jueves, 12 de junio de 2014

NORMAN MENDOZA ROCA [11.896]


Norman Mendoza Roca

(Lima, PERÚ  1977) Egresado de Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Premiado en la Bienal de Poesía Estación Compartida, 2002. Premiado en Juegos Florales y Deportivos Facultad Educación,1998. Tercer lugar en Premio Poesía Erótica Peuana Carlos Oquendo de Amat 2003. Finalista en Concurso de Poesía Dedo Crítico 2004. Así como finalista en Premio Copé de Poesía años 2003 y 2005. Mención Honrosa Premio Copé de Poesía 2007, entre otras. Tiene publicados poemas en Dedo Crítico, Taller de Poesía, Lhymen, Bocanada, entre otras revistas del medio. Ha sido publicado en las Antologías de ganadores y finalistas del Premio Copé años 2003, 2005, 2007. Junto con el grupo poético Artesanos publicó en el 2003 el libro En la Orilla del Ocio. Actualmente se encuentra abocado a labores alejadas deL ámbito literario y educativo.


cuerpo de amar

ella había una vez y se iba,
había y cerraba la puerta,
había las canciones,
había una fiesta con sus ropas,
se había ella misma
y me había contra ella
tatuado en el muro.

ella había una vez,
me había al oído una historia
que se había de mí
y luego se había con sus ropas,
se había sonriendo y se iba.

ella había una vez,
había todos los días una vez.


sombra
                                                                                       
lo que no se hizo vive a tu costado
arañando débil el polvo en el aire.
la canción que no escribiste se escucha sola
muda y lozana al filo de la baranda
de ese viejo puente por donde aún cruzas
sin canción en los bolsillos
sin silbido
porque esa canción se llevó tu mejor tonada,
lo que no hiciste, esa caricia,
rozó la faz de la angustia hasta hacerla sonreír
y se fue adquiriendo soledad de obelisco,
lo que no hiciste se queda en pensamiento cenizo
amarrado a los aleros.

esa puerta que no abriste se abrió sola
cuando ya te habías ido
descontando los peldaños rápidamente
y entró otro, otro, ese que no fuiste,
ese otro que amó el cuerpo que te ansiaba,
y ese otro le cantó al oído la canción que no escribiste.
lo que no hiciste vivió por su cuenta.
y no es asunto de destino trágico
o suerte de marinero intermitente
se trata más bien de dibujar sin trazo firme.
lo que no haces siempre vive a tu lado
pero no te darás cuenta de esa existencia
sino en el último segundo
cuando en ese umbral te veas
al fin completo pero ya sin tiempo,
tú abrazado a todo lo que nunca has sido.

lo que no haces no expira no fallece
adquiere una vida sin altivez
como de línea lila en el sueño
o rocío durmiente de parque en agosto.
lo que no amaste se entregó sin contemplar ocasos
la tarde le fue amplia y tuvo frutos
lo que no hiciste fue el mejor bosquejo del edén:
un hijo con voz,
un daguerrotipo del desnudo misterio
al borde de la sonrisa
eso fue sin lugar a dudas
porque lo que no hiciste también tuvo
                                     camino y sombra.



la niña del puente

todavía no se ha lanzado el día de hoy
está recogiéndose el cabello hacia atrás
como despejando una duda repentina /
no sé qué piensa o sueña  o sólo va
porque esta mañana
es la misma bendita mañana de toda la vida:

una diaria función del amor y el dolor abrazándose

ella sube los peldaños sujetando su cartera
como si la luz se la fuera a arrebatar antes del acto central

todavía no se ha lanzado el día de hoy
está igualita que ayer el mismo traje talle
                               brumosa
y lleva consigo los tres únicos poemas
que escribió en el tiempo único que le brindó la vida /
ella anda
avanza por el puente sin dejar más huella que frío
con su mueca de fantasma que intenta sonreír
con esa inocencia del que todavía no extraña

a mitad del puente la ciudad es otra
la vida sigue siendo la misma /
ella toma esperanza prestada de los zaguanes y baúles
ella recuerda algunos versos
todo viaje es movimiento viaje es volar
cada vez que amas eres lo que amé
pero creer en lo que se escribe ya no es suficiente
todo lo que se anhela será deleznable
y sólo se empieza a creer en lo perenne
                                          cuando ya no hay salida

todavía no se ha lanzado el día de hoy
desde la baranda ella observa
la ciudad es de quien la mira dicen
y de algo hay que empinarse
para mirar qué tan solo se puede vivir

la vida es de tan pocos

todavía no se ha lanzado el día de hoy
porque se puede dudar dos veces
porque se puede morir en el infinito mismo.


