domingo, 30 de octubre de 2016

CARLOS RÍOS [19.412]


Carlos Ríos

(Santa Teresita, provincia de Buenos Aires, 1967). Es autor de los libros de poemas Media romana (2001), La salud de W.R. (2005), La recepción de una forma (2006), Nosotros no (2011), Perder la cabeza (2013), Unidad de traslado (2014), Deserción en Ch’ongjin (2014) y Excursión a Farandulí (Vox, 2015); de las plaquetas Códice Matta (2008), La dicha refinada (2009) y Háblenme de Rusia (2010); de las novelas Manigua (2009), Cuaderno de Pripyat (2012), Cielo ácido (2014), En saco roto (2014), Lisiana (2014), Cuaderno de campo (2014), Obstinada pasión (2015), Rebelión en la ópera (2015) y Un día en el extranjero (2015); y de los relatos A la sombra de Chaki Chan (2011), El artista sanitario (2012) y Casapuente (2014). [Festival de Poesía de Córdoba 2016]




ESCRIBO EN ESTE TROZO DE PAPEL la gracia o el
espanto de la hormiga, todo eso que no se sabe
para dónde va y qué importa. La hormiga: su
espanto de viento seco; qué ojos la miran
mientras alguien la escribe, la pasa por encima
con palabras, aplasta su espalda como el
capitalista apoya en las arrugas del trabajador
su mocasín, para darle lustre.




ESCRIBO EN ESTE TROZO DE PAPEL el riesgo
de hablar sin que me escuchen, en específico
el riesgo de la acción de estar hablando
y encontrar en el que escucha alguien
incapacitado de escuchar o el riesgo
de encontrar bajo la piel del que me escucha
un corazón, ese órgano que late como si
respondiera a las ondas de un curso menos
líquido que sonoro. Puede ser que pensar el
corazón nos llame a engaño, pero no hay
riesgo porque es un órgano incapaz
de escuchar lo que se dice en otro lado.
El corazón no puede oírte, a quién se le ocurre
que puede dejar el río de sangre de lado para
ponerse a escuchar, ¡para escucharte!




ESCRIBO EN ESTE TROZO DE PAPEL la muerte de
la monja mientras comía un durazno; se
desplomó sin más, como una bolsa, decirlo así
habla mal de mí: cayó más bien como caen las
plumas de los pájaros cuando parten al medio
el corazón del invierno. Qué ruso me puse.
Qué ruso se puso todo. ¿Hay monjas en Rusia?
¿Su modo de morir es desplomarse? Como
cierre digamos que el durazno continúa
suspendido gracias al mordisco de la monja.
Desde esta cerrazón puedo verlo, no al
durazno, sí a lo otro, o ni siquiera, desde afuera
lo que se ve es cierto sistema, su posible
estructura, listo para morder o ser mordido.

(De Excursión a Farandulí.)




Nevskii Prospekt

¿Nieva en San Petersburgo esta noche,
cuando el ademán atraviesa una cara?
Hablemos de este hielo, Nadia
o de los suplementos deportivos.
Que el pronóstico televise, a medianoche,
esa cárcel de nieve.
¿Nieva en San Petersburgo esta noche,
cuando el ademán atraviesa una cara?
Los perros, que no mienten, así lo afirmarían:
-Nieva en esta ciudad, que no es la nuestra,
y han llevado los huesos de las sabias princesas
a otro frenesí, ladies in darkness.
Aullamos con esmero, al fin y al cabo
de Siberia venimos.
No somos Allen Ginsberg.





Port Savoonga

¿Hay algo más bello que perseguir el oso blanco
en el océano blanco?*

Sí.
El aceite de un bostezo
en el pelo de la sombra; su rastro
de criatura que al amuleto de la foca
escarpa su silueta
si el viento de día no la borra;
aquel hombre excitado que busca colocarla
en su trampa primeriza.

Nada hacia dónde emigrar, agotadas
las trampas, las estrellas y la tierra del caribú;
lo que se oculta en el ojo de la muerte,
en el cebo que ofrecí.

Al oso blanco lo he dejado de ver:
él, que ha prometido arrastrar mis vísceras
hasta la vara mortal; pero no tiempo, y
no me ahuyenta que sangre el corazón,
si el mar se ausenta.

