sábado, 14 de enero de 2017

FLOR CODAGNONE [19.861]


FLOR CODAGNONE 

Flor Codagnone nació en Buenos Aires en 1982. Es licenciada en Periodismo. Brinda servicios editoriales, clínicas literarias y coordina talleres. Creó la materia Rock y Comunicación Social en la Universidad del Salvador. Escribió con Nicolás Cerruti Literatura ? Psicoanálisis: El signo de lo irrepetible (Letra Viva, 2013). Tradujo Los Beatles y Lacan: Un réquiem para la Edad Moderna (Galerna, 2013). 

Ha publicado:

Mudas, Editorial Pánico el Pánico, 2013
Celo, Editorial Pánico el Pánico, 2014
Resto, Modesto Rimba, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2016




DEL LIBRO Mudas, Editorial Pánico el Pánico, 2013



¿Me decís el nombre de lo que nos une?
O si hay nombre
si los fantasmas se hacen cuerpo
o si el daño es hoy
“Mentime”, digo. Y caés
a centellear: No-puedo-mudar-de-piel.


*


En la imagen rota de los labios
asoma la desnudez cuando no hay más
y cerramos los ojos y nos vemos
vestidos, uno al lado del otro, azules,
escapando de un fantasma
que nunca terminó de nacer.


*


Cambiamos de muerte un viernes.
Era de noche azul, nos tomamos las manos
y prometimos aquello que no dijimos.
Una sonrisa, apenas, o la energía
de la máscara.


*


No sé si lo soñé.
Hablabas dormido,
decías
cosas que apenas escuchaba,
pero entendía.
Era la noche del día
en que me desnudé
por primera vez.
¿Te acordás?
Bajaste el cierre falso
de la primavera
y quedé frente a vos
con un cuerpo
que todavía no era mío.


*


después del cruce de palabras
el tren acerca sus luces
y entiendo
que no soy linda,
que ningún hombre va a quererme
aunque me quiera
o me desee
o me construya
con su mirada
o me escriba una canción
que reboque el modo
en que nos decimos y nos vemos.


*


Si soy una canción,
soy una canción problemática
que alguien toca con un fuelle asmático,
con un viento libre y sureño,
con una guitarra pueril,
que alguien canta con una voz
limpia, linda
algo
aguda, masculina,
que alguien dice con algo de rock,
que alguien baila en el subte
cuando recuerda.
Y si soy una foto, miro siempre
hacia abajo.
Y si soy un instante,
gimo.


*


Estamos metiéndonos en lo profundo,
la espesura de tu mano no alcanza
a agarrarme, puedo escurrirme
como una miga de pan o como
un beso en la comisura.
Si nunca supiste decir “te quiero”,
no es el instante.


*


Se están borrando las cicatrices
que me recuerdan que falta algo, mejor,
que hay algo enlazado, anudado
en el interior de mí.


*


No soy reina nunca,
en nada,
para nadie.
A lo sumo, princesa,
sin miriñaque ni tiara
que me sindiquen como tal.
Ya ves: la sangre se me nota
por todos los costados
y los roces y las faltas.
No hay amor propio
en mi fantasía,
ni voz, ni cuerpo, ni mar.


*


Todo fue mal después de vos
porque no supe de mí
y empecé a rasgar los lutos de otros,
a repetir
lo que decían los hombres
sobre las mujeres.
Y se me cansaron los pies
de escuchar esa canción
que habla del día y de mí.



Mudas, de Flor Codagnone

Por Gabo Baigorria 

Mudas son las palabras o las mujeres. Mudas son las transformaciones, las metamorfosis, las alteraciones. Que también son mudas, pero de mudanza.

Y mudas de sin voz, son también la evolución y la renovación. Que son mujer y son palabras.

Mudas son todas y cada una de las palabras que, al decirse, tienden a enmudecer.

La identidad también es muda, como los fantasmas, los trenes, los hombres, los besos, los cuerpos, el sexo y la sangre. Todos éstos, habitantes y vecinos de este precioso y delicado poemario de Flor Codagnone, que con una musicalidad que es seducción pura, impone una lectura corporal, lo que lo convierte en una experiencia francamente emocional.

Lo que no se puede nombrar, Flor lo desmigaja de taquito, con la soltura de quien sabe exactamente lo que está diciendo. Con una identidad tan femenina que asusta, pero no ahuyenta. Todo lo contrario: hipnotiza. Se lee, sí o sí, de un tirón. Probablemente dos veces seguidas.

Las caricias que no pueden mirarse;
idiomas-melodía inventadas para que tengan voz;
el cuerpo ajeno que es propio;
el propio que es ajeno.

Pero la más muda de las mudezas o mudanzas que habita este libro es la ausencia.

Cómo nombrar las ausencias y, sobre todo, la más grande de las ausencias, que es el pasado.

