miércoles, 2 de mayo de 2012

6642.- JUAN MANUEL MARCOS



JUAN MANUEL MARCOS : Nació en Asunción, PARAGUAY  el 1 de junio de 1950, hijo de una maestra paraguaya y un exiliado republicano español. Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, y Doctor en Letras por la de Píttsburgh, Pennsylvania, cursó estudios postdoctorales en filosofía política y administración universitaria en las de Yale y Harvard.

Ha sido profesor en las universidades Oklahoma State, y de California, Los Ángeles, habiendo ascendido en varios concursos hasta alcanzar la titularidad y la inamovilidad de la cátedra en los Estados Unidos. También ha sido nombrado profesor de honor en las de Kansas, Federal de Río de Janeiro, Nacional de Mar del Plata, y UCES de Buenos Aires. Ha presentado ponencias y conferencias en más de cincuenta universidades de Alemania, Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Corea del Sur, Costa Rica, España, Estados Unidos (incluidos Hawái y Puerto Rico), Francia, Japón, México y Uruguay.

Autor de numerosos libros y colecciones de monografías en autoria y coautoría publicados Argentina, Brasil, Colombia, Corea del Sur, Costa Rica, España, Estados Unidos, Francia, México, Paraguay y Venezuela, tales como De García Márquez al postboom (Madrid, 1986) y Roa Bastos, precursor del postboom (México, Premio Internacional Plural de Ensayo, 1983). Entre las revistas internacionales especializadas en temas filológicos que han publicado sus estudios mediante la aprobación de un comité de expertos figuran Cuadernos Americanos, Plural (México), Cuadernos Hispanoamericanos (España), Revista iberoamericana, Latin American Literary Revíew, Hispaníc Journal, Monographic Revíew, Latin American Indían Literatures, Modern Language Notes, Híspania (Estados Unidos), Escritura (Venezuela), etc.

Coautor de los montajes teatrales ÑANDEJÁRA REKOVE (1972) y LÓPEZ (1973), que junto con letras de música popular grabadas en numerosos discos en Asunción y Buenos Aires, contribuyeron a la aparición del hoy llamado NUEVO CANCIONERO PARAGUAYO.

También ha publicado POEMAS (Asunción, Criterio, Premio René Dávalos, 1970), POEMAS Y CANCIONES (Asunción, Alcándara, 1987), y la novela EL INVIERNO DE GUNTER (Asunción, El Lector, 1987), una de las pocas paraguayas traducidas al inglés (por el profesor Tracy K. Lewis, Nueva York, 2001), que ha sido adaptada al cine por la directora Galia Giménez. Selecciones de su obra, así como comentarios sobre la misma, han aparecido en castellano, coreano, francés, inglés, italiano y portugués.

Desde muy temprano fundó o formó parte de periódicos y revistas como Frente, Criterio y El Radical, programas radiales y de televisión, y grupos de teatro, poetas y músicos. En Estados Unidos, fundó y editó veinte volúmenes de Discurso literario, una de las publicaciones internacionales especializadas más importantes de su género en los ochenta, y organizó cuatro coloquios con su correspondiente premio anual de ensayo en los estados de Oklahoma y Texas. En 1991 fundó la Universidad del Norte, de Asunción, hoy la mayor privada del país, de la cual sigue siendo Rector.

En su lucha por la democracia en el Paraguay experimentó prisión, asilo diplomático y doce años de exilio político. Después de la dictadura, elegido diputado primero y senador después, contribuyó y presentó varios proyectos y resoluciones en el campo educativo, social y cultural. También fue elegido Presidente del Parlamento Cultural del MERCOSUR (PARCUM), que  aglutina a legisladores de Argentina, Brasil, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, presidido por primera vez por un paraguayo.




CANTO A ALBERDI


Entonces una patria surgirá de las sombras,
vestida de luceros, promesas y esmeraldas;
la construirán un día, el héroe y el poeta
y también los que tienen doblegada la espalda.


A puntuales guerreros les pedirán la espada,
a quienes de la América hicieron ciudadana:
Martí, Bolívar, López, Artigas y campanas,
con el más joven júbilo forjarán el mañana.


A poetas rotundos, les pedirán su temple,
su pasión combatiente de alianzas macabras;
a todos los que fueron compañeros de América
y Juan Bautista Alberdi les dará la palabra.








EPIGRAMA


Por vos, mi amor, yo daría todo.
La vida. La palabra. Enteramente.
Lo que me pidas y lo que no me pidas. Todo.
Te quiero y eso basta.


