miércoles, 25 de septiembre de 2013

JOSÉ TOMÁS ANGOLA HEREDIA [10.563]



José Tomás Angola Heredia  

Escritor, dramaturgo, poeta, narrador, director y actor teatral venezolano. (Caracas, 7 de septiembre de 1967).

Es periodista egresado de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) de Caracas, Venezuela en 1989. Hizo cursos en el Freedom Forum (Nueva York, USA) y en la Columbia University (Nueva York, USA) en 1995, así como en el CIESPAL de Quito, Ecuador, en 1993.

Premios

Su obra poética mereció en 1996 una mención en la Bienal Nacional de Literatura “Miguel Ramón Utrera” del Estado Aragua.
Obtuvo en el 2001 el Premio Municipal de Teatro de Caracas.
En el 2004 se hizo acreedor a una mención en el VII Certamen Internacional de Teatro Breve de la Ciudad de Requena, Valencia, España.
En el 2005 obtuvo uno de los más prestigiosos galardones que se otorgan en su país para la narrativa, el premio del Concurso de cuentos de El Nacional, en su edición 60, por el relato Plano Amoroso de Ciudad.
Plano amoroso de ciudad es la obra ganadora del 60º Concurso Anual de Cuentos de El Nacional. 
Entrado en los 40 años, con la tranquilidad que otorga la medianía del ciclo vital, José Tomás Angola es un comunicador social que ha explorado con éxito diversos géneros literarios como la poesía, la dramaturgia y el cuento, ejercicio que le ha hecho acreedor de diversas distinciones como la mención de honor en la Bienal de Poesía Miguel Ramón Utrera (1996) y el Premio Municipal de Teatro (2001). 
También obtuvo en 2004 la mención de honor en el Séptimo certamen internacional de Teatro Breve, en Valencia (España), por su obra Bombardero sobre Londres. Linares, Albinson (2005). «José Tomás Angola: "Hablar de Marx es como ver un cavernícola"». EL NACIONAL, 30 de julio de 2005.

En noviembre de 2007 la Fundación Venezuela Positiva lo honró con el reconocimiento Amigo de Venezuela, en un acto presidido por el Dr. Heraclio Atencio Bello.
En el 2008 recibió la Medalla Vicente Gerbasi por su obra póetica, otorgada por el Círculo de Escritores de Venezuela y entregada por la junta directiva de la institución formada por Carmen Cristina Wolf, Atanasio Alegre y Luis Beltrán Mago.

Obra literaria

Algunos de sus libros son:

