miércoles, 1 de junio de 2016

BARBARA POGAČNIK [18.819]


BARBARA POGAČNIK    

Barbara Pogačnik nació en Eslovenia en 1973. Es poeta, traductora y crítico literario, se graduó en lingüística románica y literatura de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica y completó su maestría en la Sorbona de París. Ha publicado cuatro libros de poemas: Poplave (Inundaciones, 2007), nominado al Primer Premio al Mejor Libro; V množici izgubljeni papir (Hojas de papel perdidas entre la multitud, 2008), un libro bilingüe Modrina Hise / El azul de la casa (2013) y Alica plaščev v deželi (Alicia en el país de los abrigos, 2016), dos de ellos por la mayor editorial eslovena. Sus poemas seleccionados aparecieron en Rumania en traducción de la poeta Linda Maria Baros (Funia Luni Iunie, 2016), y se han incluido en antologías en diferentes idiomas.

Su poesía en traducción ha aparecido en 26 idiomas, ha participado en más de 40 diferentes manifestaciones literarias en cerca de 20 países diferentes, y ha sido escritora en residencia en varios programas internacionales. Sus poemas también se han musicalizado.

Pertenece a varios jurados literarios, a la Asociación de Escritores de Eslovenia y al PEN de Eslovenia y organizó el festival internacional “Poetas traduciendo poetas” Sinji krog / El círculo celeste (2007-2010). Desde 2001 pertenece al consejo editorial de una importante revista literaria eslovena, Literatura, y ha sido editora de la publicación Litterae slovenicae, editada por la Asociación Eslovena de Escritores. Más de 150 autores han aparecido en sus traducciones, de los cuales alrededor de 100 autores diferentes del francés al esloveno, entre los que se encuentran los principales intelectuales y poetas franceses.


Cuando el silencio no habla

El rocío, el rocío, las hojas lanceoladas
del rocío se filtran entre tardías hojas de hierba 
en el umbral, y una corriente de ojos
se vierte volviéndose rocío. Qué manera de no escucharse el rocío
en nuestras gargantas ni en el limo del estanque.
¿Cómo podemos alivianar la armadura
del suelo congelado?
¿Cómo podemos drenar la pesada noche
que oprime al rocío?
La noche en la que palos, puntas de lanza, anzuelos
se acuñan obstruyendo el camino, porque el rocío
no tiene manos.

El rocío, el rocío desaparece como un pájaro recién nacido,
como si se posara en la noche
a ver las luces vivir
antes de caer al valle.


Uva sumergida

Ellos, como un vil sobresalto de hidra...
Mallarmé, La tumba de Edgar Poe

 
El mundo se balancea sobre una bandeja cargada
y cualquiera no puede darse el lujo de comprar una mesa,
se desliza como uvas de vino fermentadas.
Mañana será demasiado tarde para ver cuál
aperitivo nos ha traído la guerra de papel.
Nuestra lengua es larga, una interminable
serpiente inofensiva envolviéndose entre nuestras manos,
tostada o sin tostar por cada lado,
atravesando su camino por panes migados
y te sorprende cómo
mucho más allá del hambre
el capitán sumergido guía sus comandos.

 

Un cordero en la noche, 
un cordero en la mañana

I.

Al principio es simplemente una ligera luz que duele al fondo de las escalas.
Las sombras de siglos pasados pasan zumbando.
Le cuesta al hombre sin tierra mucho tiempo abrir la puerta.
Las habitaciones rebosan de alfileres eléctricos.
Yo, sobre la corteza del borde de la luna,
estoy lánguida.
Iría por cualquier prado
descalza sobre virutas,
corderos balan en la distancia, injustamente.

Chupan de a dos cabezas lo que se evapora.
Y nada puede ser depositado entre la lana.
Pero largas carreteras han sido construidas.
Cables eléctricos se retuercen como pescados, bloquean
el acceso al hombre sin tierra.
Parece que yo podría permanecer aquí para siempre,
meciéndome con resplandor lunar.
El viaje aún no ha comenzado, y estamos en el final.

