jueves, 8 de enero de 2015

ANTONIA ROIG [14.432]


Antonia Roig 

Nació en 1965 en la localidad de Jacarilla, provincia de Alicante. Actualmente colabora en la revista poética conVersos y ha participado en diversos talleres poéticos en Madrid. Ha escrito los libros de poesía Paraísos de metal, Pavana y aria para un adiós, A pie de pluma y otros tiempos y Nueve piezas de fuga y tres divertimentos, el último de ellos aparecido en Ediciones Vitruvio. Varios poemas del libro Paraísos de metal aparecieron publicados en Revista de Occidente, en el número de junio de 1992.




Nueve piezas de fuga y tres divertimentos, 
Ediciones Vitruvio, 2012




Pieza de Fuga nº 7: Letanía

protéjame esto, proteja esto a quien lo expone
Olvido García Valdés

Protéjame la observación,
la atenta vida de amanuense,

levantando acta
del pájaro caído,
del árbol roto,
del cobre y sus asuntos,
sin armas ni memoria,
sin un por qué,
sin verso y su guadaña.

Que pase cada día
como un coro de voces
dispersas,
con su color y propia tesitura,
a tono ausente,
vibración de unos acordes sobre otros,
acaso nada,
un eco.

Protéjame este frío,
protéjame.




Divertimento nº 1: Poemas a la rosa

I


Esta mañana,
mirando la rosa que hay en mi mesa,
recordé las frías rosas de Rilke
y la de Saint-Exupéry,
y a punto estuve de aplastar su cáliz
cuando volvieron a mi mente
el huerto claro, junto al limonero,
el aroma de las viejas rosas de Ronsard,
y la dejé,
un tanto avergonzada de mi impulso,
nuevamente en su búcaro, tranquila.


II

Hoy,
al caer la tarde,
la luz tenía esa cualidad evanescente
que nos lleva a dudar de la evidencia.
Por ejemplo, la frase de Gertrude Stein
Rose is a rose is a rose
¿quiere decir
what you see is what you get
o, acaso,
what you see is what you mean?


III

La rosa
se empeña en no morir como otras flores
y se está consumiendo en pura forma.
Finge en su búcaro
que sigue conservando su fragancia
y que yo aún me complazco
en aspirar su aroma.

(de “Nueve piezas de fuga y tres divertimentos”, Ediciones Vitruvio, 2012)






Habitación 505

Are you our sort of a person?
Sylvia Plath
But to what purpose… I do not  know
T.S. Eliot

La solicitante de trabajo

En la habitación 505 del hotel Hilton, Washington DC,
una corte de doctores
calibra la corrección de mi pulso y mis respuestas.
Are you our sort of a person?
Are you a little mad?
What are you willing to pay to work for us?
A vocal cord? A chunk of your stomach?
Yo digo que sí a todo
mientras se mustia
el teorema prendido en mi solapa.
Los doctores fruncen la nariz al detectar el olor de mi impostura
y yo me levanto y salgo de la habitación 505
y corro del ala este al ala oeste del hotel,
a que me ausculte la siguiente corte de doctores.




La entrevistadora

En la habitación 505 del Sheraton, Boston, Massachusetts,
dejo caer la máscara que llevo y las muestras de aspirantes escogidos.
Traigo cuerdas vocales, trozos de estómago, flores mustias de impostores.
Los analizo cuidadosamente. El cálculo es necesario.
Soy experta en reconocer el crujir de mandíbulas de los tímidos,
el brillo metálico en los ojos de los ambiciosos, el vuelo gallináceo del charlatán de feria.
Soy buena en mi trabajo: un hachazo y fuera el cascarón—hay que ver al aspirante desnudo.
Hay que palpar sus órganos internos, calibrar la calidad de su cerebro.
Are you our sort of a person?
Are you a little mad?
Sacrifice is necessary—we are religious people.
But to what purpose, I do not know.
Y salgo de la habitación 505, voy flotando del ala este al ala oeste del hotel,
a diseccionar la siguiente tanda de aspirantes.

(de “Vuelta”, poemario en construcción)






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