lunes, 29 de junio de 2015

AARON TSEITLIN [16.389]


AARON TSEITLIN

(Uvarovich, Rusia, 1898-Nueva York, 1973)



Antología poética de Aarón Tseitlin
Por Eliahu Toker


También a mí me disgusta la metáfora vacía, / también yo soy, como tú, un realista, / sólo que mis realidades / no alcanzan para ti. // Yo también desprecio la retórica, / sólo que Dios es real para mí, / el alma, para mí, algo tangible / y concretos la culpa y Satanás. // Todo lo que para ti es retórica, / para mí es real y natural, / no meras palabras, versos a pulir, / materia literaria. // Mi verdad tiene otro rostro / que forjaron generaciones, / y otro es mi realismo, / el realismo de un judío.



Este texto de Aarón Tseitlin resume el misticismo que atraviesa toda la obra de este poeta ídish, cuya íntima relación con la figura divina se expresa dialogando a menudo con ella, peleando, imprecando e, incluso, apiadándose a veces de la impotencia de ese Dios. “¿Y tal vez Él no sea tan gran Señor / como los filósofos lo consagraron? / ¿y tal vez padezca igual que la gente? / ¿y tal vez no sea en absoluto tan poderoso? / ¿y tal vez golpee al portón de los mundos / cada noche, como un mendigo agobiado?”


Primogénito del famoso escritor y pensador religioso Hilel Tseitlin, Aarón nació en 1898 en Uvarovich, Rusia Blanca, y en 1907 se radicó con su familia en Varsovia. Poeta, ensayista, dramaturgo y periodista, utilizaba el ídish como su principal lengua de expresión poética, pero con idéntica soltura creaba en hebreo. En esta lengua publicó en dos grandes tomos una suerte de antología titulada Ha’metsiut ha’ajeret, La otra realidad. Pero no se consideraba un escritor bilingüe: “Yo escribo en una sola lengua, en la lengua sagrada ídish y en la lengua sagrada hebreo; se trata de una sacralidad lingüística interior. Cuando compongo un poema en ídish no me doy cuenta de que estoy escribiendo en ídish y lo mismo me pasa al escribir en hebreo. La que yo utilizo
es la lengua sagrada del alma judía, de todas las almas judías”.

Ligado al movimiento expresionista, redacta en Varsovia desde 1930 una revista literaria, Globus, interesada en profundizar problemas de poética. El judaísmo no estaba de moda por ese entonces en el mundo literario, y mucho menos el misticismo judío —la revolución social era considerada la respuesta a todos los problemas de la humanidad—, sin embargo Tseitlin no sólo continuó desarrollando poéticamente su particular visión de mundo, sino que lo hacía sin ocultar sus dudas y contradicciones.

“Yo no sólo no escondo mis contradicciones íntimas, sino que les doy especial
expresión, las subrayo. Más aún, no puedo imaginarme una poesía que no esté movida por fuertes conflictos interiores. Dicen que soy un poeta religioso, pero la poesía, en la medida en que merezca ese nombre es, a mi juicio, de todos modos religiosa, siempre que no se entienda ese término en un sentido estrechamente ritual. Es religiosa incluso cuando blasfema. Pero en mi caso, yo diría que más que la religión lo que me ocupa es la fe. Y yo definiría la fe como algo dinámico y dialéctico; es decir, no algo cerrado y congelado, sino como un proceso continuo. Un personaje de Dostoievsky dice en alguna parte ‘Durante toda la vida me torturó el tema Dios’. Esto es lo que yo llamo fe.”

Algunos de sus poemas ironizan a los escépticos: “Ustedes dicen: ‘¿Qué nos importuna / con realidades diferentes de esta / que conocemos por nuestros sentidos? / Con los dos pies estamos parados aquí / sólida, segura y concretamente. / También a la luna hemos de acostumbrarla / a los pasos del hombre. / Hemos de instaurar / nuestra realidad / sobre las estrellas / y ellas han de volverse mundos /iguales al nuestro. / También allí, sobre aquellas tierras, / hemos de erguirnos sobre ambos pies, / sólida, segura y concretamente.’ // Pero tontos, ¿es que acaso están parados vuestros pies? / 

