lunes, 30 de julio de 2012

ETHEL BARJA CUYUTUPA [7.340]


Foto: Rosana López Cubas 

Ethel Barja Cuyutupa

Concepción- Junín, Perú 1988.
Licenciada en Literatura Hispánica por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).
Poeta, escritora e investigadora literaria. Maestra en Estudios Hispánicos por la Universidad de Illinois en Chicago. Realiza estudios de doctorado en Brown University y dirige Gociterra, portal de crítica y creación. Ha publicado los poemarios Trofeo imaginado entre dientes (Antología del Premio Nacional Juvenil de Poesía –SENAJ
U, 2011), Gravitaciones (Paracaídas Editores, 2013) e Insomnio vocal (Alastor, 2016). Su poesía se ha incluido en Revista Lucerna (Perú), Somos (EE.UU.), Los Bárbaros (EE.UU.) e Inti (EE.UU.). Recientemente ha participado en lecturas poéticas en Alemania y Estados Unidos.




      

De: Trofeo imaginado entre dientes (2011)


Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las

palabras no guarecen, yo hablo.
Alejandra Pizarnik


Protect me from what I want

Jenny Holzen, Letrero luminoso





quédate callado, la presa aguarda

tiene el hermano mayor el hacha afilada
una pieza para cuatro manos



Desciende la luna sobre la hoja de esta hacha

en una chispa de furia que prende fuego sobre el trigo
cortadas ensayadas sobre el viento enmarañado
lanzan un afilado grito que clama por la presa


casi ha pasado rozándome el rostro, acariciando mis párpados

recordándome su olor             sus dimensiones


      soy la carne encendida que aguarda el filo de tu lengua

      negra morada que lleva en el pecho la promesa del reposo
      la palabra que quisiste engullir a media noche hasta quemarte los labios
      tú mismo perdido y encontrado


una y otra vez

ella atravesará el monte y las flamas dispersas por el campo no la tocarán




II



será mejor que no me encuentres

que tu mandíbula se extienda
cansada y maloliente
por el borde de mi paso
y no sepa contenerlo
será mejor que no me encuentres
que pases de largo entre tu rezo
con tu medio pelo de coraje
y vayas a sudar a otro cuerpo


mejor que no me encuentres

y me confundas con otra presa
desgarrada en otra hacha
perdida para siempre
mejor que no me encuentres


escombro entre tus escombros

nombre desierto lacerando tu garganta



*




Marcar el paso con ese tic-tac in-con-fun-di-ble

marcar situaciones de llegada y de partida
todo bajo el mismo líquido lechoso
de un llegar a tientas entre sus piernas


y el Ser

metáfora de un trozo de carne congelado en la refri
bosteza eternidad de cuando en cuando
desconcertado por no poder entrar dos veces en el mismo hielo


marcar la hebra de luz del principio

sin rencores ponerla al mismo nivel de los caramelos
de centro agrio y oscuro
llegar a un cuerpo
tic- tac
instalarse



*




Nos llaman desde el otro lado

y gritamos que somos inocentes,
siempre hemos acatado,
temprano hemos partido
desde la herida de su cuerpo,
nos hemos dispersado a ciegas
sintiendo el vapor de la mañana
como un aliento corrosivo.
Una vez más el sol quemó nuestras caras,
lo vimos desquiciado
devorar colores a la distancia
dejar tras su paso un puñado de arena blanquecina.


Qué más allá de la llaga,

herida formada por nuestros cuerpos,
costra que se abre dolorosa.




