sábado, 18 de octubre de 2014

GREGORIO ROMERO DE LARRAÑAGA [13.723]


Gregorio Romero de Larrañaga

Gregorio Romero de Larrañaga (Madrid, 1814 - ibíd. 1872), periodista, dramaturgo, poeta español.

Estudió Derecho en la Universidad de Alcalá de Henares y en la de Madrid. Llevó una vida retraída y enferma (Barcelona, 1863-1867). Trabajó como abogado y oficial de la Biblioteca Nacional. Fue asimismo secretario particular de Manuel Bretón de los Herreros. Defendió apasionadamente los postulados dramáticos del Romanticismo y formó parte de la tertulia literaria conocida como El Parnasillo. Participó activamente en el Liceo y colaboró en publicaciones como el Semanario Pintoresco Español (donde aparece su nombre por primera vez en 1836) y en El Mentor de la Infancia; también en otros muchos periódicos, entre ellos El Español. Dirigió la revista de literatura y modas La Mariposa (1839) y se encargó de la parte literaria de La Iberia Musical y Literaria (1842-1846), una de las primeras revistas españolas consagradas a la música.

Obra

En sus poemas líricos imitó a José de Espronceda y en los de corte orientalista o legendario a José Zorrilla. Recogió su obra poética desde 1835 en Poesías (Madrid: Vicente de Lalama, 1841), dos tomos, publicadas a instancias del Liceo artístico. El primero contiene su creación lírica, cuyos ejes temáticos son el amor, la tristeza, el paso de la hermosura, el oriente, y son algo tópicas, salvo quizá "Un sueño de un sueño", que recuerda a Edgar Allan Poe. El segundo, titulado Cuentos históricos, leyendas antiguas y tradiciones populares, de carácter narrativo, se abre con una introducción en verso donde enumera lo que va a evocar: brujas, castillos árabes, caballeros. Además de este volumen de poemas narrativos o leyendas escribió otros: Las ferias de Madrid, 1845, El sayón (1836) -inspirado en El bulto vestido de negro capuz de Patricio de la Escosura- e Historias caballerescas españolas (1843)

Dejó una novela histórica, La cruz y la media luna, sobre el matrimonio de una hermana de Alfonso V con un moro, y otra sentimental y costumbrista, La enferma del corazón (1846-1848). Se consagró en especial al drama histórico: Jimena de Ordóñez, 1838; El gabán de don Enrique (sobre don Enrique III el Doliente); La vieja del candilejo (sobre Pedro I el Cruel), en colaboración con Elipe y Manuel Juan Diana; Fernán González (1847); Juan Bravo el comunero (1849), El héroe de Bailén (1852), sobre el general Castaños; El licenciado Vidriera, inspirado en la novela ejemplar homónima de Miguel de Cervantes. Uno está dedicado a Garcilaso de la Vega (1839), poeta al que admiraba mucho. Un buen éxito obtuvo Felipe el Hermoso (1845), en colaboración con Eduardo Asquerino.


DEL SOL Y LAS RÁFAGAS 

Del sol las ráfagas momentos plácidos,
desapareciéndose, horas dulcísimas,
la sombra ocúltalas que en sueños célicos
en su capuz nos consoláis,
Sólo entre móviles, huid, que al ánima
nieblas fantásticas, llorosa y tímida,
luceros débiles en vez de jubilo

quiebran su luz tormento dais



Amar con poca fortuna : novela fantástica, en verso por Gregorio Romero Larrañaga 



Siguiendo el curso al Tiber cenagoso 
que cruza esquivo la ciudad de Roma, 
murmurando de imperio tan famoso, 
cuyo escombro á su orilla se desploma, 
y avergonzado de besar el foso 
del castillo San Angelo, que asoma 
á su márjen las torres eminentes 
por verlas junto al cielo en sus corrientes: 

Allá donde terminan los collados 
que al romano confín aun pertenecen, 
y donde empiezan los feraces prados 
que las brisas del golfo ya florecen, 
hay dos valles umbríos y apartados 
que espesos bosques entre sí guarecen, 
y á su entrada se encuentra un pobre asilo, 
mansión feliz de un pescador tranquilo. 

