martes, 14 de junio de 2016

ALFREDO LEMON [18.875]


ALFREDO LEMON

Córdoba, República Argentina, 1960.
Abogado. Como Profesor de Filosofía ejerció en la Universidad de Córdoba y en el Ateneo Filosófico de Nueva Córdoba. Continuó en la docencia en la cátedra de Derecho Constitucional en la Universidad Blas Pascal; en la cátedra de Historia de la Cultura en la Universidad Católica de Córdoba y en la cátedra de Teoría de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales.

Obra poética: Cuerpo amanecido, Ed. Lerner, 1988
                         Humanidad hecha de palabras, Ed. Lerner, 1991
                         Sobre el cristal del papel, Ed. Brujas, 2004.

Libro de ensayos: El mono metafísico, Ed. Ateneo Filosófico de Nueva Córdoba, 1991.

Premios y reconocimientos:

 “Romilio Rivero, Municipalidad de Córdoba”. 1985.
“José Hernández”, Colegio de Abogados de Córdoba, 1987.
“Plaza de los poetas, José Pedroni”. Santa Fe, 1992.
 “Escritores por la paz”, Sociedad Científica Argentina.1994.
“Premio Jóvenes Sobresalientes” de la Bolsa de Comercio de Córdoba. 1994.
 “Asociación de Escritores Argentinos”. Mendoza, 1995.
 “ Sociedad Argentina de Letras, Artes y Ciencias”. Córdoba, 1995.
“Obrero de la cultura” San Marcos Sierras, 2002.
Tercer Premio Sociedad de Escritores de Río Cuarto. 2005.
Mención de Honor Premio “Primo Belletti”, Sociedad Argentina de Escritores Villa María, 2007.

Miembro asistente al Seminario de autores de Córdoba en la Universidad Nacional de Córdoba, años 2004, 2007 y 2015.
Algunos de sus poemas han sido incluidos en las antologías y traducidos al inglés, italiano, francés y catalán.
Premio Homenaje a Alfonsina Storni, Ed. Pegaso. 1999.
Premio Homenaje a Octavio Paz. Ed. Pegaso. 2003.




Jorge Luis Borges, 14 de junio de 1986

La luna se arrodilla junto al Lago Leman
y tu sombra se duerme en una página de oro.

Absuelto de la alegría y la lágrima
el cuerpo se purifica de sobornos.

El alma es una gruta donde reza una marioneta de Dios.

El infinito pesa una gota de hiel.
Somos el límite en un grano de sal.

Sabios, reyes y mendigos
en el olvido
                  anochecen.

(De “Cuerpo amanecido”, Ed. Lerner, 1988)




Humanidad hecha de palabras

¿Qué sería de nosotros sin la sed del deseo,
el reposo del jinete, la angustia de la fugacidad ?

Hijo del hambre, el hombre
carga al hombre sobre sus hombros.

Así suceden días de intemperie:

con gestos felinos a la hora del amor
y con gestos mendigos a la hora del otoño;

con la soberbia de un rey en el trono de su astucia
y la tristeza de un muñeco al sentirse vacío.

Todo es fantasía:
                            fiesta de moscas.

El poema es arena
                            donde mueren los cisnes.

(De “Humanidad hecha de palabras”, Ed. Lerner, 1991)




La superficie de las cosas

No todos los días el mundo se ordena en un poema.
Cuando joven, el poeta es un jugador
arrojando sus palabras como si fuesen dados.
Cuando viejo, es el errante vagabundo
embriagado de locura, solo.
Al fin, la verdad no importa.
La búsqueda cuenta más que el hallazgo
y las cerezas de la tierra van perdiendo sabor.
En la página en blanco se oculta la belleza.

(De “Humanidad hecha de palabras”, Ed. Lerner, 1991)




La mujer de Magdala

Hace unos años, durante la vigilia, tuve una revelación:
el Señor me anunciaba la aurora del primer día,
el Señor me anunciaba el sol de la primera criatura. 

Después, entre los ríos de Damasco, 
-el Abaná y el Parpar-
se desnudó la niña del país de Israel.

Allí nos bañarnos siete veces en el Jordán.
Allí, bajo la luz del plenilunio, 
su inocencia bautizó mi espíritu.

La serpiente ascendió 
hasta llevarme al éxtasis. 

Tan cerca de sus labios y no poder rozarlos…

Entonces pregunté: 
¿Por qué me estaba prohibida su tibieza?
¿Por qué no beber su miel antes de subir al Gólgota?
    
Con el milenio, en otra noche:
tuve sed y me dio vino,
tuve hambre y me dio placer,
le pedí abrigarme entre sus manos 
y me hizo el amor;
pedí perdón y me sentí purificado.

Esa campesina me salvó de la muerte de vivir sin vida.
Ese ángel me enseñó la calma del morir.
Esa hembra liberó al minotauro.

