jueves, 15 de enero de 2015

DOMINGO ACOSTA GUIÓN [14.491]


Domingo Acosta Guión

Domingo Acosta Guión, conocido por sus seudónimos Gavroche y Pobrecito hablador1 (Santa Cruz de La Palma, 1884 - ibídem, 1959), fue un periodista, poeta y dramaturgo español. A su actividad literaria se une su activismo republicano: presidió la Sociedad de la Juventud Republicana y fue miembro de la Junta Provincial de la República en Santa Cruz de La Palma. Su obra como poeta, más bien como rimador, y en su mayoría sonetos, tiene por lo general carácter satírico y humorístico.

En 1990 se publicó el volumen de narraciones ¿A quién se lo cuento?. En 1998 se publicó una Antología poética. De su obra no se conserva mucho pues durante la Guerra Civil Española y debido a su militancia republicana fue destruida.

Obras

A bailar donde yo mando
La danza del dios Baco
¿Es amor? ¿No es amor?
¿A quién se lo cuento?
Antología poética




París, Santa Cruz: Domingo Acosta Guión
Luis Machín


Foto de un escrito antiguo a mano

Fotografía de Domingo Acosta GuiónNo se sabe con certeza si paseó en algún puente sobre el Sena. Tal vez sí lo hizo por el Barrio Latino, en un año inolvidable para él, 1905, como evoca Saro Díaz en sus Perfiles palmeros. Desde luego, lo que sí hizo fue escenificar la importancia que alguna  vez tuvo la isla de La Palma culturalmente.

Y digo culturalmente, porque hubo un tiempo en que la política también era cultura, y ahí es donde Domingo Acosta Guión destacó. Porque fue poeta, sí, pero no por serlo callaba. No por tener talento literario se conformó con los halagos. Por eso, allí le tenían, en París, iniciado el otoño de 1905, en el Congreso Internacional del Librepensamiento. Representó allí a la agrupación librepensadora La ingenuidad. Y, con seguridad, trajo consigo el entusiasmo necesario para continuar transmitiendo el mensaje en la isla de que la sociedad podía y debía mejorar en muchos aspectos.

Presidió la sociedad Juventud republicana y ya, desde antes de ese 1905 empezó a publicar artículos beligerantes con lo que consideraba injusto, insuficiente, o simplemente erróneo. Y lo hacía como más duele, con acidez y humor. Lo hizo en periódicos como Germinal o El Tiempo, perteneciente este último a su hermano Antonio. Periódico, por cierto, que nació como órgano del republicanismo en La Palma. ¿Y de qué hablaba Domingo Acosta en sus textos? Defendía, por ejemplo, el progreso de la mujer, asfixiada por el yugo del hombre y la Iglesia, a la que dedica un artículo llamado A la juventud femenina. En Hablillas, defiende la independencia del periodista: evitando el servilismo y manteniéndose gracias a ese único oficio, así es como un periodista podía servir a los lectores. Domingo Acosta tenía opinión sobre cualquier cosa.

Combinaba una prosa llena de ensoñaciones e imágenes poderosas con otra más ágil, que recurría a expresiones más llanas y a la imitación de la oralidad. Del primer caso, hay frases que transportan a otro lugar inmediatamente: “Queda triste la playa cuando desde ella se contempla allá entre las brumosas confinidades del horizonte lejano, la silueta borrosa del buque que se pierde”. Del segundo caso, hay arranques ligeros pero arrolladores: “¡Ahora sí que estoy formal! ¡Chist!… ¡Eh, cristiano! ¡Ahora sí que estoy formal!”. De igual forma, hay una escisión radical en su poesía. Por un lado está su producción más antigua, donde conectaba pensamientos serios y profundos, con crónicas y leyendas benahoaritas. Y, por otro, la poesía humorística, que escribió en fases más adelantadas de su vida.