¿Está la tierra detenida acaso? / Por el contrario, / la tierra es sólo una porción de cielo. / Junto con ella viaja el hombre; / junto con ella, sus pies. / Sólo esto es seguro y concreto: / todo es espíritu y está en el espíritu; / todo está en los cielos, y es cielo”.
Desde ya que una parte importante de la poesía de Tseitlin está marcada por la Shoá, durante la que fueron asesinados su esposa y su único hijo, mientras él estaba ausente de Polonia. Pero resulta sobrecogedor encontrar entre sus textos, como entre los de otros poetas ídish, uno premonitorio, escrito en Varsovia en 1933: “¡Quién tiene la culpa de que sucumbamos, / de que no sepamos qué hacer con nuestras vidas! /.../
Quien sucumbe es culpable. Desolación es culpa; / y la culpa es castigo, y el castigo no ha de omitirnos / porque se rebasaron las medidas / y lo que una mano siembra, ha de cosecharlo. // Gases han de asfixiarnos. Hemos de yacer bajo cenizas / y el verdor heredará las parcelas muertas; / y una joven lluvia lavará la vieja tierra / y las cosas hablarán una nueva lengua / y Dios descenderá y resonará la risa de los niños”.

Y también cabe un paralelo entre Tseitlin y otros poetas judíos, en la expresión de la culpa por haber sobrevivido. Escribe Tseitlin: “Me fui a tiempo y Dios ocultó / de mí los horrores. / ¿Por qué? ¿Por qué me fui de Polonia? // No tuve el privilegio de andar con mi pueblo / la senda de fuego, / y me tortura, como un pecado imperdonable / la culpa de seguir viviendo, / de seguir viviendo y haciendo versos”. Del mismo modoescribía Leivik: “Yo debí morir con vosotros / pero las fuerzas me faltaron, / y ahora lo hago todo por ocultar / el debatirse de mi verbo, de mis manos. // Ni la ira ni el dolor ayudan a ahogar / en sus abismos tormentosos mi culpa de ser; / la culpa de que las llamas de Treblinka / hayan omitido mis entrañas”.

Pero, sin embargo, Tseitlin se apiada de Dios: “Me dan ganas de blasfemar por el dolor, / de blasfemar por el desastre que nos sucedió, / pero percibo la desventura del Creador; / puede que ella sea todavía más atroz. / Tras Maidanek el Creador es un Job, / un Job que no puede demandar a un Creador; / y cuando yo increpo, Él mismo increpa en mí. / En Él el llanto / y todas las penas en Él. // Enloquecidamente gira un círculo en un círculo, / y por los años que se hunden en maldad, / se deja oír —y yo también lo percibo— ese gemido, / el gemido de pena por Dios”.

En 1940, tras pasar diez meses en Cuba, a la que dedica un ciclo de poemas, Tseitlin se radica en los Estados Unidos, donde aparecen, en 1967 y 1970, dos grandes volúmenes que reúnen toda su obra poética en lengua ídish: Lider fun jurbn un lider fun gloibn, Poemas de desolación y poemas de fe. Poco después, en 1973, fallece en Nueva York. 





Ser judío

Ser judío significa correr hacia Dios siempre
aun siendo alguien que huye de él;
es esperar escuchar cualquier día,
aun siendo ateo,
la trompeta del Mesías.

Ser judío significa no poder abandonar a Dios
aun queriendo hacerlo;
significa no poder dejar de orarle
aun de vuelta de todas las plegarias,
aun de vuelta de todos los aúnes.




Si ves sufrir y no te enfureces

Alábame, dice Dios, y sabré que me amas.
Maldíceme, y sabré que me amas.
Alábame o maldíceme
y sabré que me amas.

Canta Mis gracias, dice Dios.
Levanta los puños contra Mí e injúriame, dice Dios.
Canta Mis gracias o injúriame;
también la injuria es una alabanza.

Pero si permaneces encerrado en tu indiferencia,
y atrincherado en tu qué-me-importa, dice Dios,
si miras las estrellas y bostezas,
si ves sufrir y no te enfureces,
si no bendices ni injurias,
significa que te creé en vano, dice Dios.




Una lluviecita

Ángeles que no crecen ni mueren;
planetas cansados que rotan sin fin
sobre sus propios ejes;
seres de lejanas galaxias cósmicas,
envidian a una lluviecita que salpica,
mezclada con sol, rápida y luminosa;
que, como la vida,
llora un poquito, ríe un poquito y desaparece,
dejando, por toda herencia, sobre la tierra,
un retoño verde. 




Respecto de mí

Soy metafísico y periodista:
busco la rima
entre eternidad y desperdicio.

Soy la necesidad de Dios del ateo
y la melancolía del humorista.

