lunes, 3 de junio de 2013

JEANETTE WINTERSON [9996]


Jeanette Winterson (Mánchester, 27 de agosto de 1959) es una escritora inglesa, cuyas obras se pueden situar dentro del ámbito posmodernista.

Adoptada por Constance y John William Winterson el 21 de de 1960, una pareja evangélica, creció en Accrington, Lancashire. Educada en la Iglesia Pentescostal Elim, de niña quería ser una misionera y ya a los seis años escribía sermones. 
Cuando a los 16 años le dijo a su madre que amaba a una mujer, esta le dio dos opciones: “O te vas de esta casa y no vuelves nunca más o dejas de ver a esa chica”. Jeannete abandonó el hogar, y esta experiencia la reflejaría más tarde en su ópera prima, Fruta prohibida, que publicó a sus 24 años. Después, en 1990, la novela sería adaptada por la BBC para una miniserie con guion de la autora.
A esta novela le han seguido más de una veintena de obras en las que trata frecuentemente el tema de la homosexualidad femenina o lesbianismo. Se la considera una de las mejores escritoras anglosajonas de la época contemporánea.
Winterson tuvo una relación de 12 años con la presentadora de la BBC Peggy Reynolds, que terminó en 2002, luego estuvo cerca seis años, hasta 2007, con la directora de teatro Deborah Warner, y después, a partir de 2009, con la escritora feminista Susie Orbac. Antes, en los años 1980 mantuvo una relación sentimental con la agente literaria Pat Kavanagh —que llegó a dejar a su esposo, el escritor Julian Barnes, aunque después regresó a su lado—, la que le habría inspirado su novela La pasión (1987).
Fue condecorada en 2006 con la Orden del Imperio Británico. Colabora en forma asidua con publicaciones periódicas de su país.

Obras

Novelas

Oranges Are Not the Only Fruit (1985) — Fruta prohibida, trad.: Margarita Cavándoli y Horacio González Trejo; Edhasa, 1990
The Passion (1987) — La pasión, trad.: Elena Rius; Sudamericana, 1989
Sexing the Cherry (1990) — Espejismos, trad.: Margarita Cavándoli y Horacio González Trejo; Edhasa, 2006
Written On The Body (1992) — Escrito en el cuerpo, trad.: Encarna Castejón; Anagrama, 1998
Art & Lies (1994)
Gut Symmetries (1997) — Simetrías viscerales, Ángels Gimeno; Edhasa, 2000
The Powerbook (2000) — El Powerbook, Ángels Gimeno; Edhasa 2004
Lighthousekeeping (2004) — La niña del faro, trad.: Alejandro Palomas Pubill; Lumen, 2005
Weight (2005) — La carga, trad.: Iñigo García Ureta; Salamandra, 2006
Tanglewreck (2006) — El guardián del tiempo, trad.: Estrella Borrego del Castillo; Montena, Barcelona, 2007
The Stone Gods (2007) — Planeta azul, trad.: Alejandro Palomas Pubill; Lumen, 2008
The Battle of the Sun (2009, novela para niños)

Otros

Boating for Beginners (1986, cómic)
Art Objects (1995, ensayo)
The World and Other Places (1998, cuentos)
The Lion, the Unicorn and Me (2007, cuentos)
Why Be Happy When You Could Be Normal? (2011, autobiografía) — ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, trad.: Álvaro Abella, Lumen, 2012





La habitación no es mía. Una ventana enmarca un fresno. Una ventana enfoca el mundo. Desde el ancho lente de tu ventana puedo ver un álbum de vida ordinaria. Hay una mujer desplegando un atril musical con metálica determinación. Toma una flauta, comienza a tocar, y burbujas de jabón de las notas rompen contra el cristal. La música está flotando, pero la mujer está de pie muy quieta. Lo raro en ella es que está desnuda. Sí, completamente desnuda, su espina dorsal tan larga y recta como su flauta, sus vértebras como las llaves de la flauta. Abrí la ventana para dejar entrar la música. Éramos flotante Mozart. ¿Por qué será que las cosas reales son frágiles y duras, destruidas tan fácilmente, pero nunca dañadas? Perdidas para nosotros eternamente –estúpidamente, inconscientemente- pero en sí mismas encontradas, siempre, una vez más, cuando el tiempo se abre como una puerta.




