sábado, 3 de enero de 2015

FIONA FARRELL [14.409] Poeta de Nueva Zelanda


Fiona Farrell

Fiona Farrell (nacida en 1947) es una poeta de Nueva Zelanda, escritora de ficción y dramaturga. Su última novela, piedra caliza, fue publicada en abril de 2009. The Broken Book, (ensayos y poesía) fue publicado por la Universidad de Auckland Prensa 2011. 

Bibliografía 

Novelas:

The Skinny Louie Book (1992)
Six Clever Girls Who Became Famous Women (1996)
The Hopeful Traveller (2002)
Book Book (2004)
Mr Allbones' Ferrets (2007)
Limestone (2009)

Poesía:

Cutting Out (1987)
The Inhabited Initial (1999)
The Pop-Up Book of Invasions (2007)

Historias cortas:

The Rock Garden (1989)
Light Readings (2001)



ENAMORÁNDOME DE CAMINO A CASA

Me he enamorado
de camino a casa.

Primero, un lago
se recostó a mi lado,
desnudo hasta el horizonte.

Luego una colina me extendió
su brazo marrón y me acercó 
hacia ella.  Podía oler el sudor
de sus hendiruras a cada vuelta.

Luego un puerto me lamió
la oreja, susurrando
las cosas que los puertos les dicen
a todas las chicas: sobre otros
sitios que han tocado,
pero tú eres la única, nena.
Eh, tú eres la única…

Luego alcancé la cima
y el cielo se elevó
sobre mí y su cara era
enorme y tierna. Respiró
en mi cabello y su aliento era
un águila colgada de un solo hilo.

Luego yo volaba. Caía.
Me encontraba completamente fuera de todo.
Rocas y nubes bajo
mis hombros. Extendida como
como la curva azul del océano.

Tómame, dije.

Tómame.

Soy tuya.

Tuya, cuando nací
con el Waitaki en mi mano izquierda
el Pacífico a mis pies
los Kakanuis a mi cabeza.

Tuya hoy.

Y tuya cuando
me encuentre finalmente envuelta
en una grieta de tu costado cicatrizado,
rezumando y desmenuzándome
en tu dulce oscuridad.

Tuya ahora y por siempre.

Mi país no dijo nada.
Es del tipo tranquilo.
Pero se recostó
y encendió una
larga
luminosa
puesta de sol.





NUESTRO VIAJE A TAKAKA

Bueno, fuimos a Takaka
el fin de semana
y había una fuente.
Sí.
Una fuente.
Tiene el agua más pura de
Nueva Zelandia.
Fluye directamente del centro.
Y podíamos ver bajo el agua pura
con una cosa así como un espejo.
Y había una anguila.
Sí.
Una anguila, nadando de derecha
a izquierda como un carrete de lazo,
como un banderín ondulante.
Tú sabes: un banderín,
con dientes, y un ojo como un
pendiente de plata entre toda esa
alga de laguna. Y había 
tantas burbujas. Cada una
era como un pequeño mundo
elevándose en su luminosa piel.
Y entonces fuimos a ver
las minas de oro.
Sí.
Minas de oro.
Y había unas cuevas
en la maleza. Habían raspado
las colinas hasta que la tierra corrió roja.
Y entramos en una de las cuevas 
y había un joven durmiendo en las frondas de helecho,
meditando para amejorar
el mundo. Tenía consigo a su perro.
Sí.
Su perro.
Así fue como supimos que estaba allí.
La cueva era profunda, como una oreja.
O como un ombligo. Era profunda y
húmeda, y oímos al perro ladrar
abajo en la oscuridad y a un joven 
diciendo, “Tranquilo!”
El barro en la cueva se pegó
a nuestras manos como sangre seca.
Le dimos al joven un pancito.
Sí. 
Un pancito.
Con queso y huevo.
Y le dijimos, Bueno, suerte con la
meditación y con todo. 
Él dijo, Sí, bueno, se esforzaría 
por hacer lo mejor posible.
Luego manejamos a casa.
Sí.
A casa.
El sitio donde vivimos.

