martes, 14 de junio de 2016

CARINA MARANESI [18.874]


María Carina Maranesi 

Nació en 1972, en Rivadavia, departamento de Mendoza, Argentina. Poeta, y Profesora de Lengua y Literatura.

Es autora de un libro de poemas: “Esperanza Encubierta”, publicado en 2013 por El Momo Editorial. 

Desarrolla su actividad docente en su ciudad dedicándose a la enseñanza de Lengua y Literatura en escuelas para adultos. Se desempeña además como gestora cultural en las áreas de Cultura y Educación del Municipio de Rivadavia y también en forma independiente.  Coordina ciclos de cine-debate, exposiciones de artistas plásticos  y conciertos de música clásica, tango y jazz. Ha producido del cortometraje “Aquello”, del realizador Javier Díaz. Dictó talleres literarios en forma independiente y para el área de Cultura de la municipalidad de su localidad. Hasta el momento su obra poética permanece en su mayor parte inédita.




PROMESA

¿Habrá un lugar, mariposa,
un retazo
el lunar esquinado de tu ala
para que mi alma suba allí
para que mi peso vuele en vos?

no asustaré a las flores
ni temeré a la luz
tal vez te cante algo 
suave
el tiempo que dure el viaje
y

con ternura de polvo te cubriré
las alas
y serán velos de un color 
que te quite el aire.

(Inédito)




DUELO

Pienso en vos y en mí unidas por esa tela 
por esa placenta invisible
¿Quién engendra a quién?
Ahora siento que te gesto, 
que me crecés por dentro, lentamente
te tejés en hilos, puntadas, fotos, recuerdos, sueños…
¿Te he soñado?
Si fuiste real, si fuimos tan así el mismo oxígeno
¿cómo es que continúo respirando, latiendo con la mitad del reloj?
Te estoy engendrando y tal vez tengas 
que nacer definitivamente en la partida.
¿Entonces lloraremos las dos?, ¿reiremos las dos?
¿seguiremos siendo?
El duelo es una puerta entreabierta.
Este embarazo sinfín.
Pujo, lloro, paro, no puedo aún darlo a luz.  

(Inédito)




ELLOS

Se resisten a morir…
no acaban de decir “hola, sol”,
“adiós, luna”.

Los árboles perennes desafían el tiempo, 
se han roto sus hojas, 
sus nervaduras parecen sangrar.

Laten como pasos, gotas de lluvia…

En las tardes, 
retratados entre las flores,
esos ojos contemplan, besan nuestra frente,
nos acarician las manos y nos nombran
desde un silencio claro
como si todo estuviese por empezar,
como si nunca hubiese existido un principio.

(Inédito)




MADRE

Estás de vuelta con tu fe ciega, 
visionaria
tu silencio ha derrumbado glaciares
pero el gallo en su confusión 
te ha negado tres veces.

Hoy me ciega enfrentar tu luz
tu voz se hace tangible,
eco en el espacio infinito.

La muerte nos ha capturado en esta vieja foto
sin embargo desconoce todo de nosotras
de aquella muñeca que perdió sus botones
y ahora pregunta por dónde debe llorar.

¿Es que la Muerte ignora que no hay cerco posible
de tender a tu existencia?

Estás aquí enhebrando un hilo indestructible,
cosiendo miradas que ya no habrán de perderse…
botones amarillos de eternidad.

(Inédito)




TELONERAS

Hay estrellas no fugaces
Simplemente su luz se extingue
sin ruido ni caída
Son cenizas de pucho espacial
No fueron las pobres, llamadas a brillar
Tienen un papel no menor,
el de disgregarse 
como telón de fondo
en la Vía Láctea.

(Inédito)





MISA MÚSICA

En la cinta de notas vimos
los huesos quebrados del otoño
la cuerda floja del ángel 
un río de cristales líquidos 
lava quemando bajo los pies 
y hacia arriba… 

La risa del tiempo sobre nosotros.

La música era el instante
este instante
todos los instantes
fósforos 
luciérnagas alumbrando.

Oímos juntos una misa viva
de cuerpos presentes.

(Inédito)




DOMINGO

Los poemas de domingo se escriben
con el codo hundido en cemento fresco
se silban como canción hacia adentro
se extravían tras la cola del perro que roba basura
caen en la cabeza como teja vieja
a pechón de aliento de última hora
son material para editorial
vedada de publicación.

(Inédito)




1

Venimos de allí
de la misma zona

No tiene nombre
no está en un mapa
ni enciclopedia

No sabe la astronomía
ni la astrología
ni la astronáutica

Éramos de allí
antes del pez y del germen
y la célula y la cigota
y de cualquier isla sin partirse
de cuando la tierra era masa entera
y flotaba sobre un solo mar.

Éramos de ese antes de antes de antes...
pero hemos cambiado tanto
que no nos reconocemos
vecinos 
del mismo barrio.

(Inédito)




2

El primer viaje fue del marvientre
al aire áspero,
en coche, luego en pies 
en barco de papel sobre agua,
en alas de cometa, a lomo de gato,
en ojos por los libros,
en senderos de cuadros,
siguiendo la savia y el viento.
Luego tan apurado por impuestos,
alocada su sangre por huidas.
El último viaje ha sucedido,
ahora cae disgregado,
como lluvia de un día que no quiso.

