lunes, 28 de julio de 2014

APHRA BEHN [12.520] Poeta de Inglaterra


Aphra Behn

Aphra Behn (Wye, Kent, 1640 - Londres, 16 de abril de 1689), dramaturga, escritora y espía británica, fue la primera escritora profesional de la historia inglesa.

Nació en julio de 1640 como segunda hija de Bartholomew Johnson, un humilde barbero, y Elizabeth Denham, y fue bautizada el 14 de diciembre; se discute mucho sin embargo su lugar y fecha de nacimiento. Fue llevada muy niña a la Guayana holandesa, en Surinam, donde asistió adolescente a varias rebeliones de esclavos, vivencias que luego plasmaría en su novela Oroonoko; al pasar Surinam a manos holandesas volvió a Londres a los dieciocho años (1658), y se casó en 1664 con un comerciante alemán, Behn, muy acaudalado, con lo que pudo alternar con la brillante y licenciosa sociedad de la Restauración.

Tras la oscura muerte de su marido a los tres años de matrimonio no volvió a contraer matrimonio y tuvo relaciones tanto con hombres como con mujeres.

Llegó a alcanzar un éxito desmedido a causa de sus sonadas conquistas amorosas, entre ellas al parecer el mismo rey Carlos II, para el cual trabajó como espía en Amberes en 1666 durante la guerra con Holanda (1665-1667) bajo el nombre falso de Astrea, a cambio de una paga miserable. Perdió su fortuna y al volver a Inglaterra pasó un breve tiempo en prisión por deudas, por lo que a partir de 1670 tuvo que sostenerse solamente de la literatura.

Fue una de las primeras escritoras profesionales en la literatura inglesa y amistó con escritores importantes como John Dryden; compuso una veintena de audaces comedias de argumento amoroso, poemas, dramas y novelas, entre las que destaca Oroonoko o El esclavo real (1688), la primera novela antiesclavista y donde se anticipa el realismo de Daniel Defoe, por lo que se considera además la madre de la novela inglesa. Su argumento es el siguiente: el heredero de un supuesto reino africano, Coramantien, personaje idealizado en términos prerousseaunianos y llamado Oroonoko, tras casarse con la bella Imoindia, es vendido junto a su esposa como esclavo. Separados por sus amos, el matrimonio volverá a unirse con posterioridad. Oroonoko capitaneará entonces una revuelta de esclavos. Capturado por sus enemigos, morirá entre terribles torturas. En esta obra subvierte las ideas de su tiempo sobre los pueblos "no civilizados", y muchos ven en ella la primera novela filosófica en lengua inglesa, antecesora del Emilio de Jean Jacques Rousseau. Lo que es indudable es que impulsó el desarrollo de la novela inglesa; además, proporcionó la base para la tragedia homónima del dramaturgo inglés Thomas Southerne (1695). También es interesante la primera parte de Love Letters Between a Nobleman and His Sister (1683), una novela epistolar en clave que es la primera en la literatura inglesa.

                                       Primera edición de Oroonoko de Aphra Behn.

En 1688 publicó también dos relatos en prosa, The Fair Jilt y Agnes de Castro, esta última sobre el famoso tema de la desdichada muerte de la amante del rey de Portugal Inés de Castro. Entre sus colecciones de versos destacan Poems on Several Occasions (1684) y Miscellany (1685). Aphra Behn se dedicó también a hacer traducciones pane lucrando desde el francés y el latín al inglés.

Lo mejor de su arte se contiene sin embargo en sus comedias, entre las que destacan The Forc’d Marriage (1670), esto es, El Matrimonio Forzoso, Las Cortesanas Fingidas y The Rover, El Vagabundo, obra en dos partes fechadas en 1677 y 1681 respectivamente donde narra las aventuras de un grupo de caballeros ingleses en Madrid y Nápoles durante el exilio de Carlos II. En su farsa El Emperador de la Luna (1687) se inspira en la Commedia dell Arte, haciendo avanzar el género de la pantomima moderna. También son importantes La madeja (1677, segunda parte 1681), La heredera (1682), una sátira de la vida londinense, y Golpe de suerte (1686), donde aborda uno de sus temas favoritos: el disparate que suponen los matrimonios de conveniencia. Alcanzó con estas obras patrocinadas por el duque de York un éxito formidable. Su cinismo y actitud desinhibida en cuestiones sexuales y su exaltación de la pasión y el placer la hicieron por extremo popular. En sus obras trata preferentemente la relación entre el sexo y el poder, tanto en lo personal como en lo político. Su actitud desenvuelta e independiente no se consideraba propia de una mujer, por lo que tuvo que soportar una cierta fama de libertina. Fue sepultada en la Abadía de Westminster y Virginia Woolf reivindicó su memoria en Una habitación propia.

