sábado, 27 de diciembre de 2014

CARMEN AMATO TEJEDA [14.335] Poeta de México


CARMEN AMATO TEJEDA 

Nació en la ciudad de Aguascalientes, México en 1952, pero ha vivido en Ciudad Juárez desde la edad de cuatro años.  Obtuvo su doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad Estatal de Arizona (ASU), y su maestría en la Universidad de Texas en El Paso (UTEP).  Ha sido coordinadora de diversos eventos literarios entre los que se cuentan los Encuentros de Poetas en Ciudad Juárez por 7 emisiones consecutivas (1998-2005);  las Jornadas Literarias Jesús Gardea,  El Primer Encuentro de Niños Escritores en Ciudad Juárez.  También ha sido coordinadora del Taller Literario Punto de Fuga en el Centro de Rehabilitación Social de Ciudad Juárez  (Ce.Re.So.). Ha participado tanto en Congresos y Encuentros académicos como en innumerables Encuentros de poetas nacionales e internacionales. Ha colaborado en revistas literarias nacionales e internacionales, así mismo en revistas electrónicas

Ha publicado los poemarios: Estación Tempe (Izote Press, 2010), Los Ángeles, California. Soytodo lo que vuela. Poesía de Dolores Castro. Fotografía de Carmen Amato. Libro Electrónico. Agosto 2010.  Ni cincel ni fragua. Poesía y Fotografía. Libro Electrónico. Febrero 2009.  EstaciónTempe. Libro Electrónico. Mayo 2008.  Gestación de la luz. Chihuahua Arde Editoras (2006).Ciudad Delicias Chihuahua, México.  El silencio de lo que cae (coautoría). Colección Ala del Tigre. Universidad Nacional Autónoma de México (2000). México D.F. El silencio que se hiela en la blancura de las hojas. Ayuntamiento de Ciudad Juárez (1997). Ciudad Juárez, Chihuahua.Ciudad que se restaura. Ediciones Azar (1996). Chihuahua. México. Hoy somos el silencio.Ayuntamiento de Ciudad Juárez (1992). Ciudad Juárez, Chihuahua. En 2010 fue distinguida con la presea Edmeé Álvarez como Chihuahuense Destacada en el área de Literatura, otorgada por el Congreso del Estado y con el de “Mujer Cultura 2006” por el Ayuntamiento de Ciudad Juárez.

“Nací en una ciudad húmeda y cálida justo cuando partía el verano. Llegué a vivir a la frontera mucho antes que el río grande y bravo que demarcaba el límite se volviera “pequeño” y “manso”. Me gustan las palabras, las imágenes y lo que existe en medio de ellas, me gustan los encuentros, vivirlos y propiciarlos, enseñar y aprender, observar, crear, transformar, intervenir, interactuar. Creo que la historia del Siglo XXI debemos escribirla entre todos, con párrafos pequeños diferenciados por el estilo personal, pero unificados por la experiencia del tiempo que nos toca vivir.” Carmen Amato    


NO SE TURBE TU CORAZÓN

Bajo este mismo cielo hay otras como tú.
¡Míralas, mira sus cuerpos cómo se aproximan,
cómo abrazan y sostienen. Mira sus rostros, la delicada
curva de sus manos. Sin embargo, qué diferente eres. Tú no miras
como ellas, ni sienten como tú.  Mírate mujer a punto de llorar! Estás tan
afligida como distante, tan solitaria y huérfana como tu propio hijo. ¡Míralo
no  te  tiene!  Los dos están  aquí por  un giro del azar  ¿o acaso del amor?
¿Quién consolará a quién?  ¿Qué tempestades toman por umbral tus ojos?
¿Qué  resonancia  pone su  vórtice  en  tu pecho? Temes por él y eso te
vuelve vulnerable.  No temas,  indefenso  no está y será  lo que será
sin ti, aun a tu pesar. No, no eres como las demás,  pero ahora
tu orfandad a nadie le viene bien, ¡Guárdala bajo el mantón !
y aprende de las demás que juegan bien su papel, quizá
se sienten como tú,    pero  mira  que  bien  se ven.
¡Vamos mujer!   No se turbe tu corazón.

