miércoles, 1 de junio de 2016

GUILLERMO LINERO MONTES [18.822]


Guillermo Linero Montes    

Santa Marta, Colombia, 1962. Pintor, escritor y crítico literario. Es abogado de la Universidad Sergio Arboleda. Ha publicado los siguientes libros: Aventuras en la Calle, relato, Editorial Magisterio, 1996; Cuadros de una Exposición, poemas, Departamento de Literatura, Universidad Nacional, Bogotá, 2000. La Última Carta, poemas, Colección Catapulta de Poesía, Bogotá, 2008. El Arma Secreta del Navío Leandro, novela histórica sobre la Expedición Miranda, Premio Nacional Literaturas del Bicentenario, Ministerio de Cultura, Editorial Ícono, Bogotá, 2010; Mi Ciudad en tus Ojos, relato, Instituto Distrital de Patrimonio, Bogotá 2011; Historia del Derecho Romano (autor) e Instituta de Derecho Romano (coautor) en Instituta e Historia del Derecho Romano, Editorial Diké – Universidad Sergio Arboleda, Medellín, 2013; Palabra de Dios, poemas (plaquette), Punto Convergencia Editores, Bogotá, 2015; ADN-DNA, novela, Editorial Babilonia, Bogotá, 2015.




Poemas de Guillermo Linero (Colombia, 1962)


José Martí

Tu creencia en la libertad, ciega y feroz 
te hizo ver todo como jaula: a la villa 
a la escuela, a la patria, a los hombres, 
y al amor, que es decir adiós 
que es decir puñal, ciervo herido 
que es decir claustros de mármol. 
Tu creencia en la esclavitud, triste e impotente 
te hizo ver todo como vuelo de águila: 
la poesía, la música, las palmeras 
y el amor, que es decir tablado de corazones 
que es decir el verso. 
Tu creencia en la gloria 
te hizo ver a los héroes como a estatuas 
y por eso ahora tú mismo eres de piedra: 
ojos de piedra, labios de piedra, 
y bigotes de piedra.



Constantino Cavafis

Esta cabeza no encanece 
de modo que ya no te harás más viejo 
pero verás envejecer a los jóvenes 
y verás cómo la vida bella 
dura dos o tres semanas. 
Sin embargo, hay algo que debo decirte: 
ahora sí percibirás en serio la monotonía 
porque sólo cambiarán 
las cosas que pasan y te dejan. 
Por eso hemos trasladado tu cabeza 
a la biblioteca de Berito 
y te pusimos ahí, junto al sabio Lisias 
donde pasan de continuo los jóvenes 
que de seguro, una y otra vez, 
acariciarán tus mejillas de granito.



Fran Monz

Esta cabeza 
no es la cabeza de Fran. 
Esta cabeza es de piedra 
y las piedras no piensan. 
Si fuera la cabeza de Fran 
entonces pensaría como Fran. 
Por eso una piedra que piense 
no es una piedra es una cabeza. 
Y una piedra que piense 
presta se echa a rodar. 
Una cabeza de piedra 
aunque piense no podría rodar. 
La única piedra que piensa 
y puede rodar 
es la cabeza de Fran.



Jorge Luis Borges

La cabeza de este poeta puede observarse aquí 
en la plena oscuridad, entre las sombras 
porque está hecha de ellas 
y porque la mano con la que tanteaba 
y escribió, tenía la luz de los fanales. 
En su semblante irrumpen de pronto 
el brillo de una espada 
la tarde y sus címbalos de plata 
“la atmosfera diplomática del día” 
-diría un acartonado- 
pero también lo que carece de acervo intelectual 
como las flores, que con sus tallos vidriosos 
se quiebran en la canícula del jardín vecino. 
Quedan aquí en la cabeza del maestro Borges 
-ya muertos el político y el intelectual, 
ya muertos el animal y el hombre- 
sus poemas y su alma.