Lo demás es poesía.


1972










DISTANCIA


a Liliana y Marcelo Serrano


Tu pelo eran cascadas de metal color tiempo.
Cuando llega el rocío te invade la nostalgia.
Pareces no ser tú sino tu sombra.
Tu piel es ya un olvido de mágicos retornos.
Murieron las estrellas australes en silencio,
antigua carabela de ceniza.


Miradas, melodías residen en tu alma.
Llorando está el otoño con los ojos al viento.


Déjame recordarte como eras.


1969










A LA RESIDENTA


a Delia Sara Alvarez


Y ya ves, compañera, la patria está en llamas.
Préstanos tu mirada, y tu cántaro seco,
el arado cansado y el sudor de tu frente.


Residenta de fuego, mujer de manos claras.
Tus hijos se quedaron detrás de la campaña.
En tus ojos hay lunas y detenidas lágrimas.
Quisiéramos que sea tu cuerpo de madera
la matriz fulgurante de una nueva era.


Residenta doliente, residenta callada.
Prosigue tu raquítica y larga y vaga marcha.
No olvides que cantamos para que no te olvides
de llevar de los héroes caídos la bandera.


Acuérdate, amiga, de todos los que fuimos
vencedores sangrantes del que ganó la guerra.
Y escúchanos, hermana, fecunda la semilla,
porque estamos esperando debajo de la tierra.


1973










UNA ANTIGUA SANGRE


a Carlos Noguera


De tiempo y de metal, de pura sangre,
a golpes de palabra y agonía
se va haciendo la historia de los débiles,
con sílabas de lámpara cautiva
y un corazón de pie y una paloma.


Para siempre quizás y todavía
y falta y hace frío y sin embargo
¡qué canto inmemorial viene de pronto!,
¡qué muerte solitaria en el camino!


El pedazo eucarístico del cielo
del aire descendió en pantalones,
se puso los del hombre y su camisa,
su inmenso amor hizo el amor al viento.


La noche de la patria comunera
se abrió en cristal y en alba sonriente.
Mientras existan jóvenes, la sangre
escribirá su nombre en las paredes.


1974










GESTOS DE GESTA


LÓPEZ, I


a Carlos Alvarez


Que se oiga la voz de Bolívar diciendo: la patria es América.
Que venga el caimán de Martí navegando los ríos patricios.
Que el indio Juárez venga a lomo de mula andariega.
Que Sucre descienda del monte armado de estrellas y cantos.
Que truenen los cascos rotundos del rojo alazán de Miranda.
Que O'Higgins convoque al relámpago en la frente iracunda del héroe.


Pedazo de pueblo partido, San Martín en la noche de exilio.
Jesuitas modernos gigantes que saludan el sol que perdura.
Y la patria de Lincoln que olvida una antigua caravana de sangre


La garganta de Artigas eterno, hoy cañón en que el eco retumba:
Patria o Muerte oriental de mi América niña.
En la sierra Sandino, fusiles, y alboradas y música y cruces.
Un jinete se acerca sonoro en el medio de un mundo de polvo.


¡Es Zapata! Hermano del pobre, capitán generoso del pueblo.
Estos son los que vienen ahora a inclinar sus proféticas voces,
sus esdrújulas voces, sus voces de implacable y feroz testimonio.
Y le cubren la espalda a Francisco del pueblo Solano del pueblo
mientras López abrasa la causa de la patria de todos que es tuya y es mía.


Cerro Corá que caminas desnudo por la calle abismal de la historia.
Meridiano caliente y pretérito, alacrán convertido en tormenta.
El primero de marzo cayeron los que fueron a darte su vida.
Y la vida encontraron el día en que la patria murió combatiendo.


¡Patria Grande! Mañana seremos una América libre y unida.
Lope tiempo que América entera protestó con su débil palabra.
Lope tiempo que vino el comercio a cambiarnos el ritmo y la cara.
Lope tiempo que vino la espada con su filo banquero y podrido.
Lope tiempo que el sol se hizo mierda con la muerte, la muerte y la muerte.


1973








LÓPEZ, II


a María Hortensia Alvarez




Desde aquí les cantamos. En su nombre la patria.
Su nombre; de valientes, gloriosos camaradas.


Desde aquí por la palabra, la música, al abismo.
Tu palabra viuda, clarinada. Kavichu'í, el himno, el centinela.


Somos del mismo grito. Un mismo sol nos vio nacer,
¡aquí!,
junto a la página.
Talavera, poetas combatientes.
Somos de la raíz ardiente de la sangre.
La patria es un poema sin acabar, sin tiempo:
Nunca olvidaremos el verso de tu muerte,
ni la muerte diaria del poema.


