lunes, 7 de mayo de 2012

6730.- ERVEY CASTILLO



Ervey Castillo
Jalpa de Méndez, MÉXICO  1973
Ervey Castillo. Estudia la maestría en Literatura Mexicana en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Es autor de Y adónde el alma que te prestó el misterio (Monte Carmelo, 1995), La luz en la penumbra (Monte Carmelo, 1999), Porque te niego existo y Tú me niegas (Literalia, 2002), Desde un naufragio (Monte Carmelo/Instituto Tecnológico de Comalcalco, 2004) y Cenizas sobre el fuego (Gobierno del Estado de Tabasco, 2005). Parte de su obra ha sido traducida al francés, inglés y catalán.



Poética

Grano de mostaza
Cada quien una hoja en blanco
para hacer que el vacío
vibre un instante fuera
de su adentro.

Al poeta, hombre común entre los hombres, se le ha confiado un oficio fuera de lo común: servir a una diosa a la que nadie parece necesitar. La poesía vive uno de sus peores momentos. Intenta, en vano, un puente con seres que han extraviado la huella del origen; seres para los que la fe y su tribu no son ni siquiera un recuerdo. De ahí que el poeta, en palabras de Heidegger, deba “prestar atención al rastro de los dioses huidos”, hacer uso de su don divino para devolver a la poesía su lugar privilegiado. No quiero ser un fatalista. Me gusta soñar con un mundo más justo y humano, donde las desigualdades y la usurpación de talentos no existan. Ojalá me tocara vivir ese regreso a las raíces y saber que el poeta, calificado por Sócrates como el “intérprete de los dioses”, ha dejado a un lado la adulación y servidumbre a los ídolos que hoy nos circundan. Que las ninfas se apiaden de nosotros o de plano terminen de olvidarnos.



Pasan

Las veo pasar

Siempre pasan

Y sólo pienso en las manos que tantean el deseo
El vestido de fuego de nuestros corazones
Nuestra sangre de angustias
Nuestro primer beso en la cumbre del día

¿Ya ves que no me olvido?
¿Ya ves qué tarde es y no me olvido?

A lo lejos
(Siempre será a lo lejos)
dos cuerpos arden:
Sombras en sol mayor





La caída

(A)

Se ha caído un espejo
se ha hecho pedazos un espejo
no quedan sino añicos de un espejo
el mundo se miraba en ese espejo
mis pies se pierden sin los tropiezos de ese espejo
te persiguen sin tregua los rostros de ese espejo
la luz te busca a través de aquel espejo
ya no se amanece sin nuestro espejo
y era el espejo vivo del corazón.



(B)

¿Será mi cuerpo
esta mitad del mundo que no habito?






Sendas

Ese camino
a ti y a mí

¿adónde va?





Pasado depresivo imperfecto

Yo amé.
Tú amaste.
Nosotros lloramos.




Bien lo sabes

No siembras una flor para que muera
pero sabes que sí
pero bien sabes
y al dormir por la noche
se te olvida.




Ambos

el deseo de ti y de mí mismo
de ti y de mí el deseo mismo
el mismo deseo de ti y de mí
y de mí el mismo deseo de ti
de ti y de mí mismo el deseo
de el mismo deseo de ambos




*

Mi corazón
pudo haber sido
grande o pequeño,
pero le diste
el tamaño preciso
del dolor.

*

—Nos amaremos por siempre
—dijo la sombra al árbol
y el árbol
al caer
despedazó
su sombra

*

El agua inventó el espejo al ver tu rostro
Y tú inventaste el agua al contemplarte
Los tres se descubrieron de improviso
Son la casualidad el mismo azar de siempre
Esa instantánea que somos cada instante

*

Como decir adiós a una calle sin nombre
Como si el corazón fuera un relámpago de avisos
Como avanzar de la mano de la abuela
        cinco años después de su partida
Como escuchar un nombre
                                     una mirada
                                                          que vigila en lo oscuro
Como que no el olvido

*

Muerto o vivo

No importa cómo
Pero me he extraviado

Veo a lo lejos
La silueta inquietante
De lo que se ha ido




Seis haikai

Serás del aire:
y en tu ropa tendida
habla un fantasma.

*

Como esperanza
siempre queda la muerte
¿pero estás vivo?

*

Ahora lo sabes:
la oscuridad del alma
es transparente.

*

Donde te encuentres
sois testigo de Dios
donde hace falta.

*

Tras esa puerta
la he llorado sin tregua
después de muerto.

*

Vibra en el agua
tibia luna lejana
(y no hay un lago).

Estos poemas pertenecen al libro Desde un naufragio.








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