domingo, 26 de octubre de 2014

SEBASTIÁN RIVERO [13.846]

       
                                              Darío Iglesias y Sebastián Rivero
        

Sebastián Rivero

1978, Colonia del Sacramento, Uruguay. 
Profesor de historia, periodista. Dicta clases en el Centro Regional de Profesores del Suroeste. Dentro de la investigación histórica y cultural editó los libros: Antología (sintética) de la poesía coloniense. Desde el siglo xviii a la actualidad (Revista U, 2000) y La Guerra Grande en Colonia (Torre del Vigía, 2007). Publicó los libros de poesía Cuerpo y sombra de la voz (Revista U, 2003), La Cárcel del Silencio (Artefato, 2005) y Pequeños Crímenes Cotidianos (Vintén Editor, 2008). Su obra poética esta incluida en las antologías Poesía del Litoral (Aldebarán, 2007) y Los hijos del fuego. Novísima poesía uruguaya (Caracas, Fundación Editorial El perro y la rana, 2011). 


despedazando ovejas

despedazando ovejas
tiñendo de rojo
la lana que pronto
mecería el sueño de Agamenón
no presiente Ayax
el vuelo del engaño
la acechanza tendida
por la locura.
en su desvelo
Aquiles cae bajo su espada
una y mil veces.
Ignoa que otro filo
lo acosa
imprevisible como
una flecha
y que arrancará
sus ojos
cuando despierte
de la fiebre 
en que fue un títere 
de una comedia atroz
(vasto teatro del mundo).
se arrancará los ojos 
igual que el ciego
que selló su destino
entre blancas espumas
de mareas de palabras.


Del libro La cárcel del silencio.



Los tres ríos

A Carlos Mastronardi

I

ardua tarea señalar las aguas
atravesando la imagen del junco
retener otra vez, en el rostro y la memoria
el viento susurrando en laderas de orquídeas y fuego verde
mirarás tan sólo el resplandor y no lo perdurable
el sol hiriendo al río, brillando en las retamas.

II

es secreta la correspondencia que acerca mis ojos
al misterio del resplandor quieto en tus aguas
es secreto y tenue el hilo, que enlaza al cielo,
a los hombres, barcos y retamas
la armonía si existe es oculta, ajena a todo
extranjera al río de la lengua, que si asciende
es hasta perderse en miasma.

III

las islas son manchas en tu luz clara
incógnitas que enturbian la lengua rumorosa
en esas islas los pasos se perdieron, las voces sonaron hasta apagarse
mis ancestros levantaron sus casas, encendieron fuegos, recorrieron
las costas siguiendo las curvas del estuario
aprendieron el silencio, oficio extraño para los hombres
devoraron sus días, y fueron tragados por la enfermedad y la muerte
llevo su signo en mi cuerpo, aunque no los reconozco
¿el río de la infancia no se desboca en tu cauce y lo retiene?
¿o el río ajeno de la lengua, ya no te nombra, y me nombra?




El anunciado

a Jacobo Fijman 

la mortaja callada en los labios
con la ansiedad y la angustia
repasas sólo la vida más allá
de los muros
ves el deambular de los cuerpos sin alma
dentro tuyo todo ha pasado
y el invierno invade la ciudad
allí dentro, en el Borda
es blanco todo
las noches blancas
los días blancos y sin espera
y dios lleva pilcha de loquero
y aunque te hagas la señal de la cruz
los molinos van a darte contra la quijada
y no serás ya más, no
el anunciado, el amado de los dioses
no serás más el lector de Santo Tomás
el que descifra en los cristales de las iglesias
el resplandor de mártires iluminados
el cristo rojo de tu sangre
ya estarás muerto mirándote al espejo
preguntando dónde está la vida, quién eres tú,
quiénes aquellos, quién el otro, que te acecha en la ventana
miras tus manos dibujando la curva del destino (estás viejo)

estallarán en tus ojos las imágenes
afuera, dentro tuyo, en todas las ciudades
seguirán rondando los enfermos.




Sacrificio

a Mariella Nigro

en la mesa del sacrificio los lingüistas
estrujando el manantial oculto de la lengua
recorriendo sus propias entrañas
o aquellas ajenas del búho de Minerva
atisban una luz para su ceguera.
el río de la lengua nace de una peña, en la oscuridad
y rueda hacia otra
a los lados se pierde la mirada
a los lados la palabra, con ternura, se balbucea
rondan como cuervos el vacío y el sinsentido.
fuera del círculo, fuera del templo consagrado
caen las aguas en eterno pozo
pero no lo ves, no puedes verlo, ni sentirlo
pensarlo o señalarlo
afuera no hay nada
(no existen nombres para la nada).
el sinsentido asume forma de mujer o de fantasma
en la penumbra.
en los bordes, en la frontera, la palabra desea nombrar
su origen, parir la furia que destroza sus entrañas
el manantial se agota, expande sus redes
para que nunca haya salida
nunca una víctima/ nunca un final para el sacrificio.



Un lugar

ruinas y máscaras
engaño de lo antiguo

una calle desciende
junto a la muralla
(presa en una instantánea)

odiosa belleza de lo quieto
odiosa belleza de lo antiguo
playas atronando en lechos de piedra
y luego nada

pasa el extranjero
sin dejar huella.




Verdad final

siempre solo, naciendo alto en la noche
pregunta vacía: no refugio, morada
claustro cerrado, fuego extinto, nada
monólogo quedo, palabra sin derroche

país sin nombre, nadie que te estreche
te posea, te defina, en su mirada
tierra ajena, landa, muralla alzada
a la ansiosa soledad. creas la noche

sin vados, ni puentes, estéril río
vacuo confín donde perdido ando
espacio cruel, cruel desvarío

compartimos el tiempo, aquí estando
para siempre solos, siempre contigo
verdad final, tú, mi cuerpo, mi enemigo.




La enfermedad de Novalis

ella naciendo entre escombros

¿cuántos fluidos corporales
serán extraídos?

un relámpago de metal
deshace las entrañas

fue hecho este polvo
para que sufrieras

¿desagotar la fuente del grito
hasta que nazca el páramo?

aquí comienza la soledad

el gusto ácido en la boca
la noche
el sudor
las pesadillas
(y el jadeo)

música triste
es cierto

¿la poesía nace aquí?

el poeta tendido en la
cama
bajo el paraguas
oprime una pulga
entre sus dedos
y la observa

ella naciendo entre escombros.

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