“Una vaca en Nueva York”- poesía- (Ediciones La Máquina Teatro, Caracas, 1997)
“De teatro y héroes” -teatro- (Padilla libros, España, 1999)
“Bombarderos sobre Londres” -teatro- (Fundación Ciudad de Requena/ Arrabal teatro, España, 2005)
“Cuarenta años haciendo daño, Alfredo Escalante por Alfredo Escalante” -crónica- (Alterlibris/ Fundación Nuevas Bandas, Caracas, 2005)
“Sin freno concebido” –poesía- (Editorial Actum,Caracas, 2006)
“Todas las ciudades son Isabel” –narrativa- (Editorial Equinoccio, USB, Caracas, 2010)
“Esa noche llamada muerte” –narrativa- (Los Libros de El Nacional, Caracas, 2013).
Nuevamente la editorial Actum sorprende con un poemario, Sin freno concebido, de José Tomás Angola. Puede ser que el personaje de sus páginas sienta que ha perdido la sindéresis y se lance en carrera hacia su propia sombra amenazante, pero el teclado de la computadora no se vio apresurado por el autor, porque este es un libro muy bien pensado y de medida exacta.
De primer momento, los versos producen un desasosiego creciente, una tristeza de barranco. El que lleva la voz es a veces un automóvil, a veces el chofer o un pasajero, siempre embalado hacia quién sabe cuál destino, exasperado y solo, sin entender por qué está en medio de la vía y de la vida.
Wolf, Carmen Cristina (2007). «José Tomás Angola: Sin freno concebido». Letralia. Consultado el 14 de julio de 2008.
Como ensayista ha escrito para las revistas “Criticarte” (FUNDARTE), “Chasqui” (CIESPAL, Ecuador), “Equinoccio” (Círculo de Escritores de Venezuela) y el Diario 2001. Es colaborador habitual del Papel Literario del periódico El Nacional. Varios de sus ensayos aparecen en la antología “Chávez de papel” (Editorial Actum, 2003), y su ponencia sobre el teatro de Arturo Uslar Pietri fue editada por la Universidad Metropolitana de Caracas, recopilada junto a otras conferencias, en el libro “A los amigos invisibles, Visiones de Arturo Uslar Pietri” (Universidad Metropolitana, 2006) en el marco del centenario del nacimiento de este autor. En 2013 participó con el ensayo "El distraído camino hacia la divinidad" en el “Libro homenaje a Vicente Gerbasi” (Fundación Vicente Gerbasi), junto con autores como Edda Armas, Victoria De Stefano, Patricia Guzmán, Joaquín Marta Sosa, José Pulido y Alfredo Pérez Alencart.
Como recopilador ha preparado la “Antología Esencial” del poeta Luis Beltrán Mago (Círculo de Escritores de Venezuela, 2008) y el volumen “3 obras de teatro” de Alejandro Lasser (Círculo de Escritores de Venezuela, 2009). Para ambos títulos preparó los estudios críticos que les sirven de presentación.
Sobre su obra narrativa o poética han escrito Carlos Pacheco, Carlos Sandoval, Violeta Rojo, Alejo Urdaneta, Enrique Viloria Vera, Miguel Gómes, Eduardo Casanova, Oscar Sambrano Urdaneta, Carmen Cristina Wolf y Alfonso Molina entre muchos otros.
Su obra dramatúrgica ha sido escenificada en Venezuela, México, España y Estados Unidos y ha sido motivo de análisis por críticos como Edgard Moreno-Uribe, Carlos Herrera, Javier Vidal, Morella Alvarado Miquilena, Luis Alberto Rosas, Diego Casasnovas e Irene Hernández Medina.
Grupos teatrales de Venezuela como Bagazos, Cannovaccio, Delphos y La Máquina Teatro han escenificado sus piezas, que ya sobrepasan la quincena, en ciudades como Maracaibo, Mérida, Puerto La Cruz, El Tigre, Guatire y en Caracas en espacios como el Teatro Teresa Carreño, el Ateneo de Caracas, la Sala Rajatabla, la sala Alberto de Paz y Mateos, el CELARG, el auditorio CorpGroup y el teatro Trasnocho. Además sus dramas han sido presentados en el marco de Festivales Internacionales como el de Oriente (Barcelona, Venezuela 2004) o el de Arte Contemporáneo de Colima, México, en el 2002. En el 2010 su pieza “El pasajero de la fragata” fue escenificada en el auditorio de Casa América Catalunya de Barcelona, España. Ha participado en eventos, ponencias y conferencias en Casa América Madrid, en el Instituto Cervantes de Estocolmo, en el Instituto Cervantes de Río de Janeiro, en el Festival Balada Literaria de Sao Paulo edición 2010, y en el Centro Cultural García Márquez de Bogotá.
Con José Tomás Angola (Caracas, 1967) la inquietud por interrogar, investigar y proponer, desde territorios que van de lo personal a lo histórico, se patentiza en una serie de textos que compromete con rigor una dramaturgia llena de ángulos discursivos. 
Contar con el apoyo del director y dramaturgo Gerardo Blanco, y su grupo Bagazos,  para Los seres sobre las camas (1992) y Las cartas de Gabriel (1993), ayudó a Angola  en sus primeros escarceos en el territorio profesional. Luego, con perseverancia al  frente de La Máquina Teatro, el dramaturgo ha ido concretando escénicamente sus creaciones  con grado más o grado menos de reconocimiento. El público (1995), El molino (1996), Josafat del desierto (1998), ¿Y si no amanece? (2000), El pasajero de la fragata (2000), Uno de  los sesenta (2001) y otras piezas, aún en espera de ser montadas y editadas como Los bombarderos sobre Londres (2001-2002) o Greta y John (1996), lo exponen como un escritor lúcido, deseoso de seguir afianzándose.
Herrera, Carlos (2005). «Dramaturgia reconocida vs. ¿Dramaturgia represada?». Revista Conjunto. Casa de las Americas. Consultado el 21 de noviembre de 2008.




PRISIONERO ERES

Prisionero eres, Luis,
de infortunios y mentiras.
Prisionero entre calizas,
cercando tus pasos y la vida.