La columna vertebral de Uroboros se rompe en tres
lugares, el hueso ha vuelto a crecer, pero las vértebras
son más rígidas ahora. Terribles garras brotan de las hojas.
Sales se desmoronan de enormes rocas.
Nos arrojamos arena en las gargantas el uno al otro, y esto sigue,
pero no puede verse en la miga lechosa de resplandor lunar.
El cordero es negro en la noche.
Manos tantean en vano en la oscuridad, se separan en gotas.

Pero nadie puede separar sus ojos de la blancura y el oro,
A pesar de una ola letal acechando tras la pantalla.
En el fondo de los pulmones, con ansiedad
los labios se abren para besar en secreto la superficie del océano.
El terreno tiene textura graciosa.
Desplumo la mano tendida, y las manzanas en mi garganta
quedan atrapadas en la tormenta.

 
II.

Las sombras del siglo pasado pasan zumbando.
Las caras cambiantes de padres faltantes,
madres en delantales totalmente solas
con sus manos en felicidad siempre en piedra,
niños creciendo desde el pavimento.
Madres desaparecidas en los torbellinos de sus manos,
padres con oídos musicales a la chimenea,
y niños nadando, nadando muy lejos.

Cualquiera que intentara atrapar al tiempo como mariposas
Sentía fragmentos de metal de fracaso sobre la lengua.
Nuestras manos no están a la altura.
Oh cordero torpe, ¿por qué estás perdido?
El sol está muerto en tu voz.
Necesito fijar continuamente mi pie hacia lo que solía ser,
la puerta es estrecha y se cierra con un truco.
Nunca sé sobre cuál lado he aterrizado,
la puerta me mira con su mirada vidriosa.
Hace un segundo, el amor era una branquia a través de la cual
yo apenas respiraba, y sin embargo veo en el agua
sólo una burbuja vacía elevándose.

El tiempo corre a través de mí y estoy llena de fisuras.
El agua vacila, luego se estrella en lo alto, de pura cantidad.
Ningún pilar crea la eternidad.
El cordero ha sido acariciado por manos que no semejan
su piel torpe.
Oh cordero, tomas café como la clase obrera.
Para ti el sol no se levanta por la mañana,
más bien, como las sombras del siglo, él se derrama
en la noche.

 

Balada para el oído

Casas erguidas como cuellos.
Gatos se mueven silenciosamente por campos de juego en la noche.
Nadie más juega juegos de azar ya.
Las líneas se dibujan. En el cuello,
hilos precisamente hechos aprietan
cada vez más estrechamente la garganta.
Puedes escuchar el sueño de motores
de carros apagados. El oído vibra,
el oído musical del cuerpo hinchado del pez púrpura-dorado,
importado e inflado en el puesto de mercado.
El oído oscila y sus cerdas
que impiden el tacto, relumbran.
Gente llora en pozos de petróleo
para acariciar los cuellos erectos de las casas.
Se clavan cada vez más profundo para alcanzar
el oro púrpura.
Están dispuestos a caminar por enteras ciudades de lluvia.
El río mira en los ojos de ellos.
La lluvia no necesita palabras para tartamudear.
Moscas y elefantes se acercan a la gente con sigilo
por eso olvidan que las casas están erguidas,
olvidan su largo caminar.
Fluye el canto del pájaro frío
más allá de piedras esponjosas en el sendero.
El oído mengua de nuevo dentro de su concha frágil
y gorjea en su sueño.
Su sendero es arenoso,
lento.
Su río observa, con asombro, mientras las venas de
un oleoducto corren a través del Oído de la Tierra.

