lunes, 17 de octubre de 2016

MACARENA SOLÍS MALDONADO [19.306]


Macarena Solís Maldonado

Macarena Solís es una escritora oriunda de Valdivia, Chile. Se inicia en el ámbito literario con la publicación de “La marca del fuego”. Este primer libro contiene elementos que son transversales a la experiencia y madurez. Se va repitiendo el tópico y nudo del amor y el desamor, las experiencias de desarraigo y búsqueda de una identidad en medio de la crisis.

La figura de la mujer y el otro amoroso es la línea que estructura el libro. Todo esto, en medio de palabras que van exhibiendo el estado y la urgencia de la catarsis y la denuncia. Abundan los conceptos y adjetivaciones que nos llevan a la demolición: sangre, fractura, asfixia, ahogado, furia, irracionalidad. La palabra intensidad, Dios y golpe se reiteran como un mantra a lo largo del poemario.

Macarena Solís es una joven poeta que corresponde a la nueva camada de autores nóveles, quienes asumen la responsabilidad de tener un rol como escritor con rigurosidad y conciencia política pues su papel como agente activo en el espacio cultural es definitorio para nuevos jóvenes.

Macarena se hace cargo de la atingencia sociocultural y de la agenda político-noticiosa escribiendo sobre feminicidio y estereotipos femeninos en una sociedad donde los paradigmas son establecidos por los mass media y el consumo. [Por Gladys González Solís]

Cierro con estos bellos versos del libro lo que debería ser una máxima para cualquier escritor:

"Mi verdad no necesita
embalsamarse
para obtener la vida eterna.
Arde en una pira
y es en sí misma templo."

*

La muerte no es otra cosa
que la última broma grotesca
de un dios sordo y ciego
a cualquier suplica
y cualquier oración.

*

Navegantes y cigarras.

Perturbando por siempre los impulsos
cruzo las piernas

y contengo la carcajada
que viene siempre a delatar.

Sobre el lomo de un ballenato amarillo
vuelve de pronto la certeza,

vamos a seguir siendo, 
tú y yo,
un relámpago en silencio
estallando
en el punto ciego 
del entendimiento de Dios.

*

Como una suplica que elijo no escuchar
tu voz se pierde en el eco de los nudillos reventados sobre el poste.

Un grito ahogado que no alcanza a ser abrazo
no alcanza a ser razón.

Se apaga bajo los pies de la niña furiosa,
se vuelve moho en la ventana quebrada que nunca quisiste ver.

No queda tiempo, no queda espacio hoy
no es posible la redención,

Solo los asesinos
bajo la bruma de un inverno que no pasa
con las cabezas gachas,
siluetas, testigos indiferentes
de la más baja traición.

*

Toda la deformidad concluye
en un silencio amable entre dos extraños,
temo escuchar un grito
pero no moveré mis dedos,
la justicia deja un sabor horrible al fondo de mi boca,
Quiero apagar las luces
y tenderme de espaldas bajo el sol.

*

Entre las manos
de una señora cuyo nombre desconozco
cabecea y muere mi gato,
la tarde es tibia.

Con fuerza entra
a través de los ventanales
una ráfaga de viento fresco.

Entre risas,
desconocemos el estertor
de su saliva de infante estúpido
ensuciando
por minutos
la pulcra mesa de la habitación.

*

Sobreinterpreto
mensajes inexistentes en el desván.

La pared
recien barnizada
recibe sin prejuicios
nuevos papeles
de nuevas consignas.

Sobreexplico el vacío,
maraña de consecuencias
sin aparente acción previa.

Días, más días,
el aroma que desaparece
políticamente correcto,
el cicloeteno y el peróxido de lo que sea,
un camino pisoteado con demasiada alegría,
demasiado coraje
a falta de fe.

*

Si sabes juzgar,
juzga el color que toma el aire
cuando entre el humo de un cigarrillo
sonríe.

Decide si es moral
la huella que dejan mis dudas sobre las rocas
o el sabor
que podría tener este café
si mis respuestas sirvieran de algo.

