto si tengo palabra y si esta oda tiene pretensiones.

Ayer, un largo ayer en el que fuimos tú y yo en un sólo hemisferio,
una bala indeleble que atravesó el tejido vital del destino
y ellos, mis amigos de mentiras, se hicieron de carne y hueso
herederos del rastro que cubre el manto etéreo de la sutil memoria.

Tabogo, soy, eres, es, somos, sois, son…
Verbo conjugado en tiempo presente indicativo
de SER ES tá ti ca men te ateridos al momento.
Incurriendo, gerundio pretencioso sin pretérito.

Verano de 2009
[entre Madrid, Lisboa y Clichy]



Basquiat, joven negro

Si alguien me ha visto andar por ahí
no den señales de mi existencia.
Me he ido después de lamer la sombra del viento;
hay muertos vivientes que circundan mi paso.
Los alrededores de los alegres suenan a ronquidos, disonantes murmullos.
Ayer morí mientras leía la crónica del New York Times
y el ventilador cortaba el tiempo.
No me vieron nunca más, al menos real, un mero recuerdo.
Fui negro; paleta amorfa; violento reconocimiento.
Si preguntan por mí ¿adónde dirán que me he largado?
Eternas son las calles que de Brooklyn van a Manhattan.
Apagado, la luz extinta sobre el lienzo blanco, vertido en cenizas, esmog de taxi driver.
Perdido en la lluvia de un suave verano;
vagar baudelariano entre el blues y las sombras;
no soy; ya no vivo; hoy no pinto; mañana es lejano.
Oh, New York, monstruo irrepetible de dioses paganos;
de héroes de filmoteca; de arte profano vendido en vitrina
pagado en falsos dólares: papel moneda unicromático.
No fui la casualidad que salió del mono,
simio domesticado que sonrió en portada de revistas.
Se divirtió bien al prójimo.
Fui tan sólo eso: resto de óleo,
tinta de calamar de agua dulce,
rostro de África, poesía americana,
cadáver exquisito de días de abril.
Manso niño tibio, Rimbaud de suburbio.
Si alguien aún busca mis pasos
Anunciad que he muerto.
Que indague en las paredes del MoMA
En los papeles mojados del Soho
En las estaciones del mundo.
Oh New York…
A las olas del mar que hablaron…
Anunciad que me he ido:
Lugar sin espera.

París, otoño de 2010



1

Uno se vuelve vacuo,
pendejo
recalcitrante
etéreo

uno se nombra con palabras que no conoce
se hace sombra, viento, espejo
busca en el otro un poco de su yo

uno se cree de tantas maneras
que también se cree varias mentiras
y uno camina, rueda por el mundo
imprimiendo el informe del tiempo que le tocó vivir

uno va solo o acompañado
depende de cómo o con quién se levante
despeinado, sin afeitar
tímido, quizás con risa

y uno se vuelve dos
confundido en la composición de un número par
uno se enreda; se tropieza; se quema

se pegan a la piel trozos de aquel dos
para llevarlo como si fuera un llavero
a ese lugar donde se abren todas las puertas

y ese dos
vacuo
pendejo
recalcitrante
etéreo

abandona de repente el terreno
la unidad se encuentra insulsa
sola, triste, melancólica.

Uno debería aceptar
que es tan sólo eso:
un número sin par.

París, primavera de 2010



Corridos nostálgicos en tierra de nadie

El alma es un pajarito
que sin tener alas vuela.
RAFAEL POMBO
Dios y el alma

Díganme cómo va eso que llaman amor, dolor, muerte y tierra.
El alma es un pajarito que sin tener alas vuela.
Al borde del precipicio los espectros rezan;
cruel es la esencia de tener la idea
de estar atrapada en una geografía densa,
donde el miedo se vuelve hogar
y el alma está presa.

Amanece la realidad al amparo de una llanura inmensa.
Miren el portal de mis angustias
archipiélago de la ausencia.
Infiero que el pensamiento del mortal
arranca del cuerpo maleza.
Haciendo volar a la mísera ave
al lado de su torpeza.

Ahí van los hombres sordos,
Borrando restos de cordillera.

Maraña de hueso y de carne soy
Mi alma cercenada vagabundea entre listas sin nombre, ni fecha.
Enjambre hueco y sucio revuelto de melancolía y seda.
Del volcán queda ceniza, rastros de lama espesa;
agazapada se arrastra la amargura,
enredando a su paso la temible sorpresa.

Mi tierra es el camino por donde paso sin dejar senda.
No explico, no articulo.
Licencia mía es callar y abandonar palabras necias.

Díganme cómo va eso que llaman amor, dolor, muerte  y tierra.
El alma es un pajarito que sin tener alas vuela.

Amar es la renuncia
Me duele porque aún lo ignoro
La tierra gime coplas lapidarias
arrastradas por la nostalgia de mis falencias.
Yo las busco, perdidas, entre nomenclaturas tercas.
Cantándoles borracha, dentro del hueco de esta, mi patria muerta.

Qué más da el disfraz, el maquillaje y la pollera
Me visitó el pajarito desprovisto de materia…
Sin alas rompió el cielo Y me hizo caer en cuenta
Que del amor llevo su mueca.