Obra

The Forc’d Marriage (1670).
Las Cortesanas Fingidas.
The Rover, primera parte en 1677 y segunda en 1681.
La madeja (1677), segunda parte (1681).
La heredera (1682).
Oroonoko o El esclavo real (1688)
Golpe de suerte (1686).
El Emperador de la Luna (1687).
Poems on Several Occasions (1684)
Miscellany (1685)
Las fábulas del deseo y otros poemas.
Love Letters Between a Nobleman and His Sister (1683).
The Fair Jilt (1688).
Agnes de Castro (1688).

Aphra Behn como personaje

Aphra Behn es uno de los personajes de "El laberinto mágico", la cuarta de las novelas de la serie del Mundo del Río, de Philip José Farmer. Aphra viaja en el barco fluvial Rex Grandissimus, donde es pistolera y ex-compañera de cama del capitán del buque, el rey Juan Sin Tierra. Tras la batalla contra el otro gran barco, el No Se Alquila, donde ambas naves quedan destruidas, Aphra continua hacia el norte bajo el mando de Richard Francis Burton, con la intención de entrar en la torre de los Éticos. En el viaje se convierte en compañera del barón de Marbot, el general napoleónico.

Asimismo, la escritora Virginia Woolf elogió a Behn en su libro "Una habitación propia"





La decepción 

De Poems on Several Occasions (1680).
Traducción de Martha Celis 

Un día Lisandro, joven amoroso
llevado de una pasión impaciente,
a Cloris sorprendió, doncella amada,
quien no pudiera ya más defenderse.
En favor de su amor conspiró todo:
el astro que dorado colma el día,
en su carro tirado por el fuego,
en la mar por entonces descendía;
no dejaba otra luz que guiara al mundo
que los brillantes ojos de la ninfa.

En solitario prado, silenciosa,
con una languidez encantadora
la dulce ninfa admite el forcejeo,
y mientras, se resiste suavemente;
sus manos de repente el pecho encuentran
mas no con intenciones de alejarlo,
más hacia ella se inclinan a atraerlo:
mientras él yace a sus pies tembloroso,
es en vano mostrar más resistencia:
le falta fuerza para decir – ¡basta!

Ojos brillantes y a un tiempo severos,
do amor y pena luchan confundidos,
renuevan el vigor del fiel Lisandro;
clama ella murmurándole al oído:
“Detente ahora en tus vanos deseos,
si no, voy a gritar. ¿Qué hacer? mi honra
preciada a ti ni a nadie entregar debo.
Aléjate o arráncame la vida,
que ya en su mayor parte yo te diera
cuando mi tierno corazón ganaste.

Él, sin embargo, tan capaz de amar
cuan poco acostumbrado a temer, besa
su dulce boca, el pelo, el lungo cuello:
hace rendir cada bendito instante;
enciende cada roce un nuevo anhelo:
posa su mano ardiente y temblorosa
sobre su níveo e inflamado pecho,
mientras ella, jadeante entre sus brazos,
yace desprotegida cual botín,
cual si fuera el trofeo del enemigo.

Y sin temor alguno, sin respeto,
busca él ya aquel objeto del deseo
(su amor no admitirá modestia alguna);
no poco a poco avanza
hasta que osada mano se apodera
del altar do los dioses del amor inmolan:
trono terrible, paraíso en donde
se apacigua la furia y el enojo;
fuente do todas las delicias fluyen,
donde reposo encuentra el universo.

Sus cuerpos, cual sus almas se entretejen
al encontrarse sus húmedos labios;
ambos se tienden sobre el suave musgo,
fuera de sí se encuentran, liberados.
Ya medio muerta y sin aliento yace;
húmeda luz despiden ya sus ojos
como la que divide el día y la noche:
astros fugaces cuyo fuego expira;
no hay más señal de vida en su persona:
entrecortado aliento y no más resta.

Contempla él cómo yace ahí tendida,
contempla su desnudo pecho enhiesto;
delgado y suave manto que dibuja
formas para el amor y el jugueteo;
ya abandonados orgullo y vergüenza,
reparte Cloris sus más dulces gozos
y ofrece su inocencia virginal
como víctima al fuego del amor;
pero el pastor enajenado yace
incapaz de efectuar el sacrificio.

Presto ya a saborear mil dulces gozos,
el infeliz doncel, sobreexcitado,
el placer velo trocado en dolores:
placer que amor en demasía destruye:
dejando aparte las deseosas prendas,
el cielo ante sus ojos quedó abierto.
Loco por poseerla se lanzara
sobre la bella doncella indefensa.
Envidioso Cupido la potencia
le arranca, mas ¡dejándole el deseo!