Háblame de Ética
sólo si primero me hablas de Verdad,
de lo que escapa a patrones,
de lo que Es porque es más fuerte y no porque deba ser.

Dime que comprendes la bestialidad de lo puro
la irracionalidad de lo honesto,
el peso del silencio cuando todo se vuelve llamas.

Tus reglas no son más que excusas
para justificar tu aterradora mediocridad,
y me burlo.

Júzgame mientras me río

*

Por querer matar la culpa,
está en llagas atrapado el perro.

Cae
sobre un monumento que no entiende
mientras sólo sabe de su lengua,
que pastosa se le pega en el pescuezo.

La mañana es tibia y horrenda,
un par de idiotas
regresan a su casa en silencio
dejando a la pureza morir en paz.

Supones que la música aliviaría,
y supones que eso es un panfleto,
nada más.

*

No nos espera nada en ningún lugar.

La añoranza, el desarraigo,
También la libertad,
Nos golpean la frente como ráfagas violentas,

El espanto, nos abraza con nauseas el esternón.

No hay nada,
No nos espera nada,
No hay estelas, no hay camino,
No hay puertos, no hay luz.

Sólo están
nuestros pies, el abismo
y al medio
nuestros ojos temblorosos
alucinando algo más.

*
La moralidad vacía que te disfraza, 
no opaca por un segundo
el cataclismo furioso que ruge en mi verdad.

No es cierto el silencio, 
es cierto el camino,
el polvo que levantan mis zapatillas
y la mano tibia
con la que pretendes esconder el sol.


*

El sentido,
sordo a los llamados de la belleza,
se esconde y juega

Besa en aventura sin punto,
la tierra bajo las ranuras de sus zapatos
y afirma:

El límite no se puede tocar.

*

Caín no abraza a nadie al final de la ceremonia,
Se queda al fondo,
No comulga en el ritual.

Caín no ansía, marca el paso.
Con los ojos oscuros, espía
Esconde su ofrenda vegana en el pecho
Junto a la patada del asco
Junto a la verdad.

Caín no marcha cada mañana, y no prende la televisión,
Antes que matar a la oveja,
Prefiere matar al hermano,
Antes que babear frente al padre, 
Antes que implorar por la casa en la playa, por el viaje a la nieve
Por las 20 piscolas
Por el recreo para ver el mundial.

Caín se queda en silencio

Camina por el barro y se sienta sobre el cemento frío,
Prefiere matar al hermano,
Prefiere mil veces matar al hermano,
Con la frente marcada en alto,
Caín se funde con el mar.

*

Prefiero morir
irremediablemente sola
A lanzarte el cortés gargajo
de una disculpa ficticia.

Ese dolor si,

No te lo causaré jamás.

*

Éramos amigos
y ahora estás muerto.

La banal tortura escapa
En tu sangre
que empapa mi frente,
Un perro se acerca entre la multitud curiosa.

Estás muerto
No lanzas la piedra
y tu caminar no perturba, 

Nadie se ocupa ya de tu chaqueta sobre mi cama,
Nadie pregunta
por llamadas hipócritas
o vínculos inmortales que se nos fueron al carajo.

Estás muerto,
Finalmente estás muerto,
No puedo ya buscarte entre la gente con culpa,

Y mientras sobre el techo continúa
Golpeando esta llovizna,
La imagen que nunca se aleja
No será más paisaje,
No será más verdad.






La muerte como verdad existencial grabada a fuego: sobre La Marca del Fuego  (Ediciones Oxímoron) de Macarena Solís

Por Fanny Campos Espinoza 

Macarena Solís, autora oriunda de Valdivia, nos presenta su primer libro, La marca del fuego, que reúne poemas numerados del I al XXVI, escritos delicadamente, en verso blanco o libre.