Espejismos

Evalué mis opciones.
Podía quedarme y sentirme desdichada y humillada.
Podía irme y sentirme desdichada y digna.
Podía suplicarle que volviera a tocarme.
Podía vivir de la esperanza y morir de amargura.
Reuní algunos bártulos y me fui. No fue fácil: también era mi hogar.

(*) fragmento




Siempre me ha gustado nadar y un día que estaba en alta mar llegué a una cueva de corales y vi a una sirena que peinaba sus cabellos. Me enamoré de ella en ese instante y después de unos meses de encuentros ilícitos, durante los cuales mi marido se quejó constantemente de que yo apestaba a pescado,
huí y comencé a vivir con ella en perfecta y salobre dicha.

(Historia de las doce princesas bailarinas)




La poética del sexo


¿Por qué te acostás con chicas?


Mi amante Picasso está pasando por su período Azul. En el pasado sus períodos siempre han sido rojos. Rojo rábano, rojo sangre de toro, rojo como caderas de rosa estallando en semillas. Rojo lava cuando se llamaba Pompeya y en su Período Destructivo. Ese hedor de ella, esa rajadura de ella, esa concha rodante y partida de ella. En cuclillas como un Sumo, muslos jamones, lomo de cerdo, bifes rollizos y pechuga de cordero. Puedo robarle el corazón como un huevo a un pájaro.
Embiste por mí sutil como toro, golpeando la tranquera como si quisiera reforzarla. Le brama a la ventana, ensangrenta el pavimento de deseo. Dice, "No hace falta que seas Rapunzel para soltar tu cabello". Yo conozco el juego. Lo conozco lo suficiente como para chasquear mis cuartos traseros e irme a los saltitos. No soy de flirtear. Ella huele la mugre en mí y eso la hace hincharse. Eso es lo que hace que mi ágil amante delgada cual junco me cebe. Y cómo me ceba. Me engorda, me da unas palmaditas, me exprime y me alimenta. Me alimenta de lujuria hasta que estoy tan gorda como ella. Estamos gordas la una por la otra nosotras, chicas retoño. Nosotras, chicas ramificantes, nos engrosamos de sexo. Sos lo suficientemente ancha para mis caderas de rosa, te voy a cubrir con mis pétalos, te voy a cubrir con el aroma de mí. Chica de tapa ancha para el peso de mi carga. Mi amante-toro hace de mí un matador. Da vueltas en torno a mí y en su tosco círculo estoy completa. Me gusta lo de vestirse bien, las chaquetitas, las calzas de seda. Me gusta su pellejo brillante, ese cuero oscuro de ella. Ella es la que me da el poder de la espada. Lo usé una vez pero cuando la corté fue mi ajustada carne la que se frunció en un bordillo de sangre. Ella yació a mi lado esbelta como un cuerno. Su chaquetita y calzas de seda impecables. Yo transpiraba inmundicia y no podía hablar en mi círculo roto. Somos artistas de cambios rápidos nosotras las chicas.



¿Cuál de ustedes es el hombre?