En un puño la mitad de tu mirada.
la roca de tu ejemplo, las barcazas, la noche, el abordaje.
Milicianos de estirpe navegable, ¡adelante!
Las balas en tu espalda,
tu costado sangrante.
Ignacio Genes, heroicos combatientes.
Somos de tu piel cuando la lucha.
Tu mano cerrada cuando apenas.


Somos el cántaro caliente de tus venas,
y vienen hacia ti los despojados.
Tu rostro popular no tiene un ojo, porque mira.
Cíclope nocturno, amigo nuestro:
míranos sin doblez,
como la tierra.


¡José Eduvigis Díaz, combatiente!
Victoriosos como el pueblo, triple como el destino.
Te fuiste para estar, como un ángel de hierro.
Hoy es Curupayty ¡y estamos juntos!
Contigo, general, en la jornada.
Porque caben en vos las esperanzas,
los últimos esfuerzos,
la llegada del día, la guitarra.
Y estaremos contigo, compañeros de siempre, como ahora,
en un Curupayty mestizo, sangrante y resurrecto.


Triple ventana abierta hacia el naciente.
Y allá, el hombre nuevo,
la alegría,
la justa decisión,
la estatura de la piedra,
el límite del agua
y el verano.


En el nombre de Francisco, de Solano y de López, ¡así sea!


1973










LA HISTORIA EMPIEZA EN ALTOS


a José Félix y José María Fernández Estigarribia


La historia empieza en Altos,
en lo alto del aire el mariscal envuelto en llamas
sube la tierra verde como una flecha de agua.
No está parado allá bajo sus alas rotas
sino que su modestia impide
que alce la voz ahora, vivo o muerto.
Para ganar la guerra no hace falta el ademán vociferante.


Basta amar a la patria y ser inteligente.
Así que entra en Altos a vivir en lo alto
desde el nivel del pueblo,
a conversar en francés, en guaraní y en hierro.


Se lo vio en la tarde volar como una estrella
en busca del reposo del combate.
Y su vigilia es como una estrella pura.
Nadie tuvo su gesto de espacio indoblegable,
nadie su visión ígnea de águila celeste.
Y nadie unos bolsillos tan vacíos.


La lucha continúa,
la historia empieza en lo alto,
y hoy es siete de septiembre para siempre.


1976






COLEGIALAS


I


a la madre Elisa Domínguez, STJ


Ella tiene sus cuitas.
A los catorce años
el colegio es un largo pasillo, escaleras, cipreses,
cocoteros, chivatos, palmas, pinos, umbrales soleados,
una ternura vieja como una flor dormida,
olvidada en las páginas de un libro amarillento,
cierto secreto triste.


Ella tiene sus cuitas.
Pero el viento de invierno les azota la cara
y arranca bufandas con las manos de un fauno
simulado en el duro azul de la mañana,
con los dedos de un sátiro que burló la celosa mirada de las monjas.


Ella tiene sus cuitas.
La vida es algo serio a los catorce años.
La gente no lo sabe.
Se ha olvidado muy pronto de sus catorce años.
Por eso, ella mira, lejana, en la ventana.
Sus ojos renunciaron a la clase de historia
y Alejandro es ahora esa nube viajera.


Ella tiene sus cuitas.
A los catorce inviernos, el cielo no ha cambiado,
todavía.


1976










PALABRAS A LO LEJOS


EL EXILIADO,


I


a Carmen y Alejandro González


Amamos lo que es como nosotros,
y podemos entender lo que el
viento escribe en la arena
HERMANN HESSE




Nunca vimos ese rostro.
Pero recordamos su costumbre de sonreír, callado.
Nunca tomamos esas manos.
Pero su leve tacto es una vieja amiga.
No conocimos esos labios.
Pero ya nos besaban, desde remotos ríos, la memoria.
No habían escurrido sus pasos negligentes nuestro umbral.


Ni degradado, amable, su atardecer a solas
nuestras personales escaleras.
Ni despejado su intrusa viudez de pantano
nuestros exiguos ritos cotidianos.
Pero ha llegado.


Y aunque no compartimos el pífano portátil de su idioma.
Ni ocupamos el eco nasal de su saludo.
Ni sospechamos la asmática parábola de su recién venida alarma.
¡Le extendemos los brazos!