*




A veces creo que mientes

y no es ese tu rostro sino la noche
un charco sobre una mano
y un niño allí sentado
sobre este día como ignorándolo
cuenta granos de agua
tan inexplicables como sus propias manos


sí / mientes cuando eres y te quedas silencioso

se ha enturbiado el agua y él está desheredado de este grito
porque tu soledad y alambres no nos dejan amar
ni besar los pies sucios de estas calles
y sus recuerdos que nos recuerdan
porque nos reconocemos
nos confundimos siempre
y acabamos hundidos en nuestros propios abismos
con la nostalgia del asesino frente a su presa
con el pesar de Sísifo ante la roca extraviada
arrancados en astillas de tiempo
volviendo con el trofeo imaginado entre dientes




*




vendrá la tarde 

y señalará otra vez 
pero habrá suficiente claridad
para verme difuminada en el campo
como un color traspasado por el sol y la lluvia
alimentando el sediento verdor del bostezo del día
ambos en ninguna parte
ni mi cuerpo ni la sed
llena de pliegues temporales
que se ensanchan y se alejan
besaré también tu rostro
reverdecerá tu frente
un canto nuevo surgirá como una enredadera
y no habrá lugar más confortable
que ese rostro empapado de hora recién nacida
la tierra sabrá entonces de un hogar ajeno
forjado en el pecho de un ser
a veces frágil
a veces monstruoso
sabrá la tierra de un origen
de todos los orígenes
abriéndose como poros de piel
en cada rincón donde la luz y la oscuridad se aman
sólo entonces
las bocas saciadas y llenas de palabras
arderán habiendo llegado a su destino
hacerse oídos innumerables
para ver nacer nada más que el pálpito
la respiración en alto
¿qué es esto?
te escuché gritar en la sombra
y acerqué la luz




*



quédate callado, la presa aguarda

tiene el hermano mayor el hacha afilada
una pieza para cuatro manos


Desciende la luna sobre la hoja de esta hacha

en una chispa de furia que prende fuego sobre el trigo
cortadas ensayadas sobre el viento enmarañado
lanzan un afilado grito que clama por la presa
casi ha pasado rozándome el rostro, acariciando mis párpados
recordándome su olor sus dimensiones
soy la carne encendida que aguarda el filo de tu lengua
negra morada que lleva en el pecho la promesa del reposo
la palabra que quisiste engullir a media noche hasta quemarte los labios
tú mismo perdido y encontrado
una y otra vez
ella atravesará el monte y las flamas dispersas por el campo no la tocarán



*




será mejor que no me encuentres

que tu mandíbula se extienda
cansada y maloliente
por el borde de mi paso
y no sepa contenerlo
será mejor que no me encuentres
que pases de largo entre tu rezo
con tu medio pelo de coraje
y vayas a sudar a otro cuerpo
mejor que no me encuentres
y me confundas con otra presa
desgarrada en otra hacha
perdida para siempre
mejor que no me encuentres
escombro entre tus escombros
nombre desierto lacerando tu garganta.



*



Feria

miles de globos en desfile
golosamente enrojecidos
con líquidos sagrados y calientes
eufemismos
algodones derritiéndose en las lenguas
huida definitiva
eufemismos
un payaso guarda sus pastillas de la felicidad
en sus bolsillos rotos y sonríe
eufemismos
una caricia sobre el listón
una mano que se desliza
eufemismos



*




Hay un monstruo en casa

alimentado por nuestros párpados que lo esperan
detrás de la puerta en el verano
un monstruo en casa
que viene disfrazado
a mordernos las manos con dulzura


¡cómo ha crecido este monstruo!

que sus dos piernas no pueden ya sostenerlo
¡cómo hemos dejado que engorde!
a veces siento que camina detrás de mí
viene como recordándome mi nombre
como recogiendo no sé qué despojos


por ahí deja un pedazo de sí mismo

viscoso y maloliente
para sortear los días en que despierte temprano
y sea algo que no sea exactamente él mismo


y sobre él llega la tarde y nacen de sus ojos

pensamientos abismales colmados de amapolas


hoy nos hemos levantado contra ese monstruo

aprisionándolo contra la pared en la oscuridad
recordándole a sus vivos y a sus muertos
hasta que todos quedamos en silencio


tú y yo somos ese monstruo






GRAVITACIONES
Editorial: Paracaídas Editores

Año: 2013

Por: Daniel Romero Suárez

Gravitaciones es un poemario de la Tierra. La voz poética tiene una sensibilidad de la tierra y esto no solo por la clara presencia estructuradora de la diosa clásica Gea, sino también por la presencia, menos explícita, de la Pachamama andina. En Gravitaciones, la voz poética concibe el mundo en términos de los frutos de la tierra, de ahí que un grito pueda ser «ají recién triturado» («Vigilia», 15).