Las venas de Picasso son azul Martín Pescador y tímidas cual Martín Pescador. La primera vez que dormí con ella no podía ver a través de las columnas de mármol de sus piernas o más allá de la opaca densidad de cada brazo. Escultora de profesión, Picasso es su propio modelo.
El azul que corre por ella es sanguíneo. Un golpe del cuchillo y cambia de color. Un nuevo mes y cambia de color. Profundos charcos de seda azul chorrean de ella. La reconozco por los lagos que deja camino al dormitorio. Sus tiradores caen en cascada sobre la baranda de la escalera, lleva aros de lapislázuli que yo he tomado ahuecando mis manos, atajando su deshabillée.
Cuando se saca se lo saca todo. Su piel se sale junto con su ropa. En esos días he podido ver el depósito de sangre de su corazón. En esos días era posible llevar registro de la paciencia de sus jugos digestivos y la inexorabilidad de sus pulmones. Su aliento es azul en el aire frío. Respira en el invierno azul como una Madonna de la Escarcha. Me parece apropiado arrodillarme y la vista es buena.
Sí que hace milagros pero son de tipo físico y ordenados a dedo por ella a las regiones inferiores. Va entre los pobres con todo tipo de bálsamo negligente de toda recompensa. Se viste de azul, me dice, para que sepan que es una santa y que es santo catar las aguas de tantos pozos sin probar.
Me he puesto celosa por supuesto. He castigado sus buenos actos con alguna beneficencia mía. Esa no es la solución, no puedo atraparla copiándola, no puedo dibujarla con un molde prestado. Ella es todas las cosas que una amante debe ser y otras cuantas cosas que una amante no debiera. ¿Clasificarla poniéndola en su sitio? No es una mariposa. Yo no practico lucha libre. Ella no es un blanco. Yo no soy un revólver. ¿Que les diga qué es? No es el lote nro. 27 y yo no soy de fanfarronear.
Estuvimos junto al mar ayer y el mar estaba pesado de sal así que nuestro cabello estaba trenzado con ella. Había sal en nuestras manos y en nuestras heridas de cuando habíamos estado peleando. 'No me lastimes' dije y me desabotoné la camisa para que pudiera mirar mis pechos si quería. 'No soy una santa' dijo ella y era verdad, como es verdad que nuestros pies son del mismo tamaño. Las rocas eran azul reptil y el cielo que se balanceaba en la cima de los riscos era azul diáfano. Picasso me hizo ponerme su jersey y tomar té cargado de una petaca de los años '50.
'Es invierno' dijo. 'Vamos'.
Y nos fuimos, dejando el verano atrás, dejando un sendero de huellas de dos en dos en cuatros idénticos. Creo que nadie después habría podido decir cuáles eran de quién y aunque hubieran podido no habrían quedado rastros a la mañana siguiente.



¿Qué hacen las lesbianas en la cama?


