jueves, 10 de noviembre de 2016

KAREN DEVIA [19.522]


Karen Devia 

Escritora, poetisa y cantante lírica chilena. Nació el 18 de enero de 1975 en Viña del Mar, Quinta Región, Chile.

Actividad literaria y musical

Su quehacer discurre entre la exploración poético-musical de “Afeitando la Comadreja”, el jazz y la poesía, además de la gestación, realización y puesta en marcha de diversas actividades de tipo poético. Durante los años 2002 y 2003 colaboró como cronista del suplemento femenino del desaparecido diario El Expreso de Viña del Mar.

El año 2003 publica el libro “Despojos” a través del desaparecido sello editorial La Cáfila de Valparaíso. El 2005 recibe una Mención Honrosa en el XXVII Concurso de Arte y Poesía joven de la Universidad de Valparaíso. Sus trabajos han sido publicados en diversas revistas y sitios web. Durante 2005 es antologada en la revista literaria "TRILCE", Selección "Poetas Porteños" de Omar Lara, Concepción, Octava Región, Chile. Actualmente prepara la publicación del poemario “Escritos de culpa”.

Actividad académica


En el verano de 2008 efectúa el taller "Múltiples Expresiones Poéticas", curso orientado preferentemente a niños y jóvenes. Lo hace en la Escuela de Bellas Artes Fernando Lichiock Concha de Quilpué. En esa misma institución además ejerce como profesora de la cátedra de Canto Moderno e Interpretación Escénica. El 2008 es contratada por la Academia Artística Gloria Simonetti de Viña del Mar, Chile, para enseñar Canto Moderno y Expresión Corporal en los niveles Infantil e Iniciación Musical.

Obras

Despojos

Premios

Mención Honrosa en el XXVII Concurso de Arte y Poesía Joven de la Universidad de Valparaíso.





Nobis pacem peccata mundi (danos la paz pecado del mundo)

Por la señal de la santa cruz
de todos mis enemigos y el silencio
libérame señor dios ciego.
En el nombre del padre incestuoso,
el hijo huacho,
y cada uno de mis clavos
Amén

Yo confieso ante dios
todopoderoso
y ante vosotros hermanos
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:

He bebido el semen de tu iglesia,
mordido la carne de tu carne.
He sido clavada una y mil veces
en tu nombre.
En el pecado fui
concebida,
ese día la matria
manchó con sangre sus zapatos de charol.
Soy la perra, la puta, la suelta, la loca
la mancha inquieta
en tu memoria.

Por mi culpa,
por mi culpa,
por mi gran culpa.

Por eso ruego a maría,
la única virgen del barrio,
a los escapularios,
a la virgen del carmen,
patrona del fusil
que nos apunta desde niñas,
a los acentos,
las palabras,
las manos,
el espejo.

Por eso ruego a los ángeles,
a los santos
y a vosotros hermanos,
que interceptéis por mí
a dios nuestro
mi
señor.

“Porque no entré a este mundo
por las puertas de la matriz”,
porque el padre de mi madre es mi padre,
porque hay un espectáculo
en cada cuenta del rosario,
porque hay un espectáculo
en la pater pupila infecta:
“sangrarás gota a gota
el pecado de tu madre”

Entonces tú,
que estas sentado a la derecha,
limpias mis llagas con agua bendita
y ejecutas el arte de hilvanar
mientras libero el líquido amniótico
de las des-poseídas.
Y te digo:
que es mejor jugar al corre el anillo,
que quizás pase un chiquillo
y no me castiguen en la ronda
por no saber bailar.

Y les digo:
en el nombre de todas mis marcas,
el himen desgarrado
y la leva eterna,
vayan todos tranquilos a sus casas,
el circo en boca abierta
ya acabó.




Culpa pensaba que los estados del miedo se debían al aparecer del sol. Culpa dudaba y ahuyentaba lo amargo con espacios de silencio. Culpa sabía que sus culpas no eran más que la prolongación de sí, una página en blanco con manchas color magenta, un lugar en la escena opuesta al vértice de lo aprendido.


1

“Uste’ no se preocupe, que todo es para mejor”. Fueron las primeras palabras que oí de mi abuela tras la muerte del gato; y fue la premisa de las muertes futuras.

No había por qué afligirse si Culpa se había ido, no había que extrañarla, había que dejar que las huellas madurasen, había que dejar que las flores del jardín se secaran y volvieran a florecer. Pero sin Culpa la cocina olía distinta, el pelar las papas, poner la tetera, cebar el mate, barrer la casa, sin Culpa todo era distinto, todo parecía estar bien.


2

No decimos lo que vemos por temor, la sangre reclama y aún queda un poco de vergüenza. Hay una diferencia ahora en los espejos y el pulso, nosotras ya no somos las mismas.


3

Un sartén por el mango, abollado de tanta fritura; y siempre 10 para las 3, y siempre el frío, y siempre Culpa sin saber qué cocinar.


4

Culpa huía del murmullo de la ciudad, le gustaba ir al teatro, al cine y recitales de poesía. Se sentaba siempre oculta en las butacas traseras, lejos de los alientos y miradas, lejos de las palabras. Y pensaba: es el juego, ida y vuelta, el sentido carece de entendimiento.


5

Una tarde, frente a la telenovela de las 3, descubrió el complot de la anestesia. Era la quinta vez que Esmeralda quedaba ciega.