En la nieve la palmada del hombre
sobre la vejiga; asta de la criatura
frotándose una especie de lamento.

Unos a otros hombres y perros dándonos
el corazón hacia ninguna parte;
cuesta abajo en la ladera, en la colina
y la pisada de la presa allí donde se muestra
la lámpara del sueño; colgar el espíritu
a la sombra,
el ojo de la foca en la blancura.

* Horacio Castillo. Alaska, Tierra Firme, 1993.
Poemas de Háblenme de Rusia / Iglú. Carlos Ríos. Goles Rosas, Colección Suplementario.


Magos de Bali

Sin brazos hacen lo que el mago de Oz jamás se atrevería (1) Reptan por los suburbios para no ser atrapados por el Grupo Canófilo (2) Un combo de larvas arma en sus pechos la pasta fluorescente que comen por la noche (3) Pero son magos: las reducen a corbatas (4) Son magos: dejan las cosas así, como si otro las confeccionara, un dios o un tipo más organizado que ellos, una persona, diríase, ambidiestra (5) Nosotros (6) No



Meiko Kaji

Ellos, todos, sus epígonos y el brote inducido por el paso de una dosis atemperada pero siniestra (1) Las líneas espectrales de cortisona disparan un kit de pánico (2) Estar fuera del cuerpo libera un mestizaje de miedos y tristezas (3) A modo de ejemplo ella, la japonesita que deja de farfullar cuando  los ve y entona, protegida por una bufanda de sombra, su Wakarebanashi nanka (4) Sus amigos norcoreanos habían pasado cinco días sin dormir, echando pestes, después la luz se fue o la cortaron, robaron la comida, cayó la ola de Hokusai sobre sus piernas, como en Berlín la piedra, como en Tijuana el cepo (5) Los sobrevivientes dieron su resto como ofrenda a los más fuertes (6) Nosotros (7) No



Work Camp

La fuente nunca dice todo lo que sabe (1) La fuente siempre es más débil de lo que aparenta (2) La fuente construye desde sus palabras el rostro del que pregunta (3) La fuente, mientras mira el rostro del que pregunta, hace votos para no doblegarse (4) En ocasiones la fuente es amistosa con el que pregunta y permite el avance del interrogatorio (5) Sin embargo, esta táctica puede ser un engaño (6) La fuente, por más cooperadora que se muestre, nunca deja de ser el enemigo del que pregunta (7) Ellos, todos, sus epígonos establecen un parámetro donde lo que se dice es más importante que lo que no se dice (8) Nosotros (9) No



Oweniana

Ellos, todos, sus epígonos, y la mutilación a ras del cielo (1) Donde la hormiga arruga un plus de materia, remolca para su beneficio, anida (2) Allí se van también, a la sombra del pozo, a contar un secreto por la horizontal del bajorrelieve, por el camino de la mosca (3) La lengua, en su dulce carne, arrastra las eses del socorro, menos por un capricho sublingual que por asalto de la figura ambidiestra, donde salpica el mal (4) Ellos, todos, sus epígonos destripan esas sombras increíbles donde recios y hasta enloquecidos meandros atraviesan monasterios y unos pies de niña se ciñen a las cuerdas de los árboles, acaso desbordados por la manifestación de una desnudez inédita, de algo que no se alcanza a ver y no se oye (5) Quisieran quedarse ahí, en el tornasol de la milpa, violatoria la herrumbre de las piernas, la mirada hacia el piso como las pecadoras (6) Nosotros (7) No

en Nosotros no (2011), incluido en Penúltimos 33 poetas de Argentina (UNAM, México, 2014, selec. de   Ezequiel Zaidenwerg).