Ese pilar de la Madre Natura
(sin cuyo auxilio no puede dar vida)
carece ahora de vitalidad;
sus nervios laxos el desmayo invade:
en vano intenta el joven iracundo
recuperar su fugaz entusiasmo;
motricidad no engendra el movimiento.
El exceso de amor, amor traiciona:
vano es su esfuerzo, cual vanas sus órdenes:
el insensible llora entre sus manos.

Durante la amorosa y cruel batalla
donde se ensañan el amor y el hado,
Lisandro, el pobre, sufre y desespera
y a la razón renuncia con empeño;
todo el enardecido y brioso fuego
que debiera inflamar partes más nobles,
sólo sirvió para aumentar la afrenta
sin dejar chispas para el nuevo anhelo:
toda su bella desnudez no aplaca
esa vergüenza que su amor corrompe.

Cloris se recupera ya del trance
que el amor y el deseo confeccionaran;
posa ahora su mano timorata
(o es quizás el azar quien la conduce)
sobre ese dios potente que el poeta
loa en sus odas, fabuloso Príapo:
mas nunca retirara la zagala,
al recoger por la colina helechos,
tan ágilmente sus delgados dedos
al hallar una sierpe entre el follaje,

como alejó su mano en ese instante,
al encontrar al dios de sus anhelos
de sus tremendos fuegos desarmado
y frío cual flor cubierta de rocío.
¿quién puede imaginar la confusión
de la ninfa, el desdén y la vergüenza?
La sangre abandonó zonas más bajas
para ruborizarle las mejillas;
se aleja de los brazos de Lisandro
mientras lo deja exánime en el prado.

Como relámpago huye por el bosque,
como antes Dafne por el dios de Delfos;
no deja huella que ojos seguir puedan
por el camino que la hierba cubre.
Los vientos que jugaban con sus ropas
y que retozan entre sus cabellos,
en la doncella que huye, presto encuentran
todo lo bello por dioses creado.
Venus ante su amor asesinado,
de aquel monte fatídico se aleja.

El resquemor de la ninfa pudiera
sólo yo imaginar o lamentar,
mas sólo aquellos que en su hado influyeron
conocen de Lisandro las desgracias.
Ya sus lamentos se alzan cual tormentas
y ni los dioses a su furia escapan;
maldice a las estrellas, al destino
pero más los encantos de la moza
cuya dulce influencia embrujadora
de la impotencia al Orcus lo condena. 




Song

O Love! that stronger art than wine,
Pleasing delusion, witchery divine,
Wont to be prized above all wealth,
Disease that has more joys than health;
Though we blaspheme thee in our pain,
And of thy tyranny complain,
We are all bettered by they reign.
      
What reason never can bestow
We to this useful passion owe;
Love wakes the dull from sluggish ease,
And learns a clown the art to please,
Humbles the vain, kindles the cold,
Makes misers free, and cowards bold;
’Tis he reforms the sot from drink,
And teaches airy fops to think.

When full brute appetite is fed,
And choked the glutton lies and dead,
Thou new spirits dost dispense
And ’finest the gross delights of sense:
Virtue’s unconquerable aid
That against Nature can persuade,
And makes a roving mind retire
Within the bounds of just desire;
Cheerer of age, youth’s kind unrest,
And half the heaven of the blest!




The Disappointment

1
    ONE Day the Amarous Lisander,
    By an impatient Passion sway'd,
    Surpris'd fair Cloris, that lov'd Maid,
    Who cou'd defend her self no longer ;
    All things did with his Love conspire,
    The gilded Planet of the Day,
    In his gay Chariot, drawn by Fire,
    Was now descending to the Sea,
    And left no Light to guide the World,
But what from Cloris brighter Eyes was hurl'd.

2
    In alone Thicket, made for Love,
    Silent as yielding Maids Consent,
    She with a charming Languishment
    Permits his force, yet gently strove ?
    Her Hands his Bosom softly meet,
    But not to put him back design'd,
    Rather to draw him on inclin'd,
    Whilst he lay trembling at her feet;
    Resistance 'tis to late to shew,
She wants the pow'r to say — Ah!what do you do?

3
    Her bright Eyes sweat, and yet Severe,
    Where Love and Shame confus'dly strive,
    Fresh Vigor to Lisander give :
    And whispring softly in his Ear,
    She Cry'd — Cease — cease — your vain desire,
    Or I'll call out — What wou'd you do ?
    My dearer Honour, ev'n to you,
    I cannot — must not give — retire,
    Or take that Life whose chiefest part
I gave you with the Conquest of my Heart.

