viernes, 13 de febrero de 2015

JUAN DE SALINAS Y CASTRO [14.855]



Juan de Salinas y Castro 

(SEVILLA, 1559-1643) escribió poemas burlescos, algunos bastante agresivos, y epigramas y letrillas en tono hedonista, completamente alejados de la gravedad propia de su condición sacerdotal. Participó de la polémica entre conceptistas y culteranos, atacando la artificiosidad del lenguaje gongorino.




AL NUEVO LENGUAJE CULTO

Cultísima elocución,
tú que de artículos huyes,
y en los conceptos incluyes
tinieblas de Faraón;
diabólica contajión,
que aun en las letras te pegas,
guarte del fuego si llegas
al castillo de Triana
seta hereje culterana,
pues los artículos niegas.



POESÍAS
DEL SEÑOR. DON JUAN DE SALINAS.
NATURAL DE SEVILLA. .
PUBLICADAS POR EL ORIJINAL PREPARADO PARA DARLAS 
A LA IMPRENTA EN 1646.

SOCIEDAD DE BIBLIÓFILOS ANDALUCES.
POESÍAS  DEL DOCTOR EN SEVILLA.

Imprenta que fué de D. José María Geofrin, calle de las
Sierpes núm. 35.
AÑO DE 1869.
TIRADA DE 300 EJEMPLARES.

(ADVERTENCIA).
La noticia de los códices de obras poéticas del Dr.Juan de Salinas, que hemos alcanzado á ver, irá por Apéndice al final del tomo II. de esta edición. Ahora solamente diremos, que todas las poesías contenidas en este primer volumen van esactamente copiadas y con el mismo orden que guardan en el códice preparado para' la imprenta en 1646, con la aprobación y licencia autógrafas, aquella del Licdo. Rodrigo Caro, y esta del Dr. Ribera, que posee y nos ha facilitado con su proverbial jenerosidad el Sr. D. Pascual de Gayangos.
Las dos terceras partes de aquel precioso códice van comprendidas en este primer volumen; el resto irá en el siguiente, con varias obras poéticas, que se encuentran en otros manuscritos
de los que hemos rejistrado y no están en este.
La noticia biográfica fué escrita por D. Diego de Arroyo y Figueroa, cuyo padre, amigo íntimo del Dr. Salinas, le asistió hasta sus últimos momentos; habiéndole puesto algunas notas para satisfacción de los curiosos.

BREVE NOTICIA
DEL VENERABLE Y EJEMPLAR SACERDOTE
JUAN DE SALINAS,
CANÓNIGO QUE FUÉ DE SEGOVIA, Y ADMINISTRADOR
DEL HOSPITAL DE SAN COSME Y SAN DAMIAN
DE Sevilla.
ESCRITA POR D. DIEGO DE ARROYO Y FIGUEROA.

De aquel segundo Apolo sevillano, esplicado en las luces de sus obras; de la gracia más virtuosa, del más relijioso desahogo, de la afabilidad más circunspecta, del cortejo más recatado, del injenio más decoroso, Del Dr. Juan de Salinas, venerable sujeto, celebrado siempre del mundo, fénix hoy resucita la memoria en sus raros conceptos, que los siglos celebren, los doctos solemnicen, los injenios alaben y en continuos obsequios (a censura mayor los califique).