Y creo que el mundo se sintió un poquito mejor.
Sí.
Sólo un poquito mejor.
Después de nuestro viaje a Takaka.





ÁMAME

Ámame, como si estuviese
siempre a punto de
partir. Ámame, como si
mi maleta estuviese empacada y
yo en mi abrigo, esperando
al taxi. Ámame, como si
me fuese a ausentar por un
tiempo, en misión en un
campo de batalla,
corresponsal en el extranjero.
Ámame, como si pudiese
no haber un mañana. 
Esta noche el mundo
acabará. Habrá bombardeos
aéreos.  Estamos ambos de
uniforme. Ámame, como si
mi barco estuviese partiendo
con la marea de la mañana,
atravesando las escarpaduras
para trazar aguas desconocidas.
Ámame, como si estuviésemos
solos en una cabaña en la montaña:
la nieve cae y es posible
que no nos encuentren jamás.

Ámame, como si el amor fuese
una terrible aventura.





EN POCAS PALABRAS

Hace dos semanas ella dijo
que conseguiría una bicicleta cuando
cuando llegara el verano, y yo
pensé que era valiente y
salvaje: my propia madre-
niña. Ahora, no se puede poner
en pie. Su piel cuelga
en pliegues como un lino pesado.
Sus manos son seda tornasolada,
azul y marrón como el
vestido que se puso para bailar.

… porque Lo alabaste bailando
con pandereta y arpa.
Lo elogiaste bailando
sola en la oscuridad…

La arreglamos como una flor,
sus manos como hojas secas bajo
el edredón, su cabeza caída como
un capullo de lirio en su tallo marchito.

… bailaste al son de la radio
en una habitación vacía,
ligera en los brazos del
único y verdadero novio…

Le canto todas las canciones y
ella se va caminando en perfecto ritmo,
por ese sendero largo largo,
a través de ese valle tranquilo y oscuro,
encaminada hacia el lado 
asoleado. 

Sobre la desteñida Feltex rosada
bailaste mejilla a mejilla,
con Jesús quién es pareja
del pobre y del humilde.

Ella se posa sobre mi dedo 
más pequeño.  Eleva su boca seca
y canta su gorjeada canción.
Es siempre para ella este 
temprano amanecer. Es siempre 
para ella este claro día. Y 
queda por siempre suspendida justo en
este instante de vuelo.

… tus hijas se acurrucaban
en las madrigueras de la noche
bailaste en tu vestido
que con la luz brillaba…

Cada noche nos arropaba en
cama, los rezos dichos, y el
mundo rodaba tranquilo a través
de la oscuridad. ‘Voltéate,’ decía. ‘Voltéate. De cara a la pared
y tendrás lindos sueños…’ 
Y en las noches de lluvia, el agua 
goteando por las cañerías, ella decía,
‘Es una buena noche, buena para
dormir.’ Ahora está aquí:
arropada, con los pies hacia el mar, la cabeza
hacia la colina, abrigada con el barro de Merton amarillo
para mantener bien alejado el frío.
Y por encima, una alondra graba
su brillante canción en la oscuridad mientras
la lluvia llega desde el sur.
‘Buenas noches,’ decimos, nuestras
bocas suaves del llanto.
‘Es una buena noche, mi amor.
Una buena noche para dormir.’

… porque Lo alabaste bailando
con pandereta y arpa.
Lo elogiaste bailando
sola en la oscuridad…




‘Durante los últimos tres meses el Dr Zenad ha estado observando los defectos de nacimiento en su sala de parto donde nacen a diario de 20 a 30 bebés. ‘Agosto – tuvimos tres bebés nacidos sin cabeza. Cuatro tenían cabezas anormalmente grandes. En Septiembre tuvimos seis sin cabeza, ninguno con cabeza grande y dos con extremidades cortas.  En Octubre tuvimos uno sin cabeza, cuatro con cabezas grandes, etc…’

(Maggie O’Kane reportando sobre los efectos secundarios del uso de munición recubierta con uranio empobrecido en Iraq después de la guerra terrestre de 1991.  The Guardian, Enero 1999).



