lunes, 19 de marzo de 2012

6261.- YAIR HURVITZ

Yair Hurvitz
Yair Hurvitz (Nació en 1941 y murió en 1988, en Tel Aviv, Israel). Vivió en su ciudad natal toda su vida. Se ganó la vida como tipógrafo y corrector de pruebas. Conocido como uno de los "poetas de Tel Aviv". Su temprana muerte puso fin abruptamente a la carrera de uno de los poetas más importantes de la década de 1970.
El objetivo de un poema es, para Hurvitz, "transmitir a otra persona, del modo más exacto posible" una vivencia humana. Su peculiaridad como poeta consiste, entre otras cosas, en su rica escritura, plena de imágenes, que plantea dificultades a quien intente interpretarla.
Sufrió toda su vida de una enfermedad cardíaca y murió esperando un transplante.








Cuando lo traen, cardíaco


Cuando lo traen, cardíaco,
tratando de infundirle calma y de vestirlo,
comienza a percibir que lo rodea el blanco.
Después, así dicen, tuvo un intento en sueños,
primaveral y con precisas intenciones:
colorear los muros a la cal. Pero se sabe
desde siempre que las paredes blancas
guardan rencor a toda primavera
y cargan con memorias que hace tiempo olvidaron
los colores del mundo y que no quieren recordar
a un hombre al que rodea el blanco.


Traducción: Gerardo Lewin










Momento autobiográfico


Ahora mi padre deberá, en cualquier momento, resignarse,
en su distinto idioma al que el tiempo no opone barreras.
Cuando se vió obligado a renunciar a las palabras simples,
grandes voces se escucharon. No pude pensar
en que estaba llorando y así salí a caminar hacia el lugar
donde creí que encontraría a mi padre, hacia el lugar
donde nunca pude pensar que podría hallarlo.


Allí hubo, en ése mediodía, bancos
con sus correspondientes cuerpos
a fuerza de ser pobres, pero el mío era
el de otra escasez,
cuando los árboles no semejaban árboles
sino quizás pesadas esculturas en esa misma hora
en la que hablé con él en palabras a las que, nuevamente,
carece ya de fuerzas para añadir algo;
ésas que ha vuelto una y otra vez a decir
sin labios hasta el desnudo hueso
de este día.


Traducción: Gerardo Lewin










Unidad gris


Me siento y miro por la ventana;
no veo árboles o siquiera
una nube a la cual aferrarme.


Sombras perfectas
despiertan luces,


la luz en el candil ya no es novedad.
Me siento y hablo conmigo y en mí mismo.
Mi cabello y mi carne
no comprenden mi idioma,
no remontan.


En la ventana un roce o ruido frío.
En la cortina, lenta, aletea
la gloria de la luz. Gris otoño
pasa; también la primavera
disuelve agujas del reloj.


Balbuceo en mórbido idioma:
“mar en prosternación”
refiriéndome al mar como ejemplo de amor.


Entretanto, de un día al otro se expresa un destello;
luz, objeto transitorio.
Caricia de la carne vuélvese hacia los muros,
entre cuerpo y rincón,
concentrado suspiro.


La cáscara del cuerpo, abandonada,
en unidad gris con la pared,
subsiste gracias a la piedad de la degradación.
Despierta en movimiento convulsivo,
no se hunde ni remonta,
se enreda en la cortina
presa de una oblicua luz.


Taducción: Gerardo Lewin

No hay comentarios:

Publicar un comentario