De este, pues, singular varón perfecto, sal que así sazonó el sabor de todos con los rasgos apacibles de su pluma de quien dijo el célebre Juan Rufo, Jurado de Córdoba, que fué Salinas de sabiduría é injenio de azucar; obligado cuanto agradecido á la estrecha amistad que le debieron D. Juan de Arroyo, hermano de mi abuelo, y D. Luis de Arroyo y Figueroa, mi padre; juzgando á ingratitud dejar al olvido el precioso tesoro de sus obras; bien que advertidos aquellos de su modestia, conocian la repugnancia que siempre hizo á que se manifestasen ó imprimiesen, deseando que el fuego las consumiera, y su desabrimiento, del tiempo, á su parecer, mal empleado en su compostura las chancelase; como en efecto, lo intentó en ocasión que casualmente sus ya referidos amigos entraron en su cuarto; los cuales, reconociendo el mal logro de tan preciosas margaritas, con corteses ruegos, se lo impidieron, librando del voraz elemento lo inculpable de aquellos, de su entendimiento bien nacidos hijos, si bien con caución, que en los profanos se ejecutase la cruel sentencia, dispensando solo en lo sacro y virtuoso. En fin, estas á todas luces inestimables obras, no reservando alguna, pretendo dar á la estampa sin obedecer al autor, juzgando en igual presupuesto por más cortés la descortesía de faltar á sus preceptos, que la urbanidad de seguir el dictamen contrario á el de tantos bien entendidos que desean gozarlas. Y para que se verifique cuanto conviene lo dicho á la virtud y heroicas partes que le ilustraron, se puede inferir en el discurso de su vida y loables acciones, en que dio materiales á la que de él escribió el padre Gabriel de Aranda, de la Compañía de Jesús, en la « Vida de la Venerable Madre Sóror Francisca Dorotea' á la que me remitiendo, solo haré un breve epílogo, que acompañe sus obras.

Nació el Dr. Juan de Salinas en la ciudad de Sevilla (2) ilustre patria de pechos nobles y ánimos jenerosos, recibiendo de tal madre por nativo Influjo la injenuidad del estilo, que en ella vienen á aprender los estraños para su mayor lustre. Pedro Fernandez DE Salinas, natural de Navarrete en la Rioja, de caliñcada nobleza, y Señor de Bobadilla, que después vendió en desigual fortuna, fué padre del Dr. Juan de Salinas; de cuya parte tuvo, y hoy viven en esta ciudad de Sevilla y en Granada, caballeros Veinticuatros y de las tres órdenes militares de quien, reconociendo su parentesco, hicieron grande estimación en aquel tiempo.

Doña Maríana de Castro, fué su madre, natural de Sevilla, de quien se pudieran referir deudos de ilustre sangre y conocida virtud; como todo consta del árbol de la casa de Salinas, que hoy para en poder del Maestrescuela de Cádiz D. Juan Antonio Casabante, su sobrino. (3)

Cursó las letras los primeros años hasta graduarse en cánones y leyes, y antes de llegar á los 25 años ya era canónigo de la Santa Iglesia de Segovia, (4) donde escribió la mayor parte de los versos que se hallan en sus obras; y siendo así que há más de ochenta años, gozaron de aquel estilo y gala que hoy se usa, con que demuestran el injenio y viveza del autor, que por aspirar á otros mayores puestos, ó porque lo dispuso así el cielo para más aprovechamiento de su alma, siendo ya sacerdote, habiendo hecho dejación de su canonjía, vino á esta ciudad de Sevilla, como oríjen de su primer aliento al mundo.

Aquí compuso el resto de sus obras, que consisten en injeniosisimos epígrammas, portándose con lucida ostentación de criados y menaje de casa, conforme á la autoridad de su calificada persona; haciendo de ella todo aprecio y estimación lo más escojido y noble de esta ciudad, según los respetos heredados de sus padres: y como hombre docto, acudiendo ejemplarmente á las obligaciones de su estado; y tan liberal y jeneroso en lo temporal, que nunca le faltó el serlo, aun después de su mayor reformación y conocida virtud.

Y dándole Dios para esto mayor luz con su gracia, trató de frecuentar la casa Profesa de la Compañía de Jesús; y gozar de la doctrina y santo ejemplo de los relijiosos que en aquel tiempo asistian, dando á los fieles, como siempre lo hacen, el sazonado fruto de la Iglesia, en ocasión que ilustraba esta sacra familia el V. P. Francisco Arias, con quien tuvo particular vínculo de amistad. 



AL SEPULCRO DE EL DOCTOR JUAN DE SALINAS.

Aquel que nombre inmortal
Ganó en cadencias divinas.
Con cuya sai, las Salinas
Acrecentaron su sal;
Rendido al golpe fatal
Del pulso, que nunca yerra,
Cadáver yerto le encierra
Monumento, donde fundo
Que vivo fué luz del mundo,
Muerto, la sal de la tierra.