(Mirando una madona de Botticelli)





Todo pudo haberse ido por la coladera 
pero lo salvó el instante. 
Lo que siempre está, pasa de largo 
si no lo fija el ojo: la mirada: 
ese “push pin” que pone en el pizarrón 
de la permanencia el instante fugaz 
como una mariposa que aunque efímera 
queda impregnada en la retina del tiempo 
     -espectador de la vida- 
y pasa de la invisibilidad a la permanencia. 

Todo pudo haberse ido por la coladera
de la prisa, pero lo capturó el ojo
de la cámara y lo mantendrá cautivo
hasta la decoloración 
                                 o el olvido.




1

SIGNOS

Éstos son sólo los signos que me nombran
entre ellos danza mis esencia
como entre los orificis danza el aire.
Yo soy la soledad sin maquillaje
el alarido que se prende a las paredes
el rostro oculto del silencio
y en el diluvio de las horas, el naufragio.
Yo soy flecha que el sol enérgico dispara
y da en la diana del deseo y el vértigo
soy la palabra buscando su sentido
en la caverna semiótica del eco.

Soy la palabra
                     en busca de su voz


2

A DONDE VAYA

A donde voy me voy completa
con mi colección de dolores
con el albúm familiar en la espalda
con el nido vacío en el pecho
la canción que aún no he cantado
la llevo en la garganta
y el nombre de mi hijo en la palma
de la mano izquierda.

A donde voy me llevo toda
cargo conmigo a mis ancestros
a los amantes y las hijas que no tuve
las plantas y las piedras
de mi antigua casa.

A donde voy me llevo toda.
Me voy completa a donde vaya.



3

HOY SOMOS EL SILENCIO


Éramos
los volátiles signos del párrafo perfecto
donde la eternidad se comprimía

Éramos
las lúdicas figuras donadas por la risa
a las estrofas del poema

Éramos
la obra de los labios
la interna voz de nuestras manos
de todo nuestro cuerpo conversación constante

Hoy somos el silencio
escrito por la luz
en una hoja en blanco.


4

UN VICIO MÁS DEL PENSAMIENTO

¿Quién pudiera decirme si valen de algo los afanes?
¿A ti te valieron de algo?

¿Das por bien servidos tus mejores años,
el amor que pusiste en el cuerpo de mi padre, 
tu propio cuerpo entre nosotros repartido?

¿Valió la pena
ofrendar tus horas para curar la soledad de otros?
¿Ceder tu pan para calmar su hambre?

¿Valió la pena
tu cansancio y tu destrozo? ¿Tu azotada entraña,
tu jardín saqueado?

¿Valió la pena
dejar tus venas  en la cama, tu sangre repartida
en hospitales, tu cordura y tu memoria
lastimadas?

¿Valió la pena
el dolor de aquella herida que llenó de cruces
tu cabeza igual que un camposanto?

¿Valió la pena
haber parido tanto, haber lavado tanto?
¿haber orado tanto por un  destino
que se fue abriendo impostergable?

Y cuando la vida  te hizo acostumbrarte
al canto de los pájaros
¿valió la pena
que te haya derrumbado como un árbol?

¿Valió  la pena
renunciar al aire, al alimento,
abrirte al dolor cuando partías
y que la vida hurgara entre tus venas
para sembrar
su semilla más nefasta?

¿Valió la pena sentirnos esa noche junto a ti
y no poder mirarnos, oir las voces
 y no poder quedarte?

¿Y al llegar allá
qué fue lo que encontraste?

¿Quién acudió a tu encuentro?
¿Quién recibió tu mano?
¿Cómo fue otra vez tu nacimiento?
 el íntimo bautizo de la tierra
¿Qué fue lo primero que miraste?
¿Ahora quiénes son tus padres?

Vamos dime algo,
dime que estoy equivocada,
que no estás tan distante,
que las estrellas se ven lejos
pero desde una tú te asomas
para mirarme por las tardes.

Dime que allá todo es mejor,
que la memoria crece y no hay olvido
que se oponga; que el dolor no existe,
que es sólo un vicio más del pensamiento.

Dime que no es real el abandono,
que tú me abrazas igual que a ti tu madre,
y a ella la suya propia,
que igual yo abrazaré a mi hijo
y seremos motivo para el abrazo siempre.