Nunca había estado aquí. ¡Pero ha regresado!
Entonces, sin sorpresa, su silueta recorre nuestra casa.
Reconoce rincones jamás imaginados.
A la noche, nos hablará, como siempre, con sus errantes sílabas.
Conversaremos como niños que el invierno desvela
y adivinan sus huellas infinitas
bajo el silencio confidencial de las estrellas.


1977






II


a Isabel Allende


De vino, de poesía o de virtud,
como quieras. Pero empedate
CHARLES BAUDELAIRE


Ha olvidado una noche, una mano, un muro.
Ha olvidado una tarde dichosa de su infancia.
Ha olvidado una lámpara, una mesa, un libro.
Ha olvidado el lejano rostro del sur.


Inmerso en unas nuevas costumbres andariegas,
el jilguero, la sed, el caserío
le proponen una delgada amistad en la sangre.
Usurpan el espacio en fuga del recuerdo.
La música, la gente, el trajín, las imágenes,
la irremediable ausencia, los semáforos,
el olor del café, la moneda, el tabaco.
Todo está aquí vestido de distancia.


Sin embargo, cuando madruga y bebe su mate solitario,
le parece que nada ha cambiado.
Reconoce un antiguo fulgor en la mañana.
Siente como si nunca se hubiera despedido.


Cansado de la lenta erosión del exilio,
del silencio infinito de la calle,
ansía como loco el regreso y el grito,
la ebriedad de la vida vivida entre otras vidas.


Entonces, se atarea con calmosa nostalgia.
Prepara, minucioso, su valija callada.
¡Lo tiene todo listo para salir de viaje!


Mientras guarda sus cosas,
hay una extraña sonrisa en su mirada.


1977






III


a la memoria de Nils Olof Gustafson


Volver la pena,
aunque hayamos cambiado
CESARE PAVESE


Será lindo volver después de tantos años.
Abrazar a los nuestros con impaciente júbilo.
Encontrar todo tan cambiado.
Y descubrir, de pronto, que no nos hemos ido.


1977






DÍAS DE HERÁCLITO


a la memoria de Julio Octavio Alvarado


Y la vida que viene de pronto como un cometa pálido
en esas horas de ronco silencio diminuto,
esas cosas que pasan pero allá, porque si no, no vale,
temblando como un secreto entre los ojos vagos
y la ceniza vaga y la memoria.
A mí me gusta el agua cuando mana del día,
del mediodía entero como página en blanco,
no quiero esos oscuros misterios taciturnos
que en la noche se encienden como pétalos rojos,
esos carbones mínimos del alma a la intemperie
y el aullido en las sienes como un furgón remoto.
En esas viejas cosas, esquinas de otro mundo,
del mundo como mástil sonoro y como incendio,
en esos días de Heráclito me prolongo y me salgo
a caminar conmigo y la nostalgia a cuestas.
Otros dirán que entonces empezaba el otoño
pero sé que vengo desde antes
y que después de todo, mañana es otro día.


Alguien me dicta esos textos encinta,
los textos que me escriben los fines de semana,
mientras mis ojos beben la copa de los pinos
del Chatham College del fondo,
y el paisaje o paisajo con ajo y sin país
pero con todo el río de la gente, que es tiempo.


1981






LO ÚNICO GRATUITO QUE NOS QUEDA


a Luis Villar


La inflación,
ese vaso lleno de números, que te ulcera los sábados
y el hígado te araña de mal vino,
no puede ser que rompa tus recuerdos
ni tus ganas de estar con ella un rato,
vos sabés que eso no se arregla
con una votación morada o rosa,
ni una revolución que ya gatea
ni una dictadura que se raya.
Vos sabés que toda la poesía no sirve para nada,
y continúa.


No importa que estas cosas no se digan,
lo que importa es el viento.
Acá la poesía no se vende
y allá se autocensura.
Lo que importa es el viento.


De tarde en tarde, pucha, escupo sangre.
Cuando empieza la noche nadie escucha,
todos duermen en casa,
la ventana asfixiada de cortinas grasosas
se va a acostar temprano.
Mañana es otro día de trabajo.
La tarjeta de crédito lo acecha,
sus fauces sonrientes nos seducen con sus colmillos
fotogénicos al 19%
pero de pronto alguien escribe este poema
y todo, quién diría., todo, todo,
vase a la mierda
excepto el poeta y su lector,
con la ventana abierta,
el culo al aire,
sin crédito ni más tarjeta postal
que el cielo,
rojo como una sandía compartida.


¿Por qué sobrevive la poesía?


Quizá porque es lo único gratuito que nos queda.


1983



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