martes, 17 de febrero de 2015

LAURA CÁRDENAS [14.927] Poeta de México



Laura Cárdenas 

Escritora nacida en Ciudad de México en el año 1942. Se licenció en Historia del Arte y actualmente se dedica a dictar clases de Estética e Historia del Arte en diversas instituciones. A su vez, compagina estas labores con la escritura, que es su gran pasión.
Entre sus obras publicadas se encuentran los títulos "Puerta entreabierta", "El cáliz del alumbramiento" y "Perseguido olor a casa". Como poetisa, goza de una profunda sensibilidad y utiliza a menudo elementos sensoriales, tales como como aromas y sabores, para construir a través de ellos una experiencia muy particular. Cabe mencionar que el suyo es un estilo sumamente intimista pero que aborda situaciones y sentimientos con los que muchas personas podrían sentirse identificadas.
A continuación, es posible leer el poema "Reflexiones"; en él, la autora expresa los conflictos que en ella genera la necesidad de decidirse entre ser una mujer socialmente normal y dejarse llevar por su deseo de vivir lejos de las estructuras impuestas por la sociedad y cultivando esa ambición profunda de escribir. Es un grito de auxilio que emerge desde su interior, su propio yo, su verdadera esencia, que desea imponerse y liberarse. En la poesía, esta mujer encuentra el espacio para explotar ante lo políticamente correcto.

LIBROS DE POESÍA: El cáliz del alumbramiento (1989), Puerta entreabierta (¿?) y Perseguido olor a casa (¿?).






Desenterraste el recuerdo
mientras aromas y sabores
a miel
se desintegraban
tu cuerpo se encogía
inmensamente caído
y rodabas.

Atrás 
un sol brillante.
y lunas perfectamente redondas se burlaban
cuando tu entendías
incorporándote al fin.



:

Nunca me has querido
la acuso
mientras ella
acostada
me ordena
regresar
al templo
de mi padre.



:

Cuentas de rosario
el nombre de mi madre
acariciado lentamente entre mis manos.

Útero sin pulsaciones
cuentas de rosario
muralla de proximidades
sellamiento de vaginas
superficie aislada de mis dedos
el nombre de mi madre.




:

Cuando quiero volar 
y comprendo que al fin conoceré 
a Dios
el esperado
que el fin
seré yo misma
Contemplo el tabernáculo de mi padre
mi madre ríe
grotescamente
y Dios me abandona.




:

Mis hermanas han creado
hijos
en sus cabellos.




:

Cuando callé
mi cuerpo se convirtió
en esfera
y explotó.
Los otros usaron mis pedazos para cubrirse.




:

Verdaderamente sorprendida
de encontrarme techada todavía
después de haber perdido mis muros.




:

Estoy abriendo mis miedos
dejando penetrar
orgasmos y eclipses.




Reflexiones
               
No, yo no puedo echarle la culpa a él. 
Si cuando nos casamos hubiera entendido
que no había necesidad de tants cosas,
que no iba a pasar nada, que el suelo no se iba a resquebrajar
ni caer uuna gran tormenta cuando yo bajara y oyera mi voz.
Pero me forcé, quise ser una mujer como todas,
dulce ama de casa, lavadora de ropa automática, hacedora de sexo...
Ahora todo se rompe en mil pedazos y los cristales no están en el suelo
están en mi carne y me sangran; los cristales me sangran.
Mi único recurso es escribir, allí me encuentro a mí misma.
Las palabras son yo. Sólo escribiendo puedo verme.
Después y antes yo no sabía quien era. Ratona, marciana, lunática,
pero no un ser de este mundo, quizá el eslabón que no embona;
la pieza perdida de un rompecabezas que ya no importa.
Para concretar algo hay que perder algo,
yo estoy licuándome, deshaciéndome para encontrar eso de adentro,
eso que soy inmensamente. La contenedora, la Coatlicue,
la dueña de todo y dueña de nada, la inmersa en el aire,
la mariposa, la bruja, la esposa, la madre frustada, eso soy,
tejedora de sueños, adaptada a los sueños de todos.
Araña lunar. Envidiosa de estrellas. Eso soy.
Ahora que se rompe todo, no puedo echarle la culpa a él.
Quizá... recuerdo entonces. La casa inmensa. cuando niña. El huerto.
Laura, oía, escondida detrás de un árbol con un libro robado.
Laura, y yo no respodía.
Desde allí el mundo no existe, solo una niña sentada, sola...
Gritos
Mi rebelión
¿Por qué soy diferente?
Maldita diferencia, maldita, y tú devoradora de libros,
de pinturas, eterna visitadora de museos, de cuevas, de profundidades.
Odiadora de superficies. Maldita seas, ¿sabes? maldita seas.
Sí, te duelen las texturas lisas, tu superficie es agrietada,
poblada de monículos, llena de sombras.
Y no puedes tocar, no tocas. Aislada, no te aceptas,
no te integras, quieres el pene exacto para tu vagina, el exacto.
Y tu vagina crece, y tu vientre crece y te vuelves absurdamente esférica,
mujer esferea hueca, hueca.
La sangre te corre, te corre y te vuelves roja
como la luna tocada por un sol que se va.
Se va...
Vienes tú, mariposa preñada de ti misma, dadora de ti misma.
Dime ¿Dónde inventaste tus sueños?
Tus sueños globos rojos semejantes a la vida.
Dime también ¿Por qué te detienes, por qué te amarras?
Agarrada de pensamientos como torres. ¿Que esperas?
derriba las torres. No, las ventanas no bastan,
hay que tirar las torres, limpiar los vómitos, 
ver cara a cara a sol.
Encantadora de serpientes ¿qué esperas? Tú rastreadora de luz,
incinerada de noche, lúcida estrella, títere de Dios.
¿Qué esperas?
Las torres caen.
Emerges del terremoto, del agua, del sismo;
bañada por el viento, inmensamente rota, unida, cicatrizada,
convaleciente, monolítica. MUJER.




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