EL CRANEO DE HAMED AMERI NO DEJA DE CRECER

(          )
(          )

Este es el lenguaje de la guerra.
¿Puedes escucharlo?
No son trompetas ni tambores ni el
estruendo de máquinas ni el                                   
retumbar de cañones. No es
el soldado cantándole a su amada
mientras que se pule las botas.
(          )
(          )
Este es el sonido que hace un niño
que nace sin cabeza. Este
es el sonido que hace una mujer
que labora para dar a luz a un niño sin
boca, sin orejas, sin
dedos, un niño cuya cabeza
se hincha como una calabaza.
(          )
(          )
¿Puedes escucharlo?
Este es el sonido de células de hueso
en frenesí. Este es el sonido de
un ojo rodando como fruta
magullada en su cuenca.
(          )
(          )

Este es el sonido que el niño 
que no tiene orejas escucha. Este es el sonido
de la guerra. Este es el resonar
de trompetas y el aplaudir de
accionistas satisfechos. Este es
el silbar del científico en su
laboratorio. Este es el balbuceo de
muchas lenguas cuando son
simultáneamente traducidas en las
torres de vidrio en la ciudad de piedra.
Este es el eructar de hombres gordos
y el rascar de sus plumas
signatarias de todas las convenciones.
(          )
(          )
¿Puedes escucharlo?
El suave correr del agua cuando
los bebés se deslizan sobre la mesa,
llorando aunque no tengan bocas,
escuchando aunque no tengan orejas,
sus dedos trepadores enroscados en
hilos de significado.

Traducciones de Rogelio Guedea





Hamed Ameri’s skull won’t stop growing

(                                           ) 
(                                           )
This is the language of war, 
Can you hear it? 
Not trumpets or drums nor the 
thrumming of machines nor the 
thud of the big guns. Not the 
soldier crooning to his sweetie 
as he polishes his boots. 
(                                           )
(                                           )
This is the sound a child makes 
who is born with no head. This 
is the sound a woman makes who 
labours to bear a child without 
mouth, without ears, without 
fingers, a child whose head 
swells like a pumpkin. 
(                                           )
(                                           )
Can you hear it? 
This is the sound of bone cells 
in frenzy. This is the sound of 
an eyeball rolling like bruised 
fruit in the socket. 
(                                   )
(                                   )
This is the sound the child hears 
who has no ears. This is the sound 
of war. This is the blaring of 
trumpets and the clapping of 
satisfied share-holders. This is the 
whistling of the scientist in his 
laboratory. This is the babble of 
many tongues as they are 
simultaneously translated in the 
glass towers in the stone city. 
This is the burping of fat men 
and the scratching of their pens 
signatory to all conventions. 
(                                           )
(                                           )
Can you hear it? 
The soft rush of water as the 
babies slip onto the table, 
crying though they have no mouths 
listening though they have no ears 
their tendril fingers twisted in 
threads of meaning.

From The Inhabited Initial (AUP, 1999) 





Words, War and Water

‘For the past three months, Dr Zenad has been monitoring the birth defects in 
their delivery room, where 20 to 30 babies are born daily...’ August - we had 
three babies born with no head. Four had abnormally large heads. In 
September we had six with no heads, none with large heads and two with 
short limbs. In October, one with no head, four with big heads and four with 
deformed limbs or other types of deformities…’

            The most likely origin of this gene-twisting force is not Iraqi but 
Western. During the 100-hour ground war of February 1991, coalition planes
fired at least 1 million rounds of ammunition coated in radio-active material 
known as depleted uranium, or DU…the heaviest metal in the world… so 
tough that bullets coated in DU can slice through tanks like a knife through 
butter…

(Report by Maggie O’Kane in the Guardian , January 1999)
nu BREAD-an e-iz-za-at-te-ni 
wa-a-tar-ma e-ku-ut-te-ni

Now bread you eat. 
Water then you drink.