SELECCIÓN DE POEMAS DEL LIBRO "LA RECEPCIÓN DE UNA FORMA"



VIDRIO

Vidrio

La pieza;
en la mano de la historia,
muslo de una pieza en combate por su territorio.
Hazme de vidrio,
recipiente de la acción. Hoy vendido.
Control macizo en el que ha dibujado
bajo la forma de lo antiguo:
vidrio,
sonaja para despedidas.
Volcánico y oscuro como la fiebre
de un lagarto: hazme tzinapu de tarascos,
crueles puntas para llagar la noche
y el pasillo central.
El viaje negro.
A más tardar cuentas, adornos.
Un sitio por el cual se enhebre una proeza técnica,
la araña sobre su tela que ni el soplador
de turno podría alimentar
con su oxígeno.
Vidrio,
un perpetuo
recomenzar de la vida del vidrio,
en torno al círculo la base de una idéntica
respiración. Agítase.
Hazme reír.
Que sea el tiempo una especie
que hay que disfrutar. Un cristal de roca ejecutado
en taladros de madera, arena y músculos,
arena para nuestros pies.
Hazme, también, una fuerza impresionante
y la belleza siniestra que me lleve a suelo abierto,
al pie donde el Cerro de las Navajas
retrae su postura,
redondeo que salpica y exige.
Demórate pero abastece,
hazlo.
No lo hagas.
Hay esquirlas de una pieza más grande
y sirven para escribir una carta, labrar piedras o pieles,
segar el cabello y afeitar,
hazme cabeza donde arrase el delicado
vidrio del mirar.
Una garganta, hazme;
para vaciar en invenciones quirúrgicas
y lentos sacrificios.
Aquí, hazme una máscara
y enfríame.
El espejo regula su frágil bordecillo
en finas calaveras
humanas, hazme ser humano por obra del súbito
enfriamiento de la lava.
Por ser el primer distribuidor
de santas orejeras y esferas de tres pies,
vasos, estatuillas,
silicatos de alúmina y metales,
uno cualquiera que devasta bosques circundantes
para alimentar el fuego de sus hornos.
Y tal la calidad de sus redomas
que dan ganas de salir
a cantar.
En el humo
hazme, a estas horas.
Tráeme un rostro.
Y muerto ya el teatro inferior
seré la infantil ménsula;
la angiografía con que se engaña el bebentero.
Una masa líquida, hirviente,
rendida ante su voluntad creadora
y expresada a fuerza de giros,
golpes y pulimentos.
Antes de salir al mundo, la pieza
dormirá en un lecho de arena
durante un día entero.
Hazme, por esta vez,
de una pieza.




CURACIONES

El espacio más borrado
Periodo interglacial de la hormiga
que argumenta sin rodeos su edad de piedra,
ligera militancia del paso impecable,
hoy su máquina de guerra sorda
abre una fila india, estrecha, deshaciéndose
al penetrar un acceso de glucosa.
Un estímulo extra el tierno brote que se deja,
litigante sin éxito y siempre
en silencio (no siempre, mon Akira);
hay empleo temporario en su rosa.
Es tiempo de sacudir, hermana,
la huella imposible y de paso al testigo
que la hizo húmeda o maciza
en su boca.



CONSTRUCCIÓN

a) AIto dispone al iniciar su conferencia
cazuelas de agua, hacia los módulos
paneles de ilustración central
y reflejos en el vacío de la sala
Se detalla un fenómeno natural,
nube flotante, aguamarina, imágenes
que aclaran paulatinas de acuerdo
a los factores del programa
Agua para arrasar la idea arcaica
que hace de un joven aprendiz
un paródico elevador de pesas,
lejos de la obsesión de ligereza
que presiente el proyectista sutil
(preguntarse cómo levantar inmuebles
que parezcan ingrávidos)



Terrassa

a)

Lejos el redundante
face to... de una definición
a escala: las circunstancias
dicen por sí mismas qué
apropiar, y qué no.
Orden. Un proyecto
comienza a deslizarse
y está bien. A punto deja
de ser ornamento:
de uno. Curación.
Allí donde la materia
sensible cuadra la pesadilla
de un edifico axial.


b)

Lanzar una propuesta
y luego ver qué
pasa. Hasta dónde
debiera: resistir, y mezcla
lejos de cualquier
vía muerta.
Que todo lo que nazca
no produzca sólo
cargas claras y limpias.
Un punto cómplice
y necesario:
Ideas magmáticas
y graduación controlada
de la luz.


c)

Aunque el aire común
sea dominante y no se
pueda evitar, importa menos
no tener un estilo.
Pero es posible
encontrar un modelo:
lenguaje nuevo jugándose
en oposiciones frontales
al entorno urbano.


d)

Sería espléndido
un edificio capaz
de devolver la mirada.
Que el resultado
instale reducción
a tanta mueca fallida.
Así la sensación
de que era diferente antes
y será diferente
después.