6

Había que desconfiar de los gemidos, había que desconfiar de los matices del silencio, de las puertas cerradas, había que desconfiar. Lo había aprendido a fuerza de espejismos, al salir de la iglesia y ver la cara del cura, tras la última confesión.


7

A Culpa le gustaba levantarse temprano, “al que madruga...” ya sabemos, y ella aún tenía fe. A pesar de haber vaciado su sangre y que en la ciudad fuera conocida como Redención; a pesar de ser ahora sólo una más de las Culpas que hacen la fila del pan con otro nombre.


8

No bastó con ver a Culpa sonreír, esperar que un día transitara otros caminos, no bastó con cerrar los ojos y rezar. La madre, su remolino de murmullos, la varilla en la derecha de la infancia, fueron sentencia: el polvo cubriría todo.


9

Ropa de cama oliendo a musgo, mano que sube por las piernas, boca mordiendo y besando seca, toda la amargura oliendo a sarro en esa boca. Súplica apretada, debate de cuerpos, violencia de quien no tiene derecho a forzar el silencio, y el peso, el gran peso de esos ojos.


10

Culpa frente al espejo que no da pausa al tiempo, Culpa frente al hacer que se nubla ante las alas, entre el velo y la sangre; en una suerte de miopía sin memoria, hilvanando agonías, canciones a medio cantar, silencios a medio latir. Y es que los faroles resisten siempre a media luz.

Siempre, siempre en Culpa se congelan todas las penumbras.


11

Antes de los muertos, solía caminar desnuda por Echaurren, barrer con las manos las escalinatas de la Matriz, jugando a ser muñeca sin cabeza.

Antes de los muertos, solía mirarse en el espejo argumentando la desnudez de los sentidos y el silencio, más allá de las cortinas, más acá del lenguaje.


12

La rotura del espejo, sus 7 años de mala suerte, la séptima vida del gato, el vaivén, pelota y pared: “Llegará el día en que sangrarás gota a gota el pecado de tu madre.”


13

Y vino el sanatorio. Y no era la única a quien no llamaban por el nombre. Los pasillos, las camillas, el espejo, tenían sus letras impresas en desorden.

Y transitó esos silencios muchas veces, y caminó cerro abajo muchas, muchas veces.


14

Sólo una silla vacía quedó tras la sombra que le cogió al borde.

Culpa al pie de la cama, las velas encendidas, porque es hora, porque así debe ser, porque sí.

Y dudaba, dudaba del viento en la vigilia de ese muerto que era el nuestro, nuestro primer muerto. Y dudaba de sí misma por haber sido mal parida, dudaba del reflejo de ese muerto, ese muerto que era el nuestro.


15

En claridad, dejar todo en claridad, en limpia y olorosa naftalina, hacer de la vaguedad una certeza de tango, en absoluta claridad, acorde final, amén, todo claro, sin vacilar, ordenarlo todo como nos dijeron que debía ser, en claridad, todo en claro, claridad. Claridad de notas, acorde piano, todo perfecto, cada nota es la que es, con claridad, no divagar, claridad; pero otra cosa es este hacer, otra cosa es guardar la ropa de los muertos.


16

Y vino la enfermedad. Y vinieron otros muertos. Y los muertos corrían libres por la casa, en un continuo gemido que se negaba a oír, y es que le ardía la sombra tanto como las imágenes, la respiración y las rosas ya quebradas. Y no era ni malo ni bueno ver las gotas caer desde los ojos al murmullo, sólo era una más de las catástrofes.

Y me decías, y te decías “son sólo las ánimas benditas del purgatorio”.


17

El anonimato queriendo figurar en la sobremesa, en la alcancía que no se llena, en la barra de un bar, el actor principal; pero la canción de moda dice otra cosa. La culpabilidad de Culpa habita en Redención de acuerdo al dogma, a las oraciones de niña, al rosario que aún cuelga en la cabecera del recuerdo.


18

Y no es Culpa la culpable, es la visita que no llega y a la vez no transa, no es sólo no saber nada de nada, es el continuo ir y venir, son las ataduras del olvido.

Ya no somos, antes solíamos ser el epígrafe de un poema, ahora hay sólo ambigüedad.


19

Habitar la conciencia
habitar
habitarse en sí misma
habitar
“Qual piuma al vento”
sin viento
rebobinar los pasos
tardíamente
habitar en Culpa
habitar


20

El suicidio ya no es alternativa, han pasado las horas y hay recambio en la ciudad.




Escritos de Culpa: herencia, religiosidad y dictadura como  ejes 
que  operan  en  la obra de  Karen  Devia

Por Jaime Araya Miranda 
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
Estudiante de Pedagogía en Castellano y Comunicación 
y Licenciatura de Lengua y Literatura Hispanoamericana.

Cuando comenzamos a interiorizarnos en la lectura de la obra poética de Karen Devia, nos enfrentamos con una serie de códigos que un buen entendedor podrá conectar de inmediato. El tema de la culpa aparece desde el inicio, su trabajo sistemático y muy pulcro le ha permitido a la poeta chilena destacarse como una de las figuras femeninas de la poesía contemporánea con mayor importancia para el legado poético latinoamericano. La culpa transita y habita en cada rincón en que su hablante lírico se expresa en la obra. 