Me acostó en la cama del ungido
y leyó sus versos en un templo blanco.
Cobijó mi pena bajo las sábanas.
Me hizo hombre y me hizo sacerdote.

Detuvo mi lengua en las curvas de su espalda
y cabalgó sobre mis hombros.
Cicatrizó mis llagas con una llama púrpura
y encendió mis yemas con un fuego sin fin.
Durmió conmigo donde los pastores
llevan el metal para la fundición de los calderos.

Confieso que la amo.
Nunca la olvidaré.

Hoy bendigo al Señor que me aconseja.
Aun en mi soledad más oscura, ningún mal temeré.
Estará a mi diestra y no vacilaré.

-Guárdame como la pupila de los ojos,
escóndeme a la sombra de tus piernas y tus grutas. 
Protégeme del mal, de traidores que acosan,
de fiscales que acusan,
enemigos ensañados.

Quien tenga ojos para mirar, que crea.
Quien tenga oídos para oír, que sienta.
Quien no tenga fe, que permanezca dormido.

(De “Sobre el cristal del papel”, Ed. Brujas, 2004)



La noche más noche
                                         
Qué jóvenes morimos aquí, en las grandes urbes,
ciudades sitiadas de tinieblas y agonías;
zoológicos de gente, hogares jaulas, shoppings catedrales,
grandes countries que sólo encierran felicidades aparentes,
rehenes lujosos de un malestar hipócrita,
simulacros vividos sin glamour,
albergues solitarios.

Qué jóvenes morimos aquí,
extraviados en la senda de la ganancia injusta,
en ambientes de smog y ezquizofrenia, 
con los pies incendiados de cemento,
sin familia ni música, con las espaldas curvas
y las manos llagadas, asfixiados de angustias y toxinas. 

Demasiado jóvenes morimos aquí, 
acelerados en speedways hacia ninguna parte,
festivales sin feeling,
fiestas embotadas de cocaína y fast food.

Muy jóvenes morimos aquí, 
en blancos hospitales y anónimas camillas,
entre la anestesia y el revólver,
la amnesia y la ficción: comedias negras.

Tan desamparado no podrás enfrentar 
la noche más agria, 
                              la noche más gris, 
la noche más noche
                              cuando todos tiemblan. 

(De “Sobre el cristal del papel”, Ed. Brujas, 2004)




Agonía en la cruz
                                            
Ya no necesito a Judas.
Debo morir y estoy dispuesto.
Los maderos no me pesan.
La conciencia es una paloma en el desierto.

Madre: perdón por haber sido un mal hijo.
Mujer: perdón por no haber sido padre.
Hermano: perdón por no haber sido amigo. 

De a poco, el último sol me enceguece.
Vuelvo al Todo.
                           Nunca estaré solo.

(De “Sobre el cristal del papel”, Ed. Brujas, 2004)




Sophia

Una silueta de mujer se insinúa detrás del anaquel.

Su luz es más brillante que el oro
y pocos pueden contemplarla sin perder los ojos.

Vigila el jardín del conocimiento,
allí donde apenas somos capaces de desatar 
las sandalias de Sócrates.

La busco y la he buscado:
desde mis primeras intuiciones en la infancia,
a través de las distintas edades de mis días
y en el revés de cada página.

La busco y la he buscado:
aún pregunto si a ella pertenecen mis palabras;
si suyas son las dudas que escribo en el papel
y ahora intento exorcizar en estos versos.

(De “Sobre el cristal del papel”, Ed. Brujas, 2004)




13
                                                         
 Este es el número de la suerte incierta.

 Por qué pensar una cifra que simbolice
 la vida cotidiana que apenas somos
 y aquella parte que no alcanzó ?

 Este es el número de la suerte incierta.

 La paloma entró en la casa 
 y lo juzgamos un buen augurio.

 Vimos al murciélago cruzar la noche 
 y nos creímos condenados al insomnio.

 Percibimos el mundo por el ojo de una cerradura.

 La superstición nos hace débiles
 y sólo la renuncia nos vuelve omnipotentes.

 Este es el número de la suerte incierta.

 Siempre es tarde para hacer un balance,
 demasiado pronto para inventariar.

 El juego del destino es pulcro y necesario. 

 Vivir es apostar por un deseo pertinaz.  




Hojas de hierba

Pájaro trémulo, poema,
solo, en mi conciencia.

Oh, ángeles, ahora puedo ver
cómo mis negras nubes desaparecen
y un carruaje lleno de fantasmas se lleva mis dolores!

Detrás de las colinas hay ríos trasparentes,
agua lavando las piedras y el cansancio de los pies;
aromas sutiles, labios dulces, adolescentes,
relámpagos, húmedos huracanes hundiéndose,
cuerpos celebrando.

Siente el pulso de tu sexo lamido por mi lengua,
tu placer aullando a mi deseo.

Siente el beso de las víboras,
el veneno para conjurar la muerte.