Mas, ¡ó tierra! ¡ó sepultura!
Tu ingratitud te deshonra,
Pues del que te ha dado honra
Voraz destruyes la hechura.
Y si tu ambición procura
Por medras de tu caudal
Resolver su natural,

3

Disposición sacra ordena
Darte en la culpa la pena,
Pues que te siembra de sal.



AL CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REYES

RELIJIOSAS DOMINICAS DESCALZAS, DONDE ESTÁ ENTERRADO EL DOCTOR JUAN DE SALINAS, QUE FUÉ SU BIENHECHOR. MURlÓ DÍA DE LA EPIFANÍA.
Y EL OTRO BIENHECHOR, QUE REFIERE QUEDO VIVO, FUÉ Juan Assayn de Ugalde, tesorero de la casa DE LA moneda DE SEVILLA POR UN DEVOTO SUYO.



Con escesivo dolor
Estas santas relijiosas
Quisieron cubran las losas
De este altar, su bienhechor.
No solo por su valor.
Sino para declarar
Que tan subido lugar
Merece, y es bien que esté



XIX.

De su altar Mayor al pié
El que fué pié de su altar.

De dos brazos que tenia
Este aprecio milagroso
Perdió el uno, lastimoso
Fracaso, en su mesmo dia;

Y cuando el llanto pedia,
Al parecer, y desvelo,
Muestra alegre su consuelo
Cierto, que goza de Dios,

Y así entiendo tienen dos,
Uno aquí, y otro en el cielo.




SONETO.

El horror, pasajero, de esta losa,
Durísima memoria de la muerte.
Principio de la buena ó mala suerte,
Precisa puerta de la más dichosa;

Sella el feliz sepulcro en que reposa ,
No yace, pues no yace ¿i se advierte,


XX

Quien renace á más vida y quien lo fuerte
A invencible llevó vida gloriosa.

Quien fué sin vanidad docto y prudente,
Quien fué con humildad piadoso y santo,
Ejemplar de virtudes peregrinas.

Quien con suave estilo y elocuente
Fué de las musas sal, en dulce canto,
Quien fué^ en fin, el Doctor Juan de Salinas.



A LA INMORTAL FAMA CON QUE VIVIRÁ ETERNO EN SUS OBRAS


SONETO.

Renace, ó fénix, de mortal ceniza
A la inmortal de aplauso soberano
En esfera mayor, que el ser humano
Tu natural donaire te eterniza.

Vivo tu injenio el mundo preconiza y
Aunque el ser te quitó la inmortal mano,
Pues tu gracia y tu numen cortesano
Nueva vida en tus obras solemniza.



XXI.

!0 Salinas^ de sales peregrinas!
!0 varón singular, docto y prudente!
Vivo en tus rasgos vivos bien te ajusto,

Cuando la sal deshecha en tus Salinas
Dá en estilo sutil, cuanto elocuente,
Al injenio sabor, al alma gusto.



AL MISMO ASUNTO.
De D. Francisco Jiménez Sedeño de Cisneros.

SONETO.

Yerto trasunto de Lachesis dura,
Fatal admiración de sus despojos
Todo noche lo honesto de sus ojos.
Nada asombro lo muerto en su hermosura.

En siete pies de helada sepultura
Para ejemplo de bárbaros antojos.
Velados ya sus esplendores rojos,
Y su espíritu en patria más segura;

Yace un canoro cisne, cuyo acento
Fué la sal de la tierra repetido,
Tan suave alternó su dulce canto.



XXII.

Mas aunque en polvo se volvió su alienta,
Fénix renace en Dios, tan advertido,
Que sus cenizas le acreditan santo.



DÉCIMA.

Este cadáver que vés,
Ó mortal, que peregrinas,
Del Doctor Juan de Salinas
La sombra, no imájen es.
De todo humano interés
Se destituyó en la suerte;
Su muerte, vida se advierte;
Y así en estas causas dos,
Muerte, que renace á Dios,
Llámese vida y no muerte.



NOTAS.

La patria del Doctor Salinas ha sido puesta en cuestión por algunos eruditos, que sin otro motivo, al parecer, que el de haber sido el poeta canónigo de la catedral de Segovia en su juventud, han formado decidido empeño en hacerle natural de aquella ciudad.