Pero no comprenden, Luis,
que tu piel es cárcel de más tomento.
Carne que te abraza de deseos,
carne que te viste de instintos,
carne que te colma los sentidos 
y te hace títere de tus nervios.

¿Cómo liberarte de tamaña pena?
¿cómo salir de mazmorra tan grotesca?

Se te vuelve la noche, Luis,
catedral y ermita,
con la luna de altar
y el cielo de presbiterio.
Arden los cirios como estrellas
y tú, Luis, que cara al piso rezas,
imploras por la llave de la celda,
pero no por la de piedra.
Por la prisión de tu existencia.
Que te releven del castigo de ser hombre,
vencido por el frío, por el fogaje,
por la lascivia, por la codicia.
Rendido por el hambre,
rendido por el miedo,
rendido por la fama,
rendido por lo infecto.
Hombre de fronteras finitas,
de ideas marchitas,
de goces pequeños.
Hombre urgido del ahora,
de preguntas y secretos.

Prisionero eres, Luis,
pero es tu esencia el carcelero.
Y como todos vives la condena
de un castigo ejemplar,
de ser penado, cárcel y guardián.

En noche sorda,
con el rostro en el suelo
oras en tu encierro
por el milagro de la huída,
por la bendición del destierro,
por el perdón de tus defectos.

Mas como todos, Luis,
prisionero eres,
y sólo queda rezar con la luna de altar
y el cielo de presbiterio.
Rezar para hacerse notar,
para que Cristo nos dé consuelo.

Pero prisionero eres, Luis,
como todos en esta aflicción,
no importa el nombre en la dermis
llamándote Fray Luis de León.

http://www.crearensalamanca.com/







A propósito de la obra: 

"Sin freno concebido", poemas de José Tomás Angola Heredia

 por Alejo Urdaneta 


EN LA ERMITA DEL POETA

El poeta José Tomás Angola sale de su recinto embrujado y vive la cotidianidad para topar con la calle y los hombres y las cosas; y se sumerge en el mundo. Todavía queda un resto de aislamiento dentro de la cámara metálica desde donde puede observar su alrededor y verse a sí mismo como otra pieza de la ciudad, como otro personaje:



Mi rostro se vuelve viruta de cristal.
Como en la fotografía de un alarido
mi cara es imagen latente en el parabrisas.



Estar en el orden unitario de los hombres y las cosas no impide a nadie percibirse en la entidad solitaria del yo, aunque estemos expuestos dentro de una campana de vidrio. 
Allí está la multitud, que parece indistinta a una mirada ligera y superficial. No vemos todavía la innumerable variedad de las figuras humanas y los objetos, en nuestro andar en el automóvil por la ciudad que oculta sus formas. Hay vestimentas y apariencias, actitudes que se descubren en rostros que apenas apreciamos. El poeta hace suspensión de la realidad informe para colocarla fuera de su contemplación, y es como si despertara dentro de su cofre de luces y comenzara a ver y a verse:
Y nos dice José Tomás:



Me habla un hombre
y su voz inaudita me hipnotiza;
algo dice y sólo escucho
el seco y sordo estruendo de mi rostro lívido
contra el cristal
una y otra vez.



La multitud de afuera es tan diversa como la suya propia, la que implica sus múltiples maneras de existir. En este momento de paso por la calle ve la sociedad de los hombres y la comunión de las cosas. Los cementerios parecen carreteras donde reposan beodos y santos cuyos nombres se descuelgan de diminutas cruces, nos advierte el poeta. Y al seguir su itinerario vemos lo que él nombra: Está aquí el solar iluminado de los que parecen satisfechos; poseen el aspecto de gravedad e importancia de quienes creen tener en sus manos el destino de los demás. Y está más allá, no tan lejos como para hacer diferencia, la sociedad de los dependientes, aquellos que no pueden elevar su voz porque son acallados por el rechazo. Y ves también, por doquier, los retirados de la vida que ocupan los bancos de las plazas, sin tarea ni destino, abrumados por la enfermedad, la vejez o la inutilidad. Y los que venden mientras otros cantan, y los que esperan que se encienda alguna esperanza.




