jueves, 5 de julio de 2012

7211.- EDWARD THOMAS




Edward Thomas

(Londres, 1878-Arras, 1917) Poeta británico. Su obra, a menudo comparada con la de los poetas georgianos, es más profunda que la de éstos y sigue siendo una de las más leídas en su país natal. De carácter retraído y melancólico, Robert Frost le animó a que siguiese escribiendo poesía. Es autor de numerosos libros de ensayos (Historias célticas, 1913; El campo, 1913). Sólo publicó en vida Seis poemas (1916). Son notables sus Poemas (1917) y Últimos poemas (1918), publicados póstumamente. Murió combatiendo en el frente durante la I Guerra Mundial.



EL BÚHO

Bajé por la ladera, con hambre pero no famélico;
con frío, aunque tenía en mí un calor que me protegía
del viento del norte; cansado, pero de un modo que
hacía que el descanso bajo cobijo pareciera lo más dulce.

Entonces, en la posada, me dieron comida, hoguera y descanso,
sabiendo lo hambriento, lo congelado y lo cansado que estaba.
La noche entera estaba cerrada salvo
por el ulular de un búho, un ulular de lo más melancólico.

No se agitaba, larga y clara sobre la colina,
ni una nota alegre, ni un motivo para la alegría,
salvo uno que me decía, con sencillez, de qué había escapado
y de qué no pudieron huir otros, aquella noche, al entrar yo.

Y se aderezó así mi comida, y así mi descanso,
se aderezó y se despejó, también, con la voz del pájaro
que hablaba por todos los que yacían bajo las estrellas,
los soldados y los pobres, que no podían alegrarse. 




EL PUENTE

Hoy vengo desde lejos:
sobre un extraño puente, solo,
recordando amigos, viejos amigos,
descanso, sin sonrisa y sin lamento,
tal y como ellos me recuerdan sin sonrisa y sin lamento.

Todos quedan atrás, los amables
y los antipáticos también, esta noche
no son más que un sueño. El arroyo
discurre suave y sin embargo ahoga al Pasado,
el arroyo oscuramente iluminado ha ahogado al Pasado
y al Futuro.

Ningún viajero ha descansado más bendecido
que este breve momento entre
dos vidas, cuando las primeras luces de la noche
y las sombras esconden lo que nunca fue,
cosas más buenas, hermosas y queridas de lo que
han sido y serán.



Adlestrop

Sí. Recuerdo Adlestrop
–el nombre–, porque en una tarde
de calor el tren expreso se detuvo allí
insólitamente. Era a finales de junio.

El vapor silbó. Alguien se aclaró la garganta.
Nadie se marchó ni vino nadie
sobre el andén desolado. Lo que vi
fue Adlestrop –sólo el nombre–

y juncos, adelfillas, y hierba,
y ulmaria y almiares secos,
ni un ápice menos quieto y solitario
que las altas nubecillas en el cielo.

Y durante ese minuto cantó un mirlo
cerca, y a su alrededor, con más niebla,
cada vez más lejos,  cantaron los pájaros
de Oxfordshire y Gloucestershire.




ADLESTROP

Yes, I remember Adlestrop-
The name, because one afternoon 
Of heat the express-train drew up there 
Unwontedly. It was late June. 

The steam hissed. Someone cleared his throat. 
No one left and no one came 
On the bare platform. What I saw 
Was Adlestrop -only the name 

And willows, willow-herb, and grass, 
And meadowsweet, and haycocks dry, 
No whit less still and lonely fair 
Than the high cloudlets in the sky. 

And for that minute a blackbird sang 
Close by, and round him, mistier, 
Farther and farther, all the birds 
Of Oxfordshire and Gloucestershire. 




Octubre

El olmo verde con su única gran rama de oro
deja caer las hojas sobre la hierba, una por una,
la hierba corta de la colina, las setas pequeñas y lechosas,
campánula y escabiosa y tormentilla,
ante las que la zarzamora y la aulaga, en el rocío y el sol,
se inclinan; y el viento viaja demasiado ligero
para dejar caer las hojas de abedul que hay en el helecho;
las telarañas campan a su libre albedrío.
Las ardillas regañan los pasos menos ligeros que los de un pájaro.

La rica escena se ha vuelto fresca de nuevo y nueva
como la primavera y al tacto no es más refrescante
que cálida para la mirada; y ahora podría
ser tan feliz como es la tierra tan hermosa,
si yo fuera otro distinto o si con la tierra pudiera
alternar entre la violeta y la rosa,
entre la campánula y el galanto, cuando es su momento,
y entre la aulaga que no tiene tiempo para ser feliz.
Pero si esto no es felicidad, ¿quién sabe?
Algún día consideraré este día un día feliz,
y este estado de ánimo con el nombre de melancolía
ya no se ensombrecerá ni se oscurecerá.


Edward Thomas
Poesía Completa
Traducción e introducción de Ben Clark. 2012 
COLECCIÓN: Linteo Poesía nº 34 

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