Solo es posible con poemas que se ponen en crisis a sí mismos y a su belleza.

Palabras que aparecen solas entre los cuerpos que se evocan, que se tocan, que se miden, que se asumen, se repelen y se ausentan.
Que aparecen con los gestos innombrables que son voz callada por no saber cómo decirse.

Que aparecen con la música de las bocas cerradas y los besos no dados. La música, ese lenguaje que puede describir lo que no se puede nombrar.

Para que lo que no se ve, por fin, sea poesía.




DEL LIBRO Celo, Editorial Pánico el Pánico, 2014


Voy a romperme
como las flores, 
a romperme, 
y vendrá el tiempo, 
vendrán los ojos. 
No hay nada más 
tristemente mío 
que mi tristeza 
ni nada más deseado 
que mis deseos 
ni nada más callado 
que lo que digo. 


*


Me basta un beso precario
para extender las alas
y hacer mi arte:
convertirme en grulla
y volarte la cabeza o, desnuda,
en la nieve, disparar el arma
de tu sexo y enterrarme
con palabras y después…
hurgar la entrepierna
de mi pensamiento
y construir castillos
con voces de otros.

Hay quien dice que duelo.


*


Temo a mi boca,
violentamente temo
a la idea de mi boca,
a la curvas bajo el vestido,
a la idea de tus manos
o a la mirada bajo el vestido,
a las cosas que puedo
si me dejo. Violentamente
temo a mi boca, al sentido,
a mis partes, a ser sola,
a la idea de la idea de la idea
cuando me desvisto.


*


No vas a entender nunca mis lugares,
ni que los apropie y los quiera y los extrañe.

No sabés de mis calles ni de mis cortadas
ni de lo que sigue girando
en la calesita de la infancia.

No vas a entender esta tristeza
que es mía y que duele un cuerpo
recortado grave vacío conectado cosido.

Ni mis usos del lenguaje, ni mis deseos,
ni las pocas cosas de mí en las que creo.

Hay santas herejías de las que adolezco.


*


Las palabras van a morir
a la angustia
y no hay signo
que escape a ese paso.
Estamos condenados
a la música del adiós.


*


La sangre circula sola
y la pregunta es “¿qué?”,
la respuesta no importa
ni lo que hayas escrito,
dónde están tus papeles
a qué huele mi carne.
Acabaremos heridos
de cualquier modo, el vino
no me gusta. Por la noche
hay palabras que sobran.


*


Ni jugar a la guerra podemos
sin que la guerra nos habite,
sin que nos mudemos uno
a las palabras del otro
y empecemos el festín antropológico.

Hay tantas minas lindas y yo no,
yo, en mi maldita resistencia,
por los costados lucho,
por los costados resisto.
Sangro por el costado.

Quizás no lo sepas,
pero algo medieval
tiñe esta pelea:
(Hay voces hechiceras).

Todo lo que dijiste
–No cambiás. No podés.
No cambiás. ¿No sufrís?–
y todo lo que quiero.


*


Buscamos algo distinto.
Una boca que bese a miel
y que sepa a beso,
un rincón al que correr
para quedarnos quietos.

Un cuerpo roto, rasgado,
que quepa en mí
y pueda encender el celo.

Un agujero, el que nos salva siempre,
y una letra divina, antigua,
que no se pueda decir ni escuchar
que no inscriba lo que significa.

Busco un nombre fuera del padre,
más allá del nombre, después de mí
y de todos los varones.

Un cuerpo de mujer,
que es mío, nada más
que mío, mujer
tajada, escindida, imaginada,
creada, sexuada, anudada.

No es lo que quise creer,
que hay demasiadas sombras en mí,
un cuerpo tomado por lutos infinitos
de palabras. No,
en mí, algo estalla
de vida.




DEL LIBRO Resto, Modesto Rimba, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2016

En este desierto insoportable
de palabras. Te pienso, te espero
a mitad de camino. Hagamos otoño
cuando no haya con qué
cubrirnos la piel
del silencio.


*


Algo me devora,
se alimenta de mí,
me detiene, me abre
en dos, me llena
de lágrimas.

¿Qué es esto que dice
"soy mujer"?

Agua que va al agua.


*


Corrí hacia tu angustia
tajeé la carne,
me abrí en pedazos,
arranqué mi cuerpo. Quise
que no hubiese modo
de hacer con el sexo.

Poesía es más allá
de la literatura
(lo que no duele no pasa).


*


Sigo herida, castigada:
volvés siempre
a la geografía de mi memoria.


*


Voy a tener miedo.
Te voy a pedir que me abraces.
El vestido puede arrancarse.
La piel, no.


*


Vomité tu nombre
en un suspiro.

Hay más cicatrices
de las que temo.






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