En «Día de campaña» (23), descubrimos que la diosa Gea está desdoblada y en «Sombra» (27) que la duplicación es una condena: ¿la imposibilidad de forjar una identidad? Sin embargo, esa posible falta de identidad a nivel personal, no es el único peligro, pues existe la posibilidad de que la poesía, «palabra orgánica», se extinga. Al elegir Gea purificarse a través de la muerte («Muerte de Gea», 25) cabe la posibilidad de que no vuelva a la vida: «si sus ojos no se levantan / se ahogará la palabra orgánica / el cristal se hará hierro firme / prefiguración del barrote» («Sombra»). Y si Gea no abre los ojos, no podrá renacer «en el animal vivo aprisionado en la lengua» y, por tanto, no comenzará el canto («1 de noviembre», 29), la palabra orgánica, viva.

En Gravitaciones, Gea es, por lo tanto, «musa». No obstante, no es una musa que habla a través de la poeta, sino que alimenta y guía: «en esta sordera navegamos / mientras Gea nos nutre / con su seno cercenado / cuna de la flecha encendida / que abrirá los labios» («Legión», 55). Gea anuncia aquel futuro en que la boca cantará. De ahí la imagen del «arco tensado» en poemas como «Núcleo» (41): «asentarse es no asentarse / […] asentarse es agitar el arco firme» y «Pasaje» (57): «y salgo a la calle con la piel roída / […] para atravesar el centro de tu pecho / para hacerlo madurar / hacerlo arco». Pero, especialmente, es en el último poema, «Gravitaciones» (67) donde vemos la importancia de la imagen del arco. La voz poética ya navega con Gea: «navega el oído en la lechosa sordera de Gea». La epifanía se acerca, pero no se le puede aprehender: «metamorfosis bajo la escama / lo tomas innumerables veces entre tus dedos / y no puedes sostenerlo». Por eso, al igual que el último poema de Trilce, se anuncia lo que está por venir. Se prepara el arco para el disparo final, para el canto definitivo.

En Gravitaciones, la ciudad está casi ausente. Y cuando aparece, es signo de alienación. Pero la solución no es escapar de ella, sino que Tierra se haga presente. Así, en «Reflejos» (35-36), gracias a Gea se mastican las «raíces», signo de la costumbre o rutina que surge «ante cualquier mostrador o en medio de la calle». En «Víspera» (39), el caminar convulso entre las calles fermentadas puede aligerarse al «roturar la tierra» lo que, en última instancia, nos lleva a una poética: «la música no aprendida / descenderá sobre tu lengua».



         
El peso de tus años aplastan las sospechas
llegas desde donde sea hacia el centro de tu cráneo
eructas un pensamiento
y otro con prolijidad y costumbre
tu mano sobre la tela húmeda
acercas el oído y la boca
y está allí sin secretos
un trapo mojado
estropajo tal vez
o sólo el lugar aún caliente que sabe y calla
te digo ¨mira bien el excusado¨
y tu cara enrojece
como si los adioses entre paredes blancas fueran menos terribles
imperturbable delimitas tu campo de estudio, exacto e impecable
como un campo de exterminio
te veo y me pregunto ¿Qué será para ti pelear con estos piojos?
Llega hasta mí tu lengua fría como una moneda
                       y me despierta
                                   alineo mis pensamientos
la mancha roja se reproduce en la yema de mis dedos
crece la sombra del cuchillo
late su hoja entre mis párpados



vértigo
paso en falso
se ausculta el desnivel
torcemos la lana
la soga es firme
desde la grieta
su respiración nos aturde
primer salto
caes en la línea cortada
el hielo bordea tus labios
inicia cuando el cordel esté suspendido
peligro de cuellos atrapados