Vamos, díselo al corazón para que aplaque
la incertidumbre y el dolor que siente,
no sólo por ti, también por mí,
porque aquí y desde ahora
me está doliendo ya mi propia muerte.



5

EL SUR

Al Sur se mueve la utopía
la luz inalcanzable
la verdad de los sueños

En el umbral del Sur
la oscuridad pronuncia
un alfabeto extraño

Los puntos cardinales
son Norte  Sueño  Noche y Río
allí se afirman los encuentros
 si un elemento falla el Sur no existe

El Sur no es un lugar
es el origen
de donde vienen los corazones restaurados

No es un tiempo
es el instante de la memoria
que el mismo sol activa

Del Sur se entra al territorio del olvido
donde se cristalizan las cosas más tangibles

Reino de la vigilia el Norte es el exilio
Limbo en que despertamos
                                   los desterrados.



6

CIUDAD SITIADA

En la ciudad de mi infancia
quedaron los dulces años;
mi adolescencia atravesó sus calles
sin temor ni sobresalto;
la juventud fijó espacios
entrañables, construyó en despoblado.
Aquí ejercí mi primera profesión,
aquí cuajaron mis afanes;
luego llegó el tiempo de horror:
la muerte de mujeres,
las cruces rosadas en baldíos,
la mirada del mundo sobre Juárez.
Los puentes anchos se volvieron ínfimos
contactos, abismo abierto, muro levantado,
territorio en disputa entre ejército,
habitantes y capos.
La ciudad de mi infancia
-ahora una ciudad sitiada-
se desangra;
retenes, militares, metralletas,
tanques:
todo un campo semántico.
Campo minado.
Campo Marte.
Campo Santo.
Campo abierto, campo
cuyas flores van muriendo
sin reparo.
Mala yerba que se arraiga
sin jardinero que la arranque.


7

LETANÍA DE SUS NOMBRES

Yo no quería,
Yo no podía escribir acerca de ellas;

quién puede reflexionar sobre el dolor
cuando el dolor agobia.

Yo no quería hablar de ellas
porque su muerte estaba adentro,
enquistada,
extendiéndose en el silencio
y la impotencia.

Yo no quería tocar la llaga,
miraba desde lejos el funeral
en el que yo era también difunta.

Yo no quería
me hastiaba tanta muerte dentro
y fuera,
pero esta tarde,
cada nombre en esa lista
fue una gota de aceite ardiendo
entre mis venas.
Se aceleró mi ritmo,
la rabia y la impotencia
subieron a los ojos,
bajaron a los labios
y pronunciaron pausadamente
cada uno de los 281 nombres
cuyo registro otras mujeres
                            levantaron
como estandarte en la memoria,
más las cruces de otras mujeres muertas
sin rostro y sin nombre,

aquí su letanía
para que en esa ausencia
el sonido de su nombre se encienda:
Adriana, Aída, y Alejandra,
Alicia, Alma, Amalia,
Amelia, Amparo, Ana, Apolonia,
Araceli, Argelia, Bárbara,
Bertha, Blanca, Brenda, Brisa, Carolina,
Cecilia, Celia, Cynthia, Clara, Claudia, Cristina, Dalia,
Deisy, Domitila, Donna, Dora,
Elba, Elena, Elsa, Eliza beth, Elodia, Elsa,
Elva, Elvira, Emilia, Eréndira,
Erika, Esmeralda, Estefanía, Eugenia
Fabiola, Fátima, Francisca,
Flor, Gabriela, Gladys, Gloria,
Graciela, Guadalupe, Guillermina, Hester,
Hilda, Ignacia, Inés, Irene, Irma, Jacqueline, Jessica, Juana Julieta, Julia,
Karina, Laura, Leticia, Liliana, Lilia, Linda, Lorenza, Lourdes, Luz, Lucila,
Manuela, Marcela, Margarita,
María Agustina, María de Jesús, María de la luz, María de los Ángeles, María del Rosario, María Elena, María Estela, María Eugenia,
María Inés, María Irma. María Isabel, María, Isela, María, María,
María Luisa, María Rosa, María Sagrario, María Maura,
María Santos, María Saturnina, María Teresa, María Victoria,
Maribel, Maritza, Martha, Mayra, Mercedes, Mireya,
Miriam, Nancy, Nora, Norma, Olga Alicia, Otilia,
Paloma Patricia, Paula, Paulina, Perla, Petra,
Raquel, Reina, Rocío, Rosa Margarita,
Rosalba, Rosario, Sandra, Silvia, Sofía
Soledad, Sonia, Susana, Teresa, Teresita, Teodora,  Tomasa,
Vanesa, Verónica, Victoria, Violeta, Virginia, Viridiana,
Yolanda, Zenaida, Zulema…
Y setenta cruces más sin nombre,
Y setenta cruces más sin rostro,
Pero setenta veces siete más viva su muerte
brillando por su ausencia.