 
Corriendo desde la película

Sean Penn se enamora, pero en su puerta aparecen los acreedores.
Sean Penn corre por calles y bosques, pero ellos están decididos,
lo persiguen más allá de cines e iglesias de todos los credos.
Una niña fatalmente descalza observa la acción de la película.
Sean Penn está al lado y de espaldas a una gran limusina.
En sus caderas brillan dos pistolas; él las gira.
La joven muchacha de ojos descalzos siente una aguja perforando su estómago.
En un suéter gris sencillo, ella se para en la calle, a su alrededor
sólo cintas de vídeo, DVD y cine para ver en casa,
ilimitadas ofertas abrumadoras, arenas movedizas fatales.
Cuñado en el agua de su ojo, puedes ver aún un fragmento de toma.
En lo que se refiere al dolor, serán horas.

Holograma

Las bóvedas celestes sobre nuestros barcos tienen muchas capas.
Tocamos la profundidad y el relieve del borde del cielo.
Ahora otras bóvedas celestes mudan 
sus pieles bajo el sol. Tranquilamente
una palmera descansa a la orilla del mar.
Al besar, una cabeza se abre como una flor
y en su cáliz,  el polen de las mentiras
resalta sobre las nuevas fronteras desesperadas
de bóvedas celestes.

 

Hilo de junio

Y no sólo el llanto,
como sucede con las flores temblorosas de la señora Dalloway,
sino que se trata de las lágrimas volviendo a su origen,
como si viajaran por diminutas venas de raíz
subiendo la columna vertebral de un gran árbol,
un viaje que nos ilumina sobre la naturaleza de los líquidos,
su simbiosis con el aire que respiramos en el sueño

todos estos son signos de sensación por asideros a través del tiempo,
de palabras que otros hablan en tales momentos dentro de la luminosa barba gris de la mañana, entre noche y amanecer,
mientras como ratones de teatro ellos abrazaban y vitoreaban
la vida, y te encuentras entre un ser que mira hacia adentro
y otro que compartes con el que está a tu lado 
en un capullo de significados entre dos cuerpos

a través del cual, incluso mientras sueña,
la savia de todos los pensamientos se mueve.

http://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/26/News/Pogacnik.html



MINOTAURO

Su cuerpo de acero con patas negras yace
en las sábanas de franela blanca y no cesa
de inundar.  Su lengua carnosa me come
la oreja, me arranca la cenefa de mi espalda dormida.
Sus músculos tiemblan de deseo,
pero respeta la hora que, aún en el laberinto,
silba como un tren por el día acelerado.
Su cuerpo no está hecho por el encaje minucioso
del tiempo que dirige nuestros días desprovistos
de todo. El Minotauro absorbe mi
asentimiento, lo chupa de mis pensamientos, se                                                                 [imagina
en los años transcurridos.
Él no nota nada. Nada de lo escrito, bajo un sol
                                                            [total.
No se puede apoyar en mi mano
adormilada. La nada se acoge a sus costados. Oigo
a los científicos susurrar
su epopeya, aunque ya haya sido publicada
en una pequeña editorial que se cuenta
entre las mejores. A ellos también les gustarían
convertirse en Minotauros, rellenar el vacío,
en lugar de escribir libros. El Minotauro con su
cuerpo velludo permanece para siempre
en el límite, delante de la puerta de la literatura,
                                                         [releyendo
una antología de cuentos eróticos.
A veces, le extiendo mi mano blanca y negra
en lugar del habitual hilo rojo ya conocido, y sin que
                                                               [sepa
quién soy yo misma, le enseño la lengua.
Acaso así nos lameremos las heridas durante estos días de sol de justicia.
Pero notaré que mi propio movimiento por el
                                                           [laberinto
se ameniza con la ayuda de palos de azúcar coloreados, mientras
que en su boca, se rompen los dados marrones oscuros de una
lengua recién aprendida, en duros cubos.
Sus caderas se suavizan por su orgullo.
Aún en el laberinto, se reconoce que esta
escritura es totalmente
diferente - para un cuerpo rígido, y contrariamente
a las expectativas: sus dedos son
sedosos. Sus orejas son tan pequeñas
que sólo tienen oídos para este
complejo laberinto donde nadie  -
que grite dentro – exista – o no* -
lo puede concebir. El Minotauro resuena en las orejas: si dejara
el reino del oído, no le quedaría, como a Ariadna en
                                                                   [la isla,
más que un grito al cielo*, este no-ser.