(esta palma entraña el puño cerrado
donde la piedra se hace polvo
donde desaparecen uno a uno los mojones)

sus manos son a nuestro cabello
lo que las nuestras a su lana
(analogía sospechosa
allá uno a uno cae el pelo
aquí una a una las hebras se trenzan)

crece el temor al filo de cada giro
impúlsate más alto
a cuatro pies contra el abismo




pasaje
la trayectoria de esa flecha
prolongación de mis brazos
ha cercado la lumbre
donde recojo mis huesos
prendas perdidas en otro cuerpo

la sombra insepulta me guarece
su pulso aguijonea mis sentidos
con ella crezco en esta cuchara
me hago alimento del alba
perpendicular desciendo hacia el estómago
hacia mi techo natural
simulación de ausencia
el tránsito es un misterio nutritivo y rojo
a él me aferro como al primer bocado
y salgo a la calle con la piel roída
con olor a duelo cubierta de ceniza
paa atravesar el centro de tu pecho
para hacerlo madurar
hacerlo arco




s/cegar
alumbramos el filo un día de niebla
la espiga contra la frente
el corte fino es un ave
que sueña con la fibra escindida
y observa con sorpresa
gramo a gramo cargarse sus alas
derribará el trigo con velocidad y firmeza
mientras dormimos a cielo abierto
o atizamos las fogatas a pleno día
mientras crece el deseo del vuelo invertido
y la pluma pesada nace en la vértebra




Insomnio vocal (Alastor, 2016)


Ethel Barja: “La poesía más que una realización escrita es un estado de ánimo”

Autora de Insomnio Vocal nos ofrece algunos alcances sobre este interesante texto de poesía  

Hace unos días, la poeta e investigadora literaria Ethel Barja, presentó Insomnio Vocal, su tercer libro de poesía del cual la escritora argentina Mercedes Roffé señala: “La cuidada elección del léxico, el devenir de una frase que parecería reproducir, en sí misma, los secretos pasadizos del mundo que recorre, el sutil pero firme anclaje en una mitología que ilumina al tiempo que devela la inextricable complejidad del destino humano, hacen de este libro un camino único, luminoso, por el que internarse, llevados por el ritmo del verso profundo y singular de la poeta…”

Ethel Barja ha publicado los poemarios Trofeo imaginado entre dientes (Antología del Premio Nacional Juvenil de Poesía –SENAJU, 2011) y Gravitaciones (Paracaídas Editores, 2013). Asimismo, recibió una Maestría en Estudios Hispánicos de la Universidad de Illinois en Chicago. Actualmente realiza estudios de doctorado en Brown University y dirige Gociterra, portal de crítica y creación literaria. Recientemente ha participado en lecturas poéticas en Alemania, Estados Unidos y Perú. Para charlar al respecto Lima en Escena entrevistó a la joven poeta.



9 poemas de “Insomnio vocal” (2016), de Ethel Barja


hilos                                     

1

Espero la fuerza que interrumpa
este crecimiento que se alza entre mis huesos.
He soñado con la destrucción de sus muros.
Sitiada por sus cristales,
observo su gesto ilimitado.

El enjambre que habita mi pecho
me tiene en vela
y pienso desmantelarlo
con una fórmula sencilla y sin alquimia,
como quitarle el pelaje a un gato
hebra por hebra.
Por eso mis luces encendidas en horas diurnas.
El juego que guardo bajo las uñas
es la asfixia lenta de cada vocablo,
mas ellos se atrincheran,
llaman a una nueva criatura
y ella pone su cuerpo sobre mi espalda.
La danza de su ruido
canta con mi carne.


2

Cae sin estridencia
desde el sueño abierto entre peñascos.

Signo abandonado a su relieve.

Ella apoya los ojos,
rasga otras voces en la bruma,
inhala y expira el crujido
donde se abren y se cierran esas costras,
branquias de la existencia.



