sábado, 18 de octubre de 2014

CRISTINA GUTIÉRREZ LEAL [13.722]



Cristina Gutiérrez Leal 

(Mérida, Venezuela, 1988). Licenciada en Educación mención lengua, literatura y latín, Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (UNEFM-Falcón), donde actualmente trabaja como docente. Tesista de la maestría en Literatura Iberoamericana de la Universidad de Los Andes (ULA-Mérida). Sus trabajos han sido publicados en revistas literarias y portales web de fotografía. Ganadora del concurso de Cuento “Rafael José Álvarez” (UNEFM-2009) y del XXII Concurso de cuento, ensayo y poesía (DAES-ULA- 2011). Es fotógrafa aficionada.





Lo juro:
Nada de ti estará dentro de mí.
Nada.
Mientras pueda.

            (Mientras no nos dejen solos).



*


Yo, Cristina.
Dejé constancia de mis intentos.
Algunos están a la vista
otros detrás de algunas hendijas.
Juro que siempre me negué a doblar las rodillas
ante cualquier escozor.
Estoy dejando constancia de mis desvelos
de mis posturas antiofídicas.
Pero de súbito soy arrastrada  al desierto
el enemigo viene a tentarme
y
ay,
Yo de Cristo sólo tengo el nombre.



*




Sí, lo acepto:
No tengo lucha contra sangre ni carne.
                        Lucho contra ese fantasma
que se asoma a las ventanas de mi casa
Biblia en mano
y la santidad chorreándole en la entrepierna.




*



¿Cómo diluir mi sangre?
me atormenta su color en mí
persigo los espacios donde no me parezco a mi origen.

            El peso de mi sangre es desasosiego.                         

El peso de mi sangre me pisa.




*



                                                                                      A Cruz, mi madre.

Pensándolo bien, Jesucristo.
En algo, por fin, nos parecemos:
Ambos tenemos una cruz.
Sólo que la tuya redimió al mundo,
la mía sólo me redime a mí.
Yo no tengo que cargarla,
ella soporta todo mi peso
todas mis coronas de espinas
En ella llevo todos mis pecados.
Y los únicos milagros que he visto
tienen su nombre.




*



“Diga el débil fuerte soy”

                                               Ja. 



*



Me han prohibido acercarme a ese árbol.
Presiento sus trampas.
Y es que ese árbol parece mirarme como por última vez.
Temo, lo admito.
Podría correr y destemplar algunos ruidos
(huir temblando sobre el suelo)
Yo que puedo moverme

                                                                                  (y halarme los cabellos)

que al parecer no tengo ramas.
Me han prohibido comer de su fruto.
Y yo no tengo tentación del fruto.

Pero ese árbol sabe que puede enterrarme con él y convertir mis piernas en raíces.

He de confesar que
nunca entendí el cuento del fruto prohibido.
Siempre pensé que era Adán o Eva quienes estaban prohibidos.
Nunca el fruto.
Quizás el árbol.




*



Nunca me he negado a llevar la cruz, señor.
Supongo que ya estoy acostumbrada a los clavos.

                                                                  A sangrar.



*


Ellas fueron niñas
de iglesia los domingos
(también yo).
Crecieron con tanta Biblia acumulada
tanto versículo quebrado en la memoria
que al preguntarles
¿cómo se llama tu amante?
                                  responden:
Legión, porque son muchos.





*



Si te sobrevivo, casa…
            ningún lugar me será imposible.




*



Hay mares que llegan con sus olas antiguas
a golpearme el lomo,
a recordarme cuántas mentiras he tenido que decirme
para soportar el ruido de algunos barcos.



Esta marea no tiene ojos,
sólo brazos largos para tantear mis orillas
y rasguñarlas de vez en cuando.



Yo no sé cómo dividir estos mares.
Cómo llegar a la tierra prometida.



Estoy del otro lado,
creyéndome a salvo
engañándome un poco.



Es éste un lodo antiguo
tenemos su barro sangrando en los talones
hedemos en él.




¿qué otro lodo nos librará de la enfermedad?
¿algún día el cementerio nos hará el favor?
¿con cuántos escupitajos pretendes quitarnos esta ceguera, oh, Jesús de Nazareth?





En ocasiones yo también vuelvo a la infancia
sólo para observar la casa:
esa caja de exilios.





Quisiera evadir algunas lenguas,
decir que me guardo pura y sin mácula.




Me gustaría pensar que no ardo
Pero me delatan ciertos temblores,
ciertas humedades.


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