viernes, 28 de octubre de 2016

ELISA MOLINA [19.397]



ELISA MOLINA

Elisa Molina nació en Córdoba, Argentina, donde actualmente reside. Licenciada en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba, codirigió la colección "La Poesía Traducida" y es colaboradora en poesía y crítica de las revistas "Fénix" y "Hablar de poesía", entre otras. 

Libros publicados: Escrito en el agua, (Ed. El Copista, Córdoba, 2003), En la lengua de tu padre, (Ed. El Copista, Córdoba, 2012) y  Por más que en la noche la luna (Alción Editora,  Córdoba 2016).

Traduzco poesía del inglés y del francés. En ocasiones he comentado textos poéticos en ensayos, reseñas y estudios críticos que han sido publicados en revista de poesía y crítica, diarios y volúmenes colectivos de ensayos.




[De: Escrito en el agua,
Ediciones del Copista, Col. "Fénix", Córdoba, 2003]


AGUA DE ORO, 1995

"...el reino pertenece a un niño"
Heráclito

La noche cae sobre nosotros
- juntos, callados -
como una uva de sombra.
Tampoco nos habla el niño;
                   canturrea
absorto en su círculo de agua,
busca piedras de colores,
encanta al tiempo
con el girar de sus manos.


LEJOS DEL MAR

Vivo tan lejos del mar
y sin embargo,
anoche,
en la síntesis perfecta
que compone el sueño,
tuve mi luz, mi casa,
mi camino de acacias
entre las dunas
y a mis queridos.

Después desperté
y por un momento en la noche
la soleada imagen pudo más.
No debiera, no quisiera
olvidar su tenue
presencia en la vigilia:
trabaja en mí, circula
silenciosa; roza
a veces la opaca
evidencia de las cosas.


JARDÍN DE NOCHE

Cruzo el jardín hacia la casa;
el cerco de ramas
contiene ese momento
casi marino de la tarde:
el fondo azul, las formas negras
diluyéndose...

La verdad
se expresa en un lenguaje extraño
y dura poco.

Me apresuro a entrar,
a encender la luz
de esta burbuja que deriva.


EL ABRAZO

"Sucederá lo que haya de suceder - dijo
filosóficamente el mayor de los guisantes..."
H. C. Andersen

La verde ráfaga del verano
y el aire que agita como loco
las hojas de los álamos
y el cerco de la honda madreselva
caen, piel del día desollado,
para mi daño.

Comprendo ahora
a los que se quedaron quietos,
mirando en torno,
comprendo ahora a los que callan.

Una vez mi madre me abrazó llorando,
no sé por qué sufría;
me abrazó como yo
abrazo con la mirada a mi hija
que duerme.
Me abrazó para salvarse
y protegerme.

Para poder cerrar los ojos
y dejar que el sueño, mi sueño,
último jirón de niebla suspendido
hiciera lo demás:
calmar, aliviar, restaurar

el verde pájaro a la rama,
el amanecer al canto del gallo,
los higos a lo alto del sol,
la hoja a su danza:
todo en su lugar
para cuando despierte.


HELECHOS

Finalmente, está hecho:
repetí tu gesto.
Tembló una telaraña y su rocío,
la yema de los dedos rozó
los bordes de la piedra fría
y arranqué un helecho de las sierras,
un gajo de raíz,
con un poco de tierra.

Si me hubieras visto,
este día se habría detenido
apenas un instante
en tu sonrisa.

De lejos nos llegaban
las voces de los chicos.

Acaso se detuvo.



GATA PERDIDA

a Francisco

Querías llorar,
y con rabioso desconsuelo
componer lo roto.
                                 Se puede:

cuando se alineen los espejos
del pasado se abrirá
un día redondo y amarillo
                                 y te dirás:

"Era un día redondo y amarillo,
la ropa se balanceaba al sol
y mi cuerpo pequeño, entre sus brazos."




EN LA LENGUA DE TU PADRE, Ediciones del Copista, 
Córdoba (Argentina), 2012.


Poema de este mundo

I

Desde la lejanía, más allá
de los baldíos, las terrazas,
las antenas de TV;
más allá del fin de la avenida,
llega el grito de los teros:
he aquí el sonido de este mundo
por el cielo que se ensancha.
Amanece.


II

Dos pinos, cuatro álamos y un laurel
cercan el jardín que veo a esta hora
y al cerrar los ojos, cual si fueran
la forma de mis pensamientos.
No importa si la marea de los días
viene densa y marrón
como el cansancio:
flotando en el glóbulo opalino,
siempre emerge al final y para mí,
idéntico a sí mismo, el alto
enramado de los árboles.
Nada permanecerá, seguramente.
Tampoco estas figuras que se ordenan.
¿Qué importa?
Hay un ardor que enciende
la cresta de los álamos.
Amanece.


III

Momento
en que vacila
el brevísimo equilibrio
del sol en el pecho del pájaro
—vibra la rama
y una pluma
del que ya levantó vuelo
cae:
pájaro, álamo, sol
reinarán en nuestra noche
como un carbón incandescente.