(This proverb dating from c.2000BC provided a vital clue to the translation of Hittite.)

From The Inhabited Initial (AUP, 1999) 





Wa-a-tar

Stutter once, and there’s the 
same water speaking volumes 
between willow branches.

It leaves the same mark on a 
cracked hand, repeats itself 
in the perfect circles of cups 
scooped from red clay.

Stutter once, and it dribbles 
its familiar cool line from 
lip to belly. It breaks out of 
darkness at those places where 
rock stammers 
and becomes uncertain.

Wa-a-tar , said the army breaking 
from a dry pass and seeing the 
ocean wedged blue between hills.

Wa-a-tar , as they lay at the 
margins of a river, supping to the 
babble of dry reeds.

Wa-a-tar , to the woman at the well, 
one hip jutting to hold the curve of 
a jar, the other holding her baby.

Hold out your cup. Hold out your hand, 
cracked palm uppermost, and she would 
pour you such a quantity of longing.

Such pure beauty.

Wa-a-tar .

Stutter once and we are there: 
one of the king’s daughters, 
walking home among the dragonflies 
bearing life in both arms.

From The Inhabited Initial (AUP, 1999) 





Ursula at Parakakariki

My white bird stands 
by a southern sea, 
arms lifted wide 
to fly from me.

Once, she stood on my hand 
fingers caught in my hair. 
Now she steps from land 
to thin bright air.

From earth scraped red-raw 
and seeded with bone 
she rises in feathers, 
she flies alone.

At the fine wire 
between day and night 
she flies feathered in soft rain, 
feathered in light.

From The Inhabited Initial (AUP, 1999) 






The Inhabited Initial 
  
These poems are intended as meditations on the miracle of the western alphabet which had its origins in early Semitic pictograms. 
  

A aleph: an ox 
  
Boustrophedon 
  
She draws the others after 
dees worruf gnol eht nwod 
dropped in dark trenches. 
reh fo enil eht wolof eW 
going to the fence and 
.toof yvaeh yb toof kcab. 
  
  
B beth: a house 
  
This bivvy shelters all 
our gods and treasures. 
We huddle reading the 
calligraphy of fitful 
flame, in our tumbled 
dreaming the murmur of 
mothers like blood round 
the belly and beyond the 
open window the grunt and 
howl of things we cannot 
name. 
  
  
C gimel: a camel 
  
It sways toward us sewn in a 
secret pocket with strange 
seeds and stones. A cup with 
a foreign cut carried across 
dry land. 
  
  
D daleth: a door 
  
You open it and everything 
pours in: new stuff, old 
stuff, some for the dump. 
You shut it fast, but there’s 
always some small fist 
hammering at the other side. 
  
  
E he: lo! 
  
Behold! The Word is striding 
high in new shoes! The mark 
of its heel is stone. The mark 
of its toe is feather and the 
skin of unborn lambs. The 
Word spans the air-bridge with 
curlicue and flourish. Make 
straight the way! Make room! 
Make a cake! 
  
  
F vau: a hook 
  
Meaning hangs like a silk dress, 
a heavy coat. There. Behind the 
door waiting the structure of a 
breathing body to plump and move. 
  
  
G gimel: a camel 
  
Here it comes a again from 
another direction, dust fluff 
at each footfall and on to dots 
and silence… 
  
  
H heth: an enclosure 
  
Teeth drawn up, a white pallisade 
and through the palings wag woof 
and oink moo click suck burp cluck 
and yap yap yap yap yap. 
  
  
I yod: a hand 
  
Finger or fist. Take that! 
Take that! If you would 
rule a people, first force 
them to eat your words. 
  