Eco en vela

Ir por la falange despacio, atravesarte,
como un alpinista al borde de una costra.
Devorar una que otra oración no por saciedad,
por malicia.
La destreza duerme en los paladares,
hierve entre las preocupaciones dentales
y se hace dura simulando pretensiones serias.
Crío este equilibrio en el fondo de una botella,
abismo al que despierto en el delirio,
y veo los cadáveres incendiados que vuelven el rostro
y dejan expuestas sus lenguas de fuego,
lenguas entrecruzadas de vértigos coleópteros,
la roja pulpa de un mal sueño,
ojo del paso estacional de los seres afiebrados,
el vagabundeo de su hambre,
la cerca de sus huesos.
Veo el lomo de la manada como una pieza indestructible,
mi reflejo en la fuente seca,
en la garganta deshabitada de la ira propia.


1

Las sombras dejan sus prendas en la oscuridad,
se cobijan bajo las luces de neón,
mudan la piel entre chispazos plastificados.
Abiertas todas las pupilas,
ninguna penetra su brillo.

Esas sombras caminan desnudas,
en los rincones dejan sus gestos de amor.
La palabra se abre sobre esa danza.
Todo oídos el tránsito me acaricia,
germina el zumbido de la caña
en la carne macerada.


2

Memorias, criaturas que deambulan por las calles,
con ellas tropiezo,
las insulto,
les reparto unos cuantos manotazos,
enmiendo su postura.
Ellas contestan con un ruido en retirada,
arremeten con un bostezo insoportable
y cuando por fin de puro cansancio se alejan,
las sueño arrítmicas e inofensivas.
Un parpadeo, un descuido,
y voraces avanzan más acá del sueño,
y ya no sé cómo mirarlas,
con qué violencia,
con qué compasión.
Las pongo sobre mi espalda
para que inflen sus pulmones y enciendan sus huesos.
Las pronuncio y bebo su ritmo
seducida por su oscuro costado, su extravío.


3

cu  er  das

                          mu ti la das

El cáñamo y el péndulo de lo visible.
Demasiado inútil abrir la mano
y decir, «cae», simplemente, «precipítate».
Todo cabo está extraviado.
La mano siempre está abierta
y todas las sogas en vela
sin saber de dónde sacar más nudos,
más tiempo, certeza del puño
y el cáñamo apolillado gira loco en el horizonte
estremecido en los umbrales,
tras el tejer empecinado, ciego, dando tumbos.
  

4

El crepitar de lo que cae,
los ruidos imperceptibles,
los gestos repentinos en cada esquina,
el tumulto y los cuellos atrapados,
la garantía del orbe encendido.
Algo familiar muere en cada objeto
con su muerte de callejones sin salida.
Van y vienen de lo inerte,
la inmovilidad anhelada,
no asir
dejar
           caer



danza

Extravío en la hendidura,
en la encrucijada que surca la epidermis,
yo, sonora habitante nocturna,
acaricio las cuerdas arrancadas,
el tibio espacio de las desapariciones.

El pulso de lo que me rodea
devoró todo contorno,
atravesó mi lengua.
No hay más luz que la abundancia de lo que muere.
Vagan los reflejos en desconcierto
mientras te poseo detrás de las puertas sin umbrales.
Voy divisible, arco ensimismado.
Se atiza la fuga de las pieles en colores terráqueos.
Crece la inquietud de lo vivo y fragmentado.
Duerme la imaginación de lo uno y de lo otro,
de lo uno en lo otro
de lo otro más otro.
Deshojo con los dientes los abismos,
paladeo los carbones encendidos.


*

Renuevo estas agujas
en la costura imposible de borde rojizo,
en el vocablo salado
en la geografía del calor efímero,
en los pasos reunidos en la línea del horizonte
que van como marcas de angustia en el oído,
como la huella de la voz que su lengua no roza,
el insomnio de la ninfa vocal.