Bajo las sábanas el mundo sensacionalista de lujuria y vicio es útil sólo en tanto Picasso puede limpiar sus pinceles en él. Bajo las sábanas practicamos Montparnasse, es decir que Picasso propone pintarme pero en vez de eso hacemos el amor.
Nos conocimos en la Escuela de Arte en un corredor lustroso. Ella vino hacia mí tan rápido que el linóleo se disolvió bajo sus pies. Yo pensé, 'Una mujer que puede hacer eso con el hule ciertamente puede hacer algo por mí'. Yo di el primer paso. La tomé de la cola de su cabello como un héroe atrapa a un caballo desbocado. Ella quedó desconcertada. Cuando se dio vuelta besé su boca rubí y tomé una muestra de sus ojos azul mar. Estaba salada, bien conservada, bien hecha y curva como una ola. Pensé, 'Este es el lugar para hacer surf'.
Volvimos a su estudio, donde, naturalmente, había un pequeño caballete y una gran cama. 'Mi trabajo es lo primero', dijo. '¿Te molesta?' y sin esperar respuesta mezcló una acuarela ocre antes de tomarme como perro con mis pechos colgando sobre la almohada.
No tan rápido Picasso, yo también puedo desgreñarte como a un peón de granja, enrollarte como a una buena hoja de tabaco contra mis muslos. Puedo tomar esa garganta arrogante y cortarla de deseo. Puedo ponerte loca de ansias, provocarte como una mujerzuela en una cita. 
Despacio ahora Picasso, donde la luz descendente cae al piso. Vení a yacer conmigo en luz machucada que deja parches oscuros sobre tu pecho. Te ves tubercular, tan fina y moteada, inmóvil ahora. Yo te levanté y te llevé a la cama polvorienta de maltrato. Encontré un diario bajo las sábanas que anunciaba racionamientos.
La chica del lienzo estaba enfurruñada. No había venido a que la pintaran. Yo ya lo sabía todo sobre vos, mi tigre despedazador, tan feroz, tan indócil. Pero la verdad es otra como siempre lo es. Lo que sostiene el pequeño espacio entre mis piernas no es tu artística lengua ni ninguna de las otras partes con las que juegas a voluntad sino el universo bajo las sábanas que hacemos juntas.
Estamos en nuestro iglú y no podría ser más confortable. Blanco sobre blanco sobre blanco sobre blanco. Sábana Picasso yo sábana. Quién está arriba depende de dónde uno está parado pero como estamos acostadas no importa. Qué esquimal que soy, rompiendo su hielo seductor y metiendo la mano para pescar. Cómo serpentea, se escurre, se retuerce para resistirme pero yo sé cómo ponerle una carnada y lo hago. Buena pesca, uno en cada mano y uno en mi boca. Impresionante para una tarde de invierno y la estufa que se apagó y el alquiler por pagar. Estamos calentitas y ricas y blancas. He disfrutado tanto mi visita.
'¿Vas a volver?' preguntó. Sí mañana, bajo las luces de la calle, bajo el tictac del reloj. Bajo mis obligaciones, mi historia, mis temores, este ahora. Este ahora efervescente, vertiginoso, que todo lo consume. No dejaré que el tiempo me mienta. No escucharé a voces muertas ni a dolor nonato. '¿Qué pasa si?' no tiene poder ante '¿Qué pasa si no?'. El no de vos es insoportable. Debo tenerte. Que parloteen, esos anti-románticos de ojos desdeñosos. El amor no es el aceite y yo no soy la máquina. El amor sos vos y aquí estoy yo. Ahora.



¿Naciste lesbiana?


Picasso es una madre improbable pero yo me debo a ella. Estamos unidas por el honor, unidas por el amor, unidas por cordones demasiado robustos para esas saludables tijeras de hospital. Ella me bautizó en su propia fuente y dijo, 'Yo te bautizo Safo'. La gente a menudo pregunta si somos madre e hija.
Yo podría decir que sí, podría decir que no, ambas afirmaciones serían fieles, como son fieles las lesbianas, por lo menos la una a la otra si no al mundo. La verdad no me es ajena pero me son muy incómodas las mentiras que me han acosado desde mi nacimiento. No es sorpresa que no siempre recordemos nuestro nombre.
Estoy orgullosa de ser la amante de Picasso a pesar de las miradas extrañas que nos lanzan cuando vamos de la mano por calles concurridas. 'Mami, ¿por qué nos mira fijo ese hombre?' dije cuando apenas tenía un mes de edad. 'No te preocupes cariño, no puede evitarlo, tiene algo mal en los ojos'.
Necesitamos más perros lazarillos. El mundo está lleno de gente ciega. No nos ven a Picasso y a mí dignificadas en nuestro amor. Ven a pervertidas, invertidas, lesbianas, homosexuales. Ven a fenómenos de circo y adoradoras de Satán, cazadoras de chicas y atracciones porno. Picasso dice que no saben cómo mirar un cuadro tampoco.



¿Naciste lesbiana?