Soy un bufón:
mis realidades
se burlan de vuestras realidades.

Hay en mí un muerto
que observa
cómo yo, el viviente, vivo.

Soy un sectario
que no pertenece a secta alguna.

Mi ojo pretende ver el mirar.
Mi oído quiere escuchar el oír.

Porque a la muchedumbre le resulta sospechoso todo sí,
tomo venganza sin los sabios noes.

También sobre la palabra y sus sentidos
quiero encender un nuevo ojo;
como una estrella, un tercer ojo:
el tercer ojo del ciego.





Yo soy yo, más…
(Fragmento)

Yo soy yo, más
un libro que leo,
más años que van y vienen,
más todas las máscaras que llevo de día,
más lugares por donde ambulo
de noche en sueños,
más todo lo que quiero y espero,
más todos los todos, sin límite ni término.




Ustedes dicen...

Ustedes dicen: “¿Qué nos importuna
con realidades diferentes de esta
que conocemos por nuestros sentidos?
Con los dos pies estamos parados aquí 
sólida, segura y concretamente.
También a la luna hemos de acostumbrarla
a los pasos del hombre.
Hemos de instaurar nuestra realidad
sobre las estrellas
y ellas han de volverse mundos
iguales al nuestro.
También allí, sobre aquellas tierras,
hemos de erguirnos sobre ambos pies,
sólida, segura y concretamente”.

Pero tontos, ¿es que acaso están parados vuestros pies?
¿Está la tierra detenida acaso?
Por el contrario,
la tierra es sólo una porción de cielo.
Junto con ella viaja el hombre;
junto con ella, sus pies.
Sólo esto es seguro y concreto:
todo es espíritu y está en el espíritu;
todo está en los cielos, y es cielo.




Desde el profundo desconocido

Yo vivía hondamente en mí,
no donde me encuentro.
El estar, el encontrarse,
eran para mí sólo intuición.

Me enviaban mensajes
desde el profundo desconocido.
Largos años me esforcé
por descubrir al barquero.
Largos años me esforcé
y ya estoy cansado
de adivinar e interpretar.

¡Oh, amada mía, te quiero;
estoy totalmente pendiente de tu labio;
tiemblo por tu pequeña mano!
Pero también tú, también tú
eres intuida por mí,
intuida solamente.




Ardiente exterior

¡Si pudieses oír!
Las estrellas ríen
carcajadas de fuego
cuando las paredes, 
esos oscuros guardianes,
guardan tus sueños.

Tú crees que duermes.
Las paredes creen que cuidan.
En el afuera cósmico,
ardiente de estrellas,
ven que tú giras
como gira tu planeta.
Tu fin está entre mundos,
y tu cama, en el cielo.




Visitas

Nosotros somos visitas, nunca nos arraigamos
en arenas terrestres, en mío y tuyo;
nos resulta ajeno lo sólido y asentado,
somos pájaros sin nido, visitantes apresurados.
nosotros sólo somos minuto, viento, hálito;
nube del anochecer, mitad sombra, mitad sangre,
nube del anochecer, sin tiempo vacante,
que se apresura y cambia, mudanza tras mudanza.
No nos queda un sitio, el mundo nos resulta chico.
Debemos transcurrir, no nos queda tiempo.
No nos queda tiempo, en algún lugar nos esperan.
¡Rápido, rápido! Por si las puertas se cierran.




El otro mundo del otro mundo es este mundo

El otro mundo del otro mundo es este mundo,
el mundo de aquí.
Los espíritus de los seres del otro mundo
somos nosotros, que llenamos este lado,
el lado del empeño, el lado del hacer.

Yo, Aarón de aquí,
soy el espíritu de un Aarón de allí,
y lo que yo hago aquí resuena sobre aquél,
a quien no conozco y conozco:
mis actos se hacen el paraíso de aquel Aarón
o su infierno.

Aarón de aquí,
no tortures al de allí; él es tú.
Entrégale actos
límpidos y nobles. Ilumínalo
desde aquí, desde este mundo.
No te apartes de tu propia carne y sangre. 




Sencillo

Todo este asunto
que llamamos mundo,
que llamamos persona,
que llamamos historia,
es, tal vez, en esencia
tan terriblemente sencillo
que cuando logremos
levantar el velo,
nos echaremos a reír
y nos dejaremos caer
de Dios a los pies:
¡Fíjate, mira,
lo sencillo que es!