piel

la piel es lo único cierto:
océano viento fulgor, artimañas.

la piel se repite se expande
mejor que lo fatuo y lo falso
mejor que el concreto y el agua,
no se agota en la brega
sin embargo dura un periodo reducido
una cortedad que envidian las heridas.

la piel es la única verdad porque muere
pero en su intensidad edifico la historia
el camino que trazan mis dedos
y ya no se está solo.
tu piel derriba nostalgia endechas
arrastra consigo trochas matorrales
le hace un lugar de verdad a los ojos
aman los brazos las costillas el costado,
ya no habita soledad.

tu piel existe lo que dura el amor
y cuando la piel
le sobrepasa en esencia al amor,
calladita, sin molestar a nadie, se duerme
                                hasta su próxima vida.



carta urgente

son piedras ninguna lectura acepta la metafísica de esta nostalgia
que tan sólo se aferra al viaje extenso de las algas,
al milagro que pienso y que por ende se vuelven estas piedras,
la historia enredada como un remolino,
una vastedad de ausencia, una ausencia por todos los frentes.

hoy viernes amé un cuerpo rápido,
una esa piel anónima, una mujer ciega y muda.
te extraño lo insólito por eso te escribo desmoronándome.
te confieso tengo miedo, el miedo va adherido a mí
igual que un tatuaje o beso tuyo posible en lo imposible.
hoy traje un cuerpo a mi casa, lo amé,
me saqué toda la piel seca de encima
pero nada brilló más allá del oscuro del distante:
el amor se volvió piedra porque no eras.

hasta cuándo iré buscando cuerpos para matarme en silencio
hasta que me oigas.
todos los días en silencio para que me oigas
traigo cuerpos blancos a mi casa
y aunque sé que no son tú derramo en ellos
todo el vino de esta angustia.
te llamaré hasta matarme
te amaré hasta olvidar la muerte
me mataré hasta olvidar que no me amas,
olvidaré,               pero el mar trae piedras
un brazo larguísimo es la esperanza
y yo espero de este lado del abismo.

soy antonio, el suicida  / el que te escribe la carta urgente
entre los silencios más inhóspitos              
                                                      como el dolor y la espera.



poema

el amor es lo peor que le puede pasar a la poesía
y por mi calle aún pasan o pasan todas las tardes
la rosa el sol el río calladito,  descalzos,
por eso escribo desde el zócalo, nulo,
una minúscula grieta,
                             una boca.

eso pasa y pasa todo el día
no existen atajos ni transatlánticos,
el amor es lo peor que le puede pasar a la soledad,
del céfiro guarezco los brazos,
frente al espejo soy otro más áureo menos agrio.

yo mismo soy esta boca
y no sé cuándo miento
o si cuando miento es de verdad
y ando pregonando la vida
como quien toca un cuerpo
castizo primigenio nunca rodado.

esta mano es lo peor que le puede pasar a mi voz.
no hay salvedad,
una vez más te tocaré con palabras solamente,
la voz se llevará la poesía,
la verdad se llevará el amor.



cárcel

“en tu gesto mas frágil hay cosas que me encierran / o que no puedo tocar porque están demasiado cerca”
 E. E. Cummings


anocheció
su mano olvidó los dibujos
los dibujos destejieron su labio
y yo me perdí en trazos infantes
en el instante en que ella
rompió su lápiz



me dejo tu niñez escondiéndome la luz cuando me duermo

me dejo tu niñez escondiéndome la luz cuando me duermo
atada igual un ala en las manos.
me dejo esa tu niñez escondiéndome los lápices
haciendo que dios descuide el tiempo
y pase mis brazos hasta el ahora en que nos retrato.

hay una niñez en que recuestas mi corazón de viejo
hay una oscuridad que ignoras y avientas semillas pasando
mañana será pradera el miedo
mañana mi corazón jugará tus besos rodando por la noche.

un día este amor nacerá de la muerte
vendrá de la vejez hasta el azul
saldrá de la oscuridad por verte
e inventará la luz de nuevo                
                                                   si no la encuentra.




Primera Imagen de Vanne 

para Vanessa Chanca Silva

La niña tuvo al poeta,
lo cortó en una flor de mar
y empezó a enseñarle las palabras.
Ella le dictaba sílaba por sílaba,
así el poeta empezó a mirar;
sólo de su voz pensaba y a su voz volvía.

La niña tuvo al poeta.
Salió de la verdad para encontrarlo,
procuró certeza a pesar las dudas,
caminó lo imposible dejando su tiempo en las cosas,
trajeada de lenguaje enseñándole,
con una luna triste en los dedos
y tan necesaria que a veces dolía en los ojos
igual que un milagro.