Siente el goce en estado puro:
el semen del ángel en un jardín del infierno.

Dios es una orgía, un paroxismo.

Hazte cargo de tus huellas, tu heroísmo,
tus farsas, fantasías,
tus miedos, tus proezas,
tus premios, tus suicidios,
tus más secretos talismanes,
ese verdor que no perecerá.

Sube, baja, concéntrate.
Abre tu pecho y sopla.
Tienes el don de respirar!

Reconcíliate con la araña y con la estrella.
Resucita.
Vuelve a sentir la sangre por tus venas
recorriendo la geografía de tus días.

Deja que la lluvia borre toda herrumbre.
Bebe la leche de las leonas y el vino de los reyes.

Si sientes la cercanía del fin, aléjalo:
celebra la excitación del miedo,
el fondo negro de una página en blanco.

Fácil resulta alternar medicación con meditación,
oir la música del laúd y el crujir del ataúd,
mezclar marihuana y fluoxetina.

Y entonces, el agua es todo el mar
y siempre nos bañamos en él 
y fuga como un frágil silogismo.

Lamento por el árbol si es apenas sensitivo
y por la piedra dura que acaso nada pueda percibir.

Breves recuerdos son siempre un largo adiós.

Cada mañana la mañana está por hacerse.

Toda escritura oculta una promesa.

Ninguna historia termina jamás.



Los ojos del búho
                                                                  
No soy filósofo.
Antes de preguntarme el porqué de las cosas,
prefiero vivir.

Soy incapaz de entender 
qué pasó con nuestras ansias, 
caídas, ambiciones.

¿Qué fue de aquel amor que duró tantos años
  sin haber sido nunca?
¿Cómo entrever esperanza
 en el revés de la tristeza?

Tras el espejo de la realidad 
hay una imagen secreta,
y en el fondo, otra más fiel,
que nadie conoce y que sólo vislumbra.

La verdad es puro maquillaje.

Quizás, para sentirse feliz
habría que eludir los pensamientos,
huir del cuerpo y elevarse en oración
como los místicos y los mendigos.

Quizás, para sentirse en paz
habría que abandonar las urgencias 
y ofrendarse al cielo como un cáliz. 

Pero la vacilación sacude el espíritu,
el tiempo nos suspende en un patíbulo
y las pupilas del misterio eclipsan la fe.


Las horas

El tiempo es una casa recibida en herencia.

Habitada por fantasmas, con grietas y manchas,
todo quedó atrás, todo quedó lejos.

La infancia en un sofá, el regazo de mi madre,
todo quedó atrás, todo quedó lejos.

Sombras insomnes, recuerdos velados,
objetos temblando.

Un reloj preciso en la pared
y un piano abriéndose infinito.



El amor no es amado

Quien ama a una mujer, las ama a todas.
Pero aquella a quien amas, es la más ajena, la distante.

¿Un amor compartido nunca se olvida?
¿Los amores prohibidos perderán la memoria?

Hay amantes que se encuentran unas horas
y acaso son felices.

Hay amantes que no se encuentran nunca
pero son felices en la espera.

También el monje siente a veces
que Dios no ama su plegaria.

El deseo tiene el sabor de las uvas del infierno.

Hasta el amor más puro esconde siempre un sufrimiento,
el amor más sublime también morirá.

Lo efímero angustia, lo duradero cansa.
La felicidad amenaza.

Demasiadas ausencias…

Lejos de quien creímos estar enamorados,
lejos de quien hubiésemos querido amar.



Los inmortales guían el camino    
  
Los dioses hablan en sueños a los hombres.  
Asciende hasta el centro secreto de la vida. 
Siente la fuerza del tigre y el fuego del dragón, 
la mansedumbre del cordero antes de morir.  
Lleva tus ojos hacia una estrella distante: 
Borges, Einstein, Madre Teresa.  
Advierte el sufrimiento y la ignorancia. 
Caza tus zorros con lanzas de oro.
La gracia no demanda más.                     



El poeta y su musa

Gira lenta la luna
mientras alguien reza en su recinto:
-Cuando estés en mi cama
te besaré la espalda,
los pétalos de tus pezones,
tu manzana partida.
Con saliva cicatrizaré tus pérdidas,
tus cansancios, tus íntimas derrotas.
Sabré si el placer valió el esfuerzo,
si ser poeta sólo fue un vano intento.



Tango

Esta húmeda psicología
me dejó triste, arrabal,
como si te conociera.

Yo que nunca estuve más allá 
del margen de una página,
puedo vislumbrarte ahora,
melancolía con sabor a ginebra: 
hembra luna, 
                     hembra enjambre, 
                                                  hembra caliente. 

Copa gris, seducción rota.

El hechizo ataca y se defiende,
se entrega y se resiste:
un hombre, una mujer, una tragedia.

Fuerte, feroz, furioso,
sigiloso y felino
                        como el instinto.







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