jueves, 15 de enero de 2015

ALONSO DE LEDESMA [14.489] Poeta de Castilla-León


Alonso de Ledesma

Alonso de Ledesma (Segovia, 1562 - ibíd., 1623), escritor español, iniciador del conceptismo.

Su poesía se centra en el juego ingenioso, que a veces conduce hasta el absurdo. Fue el primero en adoptar el concepto como forma sistemática de expresión; su juego formal se basa en la condensación expresiva y para ello se sirve de la polisemia, las elipsis, las oposiciones de contrarios o antítesis, las paradojas, todo lo que exija una agudeza conceptual. Esta estética fue seguida de forma entusiasta por Francisco de Quevedo, Luis Vélez de Guevara y su El diablo cojuelo y la prosa de tipo moralista y satírico de Baltasar Gracián.

Ledesma participó en varios concursos de diversas festividades y certámenes, y ganó en muchos, como en uno realizado en 1603 en Valladolid en honor de la canonización de San Raimundo (de la Orden de Santo Domingo), o en las Fiestas en honor del nacimiento de Felipe IV en la misma ciudad, en 1605, y en los certámenes literarios de 1609 en Salamanca y Segovia por la canonización de San Ignacio de Loyola. Hasta 33 jeroglíficos de Ledesma incluye Alonso de Salazar en su Relación con motivo de la festividad de Salamanca. Se conserva, además, un sermón suyo en enigmas.

Escribió Conceptos espirituales (tres partes, Madrid, 1600, 1608, 1612), que desarrollan varios puntos de doctrina cristiana en forma alegórica; la obra alcanzó tal éxito que se reimprimió más de treinta veces solamente en el siglo XVII. Siguieron Juegos de la Noche Buena en cien enigmas (1611), versiones a lo divino de los viejos villancicos y cantares populares de la última Edad Media que incluye cien enigmas con logogrifos, letreados, paranomasias y juegos de palabras. El Romancero y monstruo imaginado (1615) abunda en quívocos de agudeza (Baltasar Gracián le llamaba Divino-. Su última obra se editó póstuma: los Epigramas y Hierogllíficos de la vida de Christo, donde se incluye un largo «Coloquio entre la Fama y Eresma, río de Segovia», acerca de las grandezas y antigüedades de la ciudad. Amigo de Lope de Vega y conocedor del lenguaje aragonés, el bibliógrafo Francisco Vindel (1937) lo da como plausible autor del llamado Quijote de Avellaneda.



Soneto a San Sebastián

   Es nuestro hermano Dios pues ha querido,
encarnar en la Virgen madre nuestra,
y bien el ser hermano se nos muestra
en las obras que del se han recibido.

   Pues después que nos hubo defendido  
con el valor de su invencible diestra,
nos da de su hermandad la pobre muestra,
dejándonos los bienes que ha tenido.

   Vos Sebastián hermano a morir fuiste
por el hermano que murió inocente,  
clavado en una Cruz como culpado.

   Y aunque sin culpa, cual se ve, moriste,
podrán decir que estáis muy justamente
por la santa hermandad asaetado.





Soneto a San Jerónimo

   ¿Qué cólera es aquesta Doctor santo?
¿con quién es el enojo y la pendencia?
¿un hombre ya de ciencia y experiencia
se encoleriza, y descompone tanto?

   De vuestra gravedad, señor, me espanto  
por piedras os bajáis, no hay mas paciencia?
templad y refrenad con más prudencia
esa cólera tal, y suelta el canto.

   Mas obra es de virtud, según he visto,
castigar un esclavo mal sujeto  
viendo los bríos que de ocioso cobra.

   Castigarle muy bien (por Jesucristo)
no os pierda como a muchos el respeto,
que Dios os pagará tan buena obra.




A Dios cuando apareció a Moisés dentro de la zarza

   Andaba Dios de puro enamorado,
aún antes que tomase carne humana,
rondándole la puerta, y la ventana,
a cierta dama que le trae penado.

   Moisés en una zarza le ha mirado,  
llena de fuego, y gloria soberana,
que entre espinas se está de buena gana,
cuando se espera cosa de cuidado.

   Es celosía por la cual pretende
ver a la dama que en su pecho mora,  
a quien con sumo amor, y gusto acude.

   Y puesto Dios en zarza bien se entiende,
que si tomara la zarza Dios ahora,
no será mucho que en el huerto sude.




A San Ignacio de Loyola

   Vulcano cojo, herrero vizcaíno,
si quieres ablandar un hierro helado,
de un pecador protervo y obstinado,
saca tu fragua en medio del camino.

   Los fuelles de oración sopla con tino,  
hasta que enciendas un carbón tiznado,
que en fuego de lujuria se ha quemado,
y es para fragua cual carbón de pino.

   El hierro y el carbón, que es culpa y hombre,
traerás con las tenazas de obediencia  
a tu amorosa y encendida fragua.

   Pide a Jesús el fuego de su nombre;
la yunque, y el martillo su conciencia,
y tú serás hisopo puesto en agua.





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