jueves, 6 de junio de 2013

DARWIN BEDOYA [10.044]


Darwin Bedoya Bautista  
(Nacido en Moquegua, PERÚ 1974 y “reensamblado en Puno”)
Es docente de Lengua y Literatura, ha publicado poemas y cuentos en conocidas revistas de literatura del sur peruano. 
En su trayectoria cuenta con haber logrado algunos méritos como el reconocimiento con la Primera Mención Honrosa en el Concurso Nacional de Poesía “Premio Pucará” Huancayo – 1997 organizado por la revista de literatura CASCADAS; segundo lugar en el Concurso Nacional de Poesía premio “Alberto Hidalgo” Arequipa – 1998 organizado por el semanario EL CLARÍN, primer premio (compartido) en el concurso departamental de poesía “Premio Simón Fidel Quispe” Puno – 1998 organizado por la CUBUP – Puno; finalista en el VII Certamen Internacional de Poesía Ciudad de Torrevieja convocado por el Instituto Municipal de Cultura “Joaquín Chapaprieta” de Torrevieja – 2002 España Alicante y ganó la más reciente edición del Premio Cope Internacional con El libro de las sombras (Copé, 2012), un poemario extenso y ambicioso que recrea la historia de una familia en el sur del Perú a mediados del siglo XX. Pero el relato se hace desde la muerte –a la manera del Pedro Páramo de Juan Rulfo–, apelando a los elementos propios las cosmogonías y a través de un verdadero derroche de recursos poéticos de todo tipo.
En el año de 1995 escribe su primer poemario, uno de los poemas le da el rótulo de Momentos eternos. 

En 1995 culmina su relato inicial El encantado. En 1996 inicia su segundo relato Violencia de un ocaso. En 1997 concluye un trabajo formal de poesía titulado El llanto de las flores, su segundo poemario. Termina también el relato, ese mismo año, Los días de Bonny y aparece al par el relato intitulado Por ese camino, quizá el mejor de sus trabajos narrativos, aplaudido en el Taller de Literatura CONTACTO VOZ del cual es integrante. Aquí aparece también su tercer poemario denominado Encuentro del tiempo.
Parte de la producción de Bedoya se mantiene inédita, pues sólo está culminada en cierto modo, pero que para el rigor de su autor aún están por culminar, a pesar que publicó: Jardines del silencio (2004). Desde 1998 inicia el poemario Escrito en trance y concluye un conjunto de poemas bajo el título de Yarume primera eda del silencio, que publica el año 2006, forjado y saludado en el taller literario CONTACTO VOZ y El Libro de las Sombras, 2011.
Además , artículos y ensayos en diferentes revistas y diarios nacionales y regionales.

Es integrante de la CADELPO filial Juliaca, coeditor de la revista de literatura PEZ DE ORO, editor de la revista de literatura LAGRIMAS DE COCODRILO, Director de CUADERNOS BIMESTRALES DE POESÍA “ ESPANTAPÁJAROS”.





la quimera sube por estas escaleras

what is that sound high in the air?
t. s. eliot


sólo puede ser una presencia apocalíptica
la que guarda en su túnica
las palabras de la casa

anoche estuvo impaciente
ayudando al frío
y en plena vigilia salmodiaba su ritual

pero nadie se detuvo
a descansar en ella

es extraña su manera de aguardar

ahora está en cuclillas
sobre el piano olvidado
como esperando un turno
donde es la única de la fila

es la noche y sube
cautelosa al dormitorio
confundiéndose con la sombra de los lienzos
y haciendo de las palabras su ritual
o será que todo esto es pura imaginación
y nadie baja sonriente las gradas






a veces siempre

es en algún momento de la noche
y sobre las rodillas del deseo
donde gime una mujer
hambrienta de sexo

guarda entre sus labios
una palabra
húmeda de tanto aprender
los secretos de su afán

pero no sabe
que bajo su almohada
por un charco gris bulle un diluvio
y el polvo abandona su amorfo disfraz

cuando la hoguera desciende
por los recodos de su piel
muy lentamente
una sombra gotea
nada más.






deseo cumplido

esta tarde la duda ha perdido
el orden de las palabras
entre las páginas del libro
que un día dejó cerrado

ya no reconoce
con la facilidad del tacto
aquel rostro que en las noches horadaba
para guardar a toda prisa los temores

ahora cuida con locura
la prolongación de sus manos
en el fuego
que ella misma ha inventado
engañando por primera vez a la luz del día

todavía conserva el deseo
que delata su colección de sueños
en el fondo de sus oraciones

y en las afueras de su mirada
a medida que va llegando el final del día
los temores logran cruzar
la frontera de sus labios
y un viento leve comienza
ha desplegar el libro







palabra

a mamá panena


los ausentes
no se han ido completitos
permanecen como un aire indefinido

y no hay duda que todavía están aquí
tomando a cucharadas el tiempo
y caminando de puntillas
por las formas del recuerdo








1: 53 a.m.

