miércoles, 5 de septiembre de 2012

7720.- CHRYSTIAN ZEGARRA




Chrystian Zegarra (Trujillo, PERÚ 1971). Completó un doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de California, Los Ángeles—presentando una tesis sobre la poesía de Emilio Adolfo Westphalen. Actualmente enseña en UCLA. Es ganador del premio Copé de Oro, XII Bienal de Poesía, PetroPerú (2005), con la colección Escena Primordial y Otros Poemas. Próximamente, la editorial Sarita Cartonera publicará su poemario Sacrificios. En el 2004 editó el libro de poesía El Otro Desierto. Ha publicado poemas y ensayos en diversos medios impresos así como en revistas digitales.



3 figuras en la base de una crucifixión
(Imitación de Bacon)
   
 
1

el ojo es el límite del universo
pero los párpados la línea central que lo dividen
en la piel del gato sarcófago
las calles con diluvio horizontal
mojan los miembros amputados de una ciudad obscena
su cinturón ramifica un bosque de objetos irreales
en el caldero de la mente
la locura es el principio de la forma
esta noche verás caballos ebrios jinetes
como manchas de tiza hundiéndose en lo gris
hasta no ser
estrangula todo resto de miedo
toda tu humana perversidad
en la esquina cóncava un buey invierte su cuerpo
bajo el humus del agua su rostro con orejas de hombre
con voz piedra de hombre
mastica mis puros instintos animales
me castra con la sombra de su desnudez
en un sablazo de odio
para crucificar una bestia
es necesario que tu grito se ahogue entre sus muslos
hasta que la sangre nos separe






2

me enseñas a dibujar esta ciudad desde tu abrazo zurdo
un manojo de voces hierve en cada piedra
o en el aleteo de una langosta verde
la lluvia procrea murciélagos
sobre nuestras cabezas
bajo del árbol donde colgué de espaldas
tres días en negro
bajo de mi propia frente usurpada por la amnesia
gotas de barro forman una imagen que se desdobla
más allá de los pedregales
anularte en la conciencia y en el tiempo
anularte en el óxido sumergido en mi piel
como una daga oblicua que propicia el placer de la venganza
o la hecatombe
la irrealidad me conduce a una jaula cautiva por domadores ciegos
en el circo de nadie
hacia la tierra que me otorga un cuerpo inhumano
un rostro que incendia con pureza
el agua mágica de tu nombre







3

hacia la tarde el fardo empieza a figurar desnudo
en el abismo de su camisa de fuerza
lo que ven los dientes se escribe con sangre
o con el veneno que inyecta un suicida deforme
entre mis venas iniciáticas
el muro naranja me adiestra en la sustitución de tu presencia
en otra funeraria ceremonia
de insectos que zumban mi membrana
y la disuelven
abro el capullo mi rostro se despoja de identidad
ahora la luz no es un alacrán moreno
como ojo de pez
es la materia que rasga pelusas terrenales
bajo el vértice o la raíz del tronco primitivo
mi cráneo ha virado hacia el anonimato
escupo una mueca adherido a mi corteza sin ojos
a mi esqueleto sin brazos
a lo que me devora con rabia entre sus fauces
la dualidad es el sentido de la forma
he aprendido a convivir con el embrión que me fornica
que me tiende sin miedo entre la grama
como un bulto picoteado por pájaros o nubes
sin reposo
desde el pedestal de heno se yergue un cuello metálico
la bestia renace invicta
por tercera vez

(De El Otro Desierto. Perú, 2004. Edición del autor.)
   