Pero en primera instancia debo hacer una pequeña aclaración: la culpa es personificada en el poemario de manera que se convierte en «Culpa», ya no solo como un sentimiento impuesto por la tradición patriarcal por sobre las mujeres, si no que Culpa pasa a convertirse en una voz interna y colectiva a la vez. Culpa se inserta en cada poema y representa a la mujer violentada que debe cumplir un rol de mujer “virtuosa”. Ella es la protagonista de un thriller macabro y real, pero que estamos acostumbrados a mirarlo con una anestesia simbólica porque el patriarcado ha determinado que la mujer debe configurarse de cierta manera y debe permitir que el hombre la domine, controle y la utilice como su propiedad. No obstante, Culpa habita silenciosa, convertida casi como una voz anulada, oculta, no-dicha; moviéndose y viviendo en estos espacios que el poemario nos entrega de manera fotográfica. Dicho tránsito y habitar es una radiografía de la situación de la mujer, convirtiendo este habitar de la culpa – encarnado en Culpa – en una presencia fantasmagórica, porque se construye una doble identidad: la oficial que enmarca a la mujer a cumplir su rol y una segunda identidad fantasma a partir del cuerpo mutilado, de la memoria olvidada, de su convivencia con la culpa y el dolor, con la culpa y el placer, con la culpa como eje fundamental de sus restricciones.

Trabajaré tres ejes fundamentales: herencia, religiosidad y dictadura; de modo que mi análisis estará dividido en estas tres aristas para poder abarcar y comprender mejor la obra de Devia.

1. Herencia

A Camila José y María Jesús 
por la rotura del círculo 
(Devia, 2009:10)

La herencia de mujer a mujer como una forma de legado del patriarcado latinoamericano es algo común en diversos discursos de mujeres que demandan esto.  Culpa comienza a habitar y transitar como un ente transversal a las mujeres, debido a que la culpa es la que vive en el espacio íntimo de ellas. Por esta razón encontraremos que Culpa convive con las mujeres en la vida cotidiana, habitando espacios que el patriarcado les ha asignado. De Certeau (2000)  sostiene que dichos procedimientos de habitar son aquellos que en su arte se transforman en mecanismos silenciosos, azarosos y ausentes de poder, debido  a que la mujer ha seguido una tradición y herencia patriarcal en donde la sociedad privilegia el aparato reproductor. 

En el poemario, Culpa demanda las limitaciones utilizando el lenguaje como herramienta para subvertir el orden impuesto por una polis dominante, por una sociedad que exige a las mujeres – y a Culpa – convivir en un espacio reducido a lo íntimo y privado. Esto provoca que la cotidianeidad de las mujeres sea un constante co-existir con un peso que heredan del pasado, porque muchas de ellas se ven limitadas a desenvolverse en espacios privados mientras sus maridos son los que proveen de dinero, esto hace que se configure una cotidianeidad la cual está siempre alterando lo impuesto dentro de una sociedad mecanizada que vigila y castiga. (De certeau, 2000)

La poeta hace una demanda constante a lo que he mencionado anteriormente, llevando al hablante lírico a situarse en espacios reducidos a lo privado. Culpa personificada aparece en todos los poemas entregándonos pistas para ir desarmando la imagen que nos quiere mostrar. (…) Culpa dudaba y ahuyentaba lo amargo con espacios de silencio. Culpa sabía que sus culpas no eran más que la prolongación de sí… (Devia, 2009:13). En la cita podemos ver su denuncia, pero en vez de hacerla de forma reaccionaria, utiliza un lenguaje íntimo, sumiso, interiorizando algo ajeno, porque esta dinámica de asumir la culpa ajena y heredada, viene de un legado que se transmite de mujer a mujer. La rotura del espejo, sus 7 años de mala suerte, la séptima vida del gato, el vaivén, la pelota y la pared: «Llegará el día en que sangrarás gota a gota el pecado de tu madre.»(Devia, 2009:25).  La herencia es esta, la poeta es reiterativa y directa: la mujer está condenada en el poemario a vivir algo que no le corresponde, estará condenada a vivir siempre en el espacio privado. Porque Culpa participa en la construcción de una identidad en base a este legado. No obstante, el legado que el pasado le ha impuesto a la mujer no solo se manifiesta en Culpa, sino que también nos enfrentamos a que Culpa es un personaje, es un fantasma que cada mujer carga de forma silenciosa y pasiva.

No decimos lo que vemos por temor, la sangre reclama y aún nos queda un poco de vergüenza. / Hay una diferencia ahora en los espejos y el pulso, nosotras ya no somos las mismas. (Devia, 2009:15)

De modo que ellas mismas no se reconocen porque en el momento en que la culpa se hace presente en sus vidas y logra encarnarse en ellas,  hace que un fantasma simbólico ronde en su identidad como mujer abarcando ya no solo lo psicológico, sino que el cuerpo violentado, el espacio y  el lenguaje.

(…) A pesar de haber vaciado su sangre y que en la ciudad fuera conocida como Redención; a pesar de ser ahora sólo una más de las Culpas que hacen la fila del pan con otro nombre (...) (Devia, 2009: 20)

Así este fantasma simbólico, funciona  con lo que conocemos como doble vínculo. Término acuñado por Gregory Bateson (1956) que consiste en que la comunicación entre dos personas o más está viciada porque una de las partes ejerce violencia sicológica. El doble vínculo hace referencia a la confusión que le acarrea a una persona tener que vérselas con la dificultad de discriminar entre dos mensajes contradictorios entre sí y la imposibilidad de comunicar acerca de tal contradicción. De lo que se deriva que los dobles vínculos no son tan sólo instrucciones contradictorias, sino verdaderas paradojas. Esto está presente en la relación que tiene Culpa con los hombres, ya que ésta se establece llena de dobles vínculos. Las mujeres cargan con este peso de comportarse correctamente en la vida pública y paradójicamente en el espacio privado deben acatar las reglas del patriarcado, porque la mujer es castrada simbólicamente y vista en función de un hombre, vista como madre, procreadora, dueña de casa, esposa.