Pie de obra

Trasladándose un poco más allá
del land art, una primera impresión anuncia
la naturaleza diferencial del paisaje: escenográficas
a punto, espejo de lo que ocurre.
Y quién supiera qué es mirar
cuando el ojo no distingue entre arquitectura
y vegetación. La mejor forma de borrar una frontera
(si lo sabremos) supone dejar que la naturaleza
prosiga como un testigo en curso.
Aun otras marcas (nudos de carreteras; linajes)
tensionan su retrato construyendo ya no el dique,
sino más bien su retención.
Lo único que podemos hacer sería recrearla,
y a lo Vermeer: espacios interiores, gentes en extremo
sencillas a las que les llega la luz,
de tarde.




Croquis

a)

Bosquejos, imposibles láminas
cuando el máximo fracaso consiste
en perdurar: sobre blanco, indaga
un instrumento-guía que restituya
el círculo social en las ciudades


b)

No pensar en espacios
(privados) y espacios (públicos)


c)

El único espacio privado
es la mente, y el gran deseo del hombre
es que su mente se haga pública,
que al fin logre comunicar:
somos nada sin otras personas
y en eso se refleja el principal valor,
el habitus: ser el lugar mientras
exista una ciudad, no utilizarla
sólo por unas horas



LA RECEPCIÓN DE UNA FORMA

Ambiente esencial al sol. Aire botánico.
Una planta (hojas de agua) puntea un sobre
límite. Híbrido tallo corta-hielo, trayendo
otros elementos a la rastra tutela su estructura.
Iluminada nada, revés de mosaico o ropa
donde flotan carcazas que se entelan.


*


Neón en la plenitud del desmontarse,
otra iluminación y levísima lona. Débiles Formas
y Objetos Delgados, caños metálicos a la hora
del periódico o la sorda conjetura radial.
Tubos Líquidos. Un fantasma recorre el mundo.
Flujo de aire su costilla en el recurso de
componer vivienda, otra iluminación.


*


Fértil el anuncio de la forma
ganándose un objeto al que me integro.
Ganapán de hielo, malherido, la garra
anónima postula “opera prima” del desgarro.
Guardia Blanca. La instrucción del acopio
sumida en la ausencia de valores.


*


Derrítase en la mano el sentido de la mano.
Si correr una cortina entre unas ramas secas
indica de una vez la proporción, alguien retira
su valor porque no es necesario. Para despedir
(o recíbase) lo que el vapor instalaría
requiere otro elemento alrededor
de esa estructura.


*


Admiración. Modelo Equis y sus posibilidades
físicas, químicas y biológicas. Sustancia del evento
natural. Una reacción química nos haría ver la increíble
experiencia de los seres vivos. Nuestra sensible línea
de observación (émula de una informal trinchera)
va del amor al paso, los materiales industriales
en estado bruto. Quien descubre, muévase.


*


Alguien destruye la madera para producir fuego.
Al mismo tiempo, ha conseguido prender al caucho
y arde, envuelto su procedimiento. Entendido
como proceso de facturación. Factura: faenar
un material. Apílase, ante el suministro de torsión.
Se dobla sin quebrarse. Al presente, huelga.
A la manera de otro cuerpo, no renuncia.


*


Si cada número surge de la suma de los dos
anteriores, con la vida “residente en el sistema”
no llegamos a dos. Al híbrido de insomnio actual
la tentación, en piedra. Ruptura de los marcos.
Quien permanece en el campo administra
una insalubre relación con el estilo.


*


Animales de una aristocracia que duda
aquel concepto de clase. Paisajes donde cada ser
dialoga ante una mesa bien servida. Ocupación.
Era Precámbrica del resto. Frágil pasaje, simples
materiales obsoletos o precarios atravesándose
tan cerca de lo cotidiano. Revelar con energía latente
estos elementos, sus potencialidades, y dejar.
Al mismo tiempo, y no en el mismo espacio.