Sus nombres son estrellas
en la noche de la injusticia humana.

Sus nombres como flores marchitas
pudren el aire
de la justicia escamoteada.

Sus nombre: fuego ardiendo
en la memoria de los años.

Las cruces con sus nombres
son malas notas
en la conducta del gobierno,
tachas (X) en lo que de humanidad
le queda al mundo.

Que esta letanía
sea el nuevo grito insurgente
que se escuche en cada celebración
de la Independencia
                     por los siglos de los siglos
       hasta que  algún día se haga Justicia.




8

¿Cuántos seres viven dentro de nosotros?
¿a cuántos seres les vivimos dentro?

Lindes tocan lindes y linderos,
seres fantásticos hechos de átomos
como todos,  solo átomos
atomizando el aire;
tenemos una cara llena de fulgores,
una mente que destella girasoles negros,
una piel elástica, un muslo largo,
un torso al aire, un pico, un cuerpo
de atleta resguardado todo entre garra y trapo.

¿Cuántos seres son vividos por nosotros?
¿cuántos lindes quiebran y deslindan nuestros sueños?

El deseo es rehilete que gira dentro,
el cansancio asiento, la sorpresa celeste asombro;
cruzamos de un cuarto a otro
sobre un piso lleno de certezas
pero en el medio, el desconcierto,
la alberca, el vacío, el abismo:
salto entre estrellas.

Desde algún ángulo el dorado triunfo nos sonríe
y el zarpazo mecánicamente
se reactiva.

¿Cuántos seres maravillosos, increíbles,
llevamos dentro?, ¿a cuántos seres mágicos
o turbios damos aliento?

La vida es un acuerdo
y hay que deslindar la voz del gesto,
la mirada del parpadeo, 
el garboso andar de lo inclinado.

¿A cuántos seres llevamos dentro? ¿De cuántos
somos su contorno?


9

Aquí pongo el poema
y en él  lo que de corazón me sobra
los satélites de la mente
el juego del lenguaje

en él sublimo mis excesos
mis residuos y mis vuelos altos
en el poema soy un punto
y seguido viene el suspenso

aquí pongo el poema y en él me embarco
lejos de esta realidad
que ya no puede contenerme,
porque la espera es el vacío
la eternidad sin movimiento
la fe detenida en el espasmo.

Ya agoté los senderos,
las rutas de la fuga y el abandono
ahora estoy aquí esperando
que el poema me salve
que sea el placebo para el dolor
de vivir en la esperanza;

aquí pongo el poema
y junto a él me yuxtapongo
como una palabra
que al abordar la barca
de la revelación
aún no conoce su sentido;

como una palabra guiada
por su sonido, por su silabeo,
por el ritmo de cada estrato suyo
librado de su liga.

Aquí pongo el poema
y junto a él me expongo
tomada de la mano
              del Alfa-omegadario.


10

Por más sal que deje el mar en su resaca,
por más hiel que de la rabia escape,
por más que el doloroso acampe en nuestra cuadra,
la realidad mayor nos habita dentro.

No digo que sea miel
                      ni tan siquiera azúcar,
acaso un invisible puente que pareciera roto,
pero puente al fin
                     que no sucumbe a nuestros actos
porque está con cañamo amarrado
                     y no podrán trozarlo.

Aún cuando se alce la distancia en medio,
y el silencio se robe las palabras
y la única respuesta sea el tedio
al alcanzar la puerta estaremos frente a frente.

No sé que hagas tú en ese instante;
quizá aceptes también que ese invisible puente
con cordel de cañamo amarrado              
existe,
para que nunca dejemos de cruzarlo.





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