Sin marcas

De aquellas silenciosas caminatas,
cantando alto para los árboles altos;
de aquella aguja de pino en un libro
como recuerdo del bosque y del fuego;
de los días marcados con piedra blanca;
de lo que sin saber tu vida ataba;
de aquel instante, cuando al abrir la puerta,
el aire como una lámina helada se trizó
en tu cara vuelta hacia la noche
de un jardín quebrado y de pronto extraño;
de tu gesto final, de esa rotura inconcebible,
nada, ni una cicatriz quedó en el mundo.



Mañana a solas

Y el ventalle de cedros aire daba...
Comparto con vos este paisaje,
porque hoy me toca, amor, una mañana a solas.
Primero, las gatas han reñido mutuamente;
en la paja del quincho, las palomas;
en el pasto hubo pájaros de nombre incierto
(y en un sueño sin aves, nuestros perros).
Después, el silbido de un hombre trabajando,
lejos. Crujían apenas las ramas en el viento,
¡y hay quienes hablan del silencio
y de la pura luz como un vacío
cuando está todo tan lleno que en verdad
no sé si vos y yo cabemos!



Motivos de violetas

Aquí nada ha cambiado, te dirías,
de no ser porque al ras del suelo,
entre yuyos y matas de lavanda
descubriste una planta de violetas,
y esto altera su fábula presente:
el tiempo ya no es ayer, luego hoy
y después mañana. Quiere ser siempre.
La tarde crece como un río
que a la vera va dejando
lo que trae de otras tierras. Pura imagen
y algo casi cierto: esa frágil
raíz vino de lejos. Acaso otra tarde
la dejara entre verdes y ocres
del otoño sin que nadie lo notara.
Te gusta imaginarlo así, con cierta
magia, con tímida asonancia
que una lo separado y lo distinto,
como esta muda planta que devuelve
no las palabras ni el tono de una voz
que ya olvidaste, pero sí la ambigua prueba
de que no todo se esfuma ni se pierde.



EN LA LENGUA DE TU PADRE

Escribes con la lengua de tu padre
dijo en mal español el extranjero
y yo traduje: olor del humo,
gusto a sal entre los labios,
silbar del hacha, el golpe al sesgo;
en la noche inmensa un carozo de fuego;
un árbol deshojándose en otoño
un árbol violeta en primavera
y el aire fresco escribes
en la lengua de tu padre. 



Por más que en la noche la luna 
Alción Editora , Córdoba 2016



QUIZÁS PENSABA

…el soliloquio obsesivo, el aforismo.
En otro plano, la avanzada del agua:
contra el azul del cielo, la leve
nube gris que asoma en el cuadro y pasa.
Los ojos que la miran habrán también envejecido
como los de todas las chicas de la isla,
más tenues que el aroma del aire,
figura y móvil luz en el dialecto
que nos resulta extraño pero dice:

para mí el soplo del Céfiro, todavía




ALMEJA 

Vestigio mineral que puede
evocar un flujo anterior
a todas las palabras, cada
vez que se perla con el agua.



EFECTOS DE LA LUZ 

Atravesamos el cordón de las sierras chicas
por el camino de curvas. Llovía.
Atravesamos la gran nube y ella a nosotros.
Vimos las plantas más verdes y un vaho inmóvil
como si fuese la primera mañana de la tierra.

El otro valle estaba seco. Almorzamos
hasta con buen vino y escuchamos el concierto
para “tripa, charango y serpiente” en la capilla
del pueblo. Café en el bar, amigos, regreso.

A contraluz, el lado oeste de los cerros, 
envueltos todavía en la tormenta, era
la imagen de un sueño que funde plomo
en el corazón o nítido mensaje expuesto.



CAMINO A LA PALOMA 

Oigo el canturreo ensimismado
roto, como todo, por el tiempo:
“A los árboles altos los mueve el viento”.



ABSTRACTO 

Raíces como nervios en el agua 
de un alto sauce viejo.

Él dice que su olor
lo huele a la distancia.

Piensa y ve la silueta de un recuerdo.
Es la infancia en bloque:

una sandía el sol
y el olor de las raíces.

La película del pasado cubre
el agua. Ya no ve

lo que se ve y escucha
otro viento entre las hojas.



ALGO SIN MÍ

Algo sin mí pasa en esta pieza
iluminada a pleno: la alfombra 
está; la cama, el cuadrado negro
con su evasivo lunar claro
colgando en la pared 
y uno con la boca semi abierta
y otro que abandona sus maniobras
de rescate… 
Queda solo un aire vibrando
entre laxas cuerditas lilas 
un rato, y abandona al quieto
que ahora es una cifra
desconcertante.
    Porque no es el de ayer,
no es ni siquiera parecido
al que vio salir la luna llena
a fin de Agosto cual si viera
al Espíritu Santo
subiendo por el cielo,
y después del inicial asombro,
como retenerla era imposible,
la dejó pasar y se decía
pasa sin mí,
quizá no sea para tanto.



REMANDO 

Te veré otra vez cuando vuelva el verano
y reme en la roja luz de la mañana,
en la blanca luz del mediodía y

atrás quede la casa, y los árboles atrás.




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