Sin embargo, por hijo de Sevilla le señalan: 1. º-  D. Diego de Arroyo, cuyo padre fue amigo íntimo del autor.

2.°— El docto Rodrigo Caro, su compañero en la visita de fábricas de la Diócesis, tanto en la Aprobación, que vá al frente de las poesías, como en su obra inédita de Varones insignes en letras, naturales de la Ilustrísima ciudad de Sevilla.

3.° — El célebre analista D. Diego Ortiz de ZúÑiGA, su ahijado de bautismo, que en sus Anales le cita repetidamente.

4.° — El Padre Gabriel de Aranda, en la vida de la Venerable Madre Francisca Dorotea.

5.° — D. Fermín Arana de Varflora (el P. Fernando de Valderrama) en su obra Hijos de Sevilla ilustres en Santidad, Letras, Armas, Artes ó Dignidad— Sex'úla: en la imprenta de Vázquez é Hidalgo — Año de 1791.

6. º— D. Justino Matute y Gaviri.\ en sus Adiciones y correcciones^ á la obra que antecede, que se conservan inéditas en la Biblioteca Colombina — (EEEE. — 465.-44.)

7.° — D. Bartolomé José Gallardo, que en el códice HHH. — 332. — 24 — de la misma Biblioteca, que contiene las Poesías de Salinas recojidas en 1780 por D. Manuel José Diaz de Ayora y Pinedo, tachó en la portada la patria del poeta, poniendo de su puño y letra Sevilla, en vez de Segovia^ que habia escrito el colector, y no contento con esto, añadió la siguiente:

N. B.— Sr. Ayora padece alguna equivocación en lo que dice respecto al Dr. Salinas. V. la obra ms. Claros varones en letras, naturales de Sevilla, que juntaba el Lie. Rodrigo Caro con notas y adiciones por D. Juan Gonzale de León. (Q. Q. — 224.—4.)


En el archivo Municipal Sección 4.^ Escribanías de Cabildo.— Siglo XV IL — tomo 19. — núm— ¡3 — se encuentra el espediente formado en el mes de Noviembre del año 1600 sobre nombramiento de administrador del Hospital de las Bubas. Fueron muchos los solicitantes y entre ellos el Dr. Salinas, que presentó el Memorial siguiente, escrito todo de su mano:

El Dotor Juan de salinas: digo, que yo soy natural de esta ciudad de seuilla y por este título con los demás pretendo que V. S. me haga merced de la administración del ospital de las bubas y aunque á muchos de V. S. les es notorio lo que digo para que le conste enteramente hago presentación de esta fe de baptismo, y pudiera presentar recados de como fueron también naturales desta ciudad mi madre y agüelos.

á V. S. suplico mande se vea haciéndome en todo la merced que espero, y para ello 

D. Juan de Salinas.

La partida de bautismo que acompañaba á esta solicitud no se encuentra hoy en el espediente.

2.

El P. Gabriel de Aranda, en la Vida de la Venerable Madre Sóror Francisca Dorotea que se imprimió en Sevilla, en 1684, á la pág. 520, dá mayores detalles en estos términos:

«Hallándose, pues, en Sevilla Pedro Fernandez de Salinas, sujeto tan calificado, habia de buscar persona de igual nobleza para tomar estado; y así escojió unirse en matrimonio con Doña Mariana de Castro, del cual matrimonio tuvieron dos hijos, Juan y Pedro, que entrambos fueron sacerdotes; pero faltando en breve la madre y hallándose Pedro Fernandez de Salinas viudo y fuera de su patria, determinó volverse á la Rioja, y á la ciudad de Logroño lugar de su nacimiento, donde podria con más conveniencias criar á sus hijos. Esta mudanza fué motivo de criarse nuestro Dr. Salinas en Logroño, y que cuando después de muchos años volvió á Sevilla se juzgase en ella por forastero; mas de persona que hoy vive relijiosa en el convento de los Reyes, y de quien fué confesor, se sabe, por habérselo oido decir á él mismo, como habia nacido en Sevilla, víspera de Navidad , año de mil quinientos y cincuenta y nueve."

3.