   


LECCIÓN DE ANATOMÍA

No hablo acerca de hospitales
De cicatrices
Ni de fallidas operaciones

No escribo sobre esos temas porque es fácil
Crear una poética
Y una retórica de la enfermedad:
Exponer sobre el tapete
El cuerpo enfermo
Dejarlo que se desangre
Ante la vista complaciente de espectadores & verdugos

Este lenguaje se instaura
En el revés de la experiencia corporal
En ese punto donde la materia
Se desvanece
Y rehuye la falsa limpieza de los sanatorios
Los instrumentos de costura y disección
Que se hunden en un espacio que no existe

(Y es que no tener cuerpo
no es más que otra faceta de la corporeidad)

Mis
Heridas—
Costras—
Contusiones
Ocupan un recinto fronterizo
Con algún pasaje intermediario que desconozco:
Un campo cuyos límites se pierden
Bajo los órganos perforados de mi cuerpo







ESTADO DE SITIO

La crueldad del hombre que apedrea gatos
Desde el punto de mira
De su balcón oblicuo
Hace que la luz de la cuadra
Se disperse en un espectro de gritos de felino
Mientras los vagabundos
Y los poetas sin oficio
Ni hospicio
Ni siquiera reciben
El trazo del golpe
O el impacto
De la pedrada

El Asesino de Gatos es sólo una más de las tantas imágenes
 Que han invadido la ciudad
—Como las Cruces Negras y los Nichos Anónimos—
Y se ubica de preferencia en los balcones
Al límite de la tarde
Cuando todos se refugian en salones de clausura
Y murallas que resisten el olor
a podredumbre del afuera

El Asesino—Al igual que el Verdugo—El Asaltante
—O el Sicario—
Dispone ahora de un plan maestro de exterminio:
Abre las tuberías y desagües de la ciudad
Para que las ratas huyan libres por esquinas y veredas
Y tropiecen al más mínimo descuido
Entre las garras de los gatos

Entonces el hombre apedrea
Gatos
Vagabundos
&
Poetas

Para que la demencia no altere la maleza de sus sentidos
Para que las gentes de los interiores
(Cuando la mañana despunte
Y se cuele otra vez
Como tenia en el estómago)
Encuentren cadáveres frescos para saciar su hambre
En cada basural de los callejones

(En: Ciberayllu)









AÑO CERO

Con la misma potencia que un zapato patea
La puerta del paraíso
Y un taladro
Perfora la superficie de concreto de la memoria
Un muchacho escupe una densa
Saliva enrojecida
En las raíces del árbol de floripondio
Que reverdece desde la infancia

(PADRE & MADRE se acuestan desnudos entre la maleza)

Sus ojos recorren dos órbitas ahogadas en el dominio
De la crueldad
Sus brazos la trayectoria de un aeroplano suicida
Y así ha aterrizado en la casa del origen
Después de cruzar el bosque de adormideras del sueño
Y despertar con un bulto de animales
Muertos
Sobre la espalda

(PADRE & MADRE luchan desnudos entre la maleza)

El muchacho absorbe el aroma enfermizo de los floripondios
Su vista panorámica se dispersa
Más allá del
Horizonte
 —Clandestino y fragmentario como su cuerpo—

En la margen de esta planicie de humo
Una bestia renacida se disuelve bajo su lengua filuda
Como alacranes atravesados
Por pinzas carbonizadas

(PADRE & MADRE agonizan desnudos entre la maleza)

(En: Remolinos)








ÚLTIMO AVISO

No había aún aprendido a escribir,
Cuando una patrulla, sin palabras,
Mutiló sus brazos y expuso su cuerpo
—En forma de mapa de ciudad sitiada—,
Entre los rieles del subterráneo.

El poeta manco esgrime un movimiento de combate
En el revés de sus manos invisibles.
Sabe —a partir de un conato de vuelo en que quiso
Convertirse en un alto azor bajo el horizonte
De los túneles—,
Que la contundencia y el vigor residen en la cabeza.
¿Pero qué puede una cabeza cuando la boca aún expulsa
Retazos de mordaza, y los ojos ven sólo muros,
Segmentos de una escenografía al margen,
Ineficacia en el aprendizaje de ritos de caníbal
Para adaptarse con prisa a la vida cotidiana?

Sin miedo,
El poeta cruza una cerca de dinamita.
La pólvora se adhiere como imán a sus verdugos:
Un ojo que refulge en el anonimato,
Una consigna de batalla para asustar a los chanchos.

(De: Escena Primordial y Otros Poemas)




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