*Juego de palabras intraducible al castellano, la autora usa el verbo ser en futuro, ya que en esloveno la palabra “no será” coincide con la palabra “cielo”.

Traducido por Santiago Aguaded Landero



VRV Z JUNIJA

In ne samo jok,
kot drhtenje rož gospe Dalloway,
temveč vračanje solz na izvir,
kot v hrbtišče velikega drevesa,
potovanje po nitkah rastlinskih žil,
ki nam razsvetljuje bistvo tekočin,
v sožitju z zrakom, ki se diha v spanju –

vse to so znaki tipanja oprijemk skozi čas,
besed, ki so jih ob tem izgovorili drugi
v sivo brado jutranje svetlobe med nočjo in zoro,
ko so se kot gledališke miši objemale in navijale
za življenje, med vase obrnjeno stranjo in tisto,
ki jo deliš z drugim ob sebi
v kokonu pomenov med telesoma,

kjer tudi v spanju ves čas teče
drevesni sok vseh misli
 


JUNE THREAD

And not just the weeping,
as with Mrs. Dalloway's trembling flowers,
but it is about the tears returning to their source,
as if travelling through tiny root veins 
up the backbone of a great tree,
a journey enlightening us about the nature of liquids,
their symbiosis with the air that we breathe in sleep –

all of these are signs of feeling for handholds through time, 
of words others speak at such times into morning’s
grey beard of light, between night and dawn,
while like theatre mice they were hugging and cheering
for life, and you find yourself between an inward looking self 
and another that you share with the one next to you
in a cocoon of meanings between two bodies

through which, even while dreaming,
the sap of all thoughts moves 

Translation: Kelly Lenox, Barbara Pogačnik & Ana Pepelnik
First published on Poetry International, 2016


SELITEV

Vrata se postavijo v torzo, noga se ujame
v nasmeh in vse stanovanje se prepusti zamudi.
Selilci prihajajo od vseh strani, celo skozi reže v steni
potiskajo svoje metre,
svoje lepilne trakove, ki odmevajo vse do ulice.
Čakam, da v papir zavijejo vse slike s televizije,
vonje iz restavracij, kretnje, hojo ljudi po mestu.
Merilci srečnih dni in ur družinskega kričanja
prodirajo v lijake in v cevi. Vse, kar smo
kdaj skrili za omare in v podtalje, se razkrito
druži s temi repatimi rakuni.
Golih oči stojimo sredi vseh sob.
V sili razbitih senc, pod do konca popitimi čaji
se našim številnim in neopaznim
odhodom izmika še nekaj drobtin.

Čudno: kot bi se drobtinice postavile med vse
klice, sem z njimi ujeta v sluhu med prostori,
in kot bi me sobe v svojem križanju dvignile
in ne razčetverile.

 
HOME-MOVE

Doors make of themselves a torso, a leg catches
into a smile and the entire flat surrenders to tardiness.  
The removal guys come from all sides, sticking 
their meters even through the cracks in the wall,  
their sticky tapes slapping all the way to the street below.  
I wait for them to wrap up all the images from the TV,
smells from the restaurants, gestures, the flow of people.
The measurers of happy days and hours of family screaming
penetrate into the plug-holes and pipes. Everything we've
ever hidden behind the wardrobes and beneath the floors 
is now openly socializing with these tailed racoons.  
Naked-eyed we stand in the centre of all the rooms. 
From under the impact of broken shadows
and many teas drunk down to the dregs,
a few crumbs slip away from 
our numerous and invisible departures. 

Funny: as if the crumbs had put themselves
between all the calls and I am trapped with them in sound space,
and as if the rooms in their merging were to lift me on high  
rather than quarter me. 
 
© Translation: Stephen Watts & Ana Jelnikar
First published on Poetry International, 2016





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