Tal como señala la poeta Gladys González en su prólogo, éste podría leerse como un libro sobre amor y desamor (“Mis manos presionan el recuerdo/la tibieza/la tarde/un puñado de primeras veces y resacas/ lo que llamamos amor.”); y en cierto modo, también, político, en clave de género, como se aprecia en un par de poemas (La noche era tibia y clara/cuando Francisca decidió caminar./ Horas más tarde/ su cadáver sería arrastrado/ medio desnudo y con el cráneo roto a través del humedal), pero que, a mi parecer, escapan del tono general del libro.

Más bien, sostengo que el texto es principalmente existencialista, ya que trata, de modo más patente, de la búsqueda angustiada de una “verdad” que no es racional ni abstracta, sino que está dada por el “ser” y su enfrentamiento con la muerte, su mortalidad como único destino cierto, el “camino trazado”, “esta cárcel de humanidad”, lo que algunos como la hablante llaman “destino”, “tiempo”, “mandato” o “Dios”, expresión esta última, que junto a “verdad”, “golpe”, “nada” ,“infinito”, “intensidad”, se va reiterando en varios poemas; por lo que se trata de una especie de existencialismo, pero no ateo, sino espiritual, en el que subyace la idea de Dios e infinito, a la manera de Kierkegaard, o incluso agnóstico, a lo Camus, en donde la existencia o no de Dios, poco importa.

“Reconocer en la nada/ el crepitar del destino (…)” (II); “La dimensión donde el infinito y la nada se unen…” (XVII); “Caminar en línea recta al infinito.” (XIX)

Aunque en los últimos poemas, aparecen personajes con nombres propios (Francisca, madre asesinada en la calle; y Caín, el hermano bíblico de Abel, que también lleva la marca en la frente); en el resto del libro, no se emplean nombres propios, sino a un yo y a otros innominados, tanto en tercera persona como fundamentalmente apelando a una segunda persona singular. El libro se pasea por todas las personas singulares (yo, tú, el/ella), incluyendo también lo pretendidamente neutral o axiomático; pero lo que más se reitera es la voz apelativa a un tú.

No obstante que varios textos están escritos en primera persona describiendo a un yo, lo que es, piensa o siente (poemas III, IV, V, IX, XIII y XVIII), y otros, de modo impersonal, como si se tratase de sentencias (VII; X; XI), o describiendo a un otro en tercera persona (poemas VIII; XXIII; XXVI) o tal vez a una otra que fue quizá ella misma en un pasado (“La niña fea abraza sonriente el silencio a diario. / No es ojos del padre/ no es orgullo en ninguna canción.”, XXI); mayoritariamente, los poemas están escritos en función apelativa (I,II, VI, XII; XIV; XV; XVI, XVII; XXIV; XXV), en especial, a un otro que muere. ("Te miro a los ojos/ y disparo”… Lo rompo todo/ con el golpe seco de tu cuerpo sobre el concreto".); ( “Éramos amigos, ahora estás muerto”…). ¿A quién se apela en gran parte de los textos?

Que el libro esté dedicado al padre, aunque sólo sea al padre de la autora, cuya biografía desconozco y no viene al caso conocer; bien podría ser un indicio. ¿Se trataría de un padre que por alguna razón abandonó a la hablante? ¿Acaso Dios mismo?

Se trate del duelo producto de la muerte del padre o de cualquier otro ser, la razón que nos evoca el libro es la muerte, real o simbólica, porque la hablante la arremete contra Dios, y para la mayoría de las tradiciones religiosas, es éste quien supuestamente nos quitaría la vida que nos habría dado, de acuerdo a esas creencias, llamándonos a su “reino”.

“Tú no hieres/ Hiere Dios”

Y de acuerdo a los mismos dogmas religiosos, este supuesto llamado divino que nos arrebataría a los/las amados/as, se supone que debiéramos aceptarlo resignados/as; pero no hay resignación posible para algunos/as que llevan “la marca del fuego”.