Nacieron de esta unión tres hijos, Juan y Pedro, y Mariana. Casó esta en Cádiz con el capitán D. Juan de Caycuegui y Casanova, y su hija Doña Luisa de Caycuegui y Salinas, nació en 3o de Mayo de iGSg, dia del Corpus. Fué relijiosa en el convento de los Reyes, donde murió en i8 de Abril de ibyS á los 43 años de
edad. De esta sobrina del Dr. Salinas proceden muchas de las noticias de su vida, que aprovechó D. Diego de Arroyo.

También era sobrino de nuestro autor el célebre pintor y poeta D. Juan de Jáuregui.



Obtuvo la canonjía estando en Roma , y después de largas pretensiones. Hizo, pues, el viaje en su primera juventud; y de su permanencia en Roma hay muchos recuerdos en algunas de sus composiciones; y allí escribió el poemita jocoso de los Ejercicios de San Ignacio que irá en su lugar respectivo.



METÁFORA DE MÚSICA, Á LA CONDICIÓN NATURAL DE  UNA MUGER FEA Ó HERMOSA.

El seis que la sonora, voz levanta
Con quiebro natural, si ya su parte
Supo cantar, del resto ufano parte
Rico y seguro en su feliz garganta.

No así el que estéril con violencia canta,
Que estudia, vela, y ápices comparte^
Obtiene plaza magistral, que l'arte
Defectos suple y suertes adelanta.

Símil de las hermosas y las feas,
Que idolatrando aquellas su belleza
Del cuidado descuidan la eficacia.

Estas, abominando aun sus ideas,
Lo que perdieron por naturaleza
Les dá el hechizo artificial por gracia.



II.

En una junta de señoras, saliendo de visitarlas
Obispo de Bona D, Juan de la Sal, y el Dr. Juan de
Salinas, QUISO por entretenimiento una de ellas ave-
riguar POR votos de las demás, cual de los dos
era de mejor gracia, ó más discreto, y otra señora,

GORDA EN estremo, FUÉ VOTO DECLARADO POR EL Dr. Juan de Salinas, que habiéndolo sabido, dijo EL siguiente:

La que de aguda en mi opinión despunta
Y es de la discreción el protocolo
Tuvo un antojo crítico y cumpliólo,
(Debe de estar en cinta ó lo barrunta,)

Sin mi licencia espresa ni presunta
Me dio certamen con el Dios Apolo,
Pero hizo mas peso (*) un voto solo
Que todo lo restante de la Junta.

Quien se asegura pues? ¿quien desfallece ^
Con que los ojos del discurso pase
Por la moralidad que aquí se ofrece?

Que con festividad de prima clase,
Concurra un simple y haya quien le reze!
No hizo Dios á quien desamparase.



(*) Era gorda.



III.

Cierto caballero después de viudo trató casar
CON Doña Fulana Gallarda.

Lo que hay de nuevo por acá, Ricarda,
Si lo supieses bien te espantaría:
Pintarélo en tan clara alegoría
Que la aciertes á tiro de bombarda.

Un gran maestro de danzar te aguarda,
Viejo, pero lijero en demasía.
Danzas y bailes mezcla cada dia,
Y ahora el caballero, y la Gallarda.

De la. Morta (*) no hay rastro ni memoria;
Hizo ya su papel ¡Ay, suerte triste :
Cuanta instabilidad hay en las danzas!

Aplausos breves de inconstante gloria:
Pero ¿qué mucho si su ser consiste
En variedades, vueltas y mudanzas?



(*) Una dan^a llamada Morta.



10 


IV.

Cierta señora, mujer de un Veinticuatro, le
presentó unas cerezas en conserva y unas guindas
crudas, y su marido le cobró una carta de pago de
seiscientos ducados, cuya cobranza tenia dificultad,
Agradéceles lo uno y lo otro en este:

Conservada cereza, guinda cruda,

Y en pesado vellón, de ciento en ciento
Los años del glorioso nacimiento

De la encubierta magestad desnuda;

Mercedes tales son, que nadie duda
Ser imposible recibir descuento,

Y cuando alguno de palabra intento,
Hallo corto el caudal, la lengua muda.