*


Porque no se trata de la mera apropiación
para otorgar otro significado. Al terreno de lo estético,
el alambre de sus transformaciones. La misma
Desorientación Geométrica. Ah, pura proliferación.
Su diálogo con el contexto local. Un efecto de saldo
y remanente, por debajo, capacita sobre la vida.




NOTAS

arte del espacio:
referencia
arte del espacio:
delimitación
arte del espacio:
modulación

nunca interferimos
en ese material, apenas
una ilusión
de la que sólo restan
esquemas

demolidos

“al final de la especificidad yace el silencio”




SELECCIÓN DE POEMAS DE LA PLAQUETA “LA SALUD DE W.R”


1.

Equis día. Hay radiación que ingresa y subdivide. Nada en apariencia podría acreditarse ahí, salvo que un haz ha impactado en la carne que se asienta bajo el experimento. Cepo negro de prácticas. Y otra investigación, fuga en proceso, acertijo sobre lo que se observa. Oblicua diagnosis. Un instante en el que la ciencia calibra en diagonal su aproximación, el plop que haga estallar la hipótesis entelada, muchos años atrás, en el país cervecero, lejos del crack que dejó por el subsuelo a un presupuesto sanitario de provincia.


4.

“Anoche tuve un sueño”, dice Maysa (como S. Rodríguez) a su colega, mientras levanta con el dedo un grano de azúcar: testemunha. Un trocito, imagina, de la bóveda celeste en la que se esparcen todas las fuentes emitiendo radiación hacia quién sabe dónde, una locura (¿se ven?, ¿podrían ser captadas por las cámaras?). “Un sueño donde Roentgen masca unas bolitas verdinegras, mientras camina kilómetros tierra adentro, arreando mil carneros hacia una aurora boreal.” Bajo el tubo fluorescente se ilumina la mano de la practicante que jugando cricket se fisuró el huesito semilunar. Observan la radiografía. “¿No es tierno el proximal?” “Algo, sí.” Como una radiación de fondo en equis longitud de onda, la figura pelúcida del sabelotodo Wilhelm aún flota en su seso paulista.


5.

Así procede la fluoroscopia cuyas imágenes se producen por transmisión. Un rayo de fotones de alta energía (dicta W. R. a su asistente) pasa a través de la estructura examinada: lo hace muy rápido, como un pez dibuja otro más dilatado en el fondo de la alberca. Secreciones acuosas, sangre, porciones mínimas de grasa dejan un área oscurecida en la película, algo que al paciente asusta, extraña, frente al físico que se agencia, como siempre, el control que da seguridad. No debemos dejarnos. Control. Respiración profunda. El paciente no debe moverse. Es igual a posar para un cuadro. Al registro descriptivo que asocia un cuerpo equis a un mapa de la República (con el solo objeto de separar ilusoriamente y por un segundo tejidos blandos de las líneas que anticipan la estructura ósea) le sigue, bajo estudio, el haz de rayos que repasa la zona y aparece, de primera, como una línea negra sobre el armazón blanco.


6.

Se coloca al paciente en una mesa de rayos equis. La radiación electromagnética, impulsada por una máquina en forma de partículas individuales, pasará a través del cuerpo para luego ser detectada por una película sensible. Las estructuras densas bloquearán la mayoría de los fotones y aparecerán de color blanco al revelar la película. Las que contienen aire se verán negras y los músculos, la grasa y los líquidos siempre aparecen en sombras grises. Algunos exámenes se pueden realizar con el paciente sentado o de pie. El metal y los medios de contraste bloquean casi todos los fotones y aparecen de un blanco brillante. Las partes del cuerpo que no vayan a ser radiografiadas deben cubrirse con un delantal de plomo para evitar su exposición a los rayos. La posición del paciente, del equipo de rayos X y de la película, depende del tipo de estudio y del área de interés. El haz se enfoca en la zona que va a ser explorada; si el paciente no permanece inmóvil, la imagen saldrá borrosa. Es posible que al paciente se le pida contener la respiración y permanecer inmóvil durante el breve período de exposición (aproximadamente un segundo). Es igualmente necesario quitarse todas las joyas y ponerse una bata hospitalaria durante el procedimiento, ya que el metal y ciertas prendas de vestir pueden oscurecer la imagen, haciendo necesaria la repetición del estudio. Situado detrás de una ventana protectora, el radioterapista tomará la imagen de acuerdo al encuadre que el especialista le ha solicitado. Una pequeña fracción de rayos X atraviesa el cuerpo y los tejidos corporales absorben los fotones restantes. La energía de los fotones absorbidos elimina o separa compuestos, lo cual puede ocasionar daño celular. La mayor parte de este daño se repara pronto, pero hay

otras fracciones en donde el mal resulta permanente.