Fue esta poesía humorística, principalmente, la que le hizo ser recordado y mentado a menudo. ¿Quién, si no,  escribiría un poema titulado Soldadura putógena? O uno llamado Sarasa, toma… un consejo. Controvertido título, sin duda. Pero fue más allá. Sus escritos trascendieron la lírica: la acabó transformando en poesía dramática. Y gracias a esa transformación, hoy se puede disfrutar de diálogos descacharrantes como Honor al vino, en el que un marido trata de justificar su borrachera ante su mujer, o ¡A bailar donde yo mando!, en el que una hija le explica a su padre, no sin problemas, que está enamorada de un poeta, ante la furiosa reacción de su progenitor. Impensable que hoy un poeta respetado, publicara también un poema llamado Coro de guindillas, dedicado a la policía, más corrupta que protectora.

A decir verdad, el caso de Domingo como escritor fue especial pero no aleatorio. Sus hermanos también cultivaron la poesía y se movieron en los círculos cultos de la isla, como el ya mencionado Antonio, o José, que también fue poeta y colaboró con la letra de  los representativos enanos para la Bajada de la Virgen de las Nieves. O Avelino, quien también escribió poesía y publicó artículos en El Tiempo. O Juan, quien emigró en su juventud a México para desarrollar una carrera en el teatro. La educación tuvo algo que ver para que todos los hermanos acabaran realizando estas actividades: al menos Domingo y Antonio acudieron a la escuela de Hermenegildo Rodríguez Méndez, “maestro indiscutible de la juventud palmera en la época”, como escribió Manuel Pérez Acosta, sobrino de Domingo Acosta Guión. Hubo también un tiempo en que el maestro era determinante en la educación de un niño.

Otro aspecto más que aporta interés a la figura de Domingo Acosta es su pertenencia a la logia masónica Abora junto a su hermano José. Manuel de Paz-Sánchez, en su libro La masonería en La Palma, y José Melquíades López Meleros, en un amplio artículo publicado en Diario de Avisos, aportan datos firmes sobre ello.  Esta es, sin duda, otra de las grandes razones –además de su ideología– por las que, durante la Guerra Civil, asaltaron su casa y se incautaron de muchos textos a la postre irrecuperables. No es  secreta la fobia que Francisco Franco profesaba hacia la masonería. De hecho, acabó acumulando gran cantidad de archivos masónicos en Salamanca, en lo que hoy se conoce como el Archivo General de la Guerra Civil Española. Así que quedamos privados de, quién sabe, grandes poemas.

Aunque apenas hay un par de antologías editadas sobre Domingo Acosta. Para hacerse una idea global de su obra, hay que juntar las migajas que caen al suelo. Unos poemas aquí, otros allí. Varias biografías breves, cada una con sus matices. Un disco, del grupo Bota de Actor, comandado por Carlos Catana, Juan Sosa y Miguel Pérez, en el que se pone música rock y folk a sus poemas. Y pequeños estudios, alguno bastante antiguo, como el de Ermelandro Martín Guerra. Conoció a Domingo Acosta y, tras su muerte, no dudó en publicar un amplio artículo, dividido en pequeñas secciones, para contextualizar su vida y su obra. Y es, con seguridad, el retrato más vivo y cercano que se haya escrito sobre él después de su muerte. En él, Domingo Acosta queda retratado como alguien digno de conocer, solitario, con un aura melancólica.

Melancolía que arrastraba hasta con su condición de soltero, pues así murió en 1959. Y lo hizo en su ciudad natal, su Santa Cruz de La Palma, lugar que no abandonó, como sí hizo alguno de sus hermanos.

El 31 de mayo de 1984 se le dio su nombre a una plazoleta íntima, mirando hacia El Planto. Como escribió Ermelandro Martín, “pudo ser masa y eligió ser átomo”.