“lascia che io pianga”
haendel


es peligroso desempolvar viejos álbumes de fotos
encontrar el nacimiento de nuevas soledades
encontrar entre el polvo y el tiempo antiguas palabras
intactas como un tesoro aguardando por alguien
y de nuevo otra vez la misma certidumbre:
conseguir todo sin buscar nada
todo
y la dulzura de los más profundos abismos

mirar una y mil veces un vacío rincón
saber de estas soledades hasta los huesos
y no entender la simplicidad de la nada

se extravían los nombres de hoy
y no quedan pañuelos en los bolsillos
el tiempo no es el mismo en la tarde y en la madrugada
desaparecen las calles las esperas los dioses
y se conmueven las paredes de la habitación
como una anciana con sus gatos moribundos


entonces se abre el estanque de lo escondido
las arenas se dispersan como estrellas fugaces
y las miradas trazan en la distancia otros caminos
otros mapas se guardan doblados en la mochila
y las horas lejanas ya no se detienen
lentamente
en la ventana abierta y sin cortinas

entonces empieza el destiempo
el aprendizaje de los olvidos
o los brazos abiertos detrás de los nombres

entonces ya no hace falta nada
no la esperanza
no las búsquedas
no los tesoros
sólo el silencio de las imágenes
y el polvo copiándose en otra ventana
lejos
donde los pájaros inventan sus propios árboles







retrato

“a pesar del tiempo hundido en mis manos
sigo siendo el mismo de antes”
christopher reeve


el hombre
ha encontrado entre unos papeles olvidados
aquella fotografía por el tiempo roída
y la empieza a ver como si estuviera lejos
muy lejos
tan lejana que se le ve corriendo hacia ella
hasta que al fin la encuentra en sus manos
y conversan: ”un niño parecido a mí
me observa desde esta fotografía en blanco y negro
me sonríe tiernamente
y me lleva de la mano por caminos marcados
donde todavía puedo ver mis rastros desiguales

“el pequeño finge no mirarme
tal vez por eso no me habla
su lenguaje incomprensible sólo sabe decir
el nombre azul de mamá
y se puede notar que ella nada más le oye a él
porque la llama desde aquí distante
y ahí está ella
derramando los días delante del tiempo
igual que toda la vida
o como cuando me contagiaba su alegría
y nos íbamos por el parque de los caballos enormes
para comprarme un helado si yo lloraba

“con los ojos del chiquillo puedo ver a mamá:
camina con su hijo por alguna vereda de la ciudad
y le dice cosas bonitas cuando le arregla el cabello
para tomarle una fotografía entre las flores del parque

y si lo vuelve a ver llorando
sabe muy bien cómo llegarle al consuelo
como ahora que mojo este retrato
imaginando a mamá sentada a la puerta de la casa
acurrucada por enfrío de la tarde
esperando que lleguen temprano sus hijos


“ahora el pequeñuelo se abraza de mamá
lo puedo ver en sus ojos míos
encuentra en ella un calor pleno de vida
para dormir en su regazo después de esa larga mirada

y cuando despierte será el mismo calor
entonces su cabello alcanzará los nevados
y seguro que mañana después del almuerzo
la llevaré dulcemente de la mano
mientras caminamos por una vereda interminable
en la que no hay parques ni helados ni caballos
solamente la eterna presencia de mamá”


un temblor de manos hace que guarde el retrato mojado
y el hombre llora
como un niño al que le han quitado una fotografía.







POEMA URGENTE 

Ventana de ojos abiertos
cierra ya tu luz
mis huellas huyeron por ti.
ahora en el ángulo de tu habitación
conserva el obsequio sin fondo
conserva mi ausencia.
cortinas de llamarada azul
que tengo enganchadas en la mirada
puerta de brazos extendidos
y luces de fulgor encendido
aguardan su calor para mí.
Llegaré.
hoy persigo el eco del tiempo
el latido de un mañana
y la fuerza de un pensamiento.
Persigo
un sentir con agallas
una razón sin agonía perpetua
un ideal
que traspase el ámbito del silencio.
Quiero romper las fronteras de lo poco
busco beber el camino que soñé
¡Ahora!
Antes de volver a mí mismo.