*

Recién llegado agrieta el aire
se ciñe a su presencia sin bordes.
Sus dientes luchan con su propio estrépito
y pregunta por él a sus extremidades.
La palabra antes de la palabra
brilla en su paladar.
Ese amasijo de calles
transformadas en resonancia.
El plural en una sola sílaba
se descubre en el ojo recién nacido,
abierto al sinnúmero que pulula,
a su estrellarse vigoroso,
el nítido murmullo que sonríe
en la piel tierna en sudoroso destello,
y lo que ellos soñaron camina consigo en las veredas,
y hablan entre ellos como nunca antes
tocándose como nunca
en la encía de la criatura,
en el espejo de su grito.

*

Una ventana para no mirar,
para tener qué tapiar en el invierno.
Una ventana para darle hogar a la mugre
para enrarecer el aire adentro y acoger la brisa
de afuera, siempre impoluta, tan fresca.
Una ventana para sitiar el adentro
para que el viento arremeta
y haga peligrar las cabezas.
Una ventana que espere su destrucción
pacientemente, con las astillas en guardia
con su cristal opaco, garantía del sobresalto.
Una ventana como un precipicio,
como el borde del dedo de un niño que señala,
como la vitalidad de las estatuas nocturnas,
la escisión en el muro de carne.


*

Suena la piedra contra la piedra en el mortero.
El abrazo del viajante que atraviesa la puerta y la abandona.
Suenas leche ensimismada en la penumbra
y voy contra las paredes, sus costados abiertos.
Los pasos dejan hoyos negros que susurran,
graznan en el alba y la gota cae crispada en el cascajo.
Miles de vueltas en la cama y mi oído traspasado.
Suena el tronco en dos mitades alumbradas,
la luz misma deja su fragor en la legaña.
La voz no se encuentra más en los espejos
su rostro es la masa sonora que golpea,
el duelo enmudecido que rasga los cristales.
Volver a sí es extravío, acorde trunco.
Les replico ante su dureza, su gozne, su lechoso movimiento
lo que he cernido por escucharme,
señalo la mancha roja en los tamices,
y me escucho en ellos como si volviera muchas veces
y mi piel madura un fruto extraño con miles de semillas.



cuarto inciso

el cadáver de mi caballo me acompaña
su mandíbula tierna
me da los buenos días
y yo limpio sus dientes
mientras veo llegar la luz
su respiración se agita
envidio su paso
tan gallardo entre las sombras


- Ethel...¿Cómo surge Insomnio Vocal, una propuesta literaria más sólida en el manejo del lenguaje con respecto a tus anteriores títulos…?

-Este nuevo título surge a partir de la necesidad de confeccionar un lenguaje diferente a los dos primeros intentos de escritura: “Trofeo imaginado entre dientes” (2011) y “Gravitaciones” (2013). De alguna forma, este libro dialoga con “Gravitaciones”. Ambos comparten la exploración de los alcances de elementos conceptuales. Desde el inicio he buscado un lenguaje concentrado, metafórico, que a su vez, explore la realidad, la materia y que tome entradas analíticas como puntos de apoyo.

En Insomnio vocal experimento con más registros poéticos. Traté de confeccionar un paisaje que remite a la relación del ser humano con el mundo y la mediación de las imágenes para construir identidad. Es un libro que piensa las repeticiones. Concibo el poemario como una negación de la tautología. Tomo la figura del espejo para pensar en los medios con los que interactuamos con el mundo y que nos devuelven imágenes con las que nos vemos y definimos. Curiosamente, a veces los espejos nos pueden entregar otra cosa y hay que pensar en esas variantes. Ahora, esto puede parecer abstracto pero tiene que ver con nuestra experiencia diaria que está sobrepoblada de imágenes, muchas veces, coercitivas. Sin embargo, es posible remitirnos a ellas y ver que no están en un lugar “natural”, no las tenemos que dar por sentado, y son susceptibles a cambios. Así como el personaje de Narciso va a ver en las aguas a un “otro”. A través del lenguaje y de la imaginación es posible ampliar nuestra visión y acceder a un atisbo de libertad.