La cuesta que alli guia, en la montaña, 
es áspera y fatiga á los viajeros, 
que entonces ven en la infeliz cabana 
un magnífico alcázar de hechiceros! 
Fecundo el Tiber sus paredes baña: 
y el son de sus rumores lisonjeros 
al viajador seduce, y le encamina 
con fuerza oculta á la mansión mezquina. 

Después de recorrer el Mar Tirreno 
que traga al Tiber en su seno umbrío, 
volvía yo de Roma al campo ameno 
una tarde apacible del estío: 
el viento suave, del perfume lleno 
de las flores que dan guirnalda al rio, 
murmuraba en los ramos desmayados 
de dos llorosos sauces abrazados. 
El solitario albergue cobijaban 
entre su verdes y pomposos brazos, 
que un toldo espeso en derredor formaban 
con mil floridos y flexibles lazos: 

De los vientos del Norte, le ocultaban 
con tanto afán, que haciéndose pedazos, 
por demostrar su paternal desvelo, 
las ramas le estendian hasta el suelo. 
En los troncos veíanse esculpidos 
dos nombres, diestramente entrelazados; 
de tulipanes secos, y encendidos 
un tiempo, con guirnaldas coronados; 
pero ya largos años transcurridos, 
los tallos solamente allí clavados 
se conservaban aun, para memoria 
de alguna triste, enamorada historia! 

Al pie de los dos sauces, que á mis ojos 
dos sombras abrazadas parecían, 
vi de una sensitiva los manojos, 
que mustios y mezquinos florecian 
en medio de un zarzal, cuyos abrojos 
tan prodijiosamente se estendian 
que, hasta el rústico techo ya trepaban 
y el dintel de la puerta enmarañaban. 
Iba á arrancarlos, mas juzgué prudente 
florecerían con designio acaso, 
cuando su dueño, el pescador, consiente 
que así embaracen de su choza el paso: 
por sus espinas sus amores cuente 
quizá, ó las horas de su mal no escaso; 
y asi esclamé: «Creced, rudos abrojos, 
florestal vez del llanto de unos ojos!» 

Óyelo el pescador. Me abre , en seguida, 
la puerta de su casa y de su pecho, 
pues, bondadoso y franco, me convida 
con su hogar, con su mesa y con su lecho. 
Pasé la noche allí; supe su vida, 
y él parte de la mia; y satisfecho 
de hallar en mí quien bien le comprendiera, 
me confló una historia lastimera. 

Aquella misteriosa sensitiva 
quizá era una mujer enamorada, 
que entre aquellos abrojos fiel cautiva 
vivia, hasta en la muerte, encadenada. 
En los sauces, también eterna y viva 
estaba una memoria conservada: 
eran sombras de amantes desterrados 
sobre el tumulto agreste desposados! 

»Esos los restos son de mis mayores; » 
me dijo el pescador, sus negros ojos 
enjugando en las ramas: « sus verdores 
« crecen sin duda con su sangre rojos. 
«Ay! desdichados fueron por amores ! 
«Nunca cojieron flores, siempre abrojos! 
«Mirad la pobre herencia que guardaron 
«al único heredero que dejaron! 
«Pues sois poeta, en vuestra hermosa España 
«os consiento cantéis esta aventura: 
«es verdadera, aunque parezca estraña 
«por rasgos de un amor que fué locura. 
«Variad todos los nombres, la cabana... 
«Ay! por respeto á mi familia oscura: 
«Referir los sucesos, sí os permito! » 
Al darme un tierno adiós, me dio este escrito. 


I

Rujiero y Eloísa eran amantes 
que desde la niñez se idolatraban; 
tan finos y constantes 
que, según ellos, antes 
de que al mundo vinieran se adoraban. 