Varios sucesos, nuevos desengaños,
Tristes mal-logros de esperanzas ciertas.
Me tienen tanto mas reconocido:

Vívame el par sin par dichosos años,
Pues tan de par en par abre las puertas
Del corazón piadoso á un desvalido.



V. 



Ciego rapaz de las doradas hebras 
Flechero atento que en destreza sobras 
Al africano esperto, y con tus obras 
En los fines del orbe te celebias. 

¡ Oh cuántas fes en tu violencia quiebras! 
¡Oh cuantos pechos indebidos cobras! 
¡Cuan dulcemente con hechizos obras! 
i Oh cómo sabes más que las culebras! 

Tus pagas son (por mucho que lo encubras) 
Falsas monedas que en tus cuños labras, 
Ó letras que en falidos bancos libras. 

Ruégote, ó desengaño, que descubras 
Tantos embustes y mis ojos abras^ 
Daré culto á tus aras si me libras. 



VI. 

A UNA RATONERA ARMADA, QUE EN EL SILENCIO DE LA NOCHE SE SINTIÓ CAER EL GOLPE CON RUIDO, Y AL RATÓN DESEOSO DE LIBERTAD DISCURRIENDO POR LOS HIERROS DE LA REJA. TiENE MORALIDAD. 



La puerta levadiza, que al pasaje 
Te concedió suspensa libre ingreso, 
Llamada al centro de su mismo peso, 
Te intima con estruendo el carcelaje. 

Apenas puesto en arma el homenaje 
Diste el asalto al cauteloso queso. 
Incauto ratoncillo, cuando preso 
Muerdes la red con tímido coraje. 

Fué tu goloso antojo el instrumento 
De tu prisión. ¡Oh cuántos racionales 
Te imitan con mal logro de la vida! 

iMayor recato nos enseña el viento. 
Pues jamás atraviesa los umbrales 
Sin ver primero franca la salida. 



VII. 

Soneto moral en metáfora de un relojito 

MOSTRADOR. 

¡Oh cuánto desengaño esperimento, 
Bronce animado, en tu veloz latido. 
Pues las distancias de las horas mido, 

Y vivo á las verdades más atento! 

Y aunque el agudo repetido acento 
De tu volante hiere en el oido, 
Jamás el noble y perspicaz sentido 
Del índice percibe el movimiento. 

La decisión al sabio se remita; 
Básteme á mí sentir, ya que no veo 
Tu pulsación que las edades gasta. 

Proceso criminal, causa esquisita, 
En que depone por testigo el reo, 

Y aunque de oidas para muerte basta. 






VIH. 

Metáfora de un buboso. 

¿Qué son confuso, qué rumor tremenda 
De armas francesas oigo, en coyuntura 
Tan de dolor, y en la tiniebla oscura 
Templados Parches^ militar estruendo? 

¿Qué cóncavos volcanes escupiendo 
Flamantes globos miro? ¿qué espesura 
De negros humos infernal figura? 
¡Formidable espectáculo y horrendo! 

Por más que afectas, Musa, entronizarte. 
Metiendo en arma el universo todo 
Con estilo grandíloco y valiente, 

Más de Mercurio y Venus que de Marte 
Hallo en tu descripción, y la acomodo 
A cierto joven gálico doliente. 



IX. 



EjEMPLAR DE DOS SUCESOS ENCONTRADOS, EN METÁFORA DE UNA ADÚLTERA QUE QUISO MATAR EL MARIDO CON VENENOS, (UNO CALIENTE Y OTRO FRIO). 



Tósigo ardiente adúltera sin freno 
Al celoso infeliz consorte apresta, 
Y por más infalible, infunde en esta 
Igual porción de fríjido veneno. 

Y aunque el incauto de sospecha ajeno 
Bebió la duplicada muerte presta, 
Ambas ponzoñas con violencia opuesta 
Capitularon paz, de bueno á bueno. 

¡Oh sin ejemplo suerte prodijiosa! 
¡Oh efectos por unidos encontradosl 
• Oh vivífica adúltera homicida , 

En aumentar crueldades provechosal 
Que cuando place á los piadosos hados 
r)os venenos, dos muertes, dan la vida. 