QUIELA

Hay alguien detrás de la puerta
sentado en el lugar donde palidecen las horas
empieza a contar en sus dedos
todo lo que va mirando a su alrededor:
dos tazas tibias de café a medio tomar
tres colillas de cigarrillos sobre el tapiz
y en el rincón de rostros olvidados
un suspiro reflejándose en el espejo
después
el mismo alguien cierra los ojos
saca un libro entre sus mangas
y comienza a leer el juego de la eternidad
a medianoche cuando concluye su lectura
el sueño le desata un camino a sus pies
ha caminado tantas veces la misma ruta
dejando páginas en blanco
a un costado del jardín
y ahora regresa descalzo desde su propio recuerdo
al despertar comprende la luz de la ventana
y la cortina hecha jirones en el suelo
mira la mesa completamente vacía
y por fin palpa sus manos
se da cuenta que no han quedado tristezas
ni siquiera una para remedio
cogiendo sus anteojos
piensa que anduvo en el jardín
porque ahora termina de mirarse
en el mismo espejo. se reconoce internamente
como cada mañana. arranca una página del libro
y deja sus ojos en otro lugar.
sus manos rozan el sueño
y entonces percibe los pasos que jamás logró confundir
alguien viene a grandes pasos
como si lo llamaran con campanas
se apea del silencio
y descubre un rostro igualito a la duda

Las horas eternas en la banca del parque









el jorobado en el parque solitario soñador
apuntalado entre los árboles y el agua
desde que el candado del jardín se abre.
Dylan Thomas


una iluminación
y varias canciones se pierden en su memoria
de habitaciones inconclusas con charcos de agua
en donde se refleja su propia imagen:
busca en la esquina de la plaza un quiosco
y allí compra el periódico del día

se sienta en una banca del parque
mientras lee y espera
la llegada de una sombra de abril
que nunca se confunde con la gente que viene y va
porque nunca supo llegar

y termina de leer de palmo a palmo su periódico
termina el crucigrama
y no termina las horas eternas en la banca del parque
y llega nadie
sólo una colección de imágenes borrosas
le hablan para que siga ahí
y no apague sus ojos
ni seque los charcos de agua
donde todavía se le puede ver
sin canciones
en una banca del parque







DE “CUADERNO DE CENIZA” 

[Mapa de ceniza]

: aquel día, como si aconteciera la muerte de un dios, deposité los sueños del hombre sobre su pecho aún sangrante. Puse también, entre sus manos, un poco de sangre y hierba fresca, con el fin de mostrar al espíritu del viento que fue un tipo como ningún otro. Después, antes de abandonar su tumba, corté mi larga cabellera y la puse a sus pies, quise estar seguro de que guiaría su alma hacia el lugar donde viven todavía los hombres de su estirpe.

: ahora, después de mil años, todavía debe estar cabalgando presuroso hacia los nuestros. Mañana será parte del viento y de la gloria. Mañana en la misma batalla estaremos con él. Lo veré incendiando bosques. SERÁ UN PAISAJE LENTO. EMPEZARÁ A ENREDARSE ENTRE LOS CABELLOS POLVORIENTOS DE MI MADRE. SUS OJOS TODAVÍA CORONARÁN UN POCO DE ESPERANZA, PORQUE SE LE VE TAN LLENO DE CONTENTO QUE CUALQUIERA DIRÍA QUE NO ES ÉL.

: mucho tiempo después de que él me dejara olvidado en los jardines antiguos de su reino, supe que mi pensamiento no era más que un templo sumergido en la distancia, y que desde ese día la esperanza comenzaría a desgastarse entre mis manos. Ahora también sé que de nada sirve guardar las armas del reino en los rincones de mi memoria. Comprendo, al fin, que solamente sus pasos, como un viejo recuerdo, rondan, a duras penas, los límites de este reino. Presiento que nadie llegará hasta aquí, nadie cuidará el trono de mi padre, tal vez yo y mi nuevo silencio que ahora dejo sobre la aldaba de la puerta principal logremos intentar este viaje a la niebla. Intuyo que esta es la última verdad: ALGUNOS ANIMALES ESCARBARÁN FURIOSAMENTE EN MI SANGRE, BUSCARÁN LA ESPERANZA. Y antes de que sus garras den con mi corazón, siempre volveré a preguntarme: ¿Volverá mi padre pintado de sangre? ¿Volverá con sus cabellos humeando las palabras que no me supo decir?

: el dolor, la soledad, la angustia, un día de estos hallarán una frontera que les impida el camino hacia nosotros. Veo que los últimos hombres del reino bordarán los pliegues de su esperanza en una densa neblina. Porque aún se puede oír el llanto de algunos niños que cantan los sueños de aves enjauladas. Todos saben: el secreto del amor siempre fue su gesto de no creer en nada y conocer la muerte como las palmas de su mano. Estos hombres muertos que hay aquí, en este reino, escriben un signo funesto. Alguien se está dedicando a abrir las puertas del tiempo, sin ninguna compasión. Estos días, seguro que la observación minuciosa de las distancias y los vacíos y los matices de cada cosa, son el principal secreto de la vida.