Eloísa era pálida y morena, 
ardiente y espresiva, 
de hermosos ojos cual la noche oscuros; 
de mirada dulcísima y serena, 
destello al fin de sus afectos puros. 
Sus vivos movimientos 
el vaivén semejaban de las flores 
cuando ceden al soplo de los vientos: 
en su voz, los sentidos ruiseñores 
sus querellas dolientes aprendían, 
para soltar después en la espesura 
los inspirados cantos que la oian, 
sin imitar su singular dulzura. 

Como la palma del desierto erguida , 
como la estrella del amor hermosa , 
aquella joven para amar nacida, 
era en Roma tenida 
no por mujer por vírjen milagrosa. 
Pero sus bellas prendas naturales 
eran todo su hechizo: 
aunque, á decir verdad, por celestiales, 
no pudiera soñar otras iguales 
ni para un serafín Dios que los hizo. 
Y aun con ser tan perfecta la doncella 
en Roma murmuraban , 
que otra joya mayor brillaba en ella 
que sus gracias divinas que admiraban: 
y el caso averiguado 
fué, que sin duda relación hacían 
al corazón ardiente, enamorado, 
grande, entusiasta, noble y delicado 
que en la bella romana suponían. 

Verdad es que jamás junto á su puerta 
llegó á tocar el infeliz mendigo, 
sin que la hallase á su clamor abierta , 
y amparo y mesa en su modesto abrigo. 
Las doncellas del valle enamoradas 
la contaban sus cuitas, 
y oyendo sus razones inspiradas, 
juzgaban exaltadas 
ser ya las horas de su amor benditas. 

Los jóvenes galanes 
la elejian por tierna intercesora 
de sus dulces afanes: 
y á fé que por tan linda mediadora, 
casi siempre dichosos conseguían, 
ó aplacar los enojos 
de las serranas bellas que ofendían, 
ó por lo menos, ver que les volvían 
con blandas iras los crueles ojos. 
Eloísa, aquel ánjel de belleza, 
de virtud, de inocencia y de ternura, 
un defecto ocultaba: 
presumía de sí y de su hermosura: 
y orgullosa, el aplauso y la grandeza 
su corazón vehemente ambicionaba. 

La vanidad ahoga la ternura ! 
De esta joven, tesoro verdadero 
escondido de Roma en las entrañas, 
era señor, Rujiero; 
joven de edad, de aliento caballero, 
pero pobre y nacido en las montañas. 
Digo señor, porque era de Eloísa 
con tanto estremo amado, 
que ella misma afirmaba con sonrisa, 
que le amaba cual Dios, aunque remisa 
llegaba á confesar que era pecado: 
y asi no hay que estrañar si se jactaba 
de ser su amante y su rendida esclava. 
El joven, á decir lo que pensamos, 
puesto que en tal obligación nos vemos, 
merccia su amor, lo confesamos, 
y le correspondía con estremos. 

Frájil de cuerpo, aunque de talle erguido, 
de noble rostro y despejada frente, 
de sus ojos el brillo oscurecido 
revelaba en Rutero: «él ha nacido 
para amar con locura eternamente I 
Entre sus negros lúbricos cabellos 
su blanca palidez mas resaltaba, 
y eran a fé tan largos y tan bellos, 
que mas de una mujer juró que entre ellos 
preso en sus redes el amor volaba. 
También negros sus ojos y rasgados 
cual dos estrellas de divina lumbre, 
casi siempre á los cielos levantados 
brillaban eclipsados 
con lágrimas de oculta pesadumbre. 

Y asi es que su tristeza 
sordamente, sin duda, devoraba 
del pobre joven la jentil belleza, 
por eso su cabeza 
sobre el pecho á la tierra se inclinaba: 
notándose en su rostro peregrino , 
el misterioso sello que se advierte 
en los que acaso señaló el destino 
para encontrar muy pronto en su camino 
la sombra helada de la horrenda muerte. 
Por eso , atribuyendo su martirio 
á mal de amor profundo y encubierto, 
las romanas, queriendo su delirio 
merecer, le llamaban blanco lirio 
silvestre del desierto. 