Con respecto al género y el espacio, que está fuertemente vinculado con lo anterior, encontramos que las mujeres y Culpa deben asumir un rol en cada lugar. Textualizando los espacios, el cuerpo y los roles. La poeta nos ejemplifica esto al llamar a Culpa como Redención.

“Lo privado y lo público constituyen lo que podríamos llamar una invariante estructural que articula las sociedades jerarquizando los espacios: el espacio que se adjudica al hombre y el que se adjudica a la mujer.” (Amorós, 1990:7)

Este rol queda fijo porque la violencia ejercida a las mujeres que se escapan de la regla será aún mayor. La mujer en el espacio privado se llama Culpa y en el espacio público Redención, pero ¿por qué sucede esto? ¿Por qué Culpa decide llamarse Redención? Ella no elige su nombre, sino que es otorgado por la sociedad. Culpa/Redención debe convivir con este doble vínculo, asumiendo sus roles en distintos espacios.

Según Bateson (1956), toda persona que esté atrapada en este problema del doble vínculo, le genera una situación de imposibilidad, pese a intentar salir del círculo vicioso, el doble vínculo las desconcierta generando en algunos casos algunos síntomas esquizofrénicos.

Dentro de esta posibilidad de esquizofrenia ejercida por esta relación, podemos enmarcar a Culpa, porque es ella la que recibe toda la violencia y represión realizada en su hogar. La textualización de lo vivido le permite a Culpa una vía de escape. Porque el testimonio y memoria actúan como formas de expresión. Dicha memoria tiene la peculiaridad de estar fragmentada, generando un laberinto de recuerdos, memoria, roles, opresión y herencia.

Y no era la única a quien no llamaban por el nombre… y transitó esos silencios muchas veces (Devia, 2009:26) El hablante lírico experimenta el tránsito en su memoria escarbando los recuerdos del pasado. La constante represión de Culpa hace que se exprese por medio de la escritura. En psiquiatría este mecanismo de expresión es conocido como Alexitimia (Lolas, 1984) y consiste en un desorden neurológico que le impide a las personas identificar sus propias emociones imposibilitándolos de expresarlas verbalmente. En el poemario, vemos que la violencia ejercida por el patriarcado ha generado dos consecuencias patológicas: el doble vínculo y la alexitimia.

Karen Devia en el prólogo de un libro que lanzó titulado “La palabra que sana” junto con unas alumnas de su taller literario en el año 2008, menciona lo siguiente que tiene mucha relación con el poemario Escritos de culpa:

“Esta displacentera dificultad de verbalizar los afectos que implica la alexitimia, ya sea por represión o negación, hace plantear la curación de las heridas a través de la palabra y la escucha poética. Siendo la poesía un espacio privado de refugio y alivio ante el sufrimiento de las féminas” (Devia: 2008, 9)

¿Por qué la mujer en su rol debe tolerar que sea continuamente violentada, no solo de forma física, sino que psicológicamente y de forma simbólica? En primer lugar, tenemos que la mujer se ha construido colectivamente en el transcurso de la historia, definida y delimitada por una serie de eventos marcados por una pauta social, que en otras palabras opera “la tecnología del género y que se generan  en las relaciones sociales” (Lauretis, 1987: 9-10) porque hay una construcción androcéntrica de la mujer. Este vínculo está ligado desde el interior de la cultura patriarcal y se expresa de múltiples formas dentro de las que se encuentra el lenguaje. Dicha manera de expresarnos permite que generemos binarios y límites: a la mujer se le otorgan cualidades como madre, naturaleza, fertilidad, misterio; mientras que a los hombres se les vincula con conocimiento, la razón, el orden, el deseo. Por ende, la identidad de la mujer se construye en la casa y se transmite de madre a hija.

 “La permanente postergación de los proyectos individuales, la constante auto-denigración de sí misma y el estado de congelamiento del alma, son hechos patentes en la relación femenina con la sociedad” (Devia: 2008, 9)

En segundo lugar está el tema de la anestesia, porque el patriarcado utiliza diversas formas de silenciar esta situación: una de ellas es la represión ejercida por ejes de poder tales como la ley, el estado, la iglesia; otra el control que se manifiesta en la moral que la sociedad impone, llevándonos a la conclusión que la herencia de la culpa es una de las formas de anestesiar el acto violentador, porque discursivamente se les prepara a las mujeres de que deben ser mujeres sumisas y virtuosas, la que no se encasille en esto será castigada. La poeta en esto nos deja varias pistas como por ejemplo: He olvidado algunas palabras / hemos tenido la lengua anestesiada (Devia, 2009: 43), advirtiéndonos que esta forma de concebir el mundo ha ido en desmedro de una construcción igualitaria. Porque todo para el patriarcado debe ser construido en binarios homologables.