4
    But he as much unus'd to fear,
    As he was capable of Love,
    The blessed Minutes to improve,
    Kisses her Lips, her Neck, her Hair !
    Each touch her new Desires alarms !
    His burning trembling Hand he prest
    Upon her melting Snowy Breast,
    While she lay panting in his Arms !
    All her unguarded Beauties lie
The Spoils and Trophies of the Enemy.

5
    And now, without Respect or Fear,
    He seeks the Objects of his Vows ;
    His Love no Modesty allows :
    By swift degrees advancing where
    His daring Hand that Alter seiz'd,
    Where Gods of Love do Sacrifice ;
    That awful Throne, that Paradise,
    Where Rage is tam'd, and Anger pleas'd ;
    That Living Fountain, from whose Trills
The melted Soul in liquid Drops distils.

6
    Her balmy Lips encountring his,
    Their Bodies as their Souls are joyn'd,
    Where both in Transports were confin'd,
    Extend themselves upon the Moss.
    Cloris half dead and breathless lay,
    Her Eyes appear'd like humid Light,
    Such as divides the Day and Night;
    Or falling Stars, whose Fires decay ;
    And now no signs of Life she shows,
But what in short-breath-sighs returns and goes.

7
    He saw how at her length she lay,
    He saw her rising Bosom bare,
    Her loose thin Robes, through which appear
    A Shape design'd for Love and Play;
    Abandon'd by her Pride and Shame,
    She do's her softest Sweets dispence,
    Offring her Virgin-Innocence
    A Victim to Loves Sacred Flame ;
    Whilst th' or'e ravish'd Shepherd lies,
Unable to perform the Sacrifice.

8
    Ready to taste a Thousand Joys,
    Thee too transported hapless Swain,
    Found the vast Pleasure turn'd to Pain :
    Pleasure, which too much Love destroys !
    The willing Garments by he laid,
    And Heav'n all open to his view ;
    Mad to possess, himself he threw
    On the defenceless lovely Maid.
    But oh ! what envious Gods conspire
To snatch his Pow'r, yet leave him the Desire !

9
    Natures support, without whose Aid
    She can no humane Being give,
    It self now wants the Art to live,
    Faintness it slacken'd Nerves invade :
    In vain th' enraged Youth assaid
    To call his fleeting Vigour back,
    No Motion 'twill from Motion take,
    Excess of Love his Love betray'd ;
    In vain he Toils, in vain Commands,
Th' Insensible fell weeping in his Hands.

10
    In this so Am'rous cruel strife,
    Where Love and Fate were too severe,
    The poor Lisander in Despair,
    Renounc'd his Reason with his Life.
    Now all the Brisk and Active Fire
    That should the Nobler Part inflame,
    Unactive Frigid, Dull became,
    And left no Spark for new Desire ;
    Not all her Naked Charms cou'd move,
Or calm that Rage that had debauch'd his Love.

11
    Cloris returning from the Trance
    Which Love and soft Desire had bred,
    Her tim'rous Hand she gently laid,
    Or guided by Design or Chance,
    Upon that Fabulous Priapus,
    That Potent God (as Poets feign.)
    But never did young Shepherdess
    (Gath'ring of Fern upon the Plain)
    More nimbly draw her Fingers back,
Finding beneath the Verdant Leaves a Snake.

12
    Then Cloris her fair Hand withdrew,
    Finding that God of her Desires
    Disarm'd of all his pow'rful Fires,
    And cold as Flow'rs bath'd in the Morning-dew.
    Who can the Nymphs Confusion guess ?
    The Blood forsook the kinder place,
    And strew'd with Blushes all her Face,
    Which both Disdain and Shame express ;
    And from Lisanders Arms she fled,
Leaving him fainting on the gloomy Bed.

13
    Like Lightning through the Grove she hies,
    Or Daphne from the Delphick God ;
    No Print upon the Grassie Road
    She leaves, t' instruct pursuing Eyes.
    The Wind that wanton'd in her Hair,
    And with her ruffled Garments plaid,
    Discover'd in the flying Maid
    All that the Gods e're made of Fair.
    So Venus, when her Love was Slain,
With fear and haste flew o're the fatal Plain.

14
    The Nymphs resentments, none but I
    Can well imagin, and Condole ;
    But none can guess Lisander's Soul,
    But those who sway'd his Destiny :
    His silent Griefs, swell up to Storms,
    And not one God, his Fury spares,
    He Curst his Birth, his Fate, his Stars,
    But more the Shepherdesses Charms ;
    Whose soft bewitching influence,
Had Damn'd him to the Hell of Impotence.







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