8.

El paciente se quita la ropa y collares o pulseras que puedan interferir con la exposición; se le dará una bata; etcétera. Si hay miedo, el radioterapista tendrá que dejar la sesión para el día siguiente. Acostado en la mesa, ese cuerpo servido en bandeja (que no sangra pero integra su dolor al procedimiento) es más bien el de un carnero listo para abrirse en canal. Una vez que el director de rayos dispara, el sujeto pregunta. “¿Es todo?”. Que sí. Entonces se coloca la ropa. Impulsado por su derrumbe quiere abrir, sin éxito, la puerta del ascensor. Un letrero, puesto ahí quién sabe desde cuándo, advierte: fuera de uso.


9.

Media vita in morte sumus

La pregunta es cómo puede fungir un radiólogo sin temor. En cuotas mínimas, la radiación es un pac-man que desgrana al sujeto que la opera. Eritema cutáneo, cataratas y descenso de la producción de células sanguíneas. Si un gramo de vida escapa al técnico en cada cliqueo, nadie está a salvo cuando suministra el servicio en el hospital. Los chalecos de plomo se evitan por incómodos y el cuidado escasea. Algunas estadísticas indican pérdida de pelo, depresión, disgregaciones matrimoniales y esterilidad.

Informe y notas posteriores

Würzburg, 1895-1896


12.


“Sobre un nuevo tipo de rayos, una comunicación preliminar”. Informe ante la Sociedad Físico-Médica de Würzburg.

Noviembre, 1895

No pienso: investigo. Una hoja de papel recubierta con platinocianuro de bario se ilumina cada vez que la corriente eléctrica pasa a través de un tubo. El resplandor continúa sin que la luz incida sobre la placa, en plena oscuridad. Eso es todo. Un agente desconocido atraviesa la cartulina, llega hasta la placa y activa en ella su fluorescencia. Quien cree en un invento se equivoca. Se trata de un fenómeno, diríamos, casi poético: donde se fragua un rígido programa. Cualquier ojo instruido en la luminiscencia que se acerque y explique. Historiografía de la luz. Una radiación X penetra el espesor de un material sin ser absorbida o se dispersa, de acuerdo a su

energía y longitud de onda, respecto de la naturaleza del material que los rayos barren en su camino. El sol de invierno es débil y no logra excitar la fluorescencia para que ésta genere rayos X que atraviesen la cubierta protectora, pero ya se verá.


13.

Exposición de campo. Urpflanze: protoplanta

“Esta máquina en la que se retratarán mis huesos y pulmones ofrece poco del elemento decisivo, el centro en la cuestión: el gesto. Yo, el pequeño Franz, soy un gesto en la mano de mi padre. El gesto es el movimiento que hace la mano cuando firma. Es el poder de mi padre que se apoya en el papel. Es él: su peso específico, en la firma, se hace legal. Yo desaparezco. Rayos equis: Roentgenstrahlen: un vaciamiento también equis de mi cuerpo. ¿Eso que se ve en la placa es la materia excedente? ¿El negativo de mi vida? Dentro mío, doctor, no queda nada. Soy una caverna. Esos hilillos en la exposición pintan el cuadro anónimo de una estructura que nació para ser vencida. Que hoy se releva. Una actividad eficaz elevada por el rigor de un sistema fundado en la razón.”


14.

Negerplastik

Buda, 1896. Exhumación de una memoria óptica. De los hermanos Lumière a los rayos catódicos. Dos meses después del descubrimiento de Roentgen, un eminente físico húngaro, Endre Högyes, publicó un artículo en una revista médica de su país en el que sugería que la nueva técnica podría ser aplicable en el campo de la medicina. Su trabajo, titulado “Fotografía del esqueleto a través del cuerpo por el método de Roentgen”, se ilustró con una serie de notables radiografías, entre ellas

la de un esqueleto de rana africana.