16 

Á CIERTO INTENTO DE AGUDO PENSAR DEL Dr. Salinas.
 


El párroco sagaz, que irreverencia 
Teme, dando el viático al doliente, 
Hace, primero que la acción intente, 
En simple forma práctica esperiencia, 

Y si con moderada dilijencia 
*Vé que la pasa el tímido paciente, 
Dale entonces á Dios seguramente. 
Prenda de gloria, abismo de clemencia. 

Con fin igual quizá con la estafeta 
En copias varias, tropas y cuadrillas 
Llegó cierta eclesiástica reforma; 

Para que si en vulgar simple gaceta 
La tragan bien bonetes y capillas. 
Se aplique en breve la tremenda forma, 



17 

XI. 

Al pontificado de Sisto V, que pacificó toda la TIERRA DE SU JURISDICCIÓN CON GRANDES CASTIGOS, AHORCANDO MUCHOS DELINCUENTES, SIN PERDONAR Á NINGUNO, CON LO CUAL SE PODÍA CON SEGURIDAD ANDAR POR LOS CAMINOS Y VIVIR EN POBLADO. 



Si el que tiene la cruz en el zapato, 
Y sucede en el título y posada 
Del clérigo valiente, cuya espada 
Vengó del otro Maleo el desacato, 

Goza del soberbísimo aparato, 
Que requiere la carga encomendada 
Por muchos años más que en la pasada 
Edad, apacentó Silvestre el hato; 

Será la doncelleja, que cuidadosa 
Mira con cuantas entra la romana (*), 
Recuestada y temida eternamente : 

Y los que la campaña deleitosa 
Matizaban de roja sangre humana, 
Verán al Tíber del famoso puente. (**) 



(*) La justicia. 

(**) Porque los ahorcaban d la entrada de este puente 






18 


Descripción de los caniculares en Sevilla. 



De las ocupaciones 
Tomar tasadamente las precisas, 
Dar á las devociones 
Sus tiempos, y á las misas ; 
Sudar arroyos, y mudar camisas. 

Izar trinquetes altos 
Opuestos á las armas vencedoras 
De Apolo; en sus asaltos 
Tocar á todas horas 
Órganos, tembladeras, cantimploras. 

Dar brújula á jardines 
Desde espaciosas salas hechas mares, 
Respirando jazmines 
En cambio de azahares, 
Esta es Sevilla y sus caniculares.' 



19 

A UN RETRATO DE LA SRA. CLELIA FARNESIO. 

Pintado el fuego, el agua, el viento y tierra, 
Aunque á la vista luce. 
No quema, baña, sopla, ni produce, 
Mas tú, Clelia, del alma paz y guerra 
Haces pintada, efectos 
Más vivos que lo vivo, y más perfectos^ 
Quemas al corazón, soplas la llama. 
Humedeces los ojos. 
Produces en el alma mil antojos; 
Pues si produce, baña, sopla, inflama. 
Tu sombra y tu modelo, 
¿Qué hará la luz divina de ese cielo? 



2a 


A LOS DEVOTOS DE MONJAS. 


Monsiur, que al Parlamento 
Subes de un locutorio, escucha atento 
Razones del estado 
A que tantos incautos han llegado. 
Deten el paso afuera, 
No te pesque la red, que es barredera, 

Y apenas de sus mallas 

Verás pece que escape las agallas; 
La empresa vana deja, 
No acumules mas yerros á la reja , 
Que es de arado maciza, 

Y lo inculto y lo estéril fertiliza: 
En cuyos hondos surcos 

Coje cristianos, la que siembra turcos. (*) 
Si al flechar de la vista 
No hay peto de diamante que resista, 
A la voz y al lenguaje, 

(*) Un jénero de colación. 