Y en realidad fue la niña quien tuvo al poeta.
Ella lo escribió.
Simplemente lo escribió por las dudas
(siempre se escribe por las dudas)
juntando líneas con ríos y demás hojas
hasta hacerlo enigma y calle solitaria.
Y se marchó.

Por eso ahora tantos libros después
cuando quiero viajar viajo los ojos por sus letras
y cuando quiero morir en serio
procuro escribir a la niña tal como era ese domingo
aunque nunca logro hacerlo.
Por eso escribo tantos libros
para poder morir alguna vez
y devolverle este milagro: la vida.


claudel

la nave de siempre
se ha estrellado contra el azar
contigo dentro

las sombras
también olvidan,
recuérdalo.
un pasajero es una distancia
y mirarte desnuda
no reduce nada
más bien abre un flanco
por donde huye la ansiedad
corriendo
de regreso al peñasco

qué te parece mirar el mar
desierto,
desalada tú,
los labios huecos,
la mirada baja,
los senos mudos

claudel,
está bien,
no te detengas
no te detengas,
la muerte también sueña.



matiné

ella había una vez y se iba,
había y cerraba la puerta,
había las canciones,
había una fiesta con sus ropas,
se había ella misma
y me había contra ella
tatuado en el muro.
ella había una vez,
me había al oído una historia
que se había de mí
y luego se había con sus ropas,
se había sonriendo y se iba.
ella había una vez,
había todos los días una vez.


HABICH

Donde yo te espero sólo tú cabes
Pedro Salinas 

ragazza todo cielo se abre y se cierra y sólo tu pensamiento deja un espacio para sembrar claveles en una alcoba, la ventana de aries nos indica que afuera el mundo sigue vertical y un cuento que comienza por tus pies y nunca termina fabula que el origen sólo conoce esta luz



Hipocampo Editores: El libro de los suicidas

uno nunca sabe / NORMAN MENDOZA
uno nunca sabe cuándo llega un suicida
 a quebrar la bulla armónica del mundo
con su paz de profeta silencioso
su corazón enumerado y su saliva blanca
nunca

podría ser que emerja espigado en natura
y piense una que otra palabra  cascarosa y profunda
– esto lo desconcierta – 
y la piense y la aplaste y no diga nada
    (la palabra)
y pasee con ella y la posea a ella
sin que altere su mirada,
nunca

una sombra solitaria
en cualquier parte del plano
puede resultar un hoyo en el puente:
  la afirmación del amor

entonces nuestro amigo (el suicida)
compite con dios vertical
y viaja sin nudos sin corbata sin amante
enroscado en su propia lengua
        invisible
no es posible saber cuándo aparecerá un suicida
por ejemplo
un sujeto asombrerado podría ser
un ganster un dandy un maniquí
o por último
una carátula de buenas costumbres

la ciudad alisa su vestido
el mediodía llega igual para todos
pero al margen derecho de la sábana
una hilacha desatada relata desorden
 una palabra que no dice
una maldita palabra que no dice (sino que sueña)
uno nunca sabe cuándo llega un suicida
ni mucho menos
cuándo deja de escribir.

Para Sigmund Freud, eros y tanatos son las energías que impulsan al ser humano, lo mueven, lo hacen ser. Quizá por ello, el amor y la muerte son los dos grandes temas de la literatura universal. Dos pulsiones que actúan juntas y que se presentan de muchas formas, uno de ellas es el suicidio. Este es el punto en el que se ubican los versos del inquietante poemario El libro de los suicidas. Pero contrariamente a lo que se suele creer, aquí el suicidio es un quitarse la vida y es, al mismo tiempo, un quitarse la muerte. En los poemas que reúne este libro, el poeta se halla anclado entre su fuga de la vida y su postergado encuentro con la muerte, y la cadena que lo aprisiona a ese especie de limbo es la escritura, la poesía: “soy antonio el suicida / el que te escribe la carta urgente”. En este poemario, Norman Mendoza nos brida una sugestiva metáfora sobre el arte de la escritura: la poesía es un suicidio, una forma de rechazar la vida (“uno nunca sabe cuando llega un suicida / a quebrar la bullar armónica del mundo“) y es también una manera de evitar la muerte (“una línea de más o de menos / un párrafo fuera de los planes / puede arruinar una muerte”). El poeta es, entonces, un suicida eterno, “abandonaré por último este poema como si fuera el mundo / como si fuera un poema el mundo / siempre sin terminar nunca”.     [Por Yuri Vilchez Bejarano]





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