“Las oposiciones entre naturaleza y cultura, vida y muerte, trascendencia e inmanencia, femenino y masculino – entre otras – serán resueltas, equilibradas y nominadas de acuerdo con los modos específicos de ese habitar el mundo de los grupos humanos.” (Montecino, 2007:33)

La anestesia resulta entonces una de las formas más efectivas de control y subordinación, permitiendo que la violencia en todas sus formas de realización conviva en la cotidianidad de la mujer. Esta  no ve muchas cosas como un acto violento, porque ha normalizado los actos que atentan a su dignidad, bloqueándolos en su memoria laberíntica, llevando el recuerdo a pasajes ocultos y no dichos, pero la herencia ha cumplido un rol decisivo en prolongar estas pautas que vienen de antaño, pero que sin lugar a dudas, la dictadura chilena fue un hito que trajo a todos los hogares chilenos la represión y violencia ejercida. Karen Devia es clara en ejemplificar esto:

Una tarde, frente a la telenovela de las 3, descubrió el complot de l anestesia. /  Era la quinta vez que Esmeralda quedaba ciega. (Devia: 2009, 18)

 La autora del poemario busca desarticular esta situación  a través de la escritura, busca “la rotura del círculo” como ella lo denomina, intentando abrir uno de los tantos pasajes de la situación de la mujer y su vínculo con la  culpa.

2. Religiosidad

La culpa tiene sus orígenes en la religión judeocristiana, centrándonos la base de que María es la mujer y madre que da a luz al hijo de Dios. La figura de la mujer se convierte entonces en una figura de la redentora. En el poemario el hablante lírico llamado Culpa posee una dualidad que remite a esto: Culpa para la gente es Redención, así la llaman en el pueblo, porque la redención se vincula con el sacrificio de convivir con el sufrimiento.

La religión opera como una manera de controlar y sancionar con la culpa, ya que la redención presupone la elevación original del hombre a un estado sobrenatural y su caída a través del pecado; obligándolo a mantener un vínculo de servidumbre hacia Dios. El pecado es la mancha que condena a la humanidad a vivir en la servidumbre del Todopoderoso según la tradición judeocristiana.

El hombre debe ser un siervo de Dios y la mujer debe ser redentora, identificándose con la figura de la virgen María. Por esta razón, “el marianismo sería un elemento central para el encubrimiento de nuestros orígenes históricos, al proponer una génesis trascendente, un nacimiento colectivo desde el vientre de la diosa-madre.” (Montecino, 2007: 39)

La identificación de la mujer con la virgen María, es una forma de aspirar a la pureza que se le otorga a esta figura religiosa. Latinoamérica ha fundado su cultura en base a la religión judeocristiana, impuesta de manera violenta durante la conquista española. Por eso la religiosidad y el sufrimiento van ligados absolutamente, de manera que el dolor, el sacrificio, el sufrimiento y la culpa son maneras de expresar respeto y temor a Dios.

En el poemario la cotidianidad se vive de este modo, Culpa dentro de la casa vive como siervo de Dios y como propiedad de un hombre, mientras que en los espacios públicos ella deja de llamarse Culpa para pasar a ser Redención. El marianismo va moldeando esta figura absoluta de la mujer latinoamericana, idealizando una figura al punto de utilizarla como una forma de ejercer presión constante en las pautas de comportamiento, las mujeres viven a diario la presión social de vivir bajo la tradición marianista. Deben ser criadas para ser buenas madres, deben ser trabajadoras, esforzadas y por sobretodo culposas.

El anonimato queriendo figurar en la sobremesa, en la alcancía no llena, en la barra de un bar, el actor principal;  pero la canción de moda dice otra cosa. La culpabilidad de Culpa habita en Redención de acuerdo al dogma, a las oraciones de niña, al rosario que aún cuelga en la cabecera del recuerdo (Devia, 2009: 30)

La violencia del silencio, comienza a aparecer en la voz del hablante lírico. Ella debe subordinarse y acatar. La herencia y la religiosidad son dos ejes que van a permitir que esto se dé en los espacios privados, porque Culpa no puede hablar en la mesa, porque debe mantener todo limpio, porque debe hacer caso a lo que le dicen. La problematización de esto viene cuando comenzamos a explorar su interioridad visibilizando el problema de la violencia del silencio, porque no hay una marca palpable ni una herida tras el acto violento, sino que es el silencio incómodo, el no-decir nada, el omitir, silenciar y finalmente anular.

La mujer Redentora, encarnando al marianismo hace que la identidad de una mujer libre de culpas no pueda existir, esta identidad se mantiene dormida.

En el espacio privado el silencio termina anulando al lenguaje, pero este aparece en diversas manifestaciones. La escritura aparece a través del anonimato y la clandestinidad. Aparece como un pensamiento fugaz, como un mero comentario.

 Había que desconfiar de los gemidos, había que desconfiar de los matices del silencio, de las puertas cerradas, había que desconfiar. Lo había aprendido a fuerza de espejismos, al salir de la iglesia y ver la cara del cura, tras la última confesión. (Devia, 2009: 19)

3. Dictadura

En la cita anterior presenciamos una escena de violación, Culpa demanda esto estando consciente que no debe hablar de ello. Por esta razón la autora del poemario nos pone como epígrafe la frase “por la rotura del círculo” porque está demandando un ambiente de violencia física, psicológica y silenciosa. Los patrones de agresividad van repitiéndose de generación en generación, ya las mujeres como construcción histórica e identitaria han sido violentadas por toda la herencia patriarcal, porque una figura machista y dominante las subordina a partir de la Culpa.

Pero esto no solo ocurre en el espacio privado, ni se limita a solo la realidad de un personaje del libro, sino que viendo entre líneas, lo que la autora nos propone es una voz que denuncia y reclama en contra de toda la violencia histórica ejercida en el Chile de la Dictadura y también toda la violencia ejercida por el machismo en contra de la alteridad femenina.