: una reina de ceniza sigue siendo venerada. El Rey es un esqueleto seco, seco. Pero sus manos se mueven en los relámpagos del tiempo, más fuerte que cualquier fiera salvaje. Y la sombra del abuelo se dedica a elevar plegarias imposibles, como un silencio hundido en las más oscuras ceremonias. Nuestro reino empieza a palidecer. No hay palabras. Llueve. Echo de menos las campanas del reino. El silencio atraviesa, como un suspiro, las penas y los corazones. Ahora nuestros pasos son los pasos de una quimera que se apaga. Vienen los muertos, como las flores profundas, cantando el nombre estremecido del Rey. Vienen con la eterna victoria envuelta en sus banderas, los muertos. ¿Adónde arrastro este enorme esqueleto? Sé que mi fuerza es uno de los mejores recuerdos, y mi olvido, como un cernícalo hambriento, ronda furioso las últimas entelequias de mi padre.


[La prueba de ceniza]

: mil novecientos años después, cuando los hombres subieron a la montaña, lo primero que vieron fue su propia sombra deshaciéndose como hilachas. Así empezó nuestra procesión hacia el olvido. Aquellos días supe reconocer el paso del tiempo y también logré diferenciar los lamentos de los ancianos y niños que se quedaban atrás. NUESTROS RASTROS PARECÍAN UNA CAMINATA DE INSECTOS. Por aquellos días empezó la ceguedad de nuestros guías. Mientras que en algún lugar del camino, nuestros fracasos dormían como un perro cojo y sin dueño. De este modo fueron transcurrieron los años, bajo el sol durante el día y, en las noches, sombras como grillos saltando de un lugar para otro, guiándonos por el latido de los esquivos corazones y el sonido de las tripas, anudándose, en las panzas vacías.

: en esta larga huida, los hombres más valientes del reino, ya entrados en años, de improviso llegaron a la alucinación, entre desvaríos y lamentos enterraban sus manos en el silencio, pensando en un Rey, en un caballo lomo de piedra y cascos de hierro, en ese potro que los pudiera llevar lo más rápido posible hacia la muerte.

: algunos se enterraban junto a sus muertos. Después, entre todos esos cadáveres sembrados en el camino, solamente uno nos pudo interesar: el de el valiente sin nombre, el último que murió concibiendo los rituales del viento. En sus manos muertas encontramos una señal: descubrimos el camino indicado por la lluvia y el humano olvido. Dicen que él bebió sorbos interminables de tu sangre.

: hubo una temporada que caminábamos, otra vez, a tientas. Existió un amanecer, un instante en el que los hombres últimos del reino segaban las súplicas de su destino, a duras penas. Otros hombres se rasgaban las vestiduras y se afligían hasta el cielo. Encharcaban sus ojos hasta el ahogo; por eso, en los días posteriores nos acostábamos en las faldas de la tristeza y con un puñado de tierra rociada sobre nuestros sueños. Podíamos oír el lamento del hombre hijo del Rey, casi como una maldición. Cocinaba gatos y hurones a las tres de la mañana.

: aquellas veces teníamos los ojos inundados con el miedo y la desolación. NUESTRAS MANOS, DESESPERADAS AVES, SE POSTRABAN EN EL CALOR DE NUESTROS PECHOS, LENTAS, COMO FLORES SUAVES QUE MUEREN EN LA MESA DONDE SOLÍAN DESCANSAR LAS BARBAS DEL ABUELO. Presumo que jamás quisimos algo así. Presumo.

: había una mujer que se dedicaba a untar mis pómulos con bálsamos de sangre. Junto a mi lecho repetía, con suaves palabras, los nombres de los últimos sobrevivientes, sólo entonces mi memoria se colmaba de pájaros. Pero nosotros, exhaustos como estábamos, sentíamos la presencia de lo que algunos llaman vacío y otros desmoronamiento. Alguna vez, las terribles noches pudieron extirpar mis párpados con sus labios filudos. Alguna vez sus palabras venenosas trazaron en mi esqueleto el mapa de la ceniza. Entonces podía sentir cómo era que todos los fantasmas se mojaban.

: quisiera recobrar la sabia paciencia de la contemplación de las distancias, pero hay un chasquear de viejos árboles donde inflaman su buche los cernícalos, ellos presienten la inminente llegada de los diluvios. Seguro que nunca más podremos descender al lugar del tiempo y sus apariciones momentáneas.


: Ya no podré recordar que venía desde el centro de una tierra invisible. CABALGARÉ DESDE UN MUNDO CERCANO AL SOL. OLVIDARÉ QUE FUI EL ÚLTIMO HOMBRE QUE AL CERRAR LA FILA ESCUPÍA SUEÑOS Y A VECES ESPINAS. Jamás volveré a recordar que fui el que reconocía los cadáveres de los valientes y los ancianos. No habrá otra memoria para los esqueletos de mis padres, de mis hermanos. Ahora soy el cadáver de todos ello

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