2 F 

¿Quién habrá que no entregue el homenaje? 
No fies en tu velo, 
Que es un velo de monja un Monjibelo, 
Y esta sirena grata 
Librando prende, alimentando mata. 
Si ves el torno, piensa 
Que es husillo tornátil de una prensa, 
Que con fuerza secreta 
Cuando jira veloz, tenaz aprieta. 
La cadena colgada, 
(Si bien de libertad recuperada 
Es símbolo corriente) 
Aquí mirada, aviso diferente 
Tus amarras denota 
A duro banco en turca galeota. 
Si en varias colaciones 
El gusto cebas, y el antojo pones, 
Desde luego te instruyo 
Que no han de ser de beneficio tuyo, . 
Ni puede, á mi juicio. 
Tan gran pensión llamarse beneficio. 
Aunque te den milagros, 
En esos dulces gustarás los agros; 
La guinda, el espejuelo. 
Gusanos son que encubren el anzuelo, 



22 

Y las toronjas chatas 
Barcas desarboladas de piratas, 
Que vienen en conserva 
Ocultas jaras, venenosa yerba. 
Siendo en la batería 

Los gaznates cañones de crujía; 
Balas de dos turquesas. 
Las yemas duras y avellanas gruesas; 
Pólvora la grajea, 

Y porque todo de batalla sea, 
• De guerra son las cajas, 
Y munición las otras zarandajas. 
Y si á beber te atreves, 
En líquido cristal tósigo bebes. 
Pues ¡qué es ver en un punto 
Tanto penante en concurrencia junto, 
De diferentes sillas 
Haciendo en la palestra maravillas, 
Y ella con sus alientos 
(Viva penetradora de talentos) 
Con lisonjas intrusas 
Ser Lucina en los partos dé sus musas! 
Y habiendo precedido 
Mucho billete culto y derretido 
(Con que la damisela 



23 

Pelados los enlarda y empapela; 
Después ¡con qué descanso 
Los asa y enternece á fuego manso, 
Trayendo al retortero 
Con buen compás su seso y su dinero! 
Basten para escarmiento, 
Estos rasguños breves al intento, 
Monsiur, huye la trampa, 
Que un bel fuchir, tota la vita escampa. 



24 

Á LO HUMANO, 

ROMANCES 




I. 

AMOROSO. (*) 

Elicio, un pobre pastor 
Ausente de Calatea, 
Dulces prendas de su alma, 
A quien deja el alma en prendas; 

Cuya perfección adora, 
Cuyo nombre reverencia. 
En quien vive y por quien muere, 
De cuyo esclavo se precia: 



(*) En la copia que se conserva en la Biblioteca Colombina, (H. H. H.— 33-2.— 24) sacada, como hemos dicho, por D. Manuel José Diaz de Ayora y Pinedo de la colección que formó D. Diego Ignacio de Góngora, tiene este célebre romance, que muchos han atribuido á Cervantes, la siguiente curiosísima 



NOTA. — No será fuera de propósito referir aquí un cuento gracioso, que le sucedió al Dr. Salinas en Segovia con un portugués, sobre este romance de Elicio, tan celebrado en España: y fué, que habiendo concurrido muchos portugueses con lienzo y especería á la feria de S. Juan que se hace en aquel lugar




25 

Sobre un cayado de pechos, 
Cortado de su paciencia, 
Para golpes de fortuna 

Y para sufrir de pruebas. 

Al hombro un zurrón cargado 
De temores y sospechas, 
Que en destierros semejantes 
Es la carga que más pesa. 

Y una honda con que arroja 
Del hondo pecho las quejas, 

Y sin piedras descompone 
Los corazones de piedra. 

A sombras de su cuidado, 
Si dan sombra las tinieblas 
En que pone á un alma triste 
La oscura noche de ausencia. 




26 

Orillas del mar profundo 
De sus congojas eternas, 
Que le alborotan- suspiros 

Y lágrimas le acrecientan. 
Guardando mal de su grado 

Un gran rebaño de penas, 
Que en sus verdes esperanzas 

Y roja sangre apacienta. 
Hecha la imajinacion, 

Para que todo le ofenda, 

Un caos de memorias tristes, 

Una confusión inmensa. 

Puestos los ausentes ojos 
En la venturosa tierra, . 
A donde tiene su cielo, 

Y á donde su gloria deja. 
Al desapacible son 

De las ardientes centellas^ 
Que por los aires esparce, 
De esta suerte se lamenta: 

«Fortuna no desesperes, 
Que si en mi muerte te vengas, 
Por fuerza morirá presto 
Quien vive ausente por fuerza. 



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