“Esta cultura de dominación-sumisión o subordinación halla sus raíces en la herencia colonial debido a la dominación racial, étnica  y cultural de las oligarquías y burguesías locales, relación que prefigura la que se establece entre Estado y sociedad. Patrón de relaciones de poder que está fuertemente vinculado a la cultura patriarcal cosa que le otorga a la mujer una doble condición social.” (Cantero, 2004: 30)

Dicha doble condición social, se funda a partir del doble vínculo, de la relación fantasmagórica de Culpa personificada en las mujeres, en la dualidad de Culpa/Redención, etc. Es este hablante lírico quien hace un punto de fuga en medio de tanta opresión, demandando su realidad social individual y colectiva a la vez, dejándonos claro que hay una constante violación a los derechos humanos.

Ropa de cama oliendo a musgo, mano que sube por las piernas, boca mordiendo y besando seca, toda la amargura oliendo a sarro en esa boca. Súplica apretada, debate de cuerpos, violencia de quien no tiene derecho a forzar el silencio, y el peso, el gran peso de esos ojos. (Devia, 2009:22)

Las demandas sociales ejercidas en la década de los 80s en Chile tomaron gran fuerza, la constante represión y violación no solo del cuerpo de muchos y muchas, sino que también de la libertad de expresión, ejemplifican que la Dictadura es una de las tantas pautas de comportamiento que incita el machismo y los absolutismos. Una dictadura es la máxima expresión del patriarcado por imponerse sobre los demás. La violencia en todos sus sentidos trae una herida simbólica que se arrastra de generación en generación, de manera que también genera una castración simbólica para la alteridad. Karen Devia en su poemario no solo nos evidencia la violencia de las mujeres –esa sería nuestra primera lectura– sino que más bien, está representando un escenario político, cultural, económico y social en el cual nos desenvolvemos. Todos los afectados por la Dictadura son personificados por Culpa, porque en ellas está el peso de toda agresión.

Y vino la enfermedad. Y vinieron otros muertos. Y los muertos corrían libres por  la casa, en un continuo gemido que se negaba a oír, y es que le ardía la sombra tanto como las imágenes, la respiración y las rosas ya quebradas. Y no era ni malo ni bueno ver las gotas caer desde los ojos al murmullo, sólo era una más de las catástrofes. / Y me decías, y te decías “son sólo las ánimas benditas del purgatorio”. (Devia, 2009: 29)

El testimonio y la memoria son rescatados en cada verso del poemario. Están compuestos por fragmentos, como piezas rotas de un rompecabezas o de un plato roto. Así se compone la obra de Devia, porque su culpa la expresa a través de un lenguaje cotidiano y simple, pero no menos potente, porque su denuncia de un círculo vicioso en inminente. Los hablantes líricos que encarnan a Culpa cargan con este tormento de silenciamiento, cargan con una experiencia límite que transgrede su integridad como ser humano. Por eso la puesta en escena de las sucesivas muertes en el poemario indican que hay un enemigo invisible, del que todos saben quién es pero que no se puede nombrar y recriminar.

 “morir a fuerza / de imprevisto / morir de olvido / de lagunas / morir incrustada  / en un lamento / morir espesa / de una lágrima” (Devia, 2009: 43).

Cantero (2004) señala que a partir de a finales de los años 70s y principio de los 80s la situación de la mujer comienza a tomar un giro debido al tema de la Dictadura en Chile, y sobre todo a los grupos de oposición que abren el tema de los derechos humanos. Dichas violaciones permiten que surjan diversas voces con un nuevo lenguaje, un nuevo código. Abriendo paso a una constante sensación de malestar y pesar, pero que debe ser demandada.

Todo tiene un vínculo, todo se articula para llegar al mismo camino: la herencia, la religiosidad y la dictadura son causantes de que la culpa habite en los sujetos violentados. Los discursos de violencia durante esta época dejaron secuelas en la construcción de las identidades personales y como país, la constante represión por parte del Estado, generaron un clima de contestación y lucha, llevando a muchos chilenos a exiliarse a otros países. Para esto la poeta escribe: el suicidio ya no es alternativa, han pasado las horas y hay recambio en la ciudad. (Devia, 2009:33) haciendo mención al tema del exilio y además de la lucha por la transición a la democracia. Para Nelly Richard (2000), el Chile de la transición presenta problemas en cuanto a la heterogeneidad de las prácticas discursivas, la dinámica de los signos y la permanente apertura hacia nuevas formulaciones de sentido que vinculan estética y políticamente  a los habitantes a vivir en un nuevo Estado. En el poemario los juegos cambiantes de lenguaje y estructura material-poética que proponen la constitución de un sujeto-poético con identidad móvil traza su recorrido por una ciudad maltratada, ultrajada, dejada en el olvido, marginal. Los exiliados en países lejanos viven con el recuerdo y la memoria de un Chile lleno de heridas. ¿Pero qué sucede con las personas que no pudieron irse de aquí?

A muchas de estas personas se les genera un quiebre emocional, porque no pueden irse del lugar que los somete a constante presión, experimentan por ende, un exilio simbólico, sin alejarse territorialmente, pero sí marginándose y viviendo sus emociones clandestinamente. Dicho exilio pasa más por un plano psicológico que físico, en donde debe enfrentar a diario la figura violentadora y opresora. La vida se vuelve tortuosa y debe muchas veces silenciar su dolor en la vida pública. Esto es muy similar a lo que experimenta Culpa en el poemario, ya que para ojos de la gente ella es Redención, pero en el espacio interior se convierte en este fantasma que habita entre la sumisión y la transgresión, en el sentido de que transgrede las normas viviendo en la marginalidad.

