jueves, 19 de febrero de 2015

LOURDES SOTO [14.976] Poeta de Honduras


Lourdes Soto

Lourdes Soto. Tegucigalpa, Honduras (1986). Licenciada en Trabajo Social, UNAH. Fotógrafa aficionada, ha expuesto en la Casa de Cultura de Comayagua con el nombre del montaje UrbeRealidad. Participó en el 2do Festival Internacional de Occidente de Poesía femenina “Amada Libertad”, en El Salvador; 2014. También participó en el Concurso internacional de poesía Altino 2014 – Primera edición con tema “Raíces”, y su poesía fue expuesta en la plaza frente al Museo Arqueológico de Altino en Venecia, Italia. Pertenece al movimiento poético “Las de Hoy” en Tegucigalpa.





Tiempos

Estos son los días
que la abuela no invocó.
Días de colores oscuros
aún con tanta luz.
Pensar se volvió un peligro;
hablar con la historia, una traición;
cantar libertad, un suicidio;
ayudar, una estupidez.
La queja se volvió un martillo;
el silencio, los clavos;
el miedo, la cruz;
abrazar la esperanza, un albur .
Los muertos juegan a las escondidas
entre sábanas y bultos,
no saben si son jóvenes o viejos,
solo que les gritan de algún rincón.
Cada día, el alma se arruga,
el cuerpo se vuelve una máquina,
solo conoce de horas.
El tiempo padece de alzhéimer,
tiene el mal de Benjamin Button.






Sin falsos colores

Se nos fue la memoria
al filo de las horas,
adornada con balas que
no superaron la belleza
de las palabras.
Tenemos que desaparecer el miedo,
despertar al último adiós,
hay que remendar los recuerdos
en una bandera
sin falsos colores
sin falsas estrellas.
Prenderle fuego al fuego
quebrar con los huesos los toletes
hacerle honor a la sangre
que abriga las calles
sin patria,
sin nombre,
sin dios.






Despedida

De qué sirve un reloj
cuando el sentimiento sangra
ante una eminente despedida.
cinco cuerpos y una sola alma;
el avión es quien se tiñe de sueños
y marca el camino.
Una madre se lanza a la vida
un padre se encuentra
una hija abandona la niñez
un hijo aprende a sentir
una abuela se vuelve un lazo eterno
una familia agoniza en esa despedida.





Monologo V

La muerte usa máscaras.
Hoy,
usa tu rostro.






Monologo VIII

Este incendio de palabras
debería darle vida a mi garganta.








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