Imagen

“Es gloria de Dios tener secretos...” (Proverbios 25:2)

¿Quién dice que imagen es evidencia?
La imagen es aquello que oculta.
Cuando Dios quiso ocultarse
creó la imagen.
El mayor de todos los creadores de imágenes,
cuanto más revela, más oculta.




La clave

Tus ambiciones diurnas
son tus sueños nocturnos.
Tu noche es como es tu día.

¿Dónde está la clave de la muerte?
Está en tus jornadas.
Tal como las vivas
así morirás.




Cuando la gris madrugada disuelve los sueños

La banda toca con todo.
La banda toca y los bailarines mueven las piernas.
De pronto pega el silencio un papirotazo;
los músicos se vuelven: —¿Qué sucede?

La gris madrugada disuelve los sueños.
Se burla en la sobria ventana:
—Tontos musiqueros, vuestra paga está kaput
esqueletos no pagan.

Para cadáveres fue el concierto
y los difuntos volvieron a sus fosas.
Del baile, vuelta al gusano.

—Madrugada, ¿de qué te burlas, gris y fría?
¿Ni paga ni bailarines? ¿Y qué hay con eso?
Lo importante fue el juego.




¿Nu? ¿Y?

Tengo alquilado un cuarto. Cuando me voy
me llevo la llave. En el cuarto queda
el silencio encerrado.

Por la noche, cuando vuelvo, él se levanta contento de un salto.
Tal vez traiga alguna respuesta a sus porqués.
Se levanta de un salto y me mira a los ojos. ¿Nu? ¿Y?

¡Eh! ¡Dónde!
hago un gesto con la mano.
Él yace tendido sobre la cama
como un pájaro medio muerto.
(Yo no tengo para él consuelo... ¿Cómo dice Baudelaire?
Poetas, albatros rengos...)




Lobos

Y en cuanto el reloj dé las doce
van a venir manadas de lobos
gris cenicientos; van a venir
y alzar un llanto salvaje.

En cuanto el reloj dé las doce
los lobos van a comenzar a gemir,
y tú tienes una puerta abierta
por la que van a entrar corriendo en ti.

Y a la noche siguiente vendrán los lobos
y tú le pedirás a tu propia sombra “¡ayuda, socorro!”
pero tu sombra permanecerá inmóvil sobre el muro,
petrificada, y tú estarás solo.

¿De qué puede servirte tu pedido de socorro?
Las doce son las doce y aparecen los lobos.
De ti, de ti mismo
es de donde vienen los lobos. 




El fondo

¿Ser o no ser? Ésta no es la pregunta.
Sentido o sinsentido, quiero saber.
Tal vez desde hace mucho, el balance divino
haya hecho pedazos nuestras humanas cuentas.

El balance justo es redondo:
luna clara sobre valles ensangrentados.
Pero las unidades lloran
como niños torturados.

Ser o no ser no es la pregunta;
Sentido o sinsentido quiero saber.
Quiero una rendición de cuentas no-divina
por las lágrimas que los no-divinos debemos verter.




Asesinos y palabras

Cada día soporto menos
las palabras que digo,
las palabras que otros dicen.

El mundo está colmado de palabras.
La tierra está colmada de matanza.
No existe región suficientemente apartada
para librarte
de asesinos y de palabras.




Dramas en él

Un actor le preguntó
a mi padre cierta vez
si vendría al teatro.
Entonces sus pupilas
se sobresaltaron
como pájaros sacados
de improviso del sueño.
Yo tengo —dijo— mi propio teatro.

Aquél no entendió, pero yo sabía bien
a qué aludía mi padre.
Sentado entre sus cuatro paredes
sin cesar, sin cesar,
sin que nadie los viese,
sin que nadie lo supiese,
en él
subían dramas a escena. 




Dios, dejaste de creer en mí

Dios, dejaste de creer en mí,
eres un hereje, Dios, un hereje de mí;
me arrastro en cuatro patas al abismo
y no sé cómo se sale de allí.
No sé cómo se llega, cómo se llega a Ti.
Desde que dejaste de creer en mí
está abierto mi abismo y cerrada Tu puerta,
la puerta que lleva a Ti.
¿Qué se hace para que comiences a creer en mí?




Cimientos

(Fragmento. Versos parahamletianos, Varsovia, 1936.)

3

¿Y tal vez Él no sea tan gran Señor
como los filósofos lo consagraron?
¿Y tal vez padezca igual que la gente?
¿Y tal vez no sea en absoluto tan poderoso?
¿Y tal vez golpee al portón de los mundos
cada noche, como un mendigo agobiado?