15.

Fiebre consumista. La gente paga por una fotografía de sus huesos. Una multitud se baña en rayos X. En Postdam, el gobernador emplaza una estatua de W. R. en pleno Zentralpark. Roentgenstrahlen: diáfana fuente de salud y juventud. Los carretes de inducción y los tubos de rayos catódicos son rebautizados. En los consultorios, se hace casi obligatorio usar rayos para el diagnóstico y tratamiento de múltiples enfermedades.



16.

Medalla Rumford

Sociedad Real de Londres, 1896

Una cultura fascinada por la fluorescencia. Que desde hoy se desmantela en el procedimiento, bajo la grafía de los rayos equis. Un condómino de huesos progresa en la placa como una turba albina. Tubos (óseo linaje) que parecen nacidos de un cristal de Bohemia. Fuelles centrales, percudidos. Instantánea falaz: la exposición dura unos veinticinco minutos. Se comprueba el potencial cancerígeno de la placa pionera. W. Roentgen masca una bolita que le ayuda a soportar la radiación (lejos aún de la dosis permitida, 2 milisievert al año). El paciente masca su TBC (otra condena). A todos nos llega el imperativo de una estructura imposible: el operador adopta un valor equis de corriente y por contraste, se exhibe el brillo virgen de una pública osamenta.



17.

Enlace radiográfico. Estructura, esbozo, imitazione

Placa-testigo: imagen de la mano de Anna Bertha. El anillo prenupcial.

Un cuerpo se hace visible sin necesidad de intervenir con cirugía. El contorno difuso, blanco, de los huesos de su mano bajo el rayo revelador. Falanges macizas, campiranas, en esa garra de zombi que maniobra una zona reservada al servicio del causante del hechizo. Reducida, a posteriori, por los efectos de la radiación ionizante. Por esos rayos transversales, en ondas, que ignoran olímpicamente los acelerados campos magnéticos. Que atraviesan, inalterables, la gruesa pulpa de la donna de Roentgen.



18.

Wilhelmstrasse

Cientos de estructuras óseas en esas placas colgadas del edificio municipal. El guateque de radiólogos remite a una protesta anterior. En la ciudad fracturada, rota, avasallada, humillada y cercada, estas ostensibles huellas en forma de recordatorio hacen que los paseantes inclinen la cabeza. Cada quien piensa en lejanos escenarios del dolor que la imaginación desea reinventar al tiempo que deja para mañana el escenario presente. Brillo radiográfico. Prebélico. En la diminuta capital sombría relucen los huesos en las placas. Pero hay más en esa ciudad, un más agazapado. En tal edificio, donde entonces funcionaba el Ministerio del Aire. 

La salud de W. R.
Febrero, 1923
Munich



19.

Nada en que asentar las experiencias de un cuerpo-testigo, las pesadas herramientas dormidas en su cámara, a estas horas un poco más oscura: reflexión asistida al tipo de imagen que ahora, en un ciego énfasis, nace si es producida por el chasquido que tantas veces escuchó en la sala de consulta, el ruido seco de la máquina de rayos. A quien tanto más quiso escribe con la parquedad de costumbre: querida estarás bien si dejas de llorar en este instante, ahora, ahorita. No es una carta de amor, no es testar una propiedad que no existe. Que los que llegan con su trastienda de saberes sepan aplicarlos a la labor radioterápica. Queda tanto por hacer... esos sonidos, alta frecuencia para un pájaro en su jaula podrían ser utilizados, si se dirigen con precisión, hacia la parte del cuerpo o el órgano en cuestión que hasta la fecha se estuvo examinando, y sin éxito. Hacerlo a velocidad variable, con la sutil manía desde la que hoy me despido (no es para siempre, amor) y por la cual sé deslizarme, en emisiones de una sombra minada por un edificio de intenciones aún mayor. Este dolor que dobla al medio sitúa los trapos de un percance inicial desde el que fuimos traídos y cercados por el fohen, unas partículas nucleares cedidas en el algoritmo para volver (sabemos) a producir, nuevamente, la imagen que consiste en nuestra exposición. Así querría ingresar, de a dos ante el Altísimo, y decirle: “soy yo y mi copia en negativo, ahora sin carne, puro hueso blanco, estela radiográfica, no pesa, puede confundirse y ser un órgano en las nubes”. Pero Dios no está para bromas, ni sabe de resonancias magnéticas porque practica otra clase de terapias (véase resucitación de Lázaro), y éstas nunca le interesaron (muy costosas) porque ponen en peligro, en nombre de la salud, la vida del paciente y la del terapista, envuelto como un santo en su chaleco de plomo.