Un hada con un tutú rosa vino hacia Picasso y le dijo, 'Te traigo noticias de gran alborozo. Vos sola sin nadie que te ayude vas a dar a luz a un juguete sexual que se las ingenia con las palabras. La llamarás Safo y será un dolor de culo para todos los hombres'.
'¿No ves que tengo un cuadro que terminar?' dijo Picasso.
'Tomate un descanso' dijo el hada. 'Hay más cosas en la vida que el Arte'.
'¿Adónde?' dijo Picasso, cuyo primer nombre no era María.
'Entre tus piernas' dijo Gabriel.
'Olvidate. ¿No sabés que pinto con mi clítoris?'
'Tomá, probá con un pincel', dijo el hada dándole uno gordo.
'Ya he tenido todos los pinceles que necesito', dijo Picasso.
'Demasiado tarde' dijo el hada. 'Aquí viene'.
Picasso dio un portazo en su estudio y corrió enfrente a la Facultad de Artes donde tenía que dar una clase. Estaba enojada así que su aliento quemaba el aire. Estaba enojada así que sus pies disolvían las delgadas baldosas de linóleo que ya habían sido refregadas hasta la ruina por generaciones de zapatones. No había nadie en el corredor o si la había no era nadie. Picasso no la reconoció, tenía sus ojos en la puerta y la puerta se veía lejos. A Picasso, corriendo por el pasillo limpio, súbitamente la hicieron tropezar, la tiraron malamente, el cabello se salió de su gloriosa cabeza. Le estaban arrancando el cuero cabelludo. La estaban asaltando. La detonaron con una larga mecha de sexo. Su cuerpo estaba a medio camino fuera de la ventana del tercer piso y había un demonio contra su boca. Un bebé rojo incandescente y agresivo que gritaba, 'Dame de comer, dame de comer ahora'.
Picasso la llevó a casa, ¿qué otra cosa podía hacer? La llevó a casa para enderezarla y la puso pubis para arriba. Se apareó con esta criatura a la que había dado a luz y comenzó a sentir que tal vez los dioses griegos sabían una cosa o dos. Carne de su carne, se la cogió.
Después se quedaron calladas porque Safo no había aprendido un lenguaje. Todavía era dos manos ávidas y una boca abierta. Latía como un motor fuera de borda, era tan sofisticada como un sandwich de jamón. No tenía nada que ofrecer más que a sí misma, y Picasso, que creía que ya lo había visto todo, sonrió como un niño y se enamoró.



¿Por qué odiás a los hombres?


Aquí viene Safo, chamuscando los libros de historia con lenguas de fuego. Qué importa la poesía, sentí la erección. Oh sí, las mujeres tienen erecciones, hoy mi cuerpo está rígido de sexo. Cuando veo una palabra rehén de los hombres tengo que rescatarla. Dulce temblorosa palabra, encerrada en una torre, cansada de tu Príncipe que se viene y se viene. Te escalaré y descubriré que el tamaño no importa especialmente cuando hablamos de pulgadas.
Me gusta ser un héroe, me gusta volver a mi isla llena de muchachas que llevan una red de palabras prohibidas para ellas. Pobres muchachas, están encerradas fuera de sus palabras tal como las palabras están encerradas en significado. Hay tanto encierro en el Continente pero aquí las puertas están siempre abiertas.
Quedate adentro, no camines por las calles, poné barrotes en las ventanas, mantene la boca cerrada, mantene las piernas juntas, colgate la cartera en torno al cuello, no lleves cosas de valor, no mires, no hables con extraños, no te arriesgues, no lo intentes. Él quiere decir ella excepto cuando quiere decir los Hombres. Este es un Club Privado.
Está bien muchachos, éste también. Esta deliciosa isla no reconocida donde estamos desnudas unas con otras. El bote que nos trae aquí se quebrará bajo el peso de ustedes. Este es un territorio que no pueden invadir. Yacemos en la cama, Picasso y yo, escuchando el terrible llanto a gritos de Salame. Salame es un artista hombre que quiere ser lesbiana.
'Les pagaré el doble del alquiler' exclama, manoseando su billetera grasienta.
'Las pintaré para la posteridad. Amo a las mujeres, ¿no saben? Ay Dios cómo quisiera ser mujer, flaca como una hostia como ustedes, podría abarcarlas con una mano'. Eructa.
Picasso no está impresionada. Dice, 'El mundo está lleno de heterosexuales, andá y buscate uno, media docena, tragátelos como ostras, pero andate'.
'Oh, azotame' dice Salame humedeciéndose.
Ya conocemos la rutina. En media hora se pondrá violento, y cuando nos haya amenazado lo suficiente irá a algún antro y mirará a dos chicas por el precio de un bife.
Ni bien se fue lo olvidamos por completo. Haciendo el amor hicimos un diccionario de palabras prohibidas. Somos palabras, oraciones, historias, libros. Vos sos mi Nuevo Testamento. Cada una es un evangelio para la otra, yo soy tu anunciación, tu revelación. Vos sos mi San Marcos, el león alado a tus pies. Te poseeré, a vos y al león también, corcovearé debajo tuyo hasta que aprendas a ensillarme. No me claves esas espuelas muy fuerte. No es tan sencillo este amor lexográfico. Cuando me hayas hundido hasta el fondo yo te minaré a cambio y seremos maridos la una para la otra así como esposas.
Te digo algo, Salame, una mujer puede ponerse dura y hacerlo toda la noche y cuando no es preciso que esté parada sabe cómo girar a un lado. Puede hacerlo como sea y su amante siempre acaba. No hay lesbianas frígidas, pensá en eso.
En esta isla donde vivimos, guardando lo que no contamos, hemos hallado la infinita variedad de la Mujer. En el Continente la Mujer está extinta en su mayor parte, salvo bajo un par de formas obvias. Todavía se la cultiva como variedad conveniente, pero no se la halla en estado salvaje por ninguna parte.
Salame odia oírnos coger. Aporrea la pared como un fanático en una orgía. 'Andate a casa' le decimos, pero no se va. Prefiere quedarse apoyado contra el zócalo quejándose de que no lo dejamos pintar. El verdadero problema es que hemos rescatado una palabra no permitida a nuestra especie.
Él la oye golpeteando a través de la pared día y noche. La huele en nuestra ropa y la ve embadurnada en nuestras caras. Somos felices Picasso y yo. Felices.



