jueves, 14 de mayo de 2015

JENNIFER CLEMENT [15.963] Poeta de Estados Unidos


Jennifer Clement

Jennifer Clement. Nació en Greenwich, Connecticut, EE.UU.  el 23 de abril de 1960. Poeta y narradora. Llegó a México en 1961. Estudió letras inglesas y antropología en la New York University y letras francesas en París. Ha sido directora y fundadora de la “Semana de Poesía de San Miguel de Allende” por la cual recibió la beca del Fideicomiso para la Cultura México-Estados Unidos. Miembro del SNCA. Colaboradora de Akzente, La revista X, Nexos, Periódico de Poesía, Poetry London, The American Poetry Review, The American Voice, The Indepent Magazine, The London Times, The Nation, The Sunday Herald. En 2001 obtuvo el Conongate Prize for New Writing del Reino Unido por A Salamander-Child. Parte de su obra ha sido incluida en las antologías Noise of Dreams/Ruido de sueños, El Tucán de Virginia, 1995; The Best of the American Voice, Kentucky University Press, 1998; Verse and Universe, Milkweed Editions, 1998; Cuerpo erótico, Villegas Editores, 2006, entre otras.

Bibliografía directa de Jennifer Clement

Narrativa - Novela - Libros individuales 1. A True Story Based On Lies/ Una historia verdadera basada en mentiras.  México: Canongate Books, 2001. 2. Temas y Debates.  Portugal, 2001. 3. El veneno que fascina.  Barcelona: Planeta, 2009. 4. Ladydi.  Traducción de Juan Elías Tovar. México: Lumen, 2014.




Sueño de una noche

En mi sueño me tenías
atrapada en tus mandíbulas, asida por el cuello.
Tú dijiste, porque en mi sueño tú hablabas,
que yo olía a hoces y tierra revuelta,
a la hoja de metal rojo oxidado de una trampa con dientes.
Tú probaste mi cuello, mi piel, mi suave piel
alrededor de mis patas y mi blanco rabito, las elegantes
largas orejas, el lomo y la pierna.
Tú abriste en canal mi vientre y miraste dentro de mi cuerpo
y tocaste lo que no era para tocar,
lo que no era para la luz
incluso para la luz de los sueños.
En el adúltero sueño encajamos.
Yo usaba tus zapatos y tus guantes,
con mi blusa envolvías tu cuello,
tu corbata azul estaba anudada a mi muñeca.
Nuestros botones, abotonados y desabotonados
hasta el amanecer, hasta que yo soy la única que queda
como Demetrio
—Puck nunca limpió sus ojos—
que deja el bosque,
todavía en el sueño y por siempre.
Cuando me encuentro contigo, el lunes o el martes,
digo buenos días caballero,
sí caballero,
buenos días señor
y tú sonríes y me das la mano y no sabes
de la leche que tú lamías entre mis dedos,
dedos sumergidos en la leche de la blanca ropa de la cama.

(Poema publicado en el suplemento Laberinto)





SACA LA LENGUA

Vestidas de encaje negro y bilet rojo
-Suzanne se parecía a Minnie Mouse-
atravesábamos la calle de Houston
para obtener sus drogas, y regresábamos a su apartamento
que olía a ciruela y pintura al óleo,
en donde ella había escrito en la pared de su cama:
“Cuando más satisface el hambre,
más la despierta”.

Nosotras escuchábamos a Peggy Lee cantando Fever
y bebíamos un jugo de manzanas amarillas
que tomábamos del refrigerador
cubiertos de garabatos pintados por Basquiat
(que un día habría de vender en Christies
por cinco mil dólares).
Suzanne encontró a Jean-Michel
en una banca de Washington Square.
Otro al que amó y perdió
fue a Michael Stewart
quien fue asesinado por siete policías
por haber pintado grafitties en una estación del metro.
La llamo la “viuda”.
Ella habla y habla
de sus jóvenes morenos y extraviados
que tocaron la noche en su cabello.
Sus manos rara vez se abren,
permanecen con los puños cerrados
escondiendo números telefónicos
escritos en tinta negra a lo largo de sus dedos.
Algunas de sus ropas
nunca fueron lavadas por ella
porque aún conservan la esencia
de cierta noche.
Cuando Suzanne pone en orden sus closet
me regala algunas prendas
suéteres de aventuras pasadas
que ahora carecen de importancia,
pero que huelen todavía a vino
y me mantienen vestida
con los besos de otros.


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