4

¿Cuándo fue que una noche así anocheció?
¿Cuándo fue que un tiempo como éste maduró?
Puede ser que Él se lo esté preguntando como yo
en la noche, cuando el demonio golpea y vocifera.
El asesino está de un lado de la noche,
del otro lado estamos Él y yo.

¿Cuándo fue que una noche así anocheció?
¡Una misma noche para Él y para mí!

A los dos nos dice el asesino: ¡Mata!
¿Cuándo fue que una generación así se generó?




Los príncipes de los orígenes

(Fragmento)

Cuando yo, un judío de Varsovia, quedé suspendido
entre Nueva York y La Habana,
las veintidós letras de mi abecedario
me descolgaron del patíbulo
y me llevaron a su sagrada casa.
Y cuando yo dejaba mi refugio de letras para ir
a ver desfiles de mulatos por las calles de La Habana, 
ya sabía que tal como yo, el judío,
sigo andando entre rocas y profetas
por alguna parte del desierto de Judea,
así sigue eternamente vivo
el hondo espíritu ancestral de África
en los ojos, gestos, danzas y tambores de sus hijos;
y que no perdieron nada de su encanto original
ni sus danzas inmemoriales perdieron su ritmo.

Y cuanto más salvaje y propio
era en sus maneras el carnaval de la jungla
más claro se me hacía
de las eternas formas lo inmutable:
es imposible cambiar lo que tienen de distinto
los príncipes de los orígenes humanos,
que más allá de lugar y tiempo, se alzan como gigantes.




Anochecer en La Habana

El anochecer,
—mulato demasiado alegre,
narcotizado—
relampaguea sobre La Habana
con oscuridad de chocolate;
baila y vocifera
con encendido aliento.
Y yo, un judío,
a una Don Quijote y molino de viento,
en medio de la barahúnda
escuchar a Dios pretendo.




¿Quién tiene la culpa?

(Varsovia, 1933)

¡Quién tiene la culpa de que sucumbamos,
de que no sepamos qué hacer con nuestras vidas!
Dentro de centenares de años, un ojo
se atragantará de sol, y de niños resonará la risa.

Y aún surgirán manos piadosas
en lugar de las que alzan bayonetas;
y florecerán poetas bucólicos
cuya grandeza consista en que nada recuerdan.

Quien sucumbe es culpable. Desolación es culpa;
y la culpa es castigo, y el castigo no ha de omitirnos
porque se rebasaron las medidas
y lo que una mano siembra, ha de cosecharlo.

Gases han de asfixiarnos. Hemos de yacer bajo cenizas
y el verdor heredará las parcelas muertas;
y una joven lluvia lavará la vieja tierra
y las cosas hablarán una nueva lengua
y Dios descenderá y resonará la risa de los niños.




Enero 1938

Un perro cansado que dormita ante su cucha,
yazgo ante Ti sin transgresiones ni buenas obras,
un hijo malogrado
de antiquísimos padres, leones en Judea.

La cabeza sobre las patas yo acecho en la arena,
acunado por moscas y en mí el vacío.
El sol, Tu palabra que arde,
sólo me calienta el lomo en mi pereza.

Pero en alguna parte domina ya Tu mano la tormenta,
y mientras mi cabeza sigue apretada contra la arena,
Tu rayo todo temblor
ata en un haz de fuego cielo y tierra.

Como leve rocío se va a evaporar mi sueño,
va a despegarse de las patas mi cabeza
y yo voy a echarme a aullar.
Enseguida va a desatarse al galope Tu tormenta.




Señor de las catástrofes

“Apaga, sueño tú, mi día,
no quiero mantener los ojos abiertos.
¡Pena mía, duérmete!
¡Duérmete, duérmete, esperanza mía!

"Una cuna soy, una cuna,
y a través de tiempo y sucesos
me acuna y me mece
cierta mano que no veo...”

Así bramo verleniano,
bramo una estrofa cansada...
Pero aquella mano que no veo
una catástrofe prepara.

¡No, no te duermas, pena mía,
y no te duermas, mi esperanza!
¡Revélate, redentor mío,
Señor de las catástrofes! 




Aarón Tseitlin, (Uvarovich, Rusia, 1898-Nueva York, 1973), Antología poética, Casa Argentina en Israel Tierra Santa/The International Raoul Wallenberg Foundation, edición digital
Selección, prólogo y traducción del ídish de Elihau Toker




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