Es la voz del poeta ante el movimiento del mundo:
Ir y venir y siempre el beat confuso
que se abre en escarlata doloroso.
Eterizado por angustias y vidrios
soy pasajero de la cama
que una ambulancia engulle.
Ulular como si el canto lo fuera todo,
como si el lamento circular proclamara
este extravío que me acompaña...




El poeta paseante de la ciudad va acomodando su angustia a la del pequeño cosmos, afuera del vidrio. Ya en su mente circulan ciudades iletradas, y canta él también la misma canción del organillero. Afuera de su individualidad, “los ataúdes de aluminio ruedan con destinos secretos, en direcciones inútiles”. El poeta recibe las señales de otros que lo llaman cuando acechan con luces altas, y comienza nueva etapa de su viaje interminable por ciudades iletradas. 
Por un momento cree José Tomás haberse librado del camino y toma conciencia de que su viaje tiene sentido.
Nos dice, entonces:




Te habrás librado del camino
cuando ya no escuches el jadeo que siempre
te acompañó,
cuando la niebla repte por el hombrillo
y la ventana ya no te proteja del viento macilento.
Te habrás logrado zafar de esta sucia estancia
y celebrarás tu suerte...



Y es que todo viaje tiene señalado su camino, aunque no lo hayamos diseñado a voluntad. José Tomás cree haberse liberado de la senda y apoderado de la niebla, al salir de la sucia estancia – ¿será el automóvil o será la nada que lo anuncia para que nazca al mundo? El poeta ha partido y ha vencido el llanto y la mudez y la miseria. Quizá sea como el viaje del poeta de Alejandría hacia Itaca: espléndido; pero también sabes que en el viaje, igual que al viejo poeta, la ciudad irá contigo adonde vayas. 
¿Y las cosas? Ellas tienen también su mensaje para el poeta y entablan una conversación con él; le dice el automóvil su queja:




Yo también he querido morir,
cocodrilo encunetado,
prendiéndome fuego como un bonzo,
dejando que el metal y el plástico se achicharren,
para que nadie más pueda recordar cómo lucía.



El ruido oculta las cosas de tu contemplación, mezcla de objetos que no tienen identidad ni figura: están en la masa del Ser y no permiten su consolidación en la unidad tranquilizadora. Nos impide el ruido percibirlas y escuchar los lamentos y los espasmos de la naturaleza, y con su avasallante dominio ciega la presencia de las cosas en el camino por la ciudad. Eso conmueve al transeúnte cuando el climax de la bulla lo atormenta.
Vence el poeta el asedio y puede acercarse a las cosas de la calle: árboles, pórticos, luces de neón, campanas, alguna vez un gorrión, allá en aquel parque que apenas pudiste ver a distancia. Y también el descanso en el bar está pleno de cosas: las vetas de la madera del taburete, el camino de las mesas, las botellas como teclas de un órgano de iglesia, el vaso que te brinda el motivo para la meditación pasajera. El poeta está en el espejo pulido de una ciudad. Se amplía la escena en el teatro de cemento.
Cuando en tu andar afanoso ya no estés en tu nave de hierro, caminarás por una calle turbia y a tu lado miles de pasos irán contigo. Hallarás callejuelas y voces, y sólo tus recuerdos serán compañía. El frío avivará tus deseos y la música de la noche sonará a lo lejos, como la dicha que buscas:




¿Recuerdas, caminante?
el frío desgarrando romances
y nosotros buscando el jazz oscuro
en un local tan pequeño como la dicha.



El mundo que perseguías dentro del automóvil sigue allí. Cada hombre de la calle es un hombre de la multitud, como en el cuento de Edgar Poe: la persecución de un hombre que se desplaza dentro de la multitud de un pequeño barrio de Londres, sin detenerse mucho tiempo, de un lado a otro, con aspecto desesperado. En cada línea del cuento de Poe amenaza una catástrofe, pero al final todo se resuelve en algo tan sencillo y tan humano como la soledad En el fondo, el perseguidor descubre lo que representa ese andariego arquetipo de la solitud: se niega a estar solo. La persecución del poeta desde el arcón metálico ha sido la de sí mismo. Has puesto, José Tomás, el escenario en tu contemplación y eres parte de la trama, para nacer a la vida de allí en la vereda, tan cerca, y crearte tu propio universo que nos comprende a todos en sus espacios y emociones intransferibles.

___________________
Alejo Urdaneta, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.



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