“Una vez que  reconocemos que  el exilio es una condición mental más que material, que aleja a unas gentes de otras gentes y de su manera de vivir, entonces queda definir la naturaleza de esta separación, no como un despegue unilateral, sino como algo más profundo”. (Ilie, 1980:7)

Porque como se ha mencionado anteriormente, una situación tan violenta produce heridas en múltiples espectros a los sujetos que han vivido tal experiencia límite. El mencionado exilio es un rasgo que marcó a la generación de los 80s en Chile, porque muchos partieron del país a tierras desconocidas, sin embargo, la gran mayoría de la gente que estaba en contra de la Dictadura vivió una sensación de descontento, sientiéndose inadaptados en su propia tierra.

“El exilio residencial o interior, pues, es un vacío que espera ser colmado, en gran medida, de la misma manera en que el exilio territorial es la ausencia que se compensa a sí misma con la nostalgia y con la anticipación esperanzadora.” (Ilie, 1980:31)

Toda esta situación de vivir un exilio interior está desarrollada en el poemario. Estamos en presencia de un fuerte vínculo con el lenguaje interior de Culpa, que observa su entorno pasivamente, pero dándose cuenta de lo que sucede. Culpa propone la rotura del círculo, porque toda la situación de violencia le ha generado una fragmentación como sujeto, pero que aún en su interioridad conserva algo, cosa que la poeta define como  pulso: / melodía interior / la única certeza de existir / a veces. (Devia, 2009:41).

La esperanza se mantiene en la interioridad de Culpa, porque cree que algún día el círculo opresor acabará, ella se convierte en una mártir y se margina de su entorno viviendo un exilio interior. La Dictadura solo ha conseguido que Culpa abandone su condición de ciudadana, que abandone la patria como parte de su identidad, porque vislumbra que en su interior hay algo distinto que ella denomina matria.

 4. Conclusión

Escritos de Culpa evidencia esta realidad de Chile que viene como una herida  desde la Dictadura. La situación de la mujer chilena y latinoamericana se problematiza con este personaje fantasma que se apropia de las mujeres: Culpa es quién toma la voz en el poemario. De esta manera la obra de Karen Devia es una radiografía íntima y panorámica de la patria interior que ya no existe por culpa de reiterados discursos de violencia presentes en la tradición patriarcal latinoamericana. En las mujeres del poemario existe una patrio interior ultrajada, de la que no se habla, pero que habita en el inconsciente colectivo, marginándose y construyéndose como un sujeto que carga con una memoria –individual y colectiva– que busca por medio del tránsito extirpar a Culpa como un mecanismo para poder encontrar una vía de escape.

En el poemario encontramos como consecuencia de la constante violencia ejercida un hablante  lírico que es personalizado por una dualidad: es Culpa en el espacio privado y Redención en el público.

Culpa va evidenciando el problema de la herencia de patrones de agresividad; rasgo que no solo está en la obra, sino que es una problemática que está presente en la mayoría de las construcciones de mujeres en los países latinoamericanos. Así como la religiosidad se convierte en un fuerte eje que intenta moldear a las mujeres, insertándoles el referente de la virgen María como su modelo a seguir. Todo esto va ligado al sufrimiento.

La escritura se manifiesta como una indagación en la memoria fragmentada por un eje dominante, debido a que la situación de violencia es un quiebre o una herida que se visibiliza en la literatura; surge con los años un afán testimonial como forma de terapia o como una manera de contestación al juicio que emite el pueblo sobre estas mujeres. La culpa heredada de mujer a mujer tiene un fuerte vínculo con lo expuesto anteriormente. La misión de la fémina se dirige a la contención, buscando siempre la perfección y prudencia de actos. No se acepta el error en una fémina, pero sí en un varón. Hasta el lenguaje castiga con juicios, limitando a la mujer a un espacio privado. En la obra, Culpa encarnada en todas las mujeres latinoamericanas, manifiesta un exilio interior, el Chile de los que no pudieron irse en plena dictadura y que vivencian la culpa y opresión a diario.





* * *
Referencias Bibliográficas:

AMORÓS, C (1990). Participación, cultura política y Estado, Buenos Aires, Editorial de la Flor.
BATESON, Gregory (1956): "Hacia una teoría de la esquizofrenia", en: Pasos hacia una ecología de la mente, Buenos Aires, Ed. Carlos Lohlé, 1976.
CANTERO, María Ángeles (2004) El “boom femenino” hispanoamericano de los años ochenta.  Un proyecto narrativo de “ser mujer”. Granada, Universidad de Granada - Colección Feminae. 
CERTEU, Michel de (2000). La invención de lo cotidiano, 1 Artes de hacer, México, Universidad Iberoamericana.
DEVIA, Karen (2008). La Palabra que sana, Valparaíso, Chile, Editorial Puerto Alegre.
DEVIA, Karen (2009). Escritos de Culpa, Valparaíso, Chile, Editorial Puerto Alegre.
ILIE, Paul (1980). Literatura y exilio interior, Madrid, Editorial Fundamentos.
LAURETIS, Teresa de (1992). Alicia ya no, Feminismo, Semiótica, Cine, Madrid, Cátedra-Feminismos.
MONTECINO, Sonia (1991). Madres y Huachos: alegorías del mestizaje chileno, Santiago de Chile, Editorial Cuarto Propio.
RICHARD, Nelly (2000). Estéticas y políticas de la transición, Santiago de Chile, Editorial Cuarto Propio.