20.

El cuerpo, puro objeto de examen, se aquieta hasta ser solución fisiológica cuando la transmisión: memento mori donde la radiación atraviesa un cuerpo de contextura heterogénea, atenuándose si puede en otras formas, y disponer para sí nueva reversa. De igual modo tenía que pasar algún día: no puede ser tan malo, después de todo, ser por un rato la imagen radiante y en latencia frente al bromuro de plata de la película, nacer luego de una lentísima elaboración y sin saber qué zonas de distintas densidades se irían produciendo entre el blanco y el azul que confronta tal sección. Dispersión coherente (Rayleigh) de las estructuras en estudio. Borrosidad cinética que sólo se produce cuando un objeto se desliza ante la exposición: tanto dolor en un costado hace posible tal animación donde se anula, por fallido, cada nuevo procedimiento. Bardo chijai. Ya es el ingreso: disolución del mundo lógico (y qué era): pústulas del orden en desorden y pérdida de contacto, pesadez, intensas presiones físicas que ya no dejarán, por el momento, de actuar mientras la tierra se hunda (es la visión) en el agua. O en el fluido mental: el negro de la placa radiográfica, proporcional a la radiación incidente (su densidad). ¿Un aumento en la densidad física se observaría como una disminución de la densidad radiográfica? Quí lo sá. Lo que no quita, además, otras dependencias adicionales en cuanto a la velocidad de la pantalla intensificadora.



23.

Anatomizado, un esqueleto igual a esas estructuras de hierro que se usan para cargar botellas de litro sucumbe a la fracción. Zonas visibles, parceladas apenas por la constitución de esa dignidad que me confronta al árbol más pesado, decoroso representante de la estación central, invierno: una rama y su gama de grises para formar otro contraste, bombardeo con electrones de alta velocidad sobre blancos materiales de elevado peso atómico. Radiación (al fin llegamos). En ese cuerpo listo para nacer fuera del límite, esta vez, se aloja la minúscula “activa” que un prefijo de ciencia dura implanta; y da lugar en Lennep, Würzburg, a los delicados jardines de la Universidad y su trastienda, donde la floración. Pero es aquí donde el fohen tiene su residencia, su mala racha, no ahí donde el remolino baja y arrasa al paso del calor. Ciega la mano maestra. Y es todo. Y no es, por donde pasa el hilo delgadísimo de luz que estrecha, angosta, la mano del

período. Costes del día. Estalla la lengua ante la insuflación y delira. En partes; el poderoso oficio del renglón cuando sacrifica lo último de lo último. Queda la tradición y el circuito evolutivo de la física.



24.

Nada en que asentar. Las tramas óseas y la manía de quien no se consume en el acto de morir, que crece en una espiga de ceniza. Lo equis en un extintor de fuegos, el gato para automóviles, arranque y el freno de los ascensores. Lo equis en la estela refulgente que lo llama. Anni 1895 para que el estudiante construyera su máquina radiográfica en su casa-laboratorio. Sin ninguna guía para el tiempo de exposición correcto, guiándose por el desconcierto o la intuición, sentaba al paciente-testigo en una silla con el soporte de la película en posición. Así, predijo el uso de la radiografía en odontología, transportando su delicado y pesado equipo desde Nueva Orleáns (hoy negra y submarina) hasta la linda Asheville. Lo demás es diagnóstico (historia) y continua, tardía exposición. No se termina, no se puede terminar.

Y hágase mi voluntad*.
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* Roentgen, por voluntad testamentaria, hizo destruir todos sus archivos.









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