  
J yod: a hand 
  
On the one hand, chaos. 
On the other, order. 
And down the middle, 
the jagged blast of 
knowing. 
  
  
K kap: the palm of the hand 
  
And here’s the bird-print of the 
goddess, her creatures owl and 
hedgehog, bloody as birth and 
spiked with sticky jig-a-jig. 
She examines the pattern on a 
new leaf and says: look, look. 
See how the heart cuts across 
the other lines. 
  
  
L lamed: a goad 
  
You gotta move. You gotta 
figure it all out. You gotta 
go with the babble of brook 
and creek and out into the 
main current where the flow 
is thunder, driving us all to 
the edge and over. 
Raus! Raus! 
  
  
M mem: water 
When a word is launched it 
bobs about like a little red 
boat under a proper sun on 
the blue stripe of now. 
Go, little boat. Go. 
  
  
N nun: a snake. 
  
This letter wriggles through 
dry leaves slipping from skin 
to skin. 
  
  
O cayin: the eye 
  
I see you. Yes, I see it all 
through your round window. 
The well, the bubble, the tear. 
No pupil. Just your perfect 
bowl, holding nothing but 
white water. 
  
  
P pe: the mouth 
  
Her mouth a puckered kiss 
breath popping like seed 
from a dandelion to settle 
on other hillsides, other 
mouths soft and damp as 
flowers, with their roots 
down deep. 
  
Q qoph: a monkey 
  
The tricky ones skip and mimic. 
No wonder the bootmen are 
burning books, clipping the square 
for another winter. But on the 
fence above their sweaty heads, 
the letters tease. Catch us, bootmen! 
Catch us if you can! 
  
  
R res: the head 
  
You’ve got your head screwed 
on backwards, looking over 
your shoulder. You keep your 
head, though, under fire. You 
growl. You bare your little teeth. 
You say: heads I win, tails I win. 
You are strong, backwards or 
forwards. 
  
  
S shin: teeth 
  
The word bites, leaving a ragged 
edge and a tiny bubble of blood. 
It goes off to sit in its box, 
tasting memory. 
  
  
T taw: a sign 
  
What signs are these? Crossed sticks, 
pointing every way. Grass bent in the 
direction of travel. A man whose arms 
are spread like a cormorant’s wings to 
dry in the blast of faith. And down here, 
he’s 4 her. 
In red and black 
by the railway track 
he sets the old refrain. 
I Am 
I Love 
to the clickety-clack 
of every passing train. 
  
  
U vau: a hook 
  
High five! 
Up yours! 
Come. Go. 
Bless. Bash. 
Some letters 
hang on by 
living hand 
to mouth. 
  
  
V vau: a hook 
  
Snagged in the mouth by a sharp 
hook we were lifted to flap about 
growing legs on the bank. At brain 
stem’s root the memory that once 
we drew a perfect wake across a 
still morning when there was no 
sound but air comparing notes with 
water. 
  
  
W vau: a hook 
  
Waa waa 
  
baby cry. 
  
Waa waa. 
  
Maa maa. 
  
Daa daa 
  
  
X samech: a prop 
  
They hold us straight as a 
row of beans. Without them, 
we’d flop and muddle. Futharc 
and ogam on wooden stakes. 
Majuscule, uncial and all those 
clever bastards who have spelled 
out our rattle and marked the 
spot where we were lying, 
buried. 
  
  
Y vau: a hook 
  
Here it is, shaking above the 
hidden spring. And here it is, 
split for two wishes. And 
here it is, wine flowering on 
a slender stem. Break the 
glass with a dancing foot. 
Let the wine run. 
  
  
Z zayin: lightning 
  
In a flash, all is made plain: 
it’s an ordinary tale passed 
breath to breath, like living. 
We perch, claws caught in 
the skin of a shining tree. 
We sing with our heads 
tilted to the storm. We sing 
the song that is known only 
in this valley. We pass it on. 
  
From The Inhabited Initial (AUP, 1999) 








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