viernes, 12 de junio de 2015

SULAFA HIYYAWI [16.247] Poeta de Palestina


Sulafa Hiyyawi 

(Nacida en 1936), palestina de Nablus exiliada en Iraq, donde se licencia. 
Entre las obras de destaca Canciones palestinas, en cuyos versos se dirige al pueblo palestino y a la humanidad. En “A un fida’í” critica a los que no participan en la resistencia, sea dentro o fuera de Palestina, frente a su elogio al fedayín, con el que hasta la propia tierra se siente cómplice; en “El retorno” señala que, cuando se produzca el ansiado regreso a Palestina tras el largo exilio, hallarán la tierra cubierta de sangre, el precio pagado durante la lucha de resistencia; y el poema “El viejo y la tierra” es un diálogo con su tierra palestina de un anciano cuyos hijos luchan por la patria, y al morir en ella serán simiente de futuro.



EL VIEJO Y LA TIERRA

 En los caminos de nuestra aldea,
entre sus olivos tiernos,
le dice el viejo a la tierra:
“Te consagré diez muchachos queridos.
No suspires,
no llores,
los consagré a la Patria...”.
Caminan los diez seres queridos en la oscuridad, 
los oculta la marcha de una nube,
palpita la tierra en su corazón prendado
para besar sus pasos,
amortigua la sombra sus impacientes suspiros.
En los caminos de nuestra aldea, 
junto a al-Lidda y ar-Ramla,
allí regresaron nueve;
habían terminado su marcha.
“Pero, ¿y vuestro décimo hermano?”
pregunta el viejo, mientras la luna entristecida, 
contemplando, permanece en vela.
“Allí lo sembramos, padre. 
Allí lo sembramos” 

Traducción: Ingrid Bejarano, en Hiyyawi, 1998: 43-44).



La palestina Sulafa Hiyyawi, exiliada en Iraq, también critica, en “A un fida’i”, a los que no participan en la resistencia, sea dentro o fuera de Palestina, frente a la figura del fedayín, esperanza de un mejor futuro:



Me sentaré de noche a tejer los calcetines
para arroparte los pies,
porque, tú, el de la combatiente frente, vives el sufrimiento.
Mientras otros muchos, en sus juegos
y sus bares, son a tu exilio indiferentes,
tú arropas el fusil
con el fuego de tu corazón,
te sumerges profundamente
conociendo muy bien tu sendero,
tiñes tu tierra,
mi tierra, con tu amor
para aglomerar sus motas de nuevo
en la palma del recién nacido.

(Hiyyawi, 1998: 45-46).




Y en “El retorno” señala que, cuando se produzca el ansiado regreso a Palestina tras 20 años de exilio, hallarán la tierra cubierta de sangre, el precio pagado durante la lucha de resistencia.




Calma, entraréis en ella,
y, cuando entréis,
acariciad el polvo.
Cada palmo de su lozana tierra estará rebosante de sangre.
Veinte años tendréis que pagarlos...
Saludos del corazón a la fidelidad,
a un encuentro estrepitoso con bullicio de canciones...
y la vida
y la muerte
y la alegría y el llanto....
El latido que en las venas esparce su eco,
la nostalgia que al salir el sol
propaga su quimera,
la luz que altiva se eleva...
Tened calma,
tened calma, amigos queridos,
la cita esplendorosa se aproxima
y, cuando entréis en ella, acariciad el polvo.

(Hiyyawi, 1998: 39)






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