-La  poética de Insomnio Vocal nos conduce por imágenes hilvanadas a través de signos, figuras… ¿Cómo urdes todos estos elementos?

-El lugar de la poesía es la palabra en movimiento. Es un trabajo de asociación y de resonancia para poder encontrar una imagen poética que no sea autoritaria, y autoritaria en el sentido de dar una experiencia en lo literal y entonces se asimile pasivamente esa información.  En este caso, ofrezco una imagen, opaca tal vez, para que se establezca una suerte de puente entre mis experiencias transmutadas en los poemas y las experiencias del lector.  

-Otro punto importante en tu nuevo poemario es que no cae en la retórica, menos en la simplicidad del lenguaje…

-Sería interesante pensar en la imagen del insomnio. El insomnio es una inminencia en el sentido del deseo del poema, de entender el poema como un devenir, como algo que va a realizarse luego y que se espera. Esto también trae angustia y esa inquietud se trasmite al lector. Sobre este punto, por ejemplo, me gustaría remitirme a Gaston Bachelard, él dice que la casa, en el sentido de hogar, es el lugar de protección del que sueña y para mí este libro es una suerte de estar fuera de casa, de estar desprotegida, es decir, nadie está velando este sueño. Los personajes hablan de este desamparo y en esta intemperie también está el lector. Es el desamparo de no darle un sentido unilateral a las palabras y aparezcan prefabricadas para el que lee como si fuera “fast food”…

-Qué interesante esta asociación con el “fast food”…

- En palabras sencillas, me refiero a entender el lenguaje como una bestia de carga. El lenguaje y las palabras no son una bestia de carga. El lenguaje puede ser un elemento peligroso porque define, fija los significados y también fija las identidades. Cuando hablamos y escuchamos las palabras no sólo se transportan, hay algo más. Por eso la figura de Narciso en el libro. Si para nosotros el mundo es un conjunto de imágenes con las cuales nos definimos, no dudar de ellas, no pensar el posible desmontaje de sus costuras para coser otros trajes es vivir esclavos de lo exterior.

-A propósito que mencionas a Narciso, en todo este tejido poético también figura Eco. ¿Por qué esta necesidad de apelar a dos personajes de la mitología griega?

-Tiene que ver con el registro de mi vida como académica. Eco y Narciso vienen de la Metamorfosis de Ovidio y también de la filosofía. Son figuras potentes que de alguna manera nos transportan a una sabiduría antigua que trato de hilvanar y actualizar desde otros puntos de vista. Es decir, trato de reescribir el mito y colocarlo en un campo alegórico que hable del aquí y ahora.











-¿Hasta qué punto tu transitar como académica y estudiante en Estados Unidos está inmerso en este libro?

-El desplazamiento migrante hace que una sienta que no puede volver a una misma como una entidad fija. Ese es un motivo que trabajé mucho en el poemario. He tenido la suerte de poder transitar por muchos espacios. Nací en un pueblo pequeño de la sierra central, Huanchar, viví en Huancayo, en Lima, Chicago; estuve también en Alemania y Francia. Estos viajes me trajeron nuevos lazos afectivos, lecturas y experiencia entre lenguas que me han enriquecido, pero también, me han transmitido la sensación de no poder volver. Me es difícil establecer lazos fuertes y perdurables con los espacios. Una vez que los establezco tengo que deshacerlos por el viaje y más aún reconstruirlos permanentemente. Esto me ha servido para tener una visión más crítica del lugar desde donde escribo. Esa sensación de no tener una vida continúa, fija, me ha impulsado a querer zurcir tal fragmentación. La escritura me ha servido para poner en diálogo todas estas experiencias aisladas.

-El manejo de la metáfora entre otros elementos también me permiten observar cierta familiaridad,  una especie de dialogo con la poética de Blanca Varela… ¿Estoy en lo correcto?