De Eloísa el buen padre, 
y de Rujiero la amorosa madre, 
en su enlace gustosos consentían, 
y aun desde niños ya los destinaron, 
para ver si en sus hijos renacían 
los frutos de su amor que se pasaron! 
Por qué jemia el infeliz Rujiero 
cuando todo en su dicha conspiraba, 
y por dichoso Roma le envidiaba? 
Por qué con tristes aves , lastimero, 
su contraria fortuna lamentaba? 
No era para él afable y cariñosa 
como el alba de abril para las flores 
su prometida y lánguida Eloísa? 
No brillaba para él siempre amorosa 
su hechicera sonrisa? 

Sus ojos seductores 
no eran la clara luz de sus enojos? 
No le decian con afán risueño 
tan peregrinos ojos, 
«mi Rujiero, tú solo eres mi dueño? » 
Cual es pues esa sombra que oscurece 
los dulces sueños de su amante gloria? 
Esperemos , lector, si te parece, 
á que lo aclare el curso de esta historia. 

(......)






Gregorio Romero Larrañaga

Hoy quiero hablar de uno de nuestros poetas románticos menos conocidos: Gregorio Romero Larrañaga, con el que me unen lazos familiares, ya que era el padre de mi tatarabuela.
Gregorio  nació en Madrid, en la actual plaza  de Tirso de Molina, el 12 de marzo de 1814. Su padre era de Sigüenza y su madre de Simancas. Estudió en el Colegio Imperial de la calle de Toledo y después cursó 
estudios de leyes, examinándose en la Universidad de Alcalá. 

Comenzó a publicar sus versos en 1836.  Su primera novela, El sayón, publicada ese mismo año, fue elogiada por  Mesonero Romanos y Bretón de los Herreros. 
Participó en la tertulia literaria de El Parnasillo, celebrada en un café situado junto al teatro Español. . Colaboró en periódicos y revistas como el Semanario Pintoresco Español, El Mentor de la Infancia, El Español, La Mariposa (de la que fue director en 1839), El Reflejo o La Iberia Musical y Literaria.
Participó en El Liceo, del que fue director literario y brilló en las veladas del palacio de Villahermosa, donde fueron premiadas varias de sus composiciones, entre ellas la que dedicó a la exhumación de los restos de Calderón.



Dentro del estilo romántico más exaltado, publicó novelas como La enferma del corazón (1848), su obra más conocida, o La cruz y la media luna.
Creó sobre todo dramas históricos como Misterios de honra y venganza (1842), Felipe el Hermoso, Jimena de Ordóñez, Fernán González , o El héroe de Bailén, la mayoría ambientados en la Edad Media. Otra obra exitosa fue "Historias caballerescas españolas" escrita en prosa. 
Escribió obras populares como "Cuentos históricos, leyendas antiguas y tradiciones populares", o "Historias caballerescas españolas" y "Las ferias de Madrid", participando en la redacción de la obra burlesca "Los amantes de Chinchón". Su poesía, muy influenciada por Espronceda y Zorrilla, estaba marcada por una profunda melancolía.
Gregorio residió en la madrileña calle del Rollo. Trabajó en la Biblioteca Nacional de Madrid y en la Biblioteca Provincial de Barcelona. Hombre de salud delicada, murió en Madrid en 1872 sin que la prensa se hiciera eco de su fallecimiento.


"Venid, venid en torno del Trovador que canta, 
hora que alumbra el fuego del chispeante hogar; 
veréis al dulce estruendo que su laúd levanta 
los siglos ya pasados su tumba abandonar. 

Le basta en recompensa, si alguna vez contando 
lances que ya ha sentido por ciertos vuestro amor, 
cerráis su pobre historia, llorosas recordando 
el canto misterioso del dulce Trovador."



En el cuadro "Los poetas contemporáneos" de Antonio María Esquivel (1846), Gregorio aparece al fondo a la derecha, en la fila de detrás. En esta conocida pintura vemos a la mayoría de los escritores románticos escuchando una lectura de José Zorrilla en el estudio del pintor Esquivel.

Puedes leer algunas de las obras más conocidas de Romero Larrañaga en la página web de la Biblioteca Digital Hispánica

http://caminandopormadrid.blogspot.com.es/









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