¿No sentís que falta algo?


Pensé que había perdido a Picasso. Pensé que la forma brillante que moldea mis días me había dejado. Estaba borrosa en los bordes, líquida de incertidumbre. Las tensas líneas del amor se aflojaron. Me sentí desenrollarme hacia atrás, alejándome de ella. ¿Se cortaría la hebra cada vez más delgada?
Por siete años ella y yo habíamos estado enamoradas. Con amor de amantes, amor de madre e hija. Amor de marido y mujer. Amor de amigos. Yo había sido todo eso para ella y ella había sido todo eso para mí. Lo que éramos lo éramos en partes iguales, y almas gemelas la una para la otra. Nos gusta representar papeles pero sabemos quiénes somos. Vos sos la belleza para mí, Picasso. No sólo la belleza sensual que agrada a la vista sino también la belleza artística que la desafía. A veces sos fea en tu belleza, magníficamente fea, y me asustás con toda razón.
No te dije esto ayer ni anteayer. La costumbre me había silenciado como suele hacerlo la costumbre. Tan habituada a una cosa que no hace falta hablar de ella, tan bien conocida la acción que no hace falta describirla. Pero yo sé que la expresión es libertad, que no es lo mismo que libertad de expresión. No tengo derecho a decir lo que quiero cuando quiero, pero tengo el don de las palabras con el cual bendecirte. Bendita seas Picasso. Bendita seas por tu cuerpo derecho como una torre. Vos sos el punto sobresaliente que me guía por las calles de lo cotidiano. Vos me conducís más allá de las casitas hacia la iglesia en la cual rendimos culto. Yo te rindo culto porque sos digna de alabanza. Bendita seas Picasso por tus hábiles manos que llevan la pintura al lienzo nonato. Tus dedos estaban rojos cuando me cogiste y mi cuerpo quedó con franjas de alegría. Extraño las riquezas de nuestra pasión igual que extraño la ternura diaria de elegirte. Elegirte por sobre todas las demás, mi perla de gran precio. 
Mis sentimientos por vos son bíblicos: es decir son intensos, precipitados, arrogantes, arriesgados y despreocupados por los modos del mundo. Ostento mis heridas sangrantes, enloquezco con mi certeza. El Reino de los Cielos está dentro de vos, Picasso. Bendita seas.
Hay algo que falta y sos vos. Tu ropa se fue ayer, tu caballete estaba empacado chato y silencioso contra la pared. Cuando me levanté y dejé nuestra cama deshecha había olor a café en la casa pero no había olor a vos. Me miré en el espejo y supe quién tenía la culpa. ¿Por qué tomar la cosa perfecta y hacerla pedazos? Algunos bienes que se estrellan no se pueden remplazar.
Ha sido difícil este último año. El amor es difícil. El amor se hace más difícil lo cual no es lo mismo que decir que se hace más difícil amar. Vos no sos difícil de amar. Vos sos difícil de amar bien. Tus parámetros son altos, no te conformás con la salida fácil y por eso es que enfilaste para la puerta. Si soy honesta he de admitir que siempre he querido evitar el amor. Sí denme romance, denme sexo, denme peleas, denme todas las partes del amor pero no la palabra simple y sola que es tan compleja y que exige lo mejor de mí esta hora este minuto este por siempre.
Picasso no pinta el mismo cuadro dos veces. Ella dice desarrollarse o morir. No dejará que el amor de ayer baste para hoy. Lo hace nuevo, vuelve a mezclar sus colores y extiende su lienzo hasta que éste suspira. Mi madre se alegró al enterarse de que nos habíamos separado. Dijo 'Ahora puedes volver al Continente. Enviaré a Faetón a buscarte'. Faetón tiene un pequeño negocio llamado LESBIANAS TOURS. Con su lancha a motor da vueltas y vueltas en torno a la isla, justo al borde de la zona de exclusión de una milla. Le señala famosas lesbianas a los turistas que siempre dicen, '¡Pero si es tan atractiva!' o '¡Es tan fea!'.
'Sí', dice Faetón, '¿Y saben qué? Están todas enamoradas de mí'. Un turista sacude la cabeza como si fuera una caja de colecta por una buena causa. '¿No se lo podés preguntar a alguna?' dice. 'Les puedo preguntar cualquier cosa' dice Faetón que nunca espera a escuchar la respuesta.