GODO 

Llega un godo y otro godo 
a esta tierra hospitalaria 
vociferando de todo, 
hallan plácido acomodo 
y arrojan la solitaria 
Empiezan a codearse, 
a echar andorga y tupé. 
a ver al sastre, a bañarse, 
a fumar puros y a hartarse 
de beber en el café. 
Quién que de estirpe preclara 
pregona por las esquinas, 
de venir de los Mañara, 
de Ladrones de Guevara... 
o ladrones de gallinas. 
Cual que tiene por divisa 
presentar el nalgatorio 
por donde le da la brisa, 
y tal que es para Tenorio 
más feo que un pedo en misa, 
persigue de un nuevo rico 
algún guayabo en sazón, 
y el pais le sale chico 
para ser cabrón y pico 
que es pasarse de cabrón. 
Cual otro, que de saber 
no duerme en adquirir fama, 
sin llegar a conocer 
que no ha pasado de ser 
distinguido coño mama. 
De godos y sarracenos 
nos llega cada ejemplar 
que el que más como el que menos 
tenemos los huevos llenos 
sin poderlo remediar. 
Esto lo dijo un palmero 
que está bien harto de godos, 
después, volviendo el trasero, 
rubricó con gran salero: 
¡cuatro pedos para todos!




MADRIGAL DEL PEDO
 
El pedo no sólo es viento,
Sino musicalidad,
Arrullo, trino y lamento
Y alivio y necesidad.

El pedo es réplica, es treno,
Repulsa, condenación,
Habla como una oración,
Remueve como un barreno.

De tonos muy diferentes
Hay pedos al natural
Que por más que huelan mal
Suelen ser pedos decentes.

Cuando se ve presumir 
De justo a un tipo nefando,
No es nada extraño el oír;
"¡qué pedo se está escapando!"

Y cuando un cursi lilial
Mira la pobre con desdén,
Un pedo le suena mal
Y un pedo le viene bien.

Hay pedos sietemesinos,
Con voz de monja melosa,
Pedos apocados, finos,
Y hasta de color de rosa.

A veces cuando en un duelo 
Un prófugo se hace oír,
Tras el disfraz del pañuelo
Se pone el llanto a reír.

La nariz se ve en un apuro
Y pide auxilio a la mano
Cuando sale por el ano
Un cuesco oliendo a carburo.

Ese es el "gufio " llamado
Hipócrita y bajo al fin,
Un pedo mal engendrado, 
Bastardo del estatín.

Si de él me ocupo, aunque abunda,
Y más que venga de rey,
Es porque no se confunda
Con el pedo que es de ley.

Como el regüeldo quizás
Es un pedo mal nacido,
Que se vuelve para atrás,
Vamos, un pedo invertido.

Aunque se que el de pimienta
Tiene un olor apestante
Que al que coja por su cuenta
Le sabe a gas asfixiante.

Mas que sea solfeado
Y le digan: "¡Pa su tía!",
Hay pedos desafinados
Y hasta sin ortografía.

Pero el pedo es gracia pura
Cuando no tiene sordina,
Armonía de la altura
Universal y divina.

Si el culo no tiene susto,
Sin hacer el menor guiño,
Hay quien se caga de gusto
Y en explosión de cariño.

¿Quién no se caga, señor, 
si desde tiempo remoto,
por ser de tanto valor
tiene el culo voz y voto?

Por eso al venir al culo 
yo por permiso no espero
Y ningún pedo estrangulo
Y me cago los que quiero.

Si alguno, por congruencia
Lo toma por desagrado,
Advierta que he decretado
El cagarme en la indecencia.

Y advierta también, si clama
Porque haya culos de escuela,
Que hay quien se caga en la cama
Y aveces hasta en su abuela

Cáguese, pues sin cuidado,
que ahogar el culo es de necio,
Y que cuando es más sonado
El pedo no tiene precio.

Por cumplidos no lo haga
Y cáguese en donde esté,
Porque si usted no se caga
Pueden cagarse en usted.

Y después que haya aflojado
dígale al pedo: "¡Bendito!"
y que siempre sea loado,
si es que es pedo y no es pedito.






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