¿De dónde esa cicatriz que da título al libro, y coherentemente, se ilustra en la portada y portadilla de esta primera edición? Inevitable no recordar al joven poeta Raúl Zurita quemando su mejilla en los tiempos del asco, para encarnar la angustia propia del momento político dictatorial que se vivía en Chile por entonces, en su propio cuerpo quemado, su poema vivo y carne. En este caso Solís nos propone una cicatriz de quemadura, pero no ya auto-infringida en su carne, sino en la palabra y en el silencio, y en los tiempos de la dictadura ya no militar y concreta, sino de la dictadura de la nada. ¿De qué fuego proviene esa marca? Solís precisa que del fuego propio de “la verdad”, que “arde en una pira/ y que es en sí misma templo”, pese a lo mucho que queramos que “se vaya, y se muera”, pues ya no podemos “abrazarla más”.

“En el centro/ los ojos golpeados”.. [-yo añadiría quemados-] …”a tientas mantienen con vergüenza/ el deseo de triunfar/ y reinar/ las dictaduras morales de la nada.”

Este tono dramático-claro-oscuro, cargado a lo místico que posee el libro, inevitablemente nos evoca la tradición poética de autores como Humberto Díaz Casanueva, Rosamel del Valle, Carlos de Rokha, Stella Díaz Varín, y me recuerda unos versos de Gonzalo Rojas: “Como el ciego que llora contra un sol implacable, me obstino en ver la luz por mis ojos vacíos, quemados para siempre.// ¿De qué me sirve el rayo que escribe por mi mano? /¿De qué el fuego,/lo hondo, /¿de qué el Mundo?”

Y es que la muerte, como sol implacable, desde que el hombre-mujer es humanidad y el mundo es mundo, ha quemado, quema y seguirá quemando no sólo nuestros ojos ante su verdad, que se presenta como única certeza que nos ciega, y a nuestro rostro como cicatriz impuesta por la pérdida, sino que aún más, dejando una huella indeleble muy adentro, en aquello numinoso a lo que Solís no temerá llamar “espíritu”; pese a que sea esa una palabra demasiado añeja e insustancial, cuyo empleo literario-poético pudiera ser mortal en nuestros días post-parrianos.

“Revientas mi espíritu/ en cascadas cristalinas”; o en otro sucinto poema, “El espíritu acribillado/ dejó manchas profundas/ en la sala de estar.”

Abordar la búsqueda de una “verdad” en estos tiempos post-modernos, lejos de ser absurdo, es tal vez, únicamente, parte de la naturaleza humana, si es que existe tal cosa, y no temer a persistir en ese intento, es lo que revela la honestidad que se palpa en estos versos, que dan cuenta, tal como lo hace Rilke, un poeta que influyó a muchos existencialistas, de una verdad que no es otra que el falaz oxímoron insuperable de la vida-muerte, porque “La belleza, no es sino el comienzo de lo terrible…”, porque “Todo ángel es terrible”.

Sobrevivir a alusiones anacrónicas y salir bien parada de ellas, en medio del derrumbe de las certezas, revela oficio y es demostrar, con esta ópera prima, que existe potencial en esta nueva autora, y que una “verdad” está con ella, verdad que en su propia definición es “la irracionalidad y la furia ( …)/ El camino que estalla glorioso/ entre los dedos mugrientos de Dios”; y eso sí, como buena existencialista, muy lejos de la moral (no así de la ética), porque “no hay moral/ en nada que sea honesto”.



Macarena Solís Maldonado:

“Escribo desde la emoción que genera el vivir una vida completamente privada de sentido, en un sistema que se está cayendo a pedazos.”
La marca del fuego, Ediciones Oxímoron, 2016.

Entrevista por Ismael Rivera.

— Dice Gladys González en su presentación a tu libro que "abundan los conceptos y adjetivaciones que nos llevan a la demolición: sangre, fractura, asfixia, ahogado, furia, irracionalidad." ¿Nace, efectivamente, de esta pulsión tu poesía?
— No sé si tanto como a la demolición...Yo no lo siento así, pero tengo que hacerme cargo si genera eso en quien la lee. Creo, que mi poesía nace de la intensidad, y a veces eso puede ser demoledor y sangriento (risas), pero también puede mutar y de pronto ser súper zen... Lo importante para mí es que las emociones sean honestas e intensas, y me gusta pensar lo mismo con respecto a mi poesía.