(Inédito)




3

Diluvia, el jardín desértico dibuja algas.
Respiro por branquias olvidadas.
Gotea música por todas partes.
Percute el agua en las cosas.
Me nacen escamas suaves, 
la del pez que fui allá antes del aire áspero.
Canta en mi voz una antigua sirena de mar.
Mi alma nada sin saber porqué.

(Inédito)




4

La boca sopla viento
piedrecitas rotas arena
ulula un sur frío
empaña la ventana
para dibujar un nítido orificio
que da a la oscuridad
la lengua que anida en la boca es roja
oscura sangre de lo no nombrado
rojo escarlata de fuego
gladiolo contra la grisura
roja de lamer heridas
roja de paciencia
arteria añeja
en la vena del decir.

(Inédito)




5

Ahora silencio.
Quiero oírte yo.
Espero en el agua quieta.
Podés romper el azul
de espejo.
Una flor
una piedra.
Añoro ser pez
enganchado
en tu anzuelo.

(Inédito)




6

Cuando la oscuridad es plena
y no hay retorno
enciendo los dedos 
y
los fumo por el carmín de las uñas.
Lentamente
suben letras en
volutas blancas
que
diluye el viento
o suben a un cielo raso
mudo
piadoso.

(Inédito)




7

Estamos cansados, caballo.
El camino se detiene
el lazo se destrenza
vos y yo paramos
bajo este día sin sol ni nubes.
Sabemos que es día
porque cantan los pájaros
porque salimos otra vez.
Pero el camino se detiene, caballo.
No el latido
ni la sangre
ni el pulso.
Es una demora
una pausa
hasta que el destino
nos tire del cabestro
y sigamos otra vez
a despertar la nube o el sol
a seguir el canto de los pájaros.

 (Inédito)



PROSAS

1

Como aspas de fuego las cosas de esta vida giran en torno a mí brillantes, intensas, sin control. Me gusta esa danza furiosa, el roce del GRAN TODO. Sentirlo desde mi microbiano centro, aun a riesgo de reducirme a ceniza sin alcanzar a decir adiós fuego, llama, magma, de principio y fin.


2

En un lugar no lejos de aquí hay ladrillos amodorrados bajo el sol, pájaros  intercambiando chismes de cielo en las ramas, sobre un callejón de tierra.
Edificios con balcón vigía de perspectivas cruzadas y niveles de techos y calles y puntos móviles humanos.

Empieza la música de las marchas cotidianas a sonar bajo zapatos, ruedas, ascensores, palas, teclados, frascos de laboratorios, fibrones en pizarras. Todo canta una melodía rara y armónica a la vez. 
Los ojos empinan un trago largo de luz y parpadean como semáforos a cada paso. 
Se late otra vez, se respira. La mochila va con su mercadeo de aciertos y derrotas de un medio pelo humano, demasiado humano. El motor lleva adelante la carcasa con remiendos y bordados.
El verano va quedando atrás con sus grillos...


3

Creo que a los gatos para alcanzar la perfección sólo les falta hablar. O quizás ya sean criaturas perfectas precisamente porque no hablan. Desde antiguas generaciones los ratones, a ciencia cierta, se han vengado de ellos comiéndoles la lengua. El ejército de roedores deglutido por un gato voraz hace de éste un verdadero Caballo de Troya, dice un amigo. En esa artera oscuridad interior los ratones mordisquean lengua, palabras y pensamientos de esos que oportunamente habrán de derramarse sobre el sofá del psicoanalista o de una borrachera post-bar.


4

Los perros de la calle tienen el amparo de ningún lugar. Pulen el redondo borde de la luna con sus aullidos. En sus dientes se deshoja la rosa de los vientos: norte, sur, este, oeste son cosas indistintas, rastros inconfundibles de un olfato precoz. Cuna de hojas secas. Peritos de baldíos liman huesos hasta encontrarle marfil. Tras mucho andar, caen de viejos en la primera esquina. Nacen y se aman a la vista del sol. Pueden ir en yunta un tiempo hasta que un rayo los parte en dos. Agitan la cola. Siempre. Es la batuta que marca el compás del tango que los toca.




Cuatro poemas de “Esperanza Encubierta”


1

Mi Lázaro corazón
hoy  no se levanta ni anda
no siente nada en su mortaja
quiere estar solo
Ttene pudor de testigos
ha tapado sus oídos
para que la voz de ningún insolado
lo resucite
de su merecido letargo

(pág.31)



2

Adentro de la crisálida
la trasformación es lenta

ajustada a un espacio que sofoca

la gestación de las alas
es dolorosa

y a la salida
 la luz ciega
con un gozo extraño
parecido a la muerte

o a una breve vida

que bien vale la eternidad.

(pág.33)



3

Ayer fui jinete
en la oscuridad
montada en el resoplido
de tu corcel.

fue intenso el viaje detenido

La tormenta nos dejó
Un ramillete de perfumes
En la ventana.

Ayer fui jinete
y supe
que en ciertas noches
cabalgan sobre la tierra
centauros
Con cabeza de mujer.

(pág.17)


4

Entra en mí
En este hueco de costilla
Que devolví
Al primer Adán.

Entra en mí
He armado una choza
Con los días vacíos de mi vientre

Dame un mendrugo
una flor sexual de tierra
su tallo
entra un rato
haz el truco sin temor
que antes de engendrar ilusiones
ya aprendí a desembarazarme de ellas.

(pág. 55)


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