Ahí van los hombres sordos
borrando restos de cordillera.

Madrid, Primavera de  2009




fantasmas

se les escucha vagando en las esquinas del nervio
así como sus voces son ecos de evocación y melancolía
asechan, se posan en los escaparates rotos
se llenan de polvo como los juguetes viejos que (ya) nadie quiere tomar
yo llevo viéndoles desde hace meses; mirarme sin recato
intentando disturbar el paso lógico de los días
reclamando que los tome entre mis brazos y les haga mimos
sonriéndoles con muecas tibias que buscan besos
son fantasmas alados, brillantes llenos de rústica poesía
fantasmas lúcidos, humanizados con perversa ironía
fantasmas alquilados para noches eternas de insomnio
son fantasmas (al final) con nombre propio
arrogante ignoro el rumbo de mi deseo
repelerlos, quizás cazarlos
embalarlos en frascos
exhibirlos en botellas o dejarlos olvidados en el mar
vosotros a los que he hecho germinar en mi vientre
victimas incesables de mi propio desasosiego
frutos rebeldes de mi tiempo… (paréntesis )
paradoja del placer, instante que emigra
oh fantasmas, dejadme seguir,
la larga ruta revindica mi paso
su perfume sabio se escurre en mi manga; angustiosa telaraña
me ordenan temperar, no fundir mis huesos en su arena
fantasmas, yo con vosotros río
y vosotros os reís de mí
mirad atentos, la misma raíz erguida en la tierra
resiste en mantener intactas vuestras sombras

París, primavera de 2011




Dícese de fantasma

fantasma: resquicio de algo que no se puede nombrar
fantasma: sombra imprudente que vagabundea sin rumbo
fantasma: cultivo masivo después de la decepción
fantasma: mujer minotauro con vestido de pepas
fantasma: hombre gigante con múltiples rostros y pantalón blanco
fantasma: gato perdido en una sobre-exposición solar
fantasma: roca marina rellena de pulpa
fantasma: fotocopias de gemidos átonos
fantasma: rastros de tinta en cuaderno de secundaria
fantasma: proposición insensata llamada petite culotte
fantasma: lustros y estratagemas para olvidar
fantasma: cabellos quebradizos; espantajos gigantes o enanos
fantasma: boca sedienta; sequía
fantasma: piel sin cáscara; fantasia
fantasma: aroma suyo; químera
fantasma: roto sin cicatriz
fantasma: remiendio sin costura
fantasma: merodeo inclemente de la presencia de su ser
Según la RAE existen ocho acepciones de “fantasma” en lengua española
según yo, sólo mato versos o intento describir al fantasma que me ronda

París, primavera de 2011



¡No importa qué! Brevario de una semana 
en PaGris

Mufetardo rampante va de un lado a otro
San Lazaro pierde su vara y no se deja guiar por su perrito
Ven, camina pronto que allí está Nuestra Dama
Erecta posa para la foto y rim pam pam

Voilà!                           ¡Vuela!
C’est la vie!                 ¡Se la vi!

Esa que viene de frente, es “La cantante calva”
miradla, espléndida va gritando por la calle de la Hucheta
anglicismos amoldados a la hilera de onomatopeyas francesas
rasca la lengua, cosquillea el ocico, apaga el fuego, brinca el delirio
Ohhh Mister Smith; ahhh Miss Martin; ui ui ui, yea, yea,yea somos ingleses
¿Cómo es eso?
¿Acaso Ionesco?
¿Balzac o Zola?
San Miguel o San Germán
Tristán o Isolde
quién sabe quién, quizás sea Don Omar.
¿De qué viene todo esto?

¡No importa qué!
Nos gusta el puente 9
aunque no parezca nuevo.
Leer en la Compañía de Shakespeare
beber un té en la Hormiga Alada
finalizar la noche en donde Juanita
picoler en el Mauri 7 para inventar el lenguaje

Hace frío, llueve, no lo olvides:
¡Guelcom tu PaGris, la meuf!

PaGris y sus colores
PaGris y sus olores
PaGris y sus amores
Vosotros, tú , yo y un sombrero

Qué no importa
Importa, qué no
¡No importa qué!
Carcajadas, bromas, silencios, risas.

El gato es gata
La cena el Sena
La Capilla tiene indios con lassi de rosa y curry mexicano
El 13 tiene chinos, vietnamitas y a Camila
Al lado del Sagrado Corazón estoy yo
Detrás de mi lengua, mordisqueando la caverna,
saltando en mi oreja,
rozando mi brisa,
merodea la rima.

Curazán divino,
Fua gra e champán,
Crepes sin formage
chawarma del Libano a la manera de abuelita tailandesa

Te lo digo de nuevo
Acá es PaGris
É Pari è Madgik

El gato es gata
La cena el Sena
Mua mua e Tua tua

Me emBraSAS

¿De qué va todo esto?
(Me preguntas de nuevo)

Ni idea, muérdeme sin dudarlo

novecientas-cuatro-veinte-diz-y-nueve veces

¿Tantas?

Guay not?

¡No importa qué!


París, Otoño 2010





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