— ¿Cómo ves o cómo consideras el oficio tras el poema?
— Para mí el poema nace de forma súper explosiva y espontánea, con una sensación o una imagen, que te genera algo que necesitas plasmar. Es la parte más visceral del asunto, creo. Luego vienen las 3 millones de ediciones necesarias para que el garabato que hiciste con esa llama inicial, tome forma de algo, y ahí es donde realmente aparece el oficio, en esas millones de pequeñas transformaciones que te llevan, en el mejor de los casos, a poder transmitir la idea o el sentimiento que querías transmitir en un comienzo. En mi caso particular, el proceso tiene harto de morir y renacer continuamente, aunque suene un poco cliché, porque me gusta atravesar las emociones sin anestesia, como una ducha fría, como una patada en la cabeza, y eso a veces involucra morirse un poco, pero para mi es importante llegar hasta el fondo, no me interesa escribir cosas que suenen bien y no generen ninguna emoción en nadie.

— ¿Qué dimensión posee lo político en tu poesía? 
— Bueno, claramente sobre actualidad internacional no escribo (risas), pero eso no quiere decir que lo político no esté presente tácitamente, porque en el fondo escribo desde la emoción que genera el vivir una vida completamente privada de sentido, en un sistema que se está cayendo a pedazos. Lo que disfraza mi crítica, creo, es que suelo dirigirla directamente hacia el mono con navajas que, me imagino, decide y permite nuestros destinos. Me lanzo directamente contra dios.

— Cuéntame un poco cómo ha sido el proceso de sacar tu primer libro.
— Ha sido entretenido y aterrador en igual medida (risas). Entretenido porque me gusta escribir y todo lo que se acerque de alguna forma al proceso creativo, y en la cotidianidad del trabajo científico no tengo muchas oportunidades de realizar cosas por el estilo. Fue desafiante aceptar por primera vez cambios sugeridos por otra persona, y me gustó eso, el sentirme cuestionada, en el buen sentido de la palabra, por gente que creía en el material y en el libro que se podía conseguir finalmente. Y bueno, aterrador simplemente por la exposición. Escribir poesía, para mi al menos, tiende a ser un poco dejar las entrañas sobre la hoja, y tenía cierta resistencia al imaginar a un montón de extraños escarbando entre mis entrañas, pero es sólo una cosa de primerizos, supongo.

— ¿Algo que quisieras que te preguntara?
— En la presentación del libro, Gladys también dice que mi poesía ronda continuamente la idea del amor y el desamor, no recuerdo exactamente como lo dice, pero lo dice,  me gustaría poder defenderme de tamaño insulto, jajajajaja:

De nuevo, tengo que hacerme cargo si eso es lo que se lee, pero creo que más bien sobre lo que rondo es sobre la idea de la pérdida de un algo atesorado, de un sentido de vida o de hermandad, de comunidad. Supongo que eso se puede leer también como amor, pero un amor más universal, más humano y menos Disney.

Creo que cae de cajón también alguna pregunta sobre mi inusual curriculum, por qué Periodismo y después Bioquímica, o como se compatibilizan la ciencia con la poesía, algo así:

Yo empecé a escribir a los 5 años y no paré más. Me pasé la niñez y la adolescencia enteras escribiendo y leyendo. Por eso cuando entré a la U lo más lógico fue buscar una carrera con letras, pero en Valdivia la única opción era Periodismo y no me gustó. Entrar a Bioquímica fue un salto al vacío, sabía que siempre me había ido bien en Química y Biología, pero nada más, no recordaba nada, y lo hice porque me pareció que era aquello que subyacía a la vida, que estaba presente absolutamente en todo, que era lo esencial, lo que no sigue moralidad sino que Es porque Es; y en ese sentido, se parece bastante a lo que busco cuando escribo, así es que me parece que, al menos en mi caso, son super compatibles. Además la ciencia te brinda millones de fuentes de inspiración a cada rato, puede ser preciosa la vida a otras escalas.





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