¿Por qué te acostás con chicas?


Picasso me ha amado por cincuenta años y todavía me ama. Pasamos por el túnel de carbón donde el sol dejó de salir. Ya no nos vestimos de gris.
Aquel día que les conté tomé mi abrigo y seguí sus huellas a través del hielo. A medida que caminaba el mundo se congelaba detrás de ella. Para mí no había nada a lo que regresar, si fracasaba, fracasaba sola. La desesperación hizo que estuviera muy oscuro para ver, tuve que viajar por radar, rastreando su tibieza delante de mí. Ahora está de moda decir que cualquier error es cometido por ambas. Eso no siempre es verdad. Una persona puede fácilmente matar a otra.

Colgate de mí, querida, como rubíes en torno a mi cuello. Deslizate por mi dedo como un anillo. Dame tu rosa para mi ojal. Dejame hojearte antes de leerte en voz alta. 
Picasso calienta mi corazón helado en el horno de su vientre. Su vientre está atizado al rojo vivo con amor de mí. He aprendido a alimentarla cada día, a llenarla de combustible que encuentro con gusto. He abierto los almacenes del amor. En el Continente te enseñan a guardar para los días de lluvia. La verdad es que al amor no hace falta guardarlo. Es fresco o no es. Nosotras somos frescas y copiosas. Ella es mi cosecha y yo la suya. Ella me siembra y me cosecha, caemos una en el regazo de la otra. Sus mares están rellenos de peces para mi caña. He pescado en ella una y otra vez. 
Hoy ella está pintando. El cuarto está naranja de esfuerzo. Hoy ella está pintando y yo he escrito esto.



Winterson, Jeanette. The world and other places. Londres, Vintage,1999. Traducido por María Inés Castagnino para la cátedra de Literatura Inglesa, FFyL, UBA, año 2000. 



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