Gwendolyn Macewen

La inmensa escultura tuya 
Instalada en el parque que lleva tu nombre 
representa con tácita explicitud 
la grandeza de tu cabeza. 
Hay que decirlo, fue una fineza del escultor, 
sin duda un amigo tuyo, haber puesto 
toda tu gracia y sonrisa al servicio del aire fresco 
de ese exquisito lugar de Toronto. 
Si alguien te hubiese visto cruzando la ciudad 
en tu bicicleta, pensando, como lo hacías, 
en la imposibilidad del pasado y del futuro, 
igual hubiera dicho lo que tú dijiste: 
“Nunca harás nada más vital, más 
profundo, más perfecto o más necesario 
que lo que estás haciendo en estos momentos”.


César Vallejo

Esta es tu cabeza en bruto, Vallejo 
la tuya, que eras el más inteligente. 
El parte médico de tu defunción 
declaró que te mató el paludismo 
y eso mismo anunciaron los heraldos negros. 
Pero yo te creo a ti, y denuncio 
que fue porque te dieron duro con un palo 
y duro también con una soga. 
Esta es tu cabeza, tiene peso y carácter 
no obstante carece de vibración humana 
lo que es raro, Vallejo 
porque tú la tenías en abundancia. 
Aunque te agrade esta luminosa piedra azul 
sé que hubieras preferido para tu cabeza 
una talla en piedra negra o piedra blanca; 
pero sólo Dios puede visualizar 
de qué materia estaremos hechos.



Octavio Paz

¿Quién iba a pensar 
que su rostro sería una talla de piedra y de sol? 
¿Quién hubiese imaginado 
que de las concavidades de sus ojos claros 
surgirían como lágrimas de sal, 
emplumadas serpientes? 
¿Quién iba a pensar que en las fosas de su nariz 
crecerían arbustos diminutos, y tan agrestes 
como para escondrijo del jaguar y el ocelote? 
¿Quién tendría por cierto, de antemano, 
que lo que es suyo iba a tener el acento 
de las voces perdidas? 
Las voces que hablan de erizadas noches 
en la plaza del Zócalo 
y que recitan versos a la muerte 
versos tan vivos y ardientes como el sol 
versos tan duros y callados como piedras.



Yannis Ritsos

Lo único sólido que quedó de ti 
fue tu cabeza, y la pusieron por ahí 
en un desván. 
Hasta que una mañana llamó la atención 
a un sujeto que pasaba silbando; 
dijo que “por su color extraño” 
que “por su anticuado corte”. 
Ayer la han trasladado al gran museo 
Al cabezario universal de los poetas. 
Entra, Ritsos, tu cabeza en tu cabeza 
y observa lo que quedó de ella. 
Recorre sus estancias con moroso deleite 
y déjanos acompañarte, Yannis, 
para mirar desde tus ojos
y para que nos pregunten desde afuera 
qué hacemos aquí en lo alto, y tú contestes: 
¿Además de observar el florecido vacío?



Alfonsina Storni

He regresado del bosque desencantado. 
Desde la montaña vengo, para ser más exacto. 
He cepillado mis dientes y limpiado mi lengua. 
Permanecí callado en la cabaña 
durmiendo sobre tierra mojada 
y alimentando mi cuerpo con raíces amargas. 
Solo he bebido el agua de las rocas. 
No alcancé en medio de tanta 
soledad y abulia, a enloquecer mi mente: 
no me puse a conversar con pájaros o plantas 
y los músculos me fueron tornados. 
Créeme, he puesto toda mi alma en ello 
y ahora que te busco para enamorarte, 
encuentro tu cabeza 
junto a las conchas de nácar 
en las níveas arenas del fondo marino. 
Es de nácar (como tú la querías). 
Con cabellos de espumas (como tú la querías). 
Lavada de alba (como tú la querías). 
Pero nada casta (como tú lo querías).

http://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/26/News/Linero.html







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