-Si… Dentro de mis le lecturas, la de Blanca Varela fue muy importante. Escribí mi tesis sobre su poesía, sobre la corporalidad y lo sagrado. Hay una cuestión particular con Insomnio vocal. Uno de los motivos recurrentes en Blanca es la visión. Ella escribe: arte negra/ mirar sin ser visto/ a quien nos mira mirar… Estos versos evocan un juego de miradas que piensa los imperativos que pueden estar implícitos en la visión, el descubrirse como sujeto de mirada y sobre todo como agente de mirada. Eso me fascinó.  Narciso interviene en esa sintonía en mi texto. Trato de encontrar resonancias para hacerlas ingresar en mi paisaje.

-Durante una charla con Blanca Varela me comentó lo complicado que es el proceso creativo. ¿Cómo lidias con la creación, con el periodo de creatividad?

-Mi vida se divide entre la poesía y la vida académica. Ahora sigo un doctorado y enseño. Ese contrapunto entre los estudios, la enseñanza y la lectura continua hacen que no sienta ansiedad si hay un vacío de escritura. Voy a ver exposiciones de arte, escucho música… La poesía más que una realización escrita es un estado de ánimo.  Mientras existan estímulos artísticos puedo estar sin escribir, pero al mismo tiempo soy consciente que la escritura es un ejercicio y que quiérase o no uno tiene que sentarse y pulir. Trato de estar en permanente ejercicio escrito o no.

-El último poema rompe con todos los que componen tu texto. ¿Por qué?

-En vez de ser una poética de la nada, del vacío, trato de hacer una poética de lo lleno porque estamos superpoblados de palabras y de imágenes que nos ofrecen una visión uniforme y muy plana de lo que es el mundo. Lo que hago en el último poema es una suerte de campo magnético de palabras, oraciones y versos. Una invitación a una lectura múltiple y vital respecto al paisaje ya recorrido a lo largo del libro.    

-¿Deseas acotar sobre algún punto más?

-Me gustaría hablar de la comprensión un poco dualista que hay sobre la poesía peruana, en el sentido de entender la poesía o pura o conversacional, social, comprometida. Se trata de una visión reduccionista e imprecisa que aún hace eco. Estoy tratando de construir una poética que se desligue de ese dualismo. Creo en el dialogo de la poesía con la realidad. La poesía no es una abstracción de las cosas, sino más bien, es un ingreso a las cosas desde ángulos diferentes, no esperados.

-Permíteme pasar a otros temas. Tenemos entendido que investigas a los poetas del 50…

-Sí, sobre Varela ya te hable un poco. Mi interés por los poetas del 50 tiene que ver más con la exploración de su lenguaje y de sus preocupaciones filosóficas. Por un lado, empecé viendo aspectos referidos a cuestiones de existencialismo, fenomenología, por otro, me interesó figuras como Jorge Eduardo Eielson.

-¿Por qué Eielson?

-Porque me enseñó un trabajo que explota la plasticidad de las imágenes poéticas. También me interesa la generación de  los 50 y su relación con la historia. Su forma de anclar su arte en un mundo precolombino y entender el arte peruano dentro de una tradición propia. Me inquieta este tema porque hay una suerte de trabajo de identidad. Como lo que hace Eielson con los nudos. Por otro lado, en este grupo, a través de Sebastián Salazar Bondy, existe también un sentido de comunidad, un tema de cohesión, de dialogo, de crecimiento conjunto dentro y fuera del país. Me interesa la creatividad artística y literaria desde el diálogo. Desde otras coordenadas, es un poco lo que hago en Gociterra, un espacio digital en donde persigo la interacción con el trabajo literario de mis contemporáneos. Escribo crítica y elaboro un archivo audiovisual de poesía contemporánea peruana. Este portal es mi gesto concreto respecto a entender la escritura como una cuestión colectiva.

-A propósito de Gociterra, el portal que diriges, para algunos entendidos los blogs ya murieron o están en desuso. ¿Qué opinas al respecto?

-El trabajo de los blogs son necesarios. Si pensamos con la rapidez con la que uno puede difundir la información, el medio digital es efectivo porque la información se transforma minuto a minuto. El tema de la web no caduca.







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