El diapasón del tiempo

Tantas venas
tantas pulsaciones
tantas nauseas
tantos pasos
y tantas
tantas
tantas
sombras esquizoides

He de borrar
las huellas del minutero
el diapasón del tiempo
está en bemol



Y llovió

Sospecha el cuervo
de su potencial presa
tanto como las ideas
sospechan de la buena suerte
una vez deformadas las alas

Un par de notas caen sobre el arpegio
corre la presa sobre la arcilla
frente a mil caras
con mil risas
mil ojos
mil cejas
mil dientes
y una que otra nausea

Le dijeron que ese día
llovería
y llovió



Los espejos

Allá en lo alto
divisamos los espejos
tratando de atrapar nuestro reflejo

A la vuelta
un par de sombras
nos indican el camino
y sorteamos el viento
que golpea nuestros ojos

El opresor
cae
por
su
propio
peso

Mejor ver media sombra
o medio reflejo
para quién no conoce la locura
no ha sido mago centinela
ni alas
ni eslabón

Tenías hermano
la visión sellada a fuego
los espejos
eran
sólo
una cuestión de fe



Las fronteras del delirio

No decimos lo que vemos por temor
la sangre reclama lirios
aún nos queda un poco de vergüenza
y la ropa de cama huele a musgo

Hay una diferencia ahora
en los espejos y el pulso

Nosotras
ya no somos las mismas



Las palabras

He olvidado algunas palabras
hemos tenido la lengua anestesiada

Morir a fuerza de imprevisto
morir de olvido de lagunas
morir incrustada en un lamento
morir espesa de una lágrima

Mejor no hacer dibujos en las ventanas humedecidas
todo es un espejismo

Cazar el viento en una olla de cobre
peinar las distancias
hacer una ronda a la hora oscura
la ennegrecida

Y por las noches
tejer un lamento despacito
para que nadie vaya a sospechar
ser sólo una palabra
no sacar las páginas del armario
mejor acumular las ideas lejos de la gente



Posible - Mente

No hay defensa
atrás el concreto
el delirio

No hemos sabido defendernos
de los pasos de otros
no hemos pavimentado el surco

Atrás no hay nada

No hay contención posible
después
del delirio



Dieta para olvidar

“Andrés, los peces cambian de nombre
cuando los pescan”
E. Winter

Por la mañana
nútrase sólo
de camas sin hacer
ropa sucia
calcetines huachos
escoba
olla
aceite
y lo demás

Al almuerzo
sirva todo en platos chicos:
1 odio
1 caricia
1 olvido
1 pizca de polvo evaporado
sazone sin pasión

Por la tarde
cebe un mate sin azúcar
la dulzura quedó atrás.
Y no caiga en la tentación
de comer un trozo de carne
el último pedacito que se comió
la hizo subir 10 kilos
de soledad




Corazoncito

1

Debiste haberme publicitado más, corazón
mis pestañas merecían otra cosa
un poemauncio, por ejemplo,
a lo Lira
o un inserto en El Mercurio
el de distribución nacional por supuesto
alguna cosa de esas, corazón.
Debiste haber hecho, por último,
una rifa en plaza Echaurren

Si hubiera sabido que no ibas a cobrar nada
que me ibas a tirar como regalito pascuero
hubiera escogido otro representante
uno que me hubiera amado
al menos

2

Hagamos un trato corazón:
quédate con tu capital
no me lo des por daños y perjuicios
tengo guardados unos ahorritos
de dignidad

3

Baja el arma corazón
baja el arma y conversamos
prometo serte fiel
los próximos 15 minutos

“Quisiera tener 15 años, ser tonta como una puerta,
y pensar que sólo el amor basta”
I. Allende

4

Mira bien corazón
mira bien mis largas pestañas
mi boquita de freza
mi culo de adolescente
mis tetas de púber
mi aliento Pepsodent

Mírame bien corazoncito
mira bien por el ojo mágico
captura mi sílfide imagen de quinceañera
y no olvides
la tremenda luz
que te perdiste

“Soy sincera al confesar
que aun te quiero cariño malo”
P. Pizarro

5

Tú sabes corazón
que soy una mujer moderna
pagué todas mis cervezas
compré los condones
pagué el motel y los barros luco
toqué el timbre
y repuse el acuario
cuando sin querer lo quebré

Sólo dije no
al cuadro plástico

“Espérame en el cielo corazón si es que te vas primero”
Los Panchos

6

Espérame en el séptimo piso
de tu rascacielos, corazón
espérame que pronto yo iré
a tocar la puerta de improviso

Espérame vestido, corazón
la desnudez me abruma, cuando no es conmigo
espérame que pronto yo iré
a descubrir mi soledad

Nuestro amor fue tan grande, tan grande
como tu negligencia
y la vida es tan corta, tan corta para odiarte
como larga para olvidarte, mi amor

Espérame en la plaza, corazón
con la hipoteca en mano
espérame con la letra de cambio, amor
para firmar otra vez

Nuestro amor fue tan grande, tan grande
como un circo romano, mi amor
y